Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 30 de junio de 2013

Cuando prevalece la lógica del poder humano nos convertimos en piedras de tropiezo

Pedro y Pablo hicieron que la Iglesia de Roma fuera punto de referencia
Palabras completas del papa durante el ángelus. ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo!
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 29 de junio de 2013 (Zenit.org) - Después de la misa en la basílica en la que el papa Francisco impuso el palio a los obispos metropolitas con motivo de la fiesta de san Pedro y san Pablo, el santo padre desde el estudio pontificio que da hacia la plaza de San Pedro rezó al medio día la oración del ángelus y dirigió algunas palabras a los presentes.
A los peregrinos además, les invitó a rezar en conjunto un Ave María por el patriarca ortodoxo Bartolomeo. En la plaza con motivo de la festividad hodierna fueron compuestos algunos tapetes con pétalos de rosa.
Texto completo del ángelus con las frases improvisadas en el momento por el santo padre, las cuales están en cursiva.

¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy, 29 de junio, es la fiesta solemne de los Santos Pedro y Pablo. De modo especial es la fiesta de la Iglesia de Roma, fundada sobre el martirio de estos dos Apóstoles. Pero también es una gran fiesta para la Iglesia Universal, porque todo el Pueblo de Dios es deudor de ellos por el don de su fe.
Pedro fue el primero en confesar que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Pablo difundió este anuncio en el mundo greco-romano. Y la Providencia quiso que los dos llegaran aquí a Roma y que aquí derramaran su sangre por la fe. Por esta razón la Iglesia de Roma se convirtió, inmediata y espontáneamente, en el punto de referencia para todas las Iglesias esparcidas en el mundo. ¡No por el poder del Imperio, sino por la fuerza del martirio, del testimonio dado a Cristo! En el fondo, es siempre y sólo el amor de Cristo el que genera la fe y el que impulsa hacia adelante a la Iglesia.
Pensemos en Pedro. Cuando confesó su fe en Jesús, no lo hizo por sus capacidades humanas, sino porque había sido conquistado por la gracia que Jesús esparcía, por el amor que sentía en sus palabras y que veía en sus gestos: ¡Jesús era el amor de Dios en persona!
Y lo mismo le sucedió a Pablo, si bien de manera diversa. Pablo de joven era enemigo de los cristianos, y cuando Cristo Resucitado lo llamó en el camino de Damasco su vida fue transformada: ¡Comprendió que Jesús no estaba muerto, sino vivo, y que lo amaba también a él, que era su enemigo! He aquí la experiencia de la misericordia, del perdón de Dios en Jesucristo: esta es la Buena Noticia, el Evangelio que Pedro y Pablo han experimentado en sí mismos y por el cual han dado su vida.
Misericordia, perdón, el Señor siempre nos perdona, el Señor tiene misericordia, es misericordioso, tiene un corazón misericordioso y nos espera siempre. (Aplausos)
Queridos hermanos, ¡qué alegría creer en un Dios que es todo amor, todo gracia! Esta es la fe que Pedro y Pablo han recibido de Cristo y han transmitido a la Iglesia. Alabemos al Señor por estos dos gloriosos testigos, y como ellos, dejémonos conquistar por Cristo, por la misericordia de Cristo.
Recordemos también que Simón Pedro tenía un hermano, Andrés, que compartió con él la experiencia de la fe en Jesús. Es más, Andrés encontró a Jesús antes que Simón, e inmediatamente le habló a su hermano y lo llevó a Jesús. Me agrada recordarlo también porque hoy, según la bella tradición, está presente en Roma la delegación del Patriarcado de Constantinopla, que tiene como patrono precisamente al Apóstol Andrés. Todos juntos enviamos nuestro saludo cordial al Patriarca Bartolomé I y rezamos por él y por esa Iglesia. (Aplausos)
También les invito a rezar, todos juntos, un Ave María por el patriarca Bartolomeo, todos juntos. Ave María...
Recemos también por los arzobispos metropolitanos de diversas Iglesias en el mundo a los cuales acabo de entregarles el palio, símbolo de comunión y de unidad Que nos acompañe y nos sostenga a todos nuestra Madre amada, María Santísima.
Después de rezar el ángelus y benedecir al público presente en la plaza el santo padre prosiguió.
Queridos hermanos y hermanas, con alegría saludo a los peregrinos que han venido de diversos países para festejar a los arzobispos metropolitanos. Rezo por todas sus comunidades; en particular animo al pueblo centroafricano, duramente probado, a caminar con fe y esperanza.
Saludo a todos con afecto a las familias, a los fieles de tantas parroquias y asociaciones; y, en particular a los de la diócesis de Iglesias, de la ciudad de Aragona y de Casale Popolo.
¡Feliz fiesta a todos y buen apetito. Hasta pronto!


