Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 30 de enero de 2017

Queremos recordar a Jose Ignacio Cabrujas refiriéndonos a su obra El día que me quieras, del año 1979.

La rebelión interior del personaje Pío Miranda en la obra El día que me quieras, de José Ignacio Cabrujas

Héctor Manrique y Jean Carlo Simancas
Los actores venezolanos Héctor Manrique (izquierda) y Jean Carlo Simancas interpretan a Pío Miranda y Carlos Gardel, respectivamente, en montaje del Grupo Actoral 80 (2013).
Señas particulares
Yo soy una persona de afectos. A mi vida la mueven los afectos. Yo no soy un intelectual. Durante un tiempo de mi vida pensé que lo era. Y resulta que no. A mí lo único que me mueve en la vida es el sentimiento, el afecto, las pasiones, las rabias. Yo soy llorón, muy llorón. Lloro hasta viendo televisión. La última vez que lloré fue viendo El chico de Chaplin, por enésima vez. Y siempre me hace llorar. Moqueo y todo.
(“Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe, tomo II, p. 73).1
Así concluyó la entrevista efectuada a José Ignacio Cabrujas el 27 de mayo de 1987, con las palabras del autor hablando de sí mismo, realizada por la periodista Elizabeth Fuentes del diario El Nacional, con el título: “Soy peludo, llorón y torpe”, un artículo que esboza desde la perspectiva cabrujeana su autobiografía, tomando diferentes instancias de su vida a partir de la niñez, que lo condujeron hacia el teatro, las telenovelas, los artículos políticos y sus afectos; todo ello con el humor que le era característico, del cual el epígrafe precedente es una muestra.
José Ignacio Cabrujas habría cumplido setenta y seis años de vida el 17 de julio. Nació en el año 1937. Desde su fallecimiento el 21 de octubre de 1995 la prensa venezolana ha mantenido vigente su recuerdo a través de reportajes sobre el dramaturgo y entrevistas a muchas personas que le conocieron; diferentes grupos teatrales de Caracas y del interior del país, entre ellos los grupos de la Universidad de Oriente (UDO), han puesto en escena algunas de sus obras. También en distintos espacios culturales del país se han dado homenajes y talleres sobre el autor.
Queremos recordar este aniversario de Cabrujas refiriéndonos a su obra El día que me quieras, del año 1979. Es tal vez la obra más recordada, aplaudida, representada dentro y fuera de Venezuela y más vinculada a la propia vida, según las anécdotas que se cuentan, publican y también circulan en la Web. En los últimos años se ha recordado particularmente la admiración que su madre Matilde Lofiego tuvo hacia la figura del ídolo del tango, Carlos Gardel, quien estuvo en Caracas en junio de 1935. La imposibilidad de asistir al evento por la prohibición que le impusiera su celoso maridose convirtió en una anécdota esencial en la obra El día que me quieras, al vincular al cantante argentino con las damas de la familia Ancízar, en un fortuito encuentro que marcaría por siempre la vida de estas damas, al visitarlas en su caraqueña casa de La Pastora.

1.
Las obras de José Ignacio Cabrujas son muy ricas en posibilidades argumentales y expresivas, recursos escénicos y simbólicos. Nos referiremos solamente a un aspecto de El día que me quieras, lo que hemos denominado “la rebelión interior del personaje Pío Miranda”, no como un acto subversivo político, sino como un estallido sentimental y de expurgación existencial, de autorreconocimiento de sí mismo y de su propia verdad.
El marco temporal de El día que me quieras remite a 1935, en el último año de la dictadura de Juan Vicente Gómez. La obra incorpora anecdóticamente la visita del ídolo popular Carlos Gardel a Venezuela. Está conformada por siete personajes: tres mujeres, las hermanas Ancízar: Elvira, María Luisa y Matilde, y cuatro hombres: el hermano Plácido Ancízar, el novio de María Luisa, Pío Miranda, el cantante Carlos Gardel y su representante Le Pera. La lista de personajes aumenta al incluir los personajes referenciales, que forman parte de la extraescena y de la fantasía de los personajes.
Tanto el título general de la obra como los títulos de los actos se relacionan con los tangos interpretados por Carlos Gardel: “Rubias de Nueva York”,para elprimer acto o tiempo, y “Tut-Ankh-Amon”, para el segundo acto o tiempo. El autor enfatiza el transcurrir de las horas,ya del mediodía o de la medianoche, y se refiere a los actos como “tiempos” tal como ocurre en las obras musicales. Este tipo de división refuerza la idea de que una obra de teatro presenta su ritmo tempo escénicos, en el sentido musical de los términos, ya sea por influencia de la ópera, como en el caso de Cabrujas, pero en realidad sí hay un crescendo desde el inicio hasta el final de las obras teatrales, marcado por la progresión del diálogo dramático.
Kurt Spangnos aclara que tempo es un concepto que, aunque proceda de la música, puede aplicarse al desenvolvimiento de las escenas porque marca las “variaciones de velocidad” de las mismas: si se acelera la trama a la manera de un movimiento musical como un allegro, un vivace, o también, si se retarda el desenvolvimiento de la trama a manera de un ritardando. De igual manera, las pausas y los silencios, nociones también de procedencia musical, cumplen un papel dentro de la escena y le imprimen a la obra un ritmo particular.4
Cabrujas reveló en una entrevistasu atracción por la ópera:
(... ) Cuando escribo una obra de teatro, lo que tengo dentro de mí es meramente un sonido, no más que eso, no tengo un concepto muy claro, no sé lo que voy a decir, tampoco me importa mucho, lo que me importa es el sonido de lo que voy a decir, yo creo que ese sonido es único, que no hay dos sonidos para la misma obra, o para la misma escena, o para el mismo personaje. Un personaje es un sonido y no más que un sonido, no puede tener dos sonidos, hay que encontrarle entonces su tesitura, la manera como suena, y cuando creo encontrarlo, todo se hace fácil, porque entonces el texto, en vez de ser palabras, se vuelve una curva, como varias ondas, como “suave”, “fuerte”, “piano”, “pianissimo”, “forte”, “fortíssimo”, y la propia organización de ese material dramático, es para mí un canon musical... a una escena lenta, sigue una escena rápida, como si estuviera componiendo aquello, y eso me apasiona (... ).
Ello justifica, posiblemente, la nominación de los actos y escenas de algunas de sus obras como movimientos musicales. Y produce en las obras un efecto rítmico de aceleración o de retardamiento, según la naturaleza temática del acto o escena, en el “ritmo” y “tempo” escénico. Cabrujas intuye esta manera de ser de la obra teatral, en donde el concepto de “ritmo interior” y tempo se corresponden con una idea de musicalidad en el diálogo teatral, que procede de la estructura de la obra y se relaciona con la línea del tiempo. La imagen de la curva melódica se superpone en la línea temática a medida que avancen las anécdotas. En el caso específico de El día que me quieras el paso del tiempo acompaña las expectativas de la familia Ancízar ante la llegada de Carlos Gardel.

José Ignacio Cabrujas
José Ignacio Cabrujas.
2.
La primera parte de la obra transcurre en la vivienda de las hermanas Ancízar, en horas del mediodía. Se relaciona con los antecedentes de la llegada del cantante argentino a la ciudad de Caracas, por lo que la familia Ancízar está expectante ante tal acontecimiento. Esto les lleva a conversar sobre sus planes y proyectos futuros, el país, la revolución rusa, el posible viaje de Pío y María Luisa a los koljosz de Ucrania, motivados por su posible nueva vida de casados; pero también se comenta la llegada de Gardel a Caracas, el recibimiento del pueblo, la llegada de Gardel al hotel Majestic, la “perfección” del cantante, sus aires de gran mundo, la pulcritud, perfección de sus dientes, finura de sus modales, buena educación, superioridad, su permanente aroma. Al inicio de la obra, Elvira Ancízar, la hermana mayor, introduce las referencias sobre Carlos Gardel:6
ELVIRA: ¿Vieron las banderas? (Silencio) Dios mío, uno podría morirse viendo las banderas. Él no. Él va a pasar de largo del puerto al Ferrocarril, del Ferrocarril al Capitolio, del Capitolio al Panteón y del Panteón al escenario. No hay una flor en toda la ciudad. Te enfermas y buscas una flor y preguntas dónde hay una flor antes de caer muerta, y te dicen que no hay. Esta noche el Principal huele a magnolia. Y él viene de negro. ¿Se enteraron? ¿No es increíble que salte por encima de este asunto panameño y que en lugar de blanco nos entregue un invierno? Chaleco marfil, por supuesto. Como sabe. Como es. Ni una gota de sudor en todo el cuerpo. Ni siquiera cuando acarició las palomas en la plaza de las palomas. Aquella frente limpia y todo el mundo comentando: no suda, no suda...
En la segunda parte de la obra, en la medianoche, Carlos Gardel llega a la vivienda de la familia Ancízar y comparte con ella una velada, en la que el personaje Pío Miranda revelará sus frustraciones y angustias ante la familia de su novia y el cantante argentino. El personaje Carlos Gardel y su acompañante Le Pera traen al espectáculo teatral el recuerdo y la nostalgia por el ídolo popular. Es la figura que canaliza los sueños y fantasías de los otros personajes de la obra para quienes Gardel forma parte de la gran historia. La vivencia angustiada de Elvira y Pío Miranda también se relaciona con Venezuela. Así como sufren internamente, en lo personal, también sufren al país: sus contradicciones, su política, su apartamiento del mundo. La presencia de Gardel es la señal, el llamado de atención sobre la llegada a Venezuela del avance, de lo nuevo, del mundo. Las palabras de Elvira son ilustradoras, cuando Gardel está en la vivienda de las damas Ancízar y brindan por la alegría del encuentro:7
ELVIRA: (Con repentina alegría) ¡Dios mío de mi vida..! ¡Esta noche! (Enlaza su brazo con el de Gardel) Colgada aquí... del brazo de la historia... Dios mío... mi memoria... ¿Cómo hago para recordarlo todo dentro de mí? A ver... entraste por esa puerta... y yo estaba en la cocina... Salí... Matilde te entregó la espiga que simboliza la fertilidad de nuestro suelo... Y tú besaste la espiga y la devolviste a la tierra donde estará hasta el día de mi muerte... porque ese día, con tu permiso, quiero llevármela en el cajón del horizonte... para oler a poquito de esperanza... a olor tuyo... (Huele a Gardel)...
(...)
MATILDE: ¿Y a qué huele?
ELVIRA: (Inspirada) A universo... a Rey Mago...
“A universo... a Rey Mago”, “colgada del brazo de la historia”, son frases que resumen ese afán por encontrarse con el Mundo y moverse a su ritmo. La conciencia de los personajes les hace ver su marginalidad ante la historia y la cultura, la soledad espacial y temporal, la marginalización de la propia vida.
La llegada de Carlos Gardel a Caracas, el entusiasmo de la gente y de la familia Ancízar y, posteriormente, la irrupción de Gardel en su vivienda y sus vidas, tanto, que las marcará en un antes y un después, afectarán al personaje Pío Miranda, con lo cual se desencadena la expresión de sus frustraciones en público. Es el momento en que el malestar existencial de Pío irrumpe en esa noche de ensoñación y propicia el reconocimiento de sus propias mentiras y limitaciones. Impulsivamente, decide terminar con la farsa y engaño de su vida y revelar ante los Ancízar y Gardel lo que nunca hará: no se casará con María Luisa, no se irán de viaje, no cultivarán remolachas en ningún koljosz ucraniano...
Como acto escénico, negar en público, despojarse de la máscara social y asumir la propia verdad recibe el nombre de denegación o acto denegativo, y según Patrice Pavises un recurso escénico que actúa como elemento distanciador en el teatro y puede propiciar en el espectador el proceso de identificación, al mostrarle “algo” de su propia realidad; o crear, también, un efecto de distanciamiento si el espectador se percata del juego de lo ilusorio en donde convergen realidad y fantasía. Desde el punto de vista del discurso, la denegación es un parlamento que incorpora marcas lingüísticas relacionadas con la negación: no, nada, nadie, tampoco, de ninguna manera, nunca, jamás, prohibido...
Desde el punto de vista psicológico, la denegación forma parte de un proceso interior del individuo y se verbaliza sobre todo en los momentos de crisis. Es una pulsión que procede de las emociones, que busca liberar lo que está reprimido, como dice Sigmund Freud,sobre todo cuando la persona logra reconocer su realidad a través de un proceso de revisión interna que le lleva a distinguir entre la realidad y la fantasía. También señala el autor que entra en pugna Eros, como principio de placer y de vida, con su contrario Tánatos, como el principio de autodestrucción y de muerte. En este sentido, Freud considera que la afirmación del yo pertenece al Eros, al instinto de satisfacción, mientras que la negación pertenece “al instinto de destrucción” porque implica una exclusión del sí mismo. Sin embargo, el autor también considera la negación como un símbolo liberador.10
Con Pío Miranda se manifiesta la denegación, a través de la cual expresa de manera alterada y dramática su fracaso personal, la noche que Carlos Gardel visita a la familia Ancízar. A lo largo de la obra salen a relucir los fracasos y frustraciones personales. La denegación del personaje Pío Miranda es tal vez, el acto denegativo más intenso en la dramaturgia de Cabrujas. Como elemento técnico es el punto culminante en la obra El día que me quieras. Como hecho existencial de un personaje es el desbordamiento de la angustia interior.
Desde el inicio de la obra vemos crecer la angustia de Pío ante las increpaciones de su cuñada Elvira. A ella le revelará sus mentiras y ambos se entenderán en un momento íntimo, sincero, cuando Elvira pronuncia las frases: “Vivimos tan mal, Pío Miranda, con los helechos y los canarios, y el Ecce Homo detrás de la puerta... vivimos tan mal...”.11 Ecce Homo, frase que se utiliza en la liturgia católica de la Semana Santa, rememora el momento en que Jesús es detenido y entregado a Poncio Pilatos, ya con el manto púrpura y la corona de espinas. Imagen del dolor y del sufrimiento humano, vistos según el cristianismo como una manera estoica de vivir, necesarios para alcanzar el cielo.
¿Decadencia y debilidad como sugiere Nietzsche en los ensayos de Ecce Homo? Simplemente, personajes comunes y corrientes, tal vez antihéroes, semejantes a cualquier persona de la vida real. No obstante, parte del drama está allí: la vida cotidiana es engañosa en su simplicidad. Detrás de ella se sostiene un sistema de valores totalmente alienante: religiosos, sociales, culturales, políticos, económicos. Los personajes de Cabrujas están inmersos en esos valores que identifican al venezolano. Sus problemas existenciales, sus dudas y vacilaciones, sus tristezas y frustraciones se corresponden con el sentir de los venezolanos contemporáneos a Cabrujas.12 Son tan parecidos a la realidad que nos reímos de ellos y, a través de ellos, de nosotros. Pero la rebeldía interior se revela a través de ese malestar y tristeza, del dolor existencial y, en el caso de Pío Miranda, a través de un acto denegativo, de estallido pasional en el mejor sentido del romanticismo.
Pío Miranda es un personaje triste, agobiado existencialmente. Trata de inventarse un mundo en donde los sueños sean posibles y así poder sobrellevar la vida. La llegada de Carlos Gardel a la vivienda de las Ancízar precipita su angustia, ya que su brillo y esplendor deja al descubierto las mentiras y fracasos de Pío. La figura de Gardel actúa como antagonista con respecto a Pío Miranda, marca un contraste, sobre todo por el entusiasmo de las Ancízar y la solicitud de ayuda de la novia María Luisa a Gardel para el viaje a Ucrania que emprenderían esa noche, y las ironías de Elvira al insinuar la mentira del viaje. Es cuando Pío exclama:13
PÍO: Está bien, señores... se acabó... vayan a vislumbrar a sus madres... ¡se acabó! Tengo diez años aquí... con el almuerzo al mediodía... Todo esto empieza... porque... digamos... veo un perro, así, con los huesos marcados... un costillar de perro... y me digo: coño... el perro con los huesos... como si la respuesta fuera mía... Excúsenme... no es verdad... no es mía... No es mi culpa... no me cabe el país... No tengo por qué responder... (Desesperado) Soy un príncipe... un boyardo sangrante... Excúsenme... no sé... maldito sea... no fui yo... me lavo las manos... (A María Luisa) No hay nada en Ucrania. No sé dónde queda Ucrania. No hay Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No Hay Kamenev ni Zinoviev... no sé pronunciarlos. No hay Trotsky... ¡No hay Alliluyeva! ¡No hay Stalin! ¡No hay ventanal de la zarina, ni Bujarín doliente! ¡No hay Lenin! ¡No hay nada..!
MARÍA LUISA: (Grita) ¡Pío!
PÍO: Pregúntale a Elvira. Ella sabe. Ella es la única que sabe... Yo debo explicarle a un perro el porqué de su costillar... Yo... estoy mal... yo... me voy... y nunca más volveré a esta casa... No me esperes... ¡No hay nada! ¡No pasa nada! Mentí... ¡Esa es la palabra esperada, la palabra profética! ¡Mentí! ¡No hay Román Rolland! ¡Nunca le escribí a Romain Rolland..! ¡Me importa un coño Romain Rolland, y la paz y la amistad de los pueblos..! ¡Se terminó! ¡No hay regreso! ¡Se terminó! Gracias por el almuerzo... el perro me espera... y debo explicar por qué va a amanecer mañana... Adiós. Perdón. Adiós.
(Pío sale precipitadamente. Larga pausa. María Luisa se sienta en el sofá)
Pío confiesa su mentira, su miseria, de alguna manera su semejanza con el perro, tal como se dice coloquialmente, vivir “la perra vida”, imagen que se repite en Acto cultural en la denegación y soliloquio del personaje Cosme Paraima. Confesar la mentira en público es el punto culminante de la angustia, pero también el acto liberador que puede redimir y salvar o, por el contrario, hundir más. Desde la negación, Pío trata de refundarse en otra fantasía cuando expresa “Soy un príncipe... soy un boyardo sangrante”, pero la conciencia se impone en el reconocimiento de sí mismo y pide excusas. Un malestar que se extiende a la conciencia ante el país: “No me cabe el país”. Ni el país con sus miserias históricas, ni la propia vida.
El final de la obra nos deja con expectativas porque es un final abierto: la bandera del Partido Comunista dentro de la maleta de Pío y que su novia María Luisa desplegará esa noche sobre el sofá. Fin de las ilusiones en un solo día: no habrá matrimonio, no habrá viaje, no habrá revolución. Es también un diálogo implícito con el espectador y lector venezolano de 1979: no habrá revolución. Para ese momento el comunismo ya no es una ideología, ni una alternativa: es “algo”, sólo una bandera que reposa en el sofá. Es una dramaturgia que interroga al marxismo, lo ve como salvación, al menos en un momento de la historia, en la primera actitud de Pío Miranda, pero luego lo ve como algo extraño, ajeno y lejano. No sucederá nada. Venezuela continuará su rumbo al margen de la historia.14
Magistralmente Cabrujas concluye la obra sintetizando los ejes temáticos que caracterizan toda su dramaturgia: el individuo y su cotidianidad frente a la historia del país Venezuela, en diálogo permanente. Cuestiona un proceso histórico que ha generado muchos males a la vida venezolana en todos los órdenes de la vida. Presenta la conflictiva relación del Individuo con su Tiempo Histórico a través del humor, la ironía y la parodia, confrontando el tiempo y espacio personal con el tiempo y espacios de la vida pública venezolana.
La figura de Pío Miranda encarna ese conflicto que contrasta la realidad con los deseos y los sueños, con la necesidad de transformación interior a través del acto del descubrimiento de sí mismo, de buscar la utopía personal para traer a la existencia la posibilidad de un mundo mejor.