Unirse en las diferencias. Este es el camino de Jesús
Homilía del papa en la festividad de San Pedro y San Pablo: Cuando prevalece la lógica del poder humano nos convertimos en piedras de tropiezo
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 29 de junio de 2013 (Zenit.org) - Homilía del papa Francisco en la basílica de San Pedro en la misa e imposición del papalio a los arzobispos metropolitanos en el día de la festividad de san Pedro y san Pablo
Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas.
Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo. Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una única familia.
Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad. Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.
Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma.
Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo», una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, con esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana.
Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo el Señor: "¡Lejos de ti tal cosa, Señor!"» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo». Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.
Confirmar en el amor: En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de san Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe». ¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Cristo y a todos sin distinción, límites o barreras.
No solamente el obispo de Roma pero todos ustedes, arzobispos y obispos tienen esta tarea de dejarse consumir por el evangelio, darse a todo y todos, la tarea de no ahorrase, de salir de si en el servicio para el santo pueblo fiel de Dios.
Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» . Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad. El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles constituyó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» .
Confirmar en la unidad, el sínodo de los obispos en armonía con el primado, tenemos que ir por este camino de la sinodalidad, crecer en armonía con el servicio del primado. Y prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la universalidad del Pueblo de Dios». La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las piezas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre todo conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias:
No hay otra camino católico para unirse, este es el espíritu católico, el espíritu cristiano, unirse en las diferencias. Éste es el camino de Jesús. El palio se centra come unión con el obispo de Roma, con la Iglesia universal, con el sínodo de los obispos y supone también para cada uno de ustedes el compromiso de ser instrumentos de comunión.
Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Estos, queridos hermanos en el episcopado, son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Nos guíe y acompañe siempre con su intercesión la santa Madre de Dios, Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén.
Texto del vaticano con los añadidos en cursiva, improvisados por el santo padre.

Dice el Papa Francisco "la conciencia es el espacio interior para escuchar la verdad, del bien, para escuchar a Dios. Es el lugar interior de mi relación con Dios, que habla a mi corazón y me ayuda a comprender el camino que debo tomar".

Papa: Si un cristiano no sabe escuchar a Dios, no es libre

El papa Francisco / AP
El papa Francisco / AP
Francisco explicó que "la conciencia es el espacio interior para escuchar la verdad, del bien, para escuchar a Dios. Es el lugar interior de mi relación con Dios, que habla a mi corazón y me ayuda a comprender el camino que debo tomar".
El papa Francisco dijo hoy que si un cristiano "no sabe hablar con Dios, no sabe escuchar a Dios en su propia conciencia" entonces "no es libre" y señaló que Benedicto XVI dio un gran ejemplo recientemente en este sentido.
"Debemos aprender a escuchar más a nuestra conciencia, pero esto no significa hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me gusta", dijo el pontífice ante los miles de fieles que acudieron a la plaza de San Pedro del Vaticano para el rezo del Ángelus dominical.

Así, explicó que "la conciencia es el espacio interior para escuchar la verdad, del bien, para escuchar a Dios. Es el lugar interior de mi relación con Dios, que habla a mi corazón y me ayuda a comprender el camino que debo tomar".

Francisco subrayó que el papa emérito Benedicto XVI ha dado un gran ejemplo recientemente.

"Cuando el Señor le dio a entender, en la oración, cuál era el camino que debía tomar, siguió con un gran sentido de juicio y coraje su conciencia, es decir la voluntad de Dios que hablaba a su corazón. Un ejemplo que nos ha hecho bien a todos, como un ejemplo a seguir", afirmó.

Francisco recordó que el Evangelio de este domingo muestra un pasaje importante en la vida de Cristo, el momento en el que tomó la decisión de encaminarse hacia Jerusalén, recordando que a aquellos que debían encargarse de precederlo para anunciar su llegada les dijo que no debían imponer nada y que si no encontraban disponibilidad a acogerle, siguieran adelante.

"Jesús no impone nunca, es humilde e invita", destacó el pontífice, que agregó que Jesús no quiere cristianos "egoístas" ni "cristianos débiles, que no tengan voluntad. Cristianos teledirigidos, que no tengan creatividad y que busquen conectarse a la voluntad de otro".

Explicó que en su existencia terrena Jesús no era teledirigido, sino que era el Hijo de Dios, hecho hombre.

Francisco pidió la intercesión de la Virgen María para que permita que cada vez más hombres y mujeres escuchen su conciencia, "capaces de escuchar la voz de Dios y seguirla con decisión". 

Esas andanzas sobre la geometría urbana la exploraremos en consecuentes ediciones, aprovechando que Caracas está en su mes aniversario, a punto de celebrar sus 446 años.

Una cuadra de cuatro esquinas y cuatro lados

Las formas geométricas en la trama urbana generan espacios, puntos de vista, posibilidades de conexión; comenzamos con la forma más común: el cuadrado