Referencias bibliográficas
Directas:
  • Cabrujas, José Ignacio (1997). El país según Cabrujas. 2ª Ed., Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, Perspectiva Actual.
     (1965, 1971). Fiésole. En: Suárez Radillo, Carlos (1971). 13(sic) Autores del Nuevo Teatro Venezolano. Caracas: Monte Ávila, Col. Temas Venezolanos.
     (1991). El teatro de Cabrujas. Caracas: Pomaire-Fuentes.
     (1995). La viveza criolla. Destreza, mínimo esfuerzo o sentido del humor. Conferencia dictada el 12 de enero de 1995 en el ciclo “La cultura del trabajo”. Fundación Sivensa, Ateneo de Caracas (documento en línea; consulta: 11/03/02).
     (2002; obra póstuma). Y Latinoamérica inventó la telenovela. Caracas: Alfa Grupo Editorial, Instituto de Creatividad y Comunicación Icrea, 15 (revisión de textos y prologuista, Leonardo Padrón).

Indirectas:
  • Ahumada, Yoyiana (2000). La obra inconclusa de José Ignacio Cabrujas (sobre los imaginarios de identidad cultural en la obra teatral de J. I. Cabrujas). Tesis de maestría. Teatroenlínea, Nº 4 (enero, 2006; documento en línea; consulta: 8 de julio de 2006).
    — (2010). “La visita de Carlos Gardel en 1935”. En: infoCIUDADANO, Caracas, 24 de junio de 2010 (consulta: 10 de octubre de 2012).
  • Brecht, Bertolt (1978). “Una nueva actitud ante el teatro: de la identificación al distanciamiento”. En: Adolfo Sánchez Vázquez. Lecturas universitarias. Antología. Textos de estética y teoría del arte. México: Unam, Coordinación de Humanidades, Dirección General de Publicaciones, 14.
  • Fuentes, Elizabeth (1987, 2012). “Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros; pp. 65-73.
  • Mannarino, Carmen (1977). “Una dramaturgia de búsquedas. Experimentación y crecimiento (1950-1969)”. En: Dramaturgia venezolana del siglo XX (panorama en tres ensayos). Caracas: Centro Venezolano del ITI, Unesco.
  • Monasterios, Rubén (1990). Un enfoque crítico del teatro venezolano. 23ª ed., Caracas: Monte Ávila.
  • Pavis, Patrice (1998). Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología. 9ª edición revisada y ampliada. Barcelona: Paidós, Col. Comunicación, 10.
  • Rojas Pozo, Francisco (1981). “Cabrujas y el teatro como una ilustración de la historia”. En: Nueva crítica de teatro venezolano. Caracas: Fundarte. Pp. 45-56.
     (1995) Cabrujerías. Un estudio sobre la dramática de José Ignacio Cabrujas. Maracay: Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel).
  • Terrero, Lidia (1982). “Un día, cuando yo era niño, mi padre me llevó a ver un mago...” (entrevista). En: Revista Tinta Libre, Caracas, febrero, Año I, Nº 7.
  • Varios autores (2012). José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros.

Notas
  1. Elizabeth Fuentes (1987, 2012): “Soy peludo, llorón y torpe”. En: José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Tomo II. Caracas: Equinoccio, Col. Papiros; p. 73.
  2. C. f. Yoyiana Ahumada (2010): “La visita de Carlos Gardel en 1935”. En: infoCIUDADANO, Caracas; 24 de junio de 2010 (consulta: 10 de octubre de 2012).
  3. C. f. Kurt Spang (1981). Teoría del drama. Lectura y análisis de la obra teatral. Pamplona (España), Ediciones de la Universidad de Navarra; pp. 242-243.
  4. Kurt Spang señala que “(...) la pausa de los entreactos constituye casi siempre un salto, es una especie de puente entre dos segmentos temporales más o menos distantes, el espectador está llamado a ‘reconstruir’ a ‘llenar’ el hueco temporal que se abre entre acto y acto (...)”. En: Ob. cit., p. 243.
  5. C. f. Lidia Terrero (1982): “Un día, cuando yo era niño, mi padre me llevó a ver un mago...” (entrevista a José Ignacio Cabrujas). En: Tinta Libre (Revista), Caracas, Nº 7, febrero, año I; pp. 28-29.
  6. José Ignacio Cabrujas (1997). El día que me quieras. En: El país según Cabrujas. 2ª Ed., Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, Perspectiva Actual; p. 72.
  7. Ibíd., pp. 101-102. Subrayado y signos suspensivos en el original.
  8. Patrice Pavis (1998). Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología. 9ª edición revisada y ampliada. Barcelona: Paidós, Col. Comunicación, 10; pp. 121-122.
  9. Cf. Sigmund Freud: “La negación” (1925), apéndice del capítulo VI: “El No y la posición del Objeto”. En: Jean Francois Lyotard (1979). Discurso, Figura. Barcelona: Gustavo Gili, Comunicación Visual (José Elías y Carlota Hesse, Trad.); p. 140-143.
  10. Ibíd., p. 141.
  11. José Ignacio Cabrujas, Loc. cit., p. 85.
  12. Las obras de Cabrujas siguen vigentes en sus planteamientos. Se trata del Ser Venezolano, cultural y existencialmente.
  13. Ibíd., p. 106. Puntos suspensivos en el original.
  14. Hoy vivimos en Venezuela un proceso histórico que ha traído al debate el replanteamiento del socialismo, el socialismo del siglo XXI. Los elementos culturales de signo negativo como “la viveza criolla” y corrupción administrativa, entre otros, que señala Cabrujas en su dramaturgia, siguen vigentes.

El día que me quieras EL DRAMA HISTÓRICO DE PÍO MIRANDA, por Alfonso Molina

El día que me quieras EL DRAMA HISTÓRICO DE PÍO MIRANDA, por Alfonso Molina

El día que me quieras 3
Las fechas son muy importantes en El día que me quieras, tanto dentro de la pieza teatral de José Ignacio Cabrujas como en su exterior. He perdido la cuenta de cuántos montajes se han realizado de la obra y de cuantos actores han interpretado a Carlos Gardel o cuántos a Pío Miranda. Pero recuerdo perfectamente aquella primera puesta en escena en el teatro Alberto de Paz y Mateos, a fines de enero de 1979, dirigida por el propio Cabrujas, quien fue presentando paulatinamente a María Luisa Ancízar, algunas veces interpretada por Gloria Mirós y otras por Manuelita Zelwer, a Pío Miranda, primero con el rostro del propio autor y director y una semana después con el de Fausto Verdial, a Elvira Ancízar, con la gran Amalia Pérez Díaz, a Matilde, con una joven Tania Sarabia, a Plácido Ancízar, protagonizado por un contundente Freddy Galavís, a Alfredo Lepera, con la gestualidad y la voz de Luis Ribas, y al mítico Carlos Gardel, con la figura imponente de Jean Carlo Simancas diciendo “me llamo Gardel”, cuando de forma sorpresiva se presenta en casa de los Ancízar al final del primer acto. La obra devino en referencia del teatro venezolano y en la pieza más emblemática de Cabrujas, al lado de Acto cultural, en su extensa producción para las tablas. Esto es historia. Treinta cuatro años después, el Grupo Actoral 80 celebra sus tres décadas de trabajo con la representación del montaje que su fundador, Juan Carlos Gené, realizó en 2005, con Héctor Manrique como Pío Miranda y, de nuevo, Simancas como Gardel. Entre una y otra fecha se ha escenificado en el Ateneo de Caracas, en el teatro Las Palmas, de nuevo en el Alberto de Paz y Mateos e incluso en el Festival Internacional de Teatro de Caracas del año pasado, bajo dirección de Manrique y con producción del GA 80. Hasta una película hizo el cineasta colombiano Sergio Dow en 1986, que nunca se estrenó en Venezuela. Ahora ¿en qué reside el éxito de este drama con toques de comedia que ha seducido a públicos de diferentes generaciones? Tal vez la respuesta se encuentre en las fechas y circunstancias que están dentro y fuera de la obra.
Comencemos con las internas. La pieza transcurre el 21 de junio de 1935, cuando Gardel arriba desde Nueva York para cantar en el teatro Principal de Caracas y al día siguiente marcharse a Medellín, con las consecuencias que conocemos. En diciembre de ese mismo año muere Juan Vicente Gómez, el caudillo militar que según Rodolfo Izaguirre no hemos logrado enterrar para siempre. Ya entonces Juan Bautista Fuenmayor, Rodolfo Quintero y Pío Tamayo han fundado el Partido Comunista de Venezuela en la clandestinidad mientras Gustavo Machado, Salvador de la Plaza y Miguel Otero Silva, en el exilio, militan en el Partido Revolucionario de Venezuela y se integran al Buró del Caribe de la Internacional Comunista. Tiempos de soñadores, como lo señala el crítico literario Roberto Lovera De Sola en su artículo ‘El gran ajuste de cuentas’, en la revista digital http://www.arteenlared.com, a propósito de su análisis de la novela El último fantasma, de Eduardo Liendo: “Y que los marxistas nunca han sabido interpretar nuestra realidad está claramente expresado en varios parlamentos de la obra El día que me quieras (1979) de José Ignacio Cabrujas (1937-1995), tanto que el propio Gustavo Machado (1898-1983) le confesó al dramaturgo lo verdadero que era su planteamiento: ‘nosotros éramos así’ (…) Nuestros comunistas eran unos soñadores, unos Pío Miranda (…) en cuyo nombre y apellidos evocó Cabrujas a dos de nuestros grandes utopistas: Francisco de Miranda (1750-1816) y Pío Tamayo”. En esos días la Unión Soviética se alza como la arcadia de los oprimidos, la esperanza de la justicia social, el fin de la explotación, etcétera, etcétera, bajo la conducción de un amado Josef Stalin que, sin embargo, ha aniquilado a todos sus rivales políticos y mantiene al pueblo soviético en una miseria terrible. Es la URSS que Pío Miranda invoca ante la ignorancia propia y la de la familia Ancízar. Un soñador con mucho de cobarde y mentiroso, que en un momento dado cuenta el suicidio de su madre, acepta que jamás tomará un autobús hasta Ucrania y confiesa que nunca ha escrito una carta al francés Romain Roland, premio Nobel de Literatura 2015 y admirador de la Unión Soviética. Ese el marco político e histórico de la pieza: una dictadura que está a punto de concluir, otra que está en pleno apogeo y un país que se aburre con la cotidianidad sometida y se deslumbra con la visita de un estrella gloriosa.
Sigamos con las externas. Cuando Cabrujas escribe El día que me quieras llega a su fin el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campíns ha ganado las elecciones en diciembre de 1978 pero aún no ha asumido. Se cumple un nuevo ciclo de la alternancia entre AD y Copei. Tiempos de un bolívar fuerte, de un PIB muy alto y de una de las inflaciones más bajas del mundo. La insurrección izquierdista ha sido derrotada en la década anterior y se ha producido la división del PCV en 1971 que da lugar al MAS, partido en el cual milita Cabrujas A la hora del estreno de la obra ya ha labrado una carrera como dramaturgo, director, guionista de cine y, muy especialmente, libretista de televisión, a pesar de las críticas de algunos sectores de la izquierda. En ese contexto político nacional presenta una obra que expone las miserias de un sueño de mentira, cuando del otro lado del Atlántico se habla de eurocomunismo y se cuestiona abiertamente la hegemonía del Kremlin. Diez años después, cae el Muro de Berlín y comienza a desmoronarse la Unión Soviética y su área de influencia. Esto también es historia. Luego de más de tres décadas El día que me quieras se repone en una Venezuela azotada por un régimen político sustentado en las ideas de aquella izquierda arcaica con un fuerte componente militarista y en un claro renacimiento del estalinismo. Sigue existiendo el fracaso conceptual en los Pío Miranda de hoy, suerte de reivindicación tardía de una equívoca noción de soñadores, pero en el campo político se manifiesta la usurpación de las instituciones y los poderes públicos con la poderosa garra de la corrupción y la sociopatía de los gobernantes. Si antes Pío era un perdedor que arrastraba a María Luisa Ancízar a un salto al vacío, ahora ese mismo Pío se ha multiplicado en el poder y depreda con su moralismo estatizante y colectivista. Menuda diferencia. Me parece evidente que José Ignacio Cabrujas habría sido hoy un personaje muy incómodo para el régimen que nos gobierna desde hace quince años.
Por todo lo anterior, El día que me quieras no solo no ha perdido vigencia sino que ha incrementado el interés del público sobre la miseria humana de una quimera totalitaria y falsamente justiciera que ha acechado nuestra historia desde principios del siglo pasado. La fortaleza de este texto emblemático se enriquece con la puesta en escena que Gené realizó en 2005, cuando se cumplían diez años de la desaparición de Cabrujas, y que el Grupo Actoral 80 ha repuesto con gran fidelidad, con un equipo de lujo y un elenco muy profesional y bastante homogéneo, en el Teatro de Chacao hasta el 21 de julio. Una representación que ya conocemos, muy emotiva, que envuelve al espectador, le hace reír, pero ahora rápidamente establece un vínculo entre las frases de Pio Miranda y los discursos de la actualidad. En el fondo, sabemos que esa mirada de Cabrujas no pretendía condenar moralmente a Pío Miranda ni observar con desprecio a los Ancízar, sino simplemente mostrarlos como seres humanos, con sus sueños y contradicciones. Por eso, al final del segundo acto, después de que se ha ido Pío, una desconsolada María Luisa despliega la bandera roja con al hoz y el martillo sobre el sofá, al compás de las notas de La Internacional, mientras solicita que se quede allí, “por lo menos esta noche”. A lo que Elvira, comprensiva, le responde: “esta es tu casa, María Luisa, tú dispones”.