La trama de la vida es absolutamente irregular. Por más que intentamos predeterminarla, siempre resulta impredecible. Andar la ciudad, a pesar de que tengamos un programa preestablecido, una agenda, siempre tiene algo de sorprendente. Un giro, una fractura. Ese es uno de los riesgos y encantos de la ciudad (en el fondo, un poco para eso estamos en ellas). Hay un movimiento común en el que vamos ajustando nuestros pasos y nuestros intereses. El intento de sentirnos individualmente libres, en medio de esa interacción social, es lo que nos hace estar (y ser) en la ciudad.
Si bien las formas urbanas no determinan lo que en ella sucede, sí lo condicionan. No da igual andar por una calle recta que por una sinuosa. No es lo mismo la convergencia de vías en una plaza circular que en una cuadrada. No es equivalente una calle en forma de serpiente que se muerde la cola, que define una isla urbana, que una con la “interferencia” de las esquinas. Esas andanzas sobre la geometría urbana la exploraremos en consecuentes ediciones, aprovechando que Caracas está en su mes aniversario, a punto de celebrar sus 446 años.
Nuestra ciudad se armó sobre la base de una trama ortogonal (cuadrícula, damero), siguiendo la estructura de la ciudad española, pero sin obedecer estrictamente las Leyes de Indias, que establecían que de la plaza mayor salieran cuatro calles principales, de en medio de cada una de sus cuadras, y dos más desde cada esquina. Pero eso no fue posible porque la manzana destinada a dicha plaza fue concebida más pequeña que las otras 24 señaladas en el plano del gobernador Juan de Pimentel (1578). De haberse hecho, de la plaza ahora se abrirían doce rutas en vez de ocho.
Pero para este ejercicio tomamos apenas una cuadra. La manzana entre las esquinas Padre Sierra, La Bolsa, Pedrera y Muñoz expresa bien ese aire que en general tiene el centro histórico de Caracas: mezcla del carácter histórico e institucional, del sentido comercial que está metido en el tuétano de la ciudad y de la calle como gran escenario de encuentro y diversidad humana. Un mezcla que resulta en un artefacto lúdico y que permite un recorrido en el que cada cuadra y cada esquina abre nuestra sensibilidad hacia el patrimonio arquitectónico, hacia la política espacializada, hacia la visual de zonas populares de Caracas, pero también a la cercanía de los viejos cines y el portento de árboles centenarios.
Contrasta el suave pero intenso andar de la gente sobre la Sur 4 (cuadra peatonalizada hace pocos meses), entre el Capitolio guzmancista y el Teatro Ayacucho, con el ajetreo incesante de la avenida Baralt, por la que pasan cientos de microbuses que semejan un achacoso tren de infinitos vagones, entre los cuales se desparrama la gente que cruza este eje fundamental. Y destaca un punto, por lo que tiene de resistencia y posibilidad: en la esquina de Muñoz aún funciona el cine Baralt, cine de sacar momentáneamente al viandante de la calle para que viva la experiencia de abstraerse del lugar y el tiempo en el que estamos para regresar con otro ánimo cuando se apaga la pantalla.

Azier Calvo (arquitecto, ex decano de la FAU/UCV)
Presente desde siempre como vestigio de urbes desaparecidas, la trama ortogonal es sinónimo de racionalidad en la creación y crecimiento de poblaciones de diferente envergadura. En Grecia, con Hipodamo de Mileto, la lógica retícula, deviene en instrumento ordenador de ciudades que buscaban reflejar la sociedad ideal. Romanos y españoles perfeccionan el damero griego utilizándolo en las empresas colonizadoras más descomunales de las que se tenga memoria. Ensanches planificados ajustan el esquema en tiempos modernos cuando cruces interminables de calles ponen en entredicho su operatividad ante el automóvil. A la Caracas plana fundacional le funcionó, hasta tanto la indómita topografía del valle impuso su ley. Recordemos: el perdurable damero siempre ha contado con el cuadrado como fiel escudero.

Los datos
1) Padre Sierra
Allí están los edificios Bellas Artes (Art Decó) y Padre Sierra (fachada curva); diversas joyerías y un busto de Billo Frómeta. La cuadra hasta La Bolsa ha sido peatonalizada. Destacan los cines Ayacucho (A. Chataing, 1925, convertido en minitiendas) y Continental (1936, cerrado), la casa Nº 22 (desde el siglo XVIII) y las dependencias y jardines del Capitolio (Luciano Urdaneta, 1873).
2) La Bolsa
La identifican el antiguo edificio de la Corte Suprema de Justicia, una ceiba centenaria (espejo de la de San Francisco) y los accesos a la estación Capitolio. El Metro Center y un edificio en construcción (sede de la Celac) ocupan toda la cuadra. Funciona un mercado de economía informal: Los Guapeadores de La Bolsa.
3) La Pedrera
El mural La patria naciendo de la ternura (Pavel Egüez, 2007) sobre el edificio La Nacional domina el lugar; lo complementan otros murales en los espacios abiertos en torno a los accesos al metro. La cuadra está marcada por la diversidad y agitación comercial de la avenida Baralt.
4) Muñoz
El cine Baralt (uno de los pocos en funcionamiento que están en la calle) y el edificio Kolster (invadido en 2003) son los iconos del lugar. Entre las esquinas de Muñoz y Padre Sierra hay que destacar el edificio Nº 20 (años 40) y desdibujados edificios comerciales de los años 50 y 60. Entre los locales comerciales hay cantidad de zapaterías y casas de empeño.

¿Dónde nació Nicolás Maduro?

Lectura Tangente
Notitarde 29/06/2013
Con voz propia

¿Dónde nació Maduro?