Pío Miranda y Cabrujas hoy. LA OPINIÓN DE Alberto Arteaga Sánchez


EL NACIONAL30 DE ENERO DE 2017 12:38 AM
Conversando ante la charcutería de un supermercado hoy convertido en “hipomercado”, una aguda e inteligente amante del teatro me formuló algunas observaciones después de ver El día que me quieras, sobre el personaje de Pío Miranda en la realidad y en el momento actual.
Cabrujas retrata en esta obra, con su proverbial agudeza, el cuadro venezolano, en la cual, en 1935, la visita de Carlos Gardel se inserta en el día a día de una familia caraqueña que vive el sueño del artista y el delirio de un fanático estalinista.
Pío Miranda es un convencido de la causa comunista más ortodoxa, un creyente en el hombre nuevo y un paraíso que seguirá a la desaparición del capitalismo y que, desprendido de la realidad, sin preocupación por el trabajo, solo aspira al mundo mejor que le ofrece su dogma en materia de fe política. Convencido de su causa, no tiene tiempo para enfrentar el duro trajinar que lo conecta con la vida y el quehacer diario. Mientras Elvira, María Luisa, Matilde y Plácido viven sus ilusiones y los avatares propios de su edad, Pío Miranda sólo piensa y discurre sobre las consignas del marxismo más elemental de los manuales de exportación de una revolución fracasada.
Los Pío Miranda de Cabrujas no constituyen una ficción y hoy adquieren las características que da el poder. Todos los hemos conocido, amparados y cubiertos por el manto de la democracia, formados como tantos venezolanos por una educación gratuita y becas de postgrado del Plan Gran Mariscal de Ayacucho, siempre defendiendo sus posiciones radicales en cafetines universitarios o en foros abiertos, con absoluto respeto por sus ideas y hoy ubicados cómodamente en el gobierno, usurpando el poder antes anatematizado, con olvido de su vieja posición, pero ocupados afanosa y compulsivamente en la invención de consignas “irrebatibles” que se afincan en los órganos que todo lo deciden “por el pueblo”.
Sería injusto no reconocer que hay revolucionarios de verdad que han sido consecuentes con sus ideas, críticos de la situación actual de Venezuela, que luchan por hacer realidad un sueño cuya inducción solo ha producido hambre, miseria, exclusión y abuso del poder. Pero los hay, no pocos, que pregonaban teorías en el pasado al amparo de las instituciones cuya destrucción anunciaban, que, simplemente, viven de espaldas a la realidad que no quieren ver, cómodamente instalados en el sistema y protegidos por “planes”, “interpretaciones” y “decretos con fuerza de ley” que solo protegen al poder.
La obra de Cabrujas y sus personajes nos dejan un mensaje y muchas reflexiones. La sociedad venezolana reclama el respeto a sus libertades. Tenemos derecho a vivir mejor, derecho a una existencia digna, derecho a no ser gobernados por déspotas revestidos de apariencia de legalidad; y tenemos derecho a soñar y a vivir con las ilusiones sencillas de El día que me quieras.
Y, por supuesto, la mirada, la voz y el canto de Carlos Gardel iluminan un camino de esperanzas que nada tiene que ver con el delirio de Pío Miranda, ni mucho menos con su encarnación en ilusos o en vivos de oficio, “enchufados”, que todavía hoy nos pretenden vender un paraíso en la tierra a costa de engaños, baratijas y vacías consignas que a nadie convencen, como las de una “revolución” para hundir más a los pobres y enriquecer a los poderosos; una “guerra económica” que en todo caso la perdió el gobierno; un “desacato” que se ha convertido en la perversa justificación para liquidar la representación del pueblo en la Asamblea; y un diálogo sin término que solo constituye el pretexto para no llegar a ningún resultado concreto, a la espera del milagro de una nueva engañosa “misión salvadora del pueblo”.

sábado, 28 de enero de 2017

Nunca antes en la historia de la humanidad una persona había tenido a su alcance la información que ahora podemos tener cada uno de nosotros gracias a Internet.

TIEMPO DE CADUCIDAD Y LA INFLUENCIA DEL SEXTIL

Nunca antes en la historia de la humanidad una persona había tenido a su alcance la información que ahora podemos tener cada uno de nosotros gracias a Internet.
He podido ver en directo la toma de posesión de Donald Trump, con su paseo familiar acompañado, de aquella manera, de su mujer y su hijo, paseando por la calle central de Washington. Por otro lado he visto también la entrada en modo César, del Zar Putín por la puerta principal del Palacio de San Petersburgo, él solo subiendo por la escalinata de alfombra roja, moviendo con agilidad el brazo izquierdo, pero el derecho se le veía un poco flojo, quizás ha tenido una ACV y no se le mueve bien, no se sabe.  El caso es que hoy día desde nuestra propia casa podemos ver más de lo nunca hubiéramos imaginado ver, no hace falta que nos cuenten muchas cosas, porque ya las vemos.
La impresión de la toma de posesión de Donald Trump me olía a rancio. El coro de muchachos que le cantaron no se qué, era bastante cutre, estaba todo demodé, degradado, antiguo, viejo, pasado que huele a trajes con naftalina. Esa ha sido mi sensación, del algo viejo que se repetía una vez más.
Luego he visto la toma de posesión de Putín, y no me lo lo podía creer.  No estaba en Moscú, sino en el Palacio del Zar de San Peterburgo. Putín a entrado por la puerta del Sol y ha subido la escalinata de alfombra rojas sonado la música, hasta llegar al salón central laminado de oro y ámbar dorado con puertas de oro. Ha entrado como entraban los zares o los reyes de las películas de Walt Dysney.  Ríete tú de los modales de Trump, aquí Putín prescinde de señora y niño.  Y es que los valores en Rusia son de naturaleza de Acuario, mientras que en EEUU son muy de Cáncer, lo que hace que sus políticos tengan que mostrar valores familiares para tener aceptación.