Alberto Jordán Hernández
En campaña electoral Nicolás Maduro acusaba al líder de la unidad Henrique Capriles, de no ser patriota porque sus padres eran de ascendencia polaca y judía. Pero no solo hay indicios de que él también tiene sangre judía, sino que ostenta nacionalidad colombiana.

Reportaje de Semana la revista análisis más importante de Colombia, con circulación en 72 países, reseña la hipótesis. Fundada en 1946 por el ex Presidente Alberto Lleras Camargo, la dirige ahora Alejandro Santos Rubino y apoya al gobierno de Juan Manuel Santos.

El diario El País de España inserta artículo al respecto de Guillermo Cochez, ex embajador de Panamá en la OEA, que toca duda sobre lugar del deceso de Chávez: “Del muerto falta su certificado de defunción; del vivo su certificado de nacimiento”. Debería hacerlo antes de autodefinirse perro colombiano.

El diario La Opinión de Cúcuta informa que la madre del proclamado, Teresa de Jesús Moros nació el 1 de junio 1929 en esa ciudad, donde lo procreó en 1962. Sería único varón de los tres hijos de matrimonio con Nicolás Maduro García. Este nativo del estado Falcón, llegaría a Ocaña y cursó bachillerato en Colegio José Eusebio Caro. Su foto aparece en mosaico de promoción 1947. Según el diputado Abelardo Díaz contrajeron nupcias en parroquia Nuestra Señora de Fátima en Bogotá, el 1 de septiembre 1956. Allí recibió ella cédula de ciudadanía colombiana.

Averiguaciones revelan que su homólogo hijo estudió allá primaria y parte del bachillerato. El diario El Tiempo entrevistó a cucuteños que dicen haberlo conocido. Wálter Cardona, consejero comunal de la Alcaldía, asegura que pateó el balón con él en la cancha del sector. Después se pasaría al baloncesto. Afirma que ese Maduro laboraba de ayudante de bus que viajaba a San Cristóbal. Otros le recuerdan como vendedor de hallacas y bollos de maíz.

En Internet circula informe atribuido al Servicio de Inteligencia y Seguridad de Panamá, el cual muestra copia de cédula de ciudadanía expedida en Colombia.

Según el diputado Díaz, la venezolana se la otorgó unidad móvil de la Diex a los 11 años (tradicionalmente se da antes de los 7). Maduro habla de nacionalidad del padre, no de la madre.

Funcionarios del régimen y el mismo Maduro incrementan incertidumbre del natalicio. En discurso aseguró tener sangre tachirense en las venas y que en Rubio están sepultados su abuelo, bisabuelo y tíos, todos colombianos.

“Bendita esta tierra porque el Presidente Maduro es tachirense” pregonó el gobernador Vielma Mora. Precisa que nació en El Palotal. Para el canciller Jaua fue en El Valle, pero el propio afirma que en Los Chaguaramos.

Testigos dan fe que con su pareja Cilia Flores amaneció el 12 de abril 2002 en Cúcuta. El no bien recordado Tascón declaró que aparecieron en Miraflores el día 14.

La ilegitimación de su elección quedaría sin relevancia porque si se prueba su nacimiento en Colombia, será nula.

NOTA AL MARGEN: El “silencio de Colegios Profesionales y demás instituciones ya raya en lo criminal” es opinión que compartimos, de Armando Azpúrua, sobre la crisis, comenzando por la universitaria. 

Sufrí lo indecible aquella brumosa madrugada del 4 de febrero de 1992, cuando el telefonazo de una amiga que vivía en las cercanías de La Carlota me alertó sobre los cañonazos y el estruendo de las metralletas que se escuchaban en los alrededores de La Casona. Habían pasado casi veinte años desde que no me despertaba de una pesadilla con otra pesadilla

Lectura Tangente
Notitarde 29/06/2013

Lo mejor, ese enemigo de lo bueno


Antonio Sánchez García
1

Sufrí lo indecible aquella brumosa madrugada del 4 de febrero de 1992, cuando el telefonazo de una amiga que vivía en las cercanías de La Carlota me alertó sobre los cañonazos y el estruendo de las metralletas que se escuchaban en los alrededores de La Casona. Habían pasado casi veinte años desde que no me despertaba de una pesadilla con otra pesadilla, infinitamente más angustiosa por real: desde las aterradoras noches que pasé escondido y a la intemperie en el Santiago ensangrentado los meses posteriores al golpe de Estado de los generales. Cuando el pesado revoloteo de los helicópteros de la fuerza aérea a la caza de extremistas como yo amenazaba con sus ametralladoras punto 50, enfilando sus reflectores por entre el follaje primaveral de la arboleda que jalona la populosa Avda. Independencia, al norte de Santiago, en donde transcurría mi nula actividad de opositor clandestino.

No entendí absolutamente nada. Una cosa era el odio sistemático, apabullante, estruendoso e injusto de los medios contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, y particularmente contra su propia figura, a poco tiempo de que terminara su período de gobierno y nos hiciéramos al ritual de las próximas elecciones presidenciales, y otra muy distinta enfilarlas con tanquetas y tropas de asalto contra la casa presidencial y el palacio de gobierno, dejando un reguero de sangre y destrucción absolutamente irracional. Era un golpe que iba muchísimo más allá de querer derrocar a un presidente impopular, súbitamente caído en desgracia.

Pasé algunas horas sin entender las razones de esta sangrienta boutade de un grupo de comacates, hasta que al promediar la mañana del 4 de febrero, mientras paseaba a Marvin, el hermoso cachorro de pastor alemán que acababan de regalarme, me topé con un solitario transeúnte, un vecino argentino profesor de politología en la USB, que me lo aclaró todo de golpe: “pero si ese chamo” – se refería al teniente coronel que acababa de aparecer por TV acompañado del ministro de defensa llamando a deponer las armas – “es alumno mío en la Simón Bolívar, es un carrizo muy divertido y se la pasa tocando el cuatro y cantando canciones de Alí Primera”.

El golpe era de izquierda. Confirmando mi extraña sospecha tras el nefasto telefonazo. ¿Quién si no la izquierda, y la más radical, la castrista, podía tener interés en asaltar el poder de manera violenta e instaurar una dictadura en la Venezuela democrática? Así un par de días después, en una reunión social en la sede de la embajada cubana en Chuao, su encargado de prensa me asegurara fehacientemente, e incluso indignado, que su gobierno condenaba de manera categórica el golpe militar contra un aliado fiel y leal a la revolución cubana, como Carlos Andrés Pérez, como lo demostrara recientemente con su presencia en La Habana acompañado de Felipe González y César Gaviria.

¿Un golpe militar de la izquierda castrista venezolana sin conocimiento del gobierno cubano?

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Ya todo está aclarado. Han pasado 21 años desde entonces, la entrega del país al gobierno de los Castro se transformó en un hecho, la devastación de la próspera Provincia de Tierra Firme es apocalíptica, el flacuchento y esmirriado teniente coronel resultó tan irresponsable, delirante y traidor a su Patria, nuestra Patria, que prefirió morirse en brazos de ese macbethiano padre postizo con el que creyó vengar al pusilánime señor y a la rencorosa señora que aportaran sus genes para parirlo, dejando al país a la deriva en manos del inexperto y pobre señor, inculto, analfabeta y mediocre cuya ilegitimidad es tan notoria como su absoluta vileza. Cumpliéndose con holgura la sombría predicción con que el defenestrado presidente Carlos Andrés Pérez nos anunciara el futuro en su última alocución: no era él la víctima de la traición de los notables y la irresponsable clase política venezolana – de cuyas horcas caudinas formaran parte sus más destacados compañeros de partido -: era la República, que se sumiría en la más grave crisis existencial de su historia. Dicho y hecho.

Conste que la dos pesadillas reales a las que me he referido anteriormente no tienen absolutamente nada en común: en rigor, terminarían siendo de signos contrarios. La del Chile de mis tormentos pretendía impedir el establecimiento de una tiranía de corte castrocomunista que le entregara el país al gobierno cubano. Lo que efectivamente impidió, empujando al país a una racha de prosperidad y desarrollo todavía ascendente, cuarenta años después de haber acontecido. Así los descendientes de esa catástrofe hayan comenzado a levantar cabeza y estén empeñados en volver a destapar su caja de Pandora. La pesadilla venezolana pretendió – y logró – exactamente lo contrario: desvencijar nuestra institucionalidad, sembrar el caos y la desintegración, entregarnos atados de pies y manos a los hermanos Castro y servir de cabecera de playa a la más insólita expansión del castrismo en América Latina. Un logro que en los 60/70 fuera impedido por quienes hoy asisten maniatados e impotentes a la invasión castrista, que se ha hecho fuerte en toda América Latina, con escasas excepciones a la orden del asalto.

Y así, yo, que me creía definitivamente libre de volver a vivir esas siniestras pesadillas a la que contribuí con empeño y sacrificios en mi primera madurez, habiendo regresado al redil de quienes están perfectamente conscientes de que el emprendimiento, el trabajo, la prosperidad y la modernidad son nuestro único destino, para lo cual debemos vivir en Democracia, el único sistema que los garantiza, he llegado a una extraña conclusión, ante los fanatismos radicales de toda condición de los que también yo fuera preso: no hay peor enemigo de lo bueno, alcanzable y realizable con los medios con los que Dios, la naturaleza y nuestros esfuerzos nos han dotado, que lo mejor. Dicho en el castizo lenguaje de la sabiduría de nuestros refranes: LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO.

Pues las más espantosas tragedias vividas por la humanidad, de cuyas amargas medicinas hemos comenzado a beber así sea en pequeñas dosis en nuestra atribulada Venezuela, han sido pergeñadas por los delirios de quienes pretendieron lo mejor; esas utopías que perseguimos desde tiempos inmemoriales y nos trajeran a los espantos del totalitarismo contemporáneo. Qué duda cabe: LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO.