Comenzamos el 2017 con el último sextil del Katun de Tierra, que es lo mismo que decir que comenzamos el último periodo crítico de un ciclo social que conduce al cambio de valores, al abandono de viejos valores políticos, sociales y económicos y asumir nuevos valores. Un tiempo de reajustar las cosas, de tomar nueva posiciones, de prepararse, hacer planes o imaginar proyectos para un futuro incierto que se nos viene encima a toda velocidad.
En ese reajuste mundial Trump entra en escena, Putín se recoloca, Maduro se agarra fuerte a lo que tiene, en la China está todo apunto de recolocarse y en media Europa también.  Da la sensación de que se anuncia tormenta y todos se ocupan de prepararse para recibirla.  Cerrar puertas, trencar ventanas, reforzar muros y tejados, aumentar el control sobre la información, tener todas las comunicaciones controladas, esa es la influencia de último sextil del ciclo de Katún de tierra. 
Para que nos hagamos una idea de la influencia social del aspecto de sextil, basta con pensar en la curiosidad insaciable de los jóvenes que ahora tienen toda información en sus manos y se comunican entre si con mayor fluidez que los adultos, la fuerte influencia de la información, de la comunicación y de la movilidad, sobre todo para los jóvenes.   Ellos saben con viajar por menos de 100 euros.

¿Quién y cómo se controla toda esa libertad?

En Cuba y en Corea la controla con rotundidad el gobierno, en Venezuela lo controlará pronto, en el mundo ya está controládose la información y lo que se mueve por la RED también.  Todo lo que hayas escrito -influencia del sextil- ahora será tu curriculum o tu pecado.  La comunicación, la influencia de la comunicación, la realidad basada en la comunicación, el control por la comunicación, ese será el tema de la última etapa del Katún.
Crisis fundamental en la comunicación, la dualidad de comunicados, unos dirán blanco y otros negro, la verdad en la comunicación será alternativa y cambiante, lo que hoy es cierto dentro de unos meses será desmentido, lo que no se sabía será sabido. Y así viviremos un periodo final donde los comunicados, la publicidad y todo lo que signifique información va a adquirir un mayor valor o relevancia social.
Conviene pues, en este periodo de recolocación social, no creerse nada de lo que se reciba en modo información general, pues lo que hoy parece una cosa mañana será otra.  Cosas del sextil que promete promete pero no siempre cumple lo que promete.

El 20 de enero de 2017 entramos en el último periodo del ciclo del Katún de Tierra, todos los planetas de la carta del cielo del Katun del año 2000 han llegado al último sextil, el último impulso del ciclo que se alimenta de promesas, nuevos proyectos de futuro y aumento de las aspiraciones de quienes se mantienen en los valores de Tierra, aquellos que tienen bienes y tierras. Es el último capitulo de la obra Magna de la vida social en el mundo. Se levanta el telón; Sale a escena Donald Trump, la estrella invitada en este capitulo final.

LA ERA TRUMP, EL ÚLTIMO CAPITULO DEL KATÚN.


¿Quién es esa estrella?  ¿Cómo piensa? ¿En qué modo actuará?  ¿Cuál es su talante?  ¿Qué se puede esperar de él?  Son muchas las incógnitas sobre este nuevo protagonista mundial.  
En la carta del cielo del nacimiento de Donald Trump se pueden atisbar algunos rasgos del carácter que nos permiten conocer mejor al personaje.
El Ascendente refleja el carácter y el talante de una persona. Dicen los antiguos que: "planeta presente es más importante que planeta regente" y Donald Trump tiene al planeta Marte en la zona del Ascendente donde está el punto de "mayor gradiante de luz", el lugar donde la variación de la intensidad de luz cambia con mayor fuerza, ese lugar donde el Sol del amanecer estalla y ya no se deja mirar a la cara.
De momento Marte es lo más visible en su carácter:  Gamberro, pendenciero, chulesco, brusco, amenazador, machista y grosero.  Cualidades propias de Marte de las cuales participamos algunos más, no es una forma de ser exclusiva de Trump.  Lo primero que se le ve es que es un marciano, le gusta la bronca y disfruta jaleando, eso es algo que todo hemos visto en su campaña, hasta aquí nada nuevo.
El planeta Marte está en Leo, dispositado por el Sol que se localiza en el signo de Géminis en la Casa X, reflejando de ese modo a un agresivo hombre de negocios. Si le añadimos que el Mediocielo está en Tauro, refleja la imagen de un exitoso, rico y agresivo hombre de negocios.
Hasta aquí bien, no hace falta hacer una análisis astrológico para llegar a estas conclusiones. Aparte de las estrellas ¿Hay algo más que sea especial en este cielo?
Si, la Luna, esa Luna llena fué eclipsada por la Tierra, Trump tiene una Luna cuando menos rara, que es lo mismo que decir que tiene una mujer un poco rara, también da para pensar que Trump tiene un "modo de sentir", una afectividad, un poco rara y todo eso es debido al mal destete que pudo tener este hombre o la extraña madre que lo parió, de la cual, sin conocerla, muchísimas personas la van a mentar.
La Luna en los políticos refleja su popularidad, que en el caso de Trump sufre de eclipse y eso se tiene reflejar a lo largo de su mandato.  De momento, al tomar posesión tiene la popularidad más baja que los demás presidentes que le precedieron en el cargo.  El eclipse en la Luna forma parte de su guión.
Imaginemos que Marte es Ares y que Ares es un arado y que Trump es un hombre que lleva un arado dispuesto a labrar. ¿Se notará algo después de un tiempo?  Si, sin duda alguna, en tiempo de la Era Trump se notará que la tierra ha sido "labrada".
Lo malo es que Marte no es un solo un arado, es el hierro, las armas, la guerra, y este agricultor no usa tractor, sino tanques y sobre todo aviones. A Trump le gustan los aviones, tiene Urano justo al lado del Sol, le gusta viajar volando, tiene su propio avión y varios helicópteros a su servicio como transporte personal.  
Oiga D Tito, pero tendrá algo bueno ¿no?  Claro que si, tiene un trígono de Júpiter al Sol desde la Casa II, el escenario del dinero. Tiene tanto dinero que no sabe en qué podría gastarselo aunque fuera la mitad. También tiene un trígono con Urano, el planeta de los aviones por eso tiene su super avión personal.
Este hombre ha venido a hacer negocios y se siente invulnerable a causa que Marte y Plutón están dispositados por su Sol, que es como decir que las fuerzas armadas y las bombas atómicas están a su entera disposición, de ahí viene lo del planeta dispositado. Es por eso que es un hombre que da miedo.
Para colmo es el 45 presidente de EEUU. 45 es la semicudartura, el armónico 8, el miedo, las tensiones, los aumentos de adrenalina, la amenazas y todas esas cosas propias de ese aspecto de 45 grados.
Terminamos una era de Obama, relativamente pacifica y tranquila, para entrar en la era Trupm, con música de trompetas y tambor. Ya veremos la que nos lía este hombre, no nos va dejar estar tranquilos.

EL FIN DE LAS ILUSIONES, LA HAMBRUNA Y LOS MILITARES Antonio Sánchez García

Antonio Sánchez García estudió historia y filosofía en la Universidad de Chile y en la Universidad Libre de Berlín Occidental.
Ha sido profesor de Historia Medieval y Moderna en la Universidad de Chile, Investigador del Centro de Estudios Socio-Económicos de la Universidad de Chile, Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania, Profesor de Filosofía Contemporánea en la Maestría de Filosofía de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido columnista de El Mundo, TalCual, El Nuevo País, Notitarde Valencia y actualmente es colaborador de la Revista Zeta y El Nacional.
Pero posiblemente más importante que todo esto es el hecho de que Antonio Sánchez García, quien llama a Venezuela su hogar y quien comparte morada con nuestra querida amiga Soledad Bravo, vivió en carne propia las persecuciones del régimen de Pinochet y nos cuenta en exclusiva y con detalles lo que significa para él el aniversario de los 40 años del golpe de estado contra el Presidente Allende.