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Entiéndaseme: no estoy abogando por esa siniestra práctica del acomodo y del oportunismo que los alemanes llamaran Realpolitik: realismo político. Una acción cínica y oportunista que prescinde de los principios morales en su maquiavélico afán por imponer la particular voluntad de los poderosos por sobre la voluntad general de la sociedad. Muy por el contrario: estoy por ese extraordinario realismo político del que Rómulo Betancourt fuera posiblemente el más eximio exponente en nuestra turbulenta historia política. Aspirar a lo mejor con los pies firmemente asentados sobre la tierra. Para que eso mejor – una sociedad democrática, estable, institucionalizada, próspera y moderna - llegue a ser realidad y no una engañosa e irrealizable aspiración del delirio, cuyo resultado práctico suele ser ese lacerante y mutilador desengaño del que Simón Bolívar dejara expresa constancia en su desgarradora MIRADA SOBRE LA AMÉRICA ESPAÑOLA, cuando desde Quito en 1829 acicateado por la ventisca de la muerte, que lo perseguía con tenacidad y ya había mordido en sus carnes, se viera en la dolorosa obligación de reconocer que sus veinte años de ciclópeos esfuerzos habían concluido en un fracaso, que su obra de guerrero y estadista terminaba en el caos, la desintegración, los abusos, la corrupción y la barbarie de que eran presas todas las naciones independizadas de la América española. Y llegando a la más insólita e inimaginable de sus afirmaciones – obviamente silenciada por la estulticia de quienes se sirven de su ejemplo para escarnecerlo - declarase sin temor a la incomprensión de los suyos el reconocimiento a esos tiempos coloniales en que la vida no era un tormento, los valores más reconocidos, y la seguridad, paz, la prosperidad y el respeto a los individuos hechos contantes y sonantes.

Ciertamente: la política, en sus rasgos más temibles y en épocas de crisis de excepción como la que hoy vivimos en Venezuela, es el implacable enfrentamiento amigo—enemigo, como lo sabemos de todos los preámbulos a los totalitarismos. Pero también es el arte de unir fuerzas, como lo sabemos de todas las experiencias exitosas con que la libertad se ha enfrentado al despotismo. Cuando de la mano de todo lo bueno que encerraban las fuerzas liberadoras se logró derrotar a las tiranías – impuestas bajo el señuelo de lo mejor ilusorio – dando un paso excepcional hacia la Libertad. La máxima aspiración humana posible. Y necesaria.

Es nuestro impostergable desafío.

Chávez fraguó una identidad ligada a la sencillez, a la humildad, a la fragilidad popular frente a los rituales del poder. Ahora, los rituales del poder lo han convertido en una ceremonia sin ingenio, en un prócer. Le dan premios, hacen homenajes, ponen su nombre en estadios y en plazas…y ya todo termina dando un poco igual. Al final, nadie parece recordar nada. Todo es una rutina predecible. Donde antes aparecía Chávez jugando beisbol en un estadio militar, ahora hay unos gorditos, con uniformes ajustados, tratando de imitarlo, queriendo jugar en su nombre, intentando convertir una caimanera en un evento religioso. Y, por supuesto, no les sale. A nadie le interesa. No emocionan. Solo burocratizan la fe.

Sin gracia

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Esta semana se cumplirán 4 meses de la muerte de Hugo Chávez. Y, contra todo pronóstico, el catecismo oficial no ha obtenido el éxito esperado. Aun con una mayor consolidación burocrática, y con resultados importantes en la legitimación internacional, la imagen del gobierno sigue siendo sobre todo una ausencia. El chavismo sin Chávez no ha conseguido reinventarse. No ha logrado construir una identidad propia. Solo se define por lo que no es, por lo que le falta.

De manera natural, la muerte de Chávez comenzó a despolarizar al país. Se necesita su carisma para mantener la adrenalina en alto, para sacar ganancia de una permanente confrontación. Los asesores del gobierno entendieron que sin Chávez la pugnacidad podía alimentar, más bien, a Capriles, darle fuerzas y espacio a la oposición. Vivimos días extraños. Todo sigue peor pero tenemos la sensación de que algo se está desinflamando. Las denuncias de invasiones terroristas ya no dan ni para hacer una broma. Eso que llaman chavismo cada día se desdibuja más. Muy rápidamente, se gastaron su épica.

Quizás por eso todo el boato oficial suena falso. La retórica del poder nos propuso algo que, paradójicamente, tiene muy poco que ver con la imagen de sí mismo que construyó el propio Chávez. Nos ofrecen una grandilocuencia postiza, una pompa pesada y distante, para celebrar a alguien que se dedicó a sabotear las grandilocuencias postizas y las pompas pesadas y distantes. Cada vez que con voz cavernosa hablan de “comandante eterno” o del “líder supremo”, traicionan simbólicamente al personaje que construyó Chávez para relacionarse con las grandes mayorías.

Chávez fraguó una identidad ligada a la sencillez, a la humildad, a la fragilidad popular frente a los rituales del poder. Ahora, los rituales del poder lo han convertido en una ceremonia sin ingenio, en un prócer.
Le dan premios, hacen homenajes, ponen su nombre en estadios y en plazas…y ya todo termina dando un poco igual.
Al final, nadie parece recordar nada. Todo es una rutina predecible. Donde antes aparecía Chávez jugando beisbol en un estadio militar, ahora hay unos gorditos, con uniformes ajustados, tratando de imitarlo, queriendo jugar en su nombre, intentando convertir una caimanera en un evento religioso. Y, por supuesto, no les sale. A nadie le interesa. No emocionan. Solo burocratizan la fe.

Ahí está su más terrible y trágica definición positiva: son aburridos. No importa mucho lo que digan. Pueden mentarle la madre a Santos o decirle papito mi rey a John Kerry. Da lo mismo. Pueden decir que la corrupción es capitalista, que la ineficacia es imperialista y que el machismo también es yanqui. No pasa nada. Nadie se distrae. El poder perdió su gracia.

Chávez se permitía desmanes y abusos porque tenía gracia. Así matizaba la violencia y le daba una cierta espesura discursiva a sus acciones. Era un militar que recitaba a Mario Benedetti. Una mezcla inédita de autoritarismo y cursilería. Ahora las cosas quizás son iguales pero se perciben y se ponderan de distinta manera.

No hay forma de justificar la prohibición que el Estado venezolano le ha impuesto a la ex jueza Afiuni. Ríete de los gringos y de su persecución a Edward Snowden. Esto es violencia institucional de la buena. Censura salvaje y en serio. Y no hay nadie con suficiente gracia en el equipo oficial como para ofrecer un argumento, una frase de Bolívar, un chiste.

Tampoco tienen gracia Jorge Rodríguez ni Ernesto Villegas. Salir con la grabación de una señora que, en las primarias de la oposición, no sacó ni 110.000 votos no solo es un delito, es de mal gusto, es algo mezquino. No se le puede pagar el sueldo a un ministro para que ande en esas babosadas. Ya las cosas no son como antes. Ahora hay más inflación que chavismo. Ahora la corrupción es un tema. Los sueños también se están desinflamando. Ya no hay héroes sino gobierno, un gobierno como cualquiera. El chavismo sin Chávez no es una revolución.

Venecia: una bienal de arte sin arte

Venecia: una bienal de arte sin arte

Venecia: una bienal de arte sin arte / Graziano Gasparini
Venecia: una bienal de arte sin arte / Graziano Gasparini
Cuando se inauguró el pabellón de Venezuela en 1956, los cuadros no figurativos aún dominaban en las paredes de todos los pabellones de los más de cincuenta países participantes