Tiempos oscuros y tenebrosos, de cuyo desenlace no tenemos la más mínima idea. Si Aníbal Romero está en lo cierto, Francisco I llega a destiempo. Tendrá que cantar las misas de responso de un mundo aparentemente feliz y satisfecho que se hunde irremediablemente ante nuestros ojos. Si la tiene Ibsen Martínez, que Dios nos agarre confesados. Nuestro país no podría estar en peores manos.




1

            Leo a media semana dos artículos verdaderamente demoledores, aparentemente distantes en su temática y su objeto, pero sin ninguna duda profundamente emparentados pues se refieren a dos graves crisis: la crisis estructural, económica, política y moral que afecta a la globalización y el orden internacional sustentado sobre los resultados de la Segunda Guerra Mundial, el primero de ellos; y porque el segundo desnuda en toda su crudeza y horror el papel jugado, según su autor,  por quienes obtienen provecho en la generación y aprovechamiento de la hambruna que sufre el pueblo venezolano en estos días aciagos de los tiempos que vivimos: las fuerzas armadas.

            El primer artículo al que me refiero apareció este miércoles 25 de enero en las páginas de El Nacional bajo la firma de Aníbal Romero y se titula El rey está desnudo. En él da cuenta de lo que bien podríamos llamar “el fin de las ilusiones de la pos guerra”, a saber: el derrumbe de las máscaras con que el progresismo mundial, que encontrara en Barack Obama la cima y el abismo de lo que llamamos “el buenismo”, eludió durante décadas asumir la realidad de una nueva época que pugnaba por expresarse, enfrentar las consecuencias negativas de la llamada globalización, los peligros del terrorismo talibán y dar cuenta del precio que cargaban los Estados Unidos sobre sus hombros desde el derrumbe de la Unión Soviética, sosteniendo en solitario un precario equilibrio mundial, al precio de sus propios intereses nacionales. El utópico sueño del estado supranacional, del “buenismo” progresista y del entendimiento por sobre las realidades fronterizas se está viniendo al suelo. Donald Trump no sería la causa, sino la consecuencia de lo que su elección comienza a poner de manifiesto. La sociedad “progre” se dio en el gusto de tener un presidente de color que jamás llamó al monstruo musulmán por su nombre. Un gesto de elemental cortesía genética en el primer presidente en la historia de los Estados Unidos que es de color y tiene nombre y apellido musulmanes. Precisamente en medio del fulgor de la llamada “guerra de las civilizaciones”. Y prohijó las dictaduras si ellas eran de izquierda, olían a socialismo y estaban aromatizadas con los efluvios del Manifiesto Comunista, como la tiranía castrista, a la que le ofreció todo sin pedirle nada. Volviéndole simultáneamente las espaldas a la acorralada, escarnecida y vilipendiada democracia venezolana, llevada al paredón precisamente por los hombres de Fidel y Raúl Castro, cuya mano ha venido a estrechar en medio de nuestra tragedia. He allí el precio: en Venezuela se sufre una crisis humanitaria sin precedentes en la región, y en Italia ya hay más minaretes que campanarios. Siendo la cuna del cristianismo, hoy en repliegue y a la defensiva, con sus papas jesuitas que calzan como anillo al dedo con la época que está siendo sepultada. Por fin en Occidente: dos papas “progre”. Que detestan al liberalismo y le hacen carantoñas al socialismo de sesgo marxista. ¿Se entiende la afinidad de las temáticas?

2

            El segundo artículo de referencia apareció ese mismo 25 de enero en el más importante periódico del mundo hispanoamericano, El País, de España, firmado por uno de sus más destacados columnistas, el escritor y dramaturgo venezolano Ibsen Martínez. Se titula Hambruna y Militares, una conjunción aparentemente insólita y absurda pues no han sido jamás los militares, en ningún lugar del planeta donde han gobernado,  quienes han sufrido de hambrunas. Las han provocado. En la Unión Soviética, en China y desde luego en la Cuba del período especial, cuando los cubanos perdían la vista por sufrir de avitaminosis. Hasta que llegaron a socorrerlos los militares golpistas que asaltaron el Poder en Venezuela, se rindieran a los pies del tirano ofrendándole nuestra soberanía y llevan dieciocho años haciendo y deshaciendo en la tierra de Simón Bolívar. De eso trata, con brutal crudeza y directo lenguaje, el artículo de Martínez. De la responsabilidad por acción y por omisión de los militares venezolanos en la creación y gestión de la crisis humanitaria que hoy padece Venezuela. Desnuda el que sin duda ha de ser el más oprobioso y siniestro combate librado por las fuerzas armadas chavistas: el asalto a la renta petrolera para hacerse de monumentales cantidades de dólares preferenciales, importar alimentos y venderlos a precio de dólares de mercado negro. Con lo cual las víctimas no son ejércitos extranjeros vencidos en campos de batalla, la última de las cuales se libró contra los últimos rezagos de los ejércitos españoles hace casi dos siglos en los campos de Carabobo. Sino misérrimos, famélicos y hambreados ciudadanos venezolanos que deben ver de qué manera, a pesar de sus escuálidos salarios, los más bajos del continente y probablemente del mundo, se   hacen de los alimentos, a veces vencidos y de pésima calidad, a precios superiores a los que frescos y de buena calidad se venden en los mercados de Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Manhattan, Paris o Roma.

            Citemos a Ibsen Martínez, provisto de la autoridad periodística que da El País, de Madrid y un justificado prestigio periodístico en Venezuela y América Latina: “Por detrás de todo lo que el represivo régimen que, organizado a imagen del Estado policial cubano, brinda sostén a Maduro y hace todo lo posible por negar a los venezolanos el derecho al voto, persiste la más inicua forma de corrupción, mucho más repugnante que todos los negociados de Odebrecht: el monopolio militar de la importación fraudulenta de alimentos” Por causa de lo cual “es hambruna la que padece mi país. Una interminable y apocalíptica calamidad que lleva a miles de venezolanos no solo a hurgar en los vertederos en procura de alimentos, sino a ver morir a sus hijos por enfermedades agravadas por la desnutrición.”

            La causa, según el afamado autor de la exitosa telenovela POR ESTAS CALLES, que encendiera en los años noventa el ánimo contestatario y anti sistema de quienes hoy hurgan en los basurales para encontrar sustento, lo que jamás, en dos siglos de historia,  se diera antes del asalto de Hugo Chávez y Nicolás Maduro al Poder, radica en “la militarización de la importación y distribución de alimentos que ha prosperado en el curso de más de tres lustros y que ha hecho multimillonarios a centenares de oficiales de alta graduación… Hablamos aquí de cárteles dedicados al trapicheo de dólares baratos, otorgados a dedo, y descomunales órdenes de compra de alimentos. Todo ello en colusión con mafias especializadas en crear empresas fantasma, que, a su vez, sobrefacturan las compras masivas de alimentos. En muchos casos se trata de alimentos vencidos. Para ocultar la evidencia de sus fraudulentos manejos, los generales no han vacilado en enterrar centenares de contenedores llenos de pollo y carne de res descompuestos… Se benefician estos desalmados del desastroso control de cambio de divisas instaurado por el protervo ministro de economía chavista, Jorge Giordani.” (El País, 24 de enero de 2017).

            Tiempos oscuros y tenebrosos, de cuyo desenlace no tenemos la más mínima idea. Si Aníbal Romero está en lo cierto, Francisco I llega a destiempo. Tendrá que cantar las misas de responso de un mundo aparentemente feliz y satisfecho que se hunde irremediablemente ante nuestros ojos. Si la tiene Ibsen Martínez, que Dios nos agarre confesados. Nuestro país no podría estar en peores manos.