En su Estética Moritz Geiger afirma que para entender el arte hay que limitarse a los fenómenos, entendidos como objetos-fenómenos alejados de injerencias psicológicas e históricas. Dijo: “esto es lo último que puede alcanzar la estética como ciencia particular y autónoma: abarcar todo el terreno estético con ayuda de un pequeño número de principios axiológicos”. Es un punto de vista que ha quedado rezagado para los criterios de la indefinible estética actual y para los valores de la axiología. La estética como disciplina autónoma sólo puede referirse a los valores estéticos y nos permite simultáneamente entender el arte. Sin embargo, hay fenómenos que consideramos bellos, expresivos y capturadores que no son obras de arte. ¿Qué es lo que hace que una obra sea considerada “de arte”? Difícil precisarlo hoy en día. Los trastrocamientos avasalladores surgidos en los últimos cien años han relegado a un segundo plano el entendimiento de un arte expresado con pinturas y esculturas. Las nociones de arte de los más destacados pensadores, filósofos y críticos del pasado toparon con el momento en que el arte volvió a proclamar su autonomía frente a la vigencia de la naturaleza. Un ejemplo significativo aconteció hace pocos años en New York. El Museo de Arte Moderno (MOMA) impulsó un referéndum con el propósito de designar cuál era la obra de arte más importante, influyente e impactante del siglo xx. Al final de las postulaciones quedaron dos finalistas: Les demoiselles d’Avignon, de Picasso (1881-1973), y el urinario de pared, pieza industrial de porcelana blanca de Marcel Duchamp (1887-1968). Ganó el urinario y perdió el arte. Duchamp, precursor del dadaísmo, influyó en el pop art y el arte conceptual. Se dedicó al ready-mades (objetos usuales promovidos a obra de arte). He mencionado este ejemplo por dos razones: primero, confirma que la estética se atrincheró en el concepto del arte por el arte y, segundo, explica por qué la reciente 55a edición de la Bienal de Arte Internacional de Venecia, es –a mi entender– la primera bienal sin cuadros.
Cuando se inauguró el pabellón de Venezuela en 1956, los cuadros no figurativos aún dominaban en las paredes de todos los pabellones de los más de cincuenta países participantes. Hoy son una rareza. La transformación ha sido atropelladora. Se impone el arte conceptual, el performance art, ensamblaje, montajes, instalaciones y pare usted de contar, porque todo sirve. Hasta los enlatados para sopas o guisantes, pero con la diferencia de que la etiqueta precisa que el contenido es “mierda de artista”. ¡Una ocurrencia “genial”!
¿Qué es hoy el arte? Hoy arte es todo a diferencia del pasado, no hay cánones, criterios, principios ni ideales. Creo que hoy en día pocos de los representantes de estas nuevas tendencias se hacen esta pregunta. Quienes encontramos vacío todo ese discurso somos los que podemos formularnos esa pregunta, ellos no. Y, a diferencia de las obras del pasado, estas tendencias pasan con gran velocidad: están en un permanente movimiento, pasando, eliminándose unas a otras como si ellas mismas formaran parte de un gran video. ¿Arte? Arte pareciera hoy todo lo que es visual, todo, sin distinciones y sin valoraciones. Todo lo que está en museos, galerías y distintas bienales son “obra de arte” porque así lo decidió alguien. ¿Cuál es el criterio? no hay criterio, o quizá el criterio es el establecido por el mercado y el impacto de lo visual: porque es atractivo, porque es chocante, porque es incomprensible, porque es ridículo o grotesco, todo vale. Dentro de este arte contemporáneo pareciera que se está permanentemente dentro de un gran happening, las personas pasan, dan vueltas, pocas se detienen y todo continúa un movimiento efímero que se escapa. Porque pareciera que lo importante es la imagen, cualquier imagen, y no la idea que antecede a la imagen. La imagen en el arte de hoy es un gesto, una cosa cualquiera, detrás de ésta no pareciera existir una idea, un criterio, algo.
Pareciera casi que dentro del concepto de que “todo vale” es más importante encontrar una proposición que nadie haya hecho, o sea, enseñar una “ocurrencia” diferente a las ya conocidas. La verdad siempre llama la atención y los que irán a verla asumirán una falsa actitud de silenciosa aprobación y alabanza por miedo a pasar por ignorantes, a mostrar que “no están al día”.
La participación de Venezuela en la Bienal de Venecia –montada en el maltrecho y desfigurado pabellón diseñado por Carlo Scarpa hace sesenta años– resolvió mostrar la ocurrencia titulada El arte urbano. Una estética de la subversión. En otras palabras, el arte subversivo que, a decir de Bélgica Rodríguez, es “un envío oficial que no representa con dignidad al país”. Javier León también criticó la selección al considerarla no representativa porque refleja los intereses de la cultura oficial. Dijo: “El envío muestra el grado de descomposición que vivimos en el país y la manera en que el gobierno entiende la plástica”. Un artista “de verdad”, Ángel Hurtado, tajantemente la calificó de “aberrante”.
¿Qué alcance tienen los graffiti? Los motivos que impulsan la actuación de los graffiteros son fundamentalmente tres: primero, embadurnar paredes; segundo, aupar o glorificar; tercero, difamar, protestar y desacreditar. En el primer caso son inocuos y no transmiten mensajes. Sólo ensucian. Los dos casos siguientes, en cambio, tienen siempre una finalidad precisa de respaldo o rechazo. Por ejemplo: aupar y apoyar un equipo de fútbol o expresar contrariedad con la demolición de un monumento son acciones comprensibles. El graffitero, en esos casos, apoya lo que considera correcto o repudia lo incorrecto para él. El graffiti político, por el contrario, es más nefasto. Humberto Valdivieso, docente de Comunicación Visual de la UCAB, precisa enfáticamente que “el graffiti político es una de las conductas más execrables que puede haber en la ciudad (Caracas), pues a diferencia del graffitero urbano –que puede actuar desde la ignorancia– en este caso está consciente del daño que está generando porque su motivación es agresiva y difamatoria, sin importar a qué corriente ideológica pertenezca”.
Los casos y los juicios señalados revelan los arrebatos, apetencias, intenciones y solidaridad, a veces colectiva, de los graffiteros. Personalmente no creo que todas las iniciativas con trasfondo político sean rechazables. Como dije antes, buscan glorificar o aniquilar. Un graffiti político con el rostro de Bolívar no puede ser ofensivo, pero cuando es utilizado con otros fines su imagen sirve para reafirmar la conveniencia ideológica. Lo esencial es que lo que se exhibe nada tiene que ver con el arte. Es una ocurrencia más que va encasillada en el “todo vale”. Los cánones antiguos del arte son cosa del pasado y de otros tiempos. ¿Lo de hoy? Creo que ni los que hacen ese “arte” sabrían decir qué es arte para ellos. Seguir llamándolos “artistas” y “creadores” es indignante y una bufonada. Si hubo tantos cambios en el quehacer artístico, también debería cambiar la acepción de los calificativos.
Para corroborar lo dicho, añado una acreditada opinión de Mario Vargas Llosa (La civilización del espectáculo. Santillana Ediciones, 2013). Aguántenla: “Desde que Marcel Duchamp, quien, qué duda cabe, era un genio, revolucionó los patrones artísticos de Occidente estableciendo que un excusado era también una obra de arte si así lo decidía el artista, ya todo fue posible en el ámbito de la pintura y escultura, hasta que un magnate pague doce millones y medio de euros por un tiburón preservado en formol en un recipiente de vidrio y que el autor de esa broma, Damien Hirst, sea hoy reverenciado no como el extraordinario vendedor de embaucos que es, sino como un gran artista de nuestro tiempo… En las artes plásticas la frivolización ha llegado a extremos alarmantes. La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en este ámbito la confusión reine y reinará por mucho tiempo, pues ya no es posible discernir con cierta objetividad qué es tener talento o carecer de él, qué es bello y qué es feo, qué obra representa algo nuevo y durable y cuál no es más que un fuego fatuo”.
Conclusión: la Bienal de Venecia, otra oportunidad perdida para la participación venezolana.
Un arte que parte… el alma.