EXPLORACIONES GEOPOLÍTICAS: EL REY ESTÁ DESNUDO Aníbal Romero


EXPLORACIONES GEOPOLÍTICAS (1): EL REY ESTÁ DESNUDO
Aníbal Romero
(El Nacional, 25 de enero 2017)
 
Leí una vez en algún libro ya olvidado, que los franceses percibieron con claridad que se hallaban en medio de una revolución unos tres años después de la toma de la Bastilla. La moraleja del asunto es que los grandes cambios históricos toman tiempo antes de penetrar las conciencias de quienes les viven en carne propia.
 
Las siguientes líneas responden a dos convicciones. La primera es que estamos viviendo un importante cambio histórico, en presuroso camino hacia el decisivo fin del sistema internacional creado a partir de la Segunda Guerra Mundial. El signo fundamental de ese cambio es la redefinición de la competencia geopolítica por parte de los principales actores mundiales, con base al interés nacional interpretado de modo más estrecho, focalizado y limitado. Pero ese cambio histórico todavía está borroso para nuestras conciencias contemporáneas.
 
La segunda convicción que me guía es que, como con frecuencia ocurre durante estos intensos procesos de cambio, existe una tendencia a confundir causas con efectos, orígenes con síntomas, raíces con manifestaciones. En tal sentido, como intentaré explicar, Donald Trump es un efecto, no una causa, un síntoma del cambio y no su origen, aunque es también un factor de aceleración de los cambios.
 
Así como el sistema construido sobre los pilares de las derrotas de Alemania, Italia y Japón en 1945 fue obra primordial de la creatividad de las élites políticas y económicas occidentales, en particular estadounidenses, de igual manera la agonía del sistema es producto de los múltiples desatinos de dichas élites dirigentes estas pasadas dos décadas. Señalo tres aspectos: 1) Mareadas y despistadas por un rumbo de globalización tan rápido como impactante y perturbador, las élites occidentales, incluidas por supuesto las europeas, empezaron a perder de vista una realidad clave: perdieron de vista a sus electorados democráticos. Las colisiones generadas por la globalización han tenido y tienen consecuencias demoledoras sobre sociedades enteras, entre ellas vastas porciones de los Estados Unidos, pero los políticos occidentales, enceguecidos por el brillo de la utopía cosmopolita y multicultural dejaron olvidadas a millones de personas, quienes sin embargo preservaron un arma para contra-atacar: el voto. 2) La inmigración masiva en Europa y Estados Unidos generó una honda sacudida en sociedades que no son suficientemente permeables a ello, ni capaces de asimilar tales fenómenos con la velocidad que las élites, ubicadas en sus confortables torres de marfil, permitieron con enorme miopía. 3) La denominada “corrección política”, ideología del denominado progresismo en Occidente, acabó por desbordar la paciencia de millones. Tal ideología, mezcla de sentimentalismo, ingenuidad, e ignorancia de la historia, ha tenido numerosas expresiones a lo largo de estos años, pero quizás una de las más elocuentes fue el rechazo, por parte de Barack Obama, a pronunciar siquiera una vez durante ocho años en la Casa Blanca la frase“terrorismo islamista radical”, para identificar con precisión y veracidad la fuente de los incesantes actos de terror ejecutados contra Occidente.
 
Un episodio lleno de simbolismo sobre este tema, es decir, sobre la voluntad política de identificar las amenazas con la verdad, y de esa forma cumplir uno de los deberes centrales de un líder que intente actuar con franqueza ante sus ciudadanos, fue la referencia al radicalismo islámico en el discurso pronunciado por Trump el pasado día 20 de enero. Tal episodio marca una línea divisoria inequívoca entre dos momentos de la historia en nuestros días, entre Obama y Trump, entre un pasado agonizante y un porvenir incierto.
 
Las alarmas de que el paciente se encontraba en estado terminal se dispararon con el Brexit, y desde luego el panorama empezó a ser mejor descifrado con la victoria de Trump. Pero los fundamentos del llamado “sistema internacional liberal” ya estaban severamente resquebrajados antes del tumultuoso 2016. En este orden de ideas, Trump ha venido actuando como el niño del famoso relato de Andersen, en el que se narra la historia de un vanidoso Rey cuyos sastres, acosados por las exigencias del Monarca, decidieron engañarle, hasta que creyó estar vestido con las más finas y delicadas telas cuando en realidad andaba desnudo ante sus súbditos. Sin embargo llegó el momento en que un niño, provisto de la inocencia propia de su edad, en plena calle y contemplando al Rey que se paseaba, exclamó a toda voz: “¡Pero es que el Rey está desnudo!”
 
Lo que ha logrado Trump es poner de manifiesto, con su característico estilo, que el sistema internacional sobre el que sus antecesores presidieron está corroído en sus cimientos, y que la sociedad norteamericana está muy agrietada. Trump proclama que el Rey está desnudo. 
 
Este papel no es simpático, especialmente para el Rey, y el progresismo internacional, entre otros sectores comprometidos con el pasado o beneficiarios del mismo, jamás le perdonará a Trump haber revelado la vaciedad y desgaste de sus ilusiones. Por ello son estériles las pretensiones de que Trump pueda unificar a los estadounidenses con meras palabras, o complacer las quimeras de los europeos. Ese no es su rol ni lo sería aunque quisiera. Trump seguirá adelante como factor que intensifica mutaciones y alteraciones, enraizadas en lo que le antecedió. No tiene alternativa y seguramente no le interesa tenerla.
 
El sistema que hoy expira, un punto que por cierto olvidamos a veces, se levantó sobre los pilares de la Guerra Fría. El mismo encarnaba un principio de orden sustentado en la confrontación de dos grandes potencias, portadoras a la vez de ideologías seculares frontalmente enfrentadas, así como en la disuasión nuclear y en una concepción suma-cero de los choques geopolíticos. El fin de la URSS y de la Guerra Fría modificaron estos esquemas, los de un juego estratégico que ya venía abriéndose con el acercamiento de Nixon y Kissinger a China. Más tarde se sumaron los ataques del 11-S contra Estados Unidos, el desafortunado fracaso del intento de democratizar las sociedades islámicas del Medio Oriente y sus secuelas, el avance económico y militar chino, la paulatina recuperación geoestratégica de Rusia, así como la crisis financiera de 2008 y su impacto social y político.
 
En posteriores artículos procuraré analizar con mayor detalle este nuevo panorama geopolítico, y en especial los casos de Estados Unidos, China, Rusia y Europa. Por los momentos sólo voy a destacar esto: 1) La correlación de fuerzas internacional de nuestros días es percibida como negativa, en términos relativos y coyunturalmente, para Estados Unidos; pero hay que tener sumo cuidado de no subestimar a ese país y en paralelo sobrestimar a China y Rusia. Estados Unidos tiene dificultades y también gran potencial y opciones. Un nuevo liderazgo, con la energía y realismo exigidos por los actuales y previsibles desafíos, puede concretar un reacomodo de importancia. 2) Por décadas Europa se fortaleció protegida por el poderío militar estadounidense. Esto no fue un acto de altruismo. Washington tenía y tiene intereses en la estabilidad y prosperidad de Europa. Pero las fiebres utópicas que se desataron en la Unión Europea, con los sueños de un super-Estado federal, han acabado por fragmentarla severamente. Dentro del novedoso cuadro geopolítico, la infantilización estratégica de una Europa que se acostumbró a depender para su defensa de los Estados Unidos, la deja ahora sin brújula ante una situación distinta, pues Washington redefine sus intereses nacionales en tanto que Europa atraviesa una crisis de identidad. 3) El pueblo estadounidense, al menos una parte sustancial del mismo, desea que sus dirigentes concentren su atención en los graves problemas económicos, sociales, de la infraestructura, la salud y la educación que aquejan a millones y que en buena medida explican el triunfo de Trump.
 
Visto todo ello en conjunto y extrayendo las necesarias conclusiones, es patente que los ejercicios de nostalgia con relación al pasado se han convertido en un teatro inútil. Trump halló un mundo muy distinto al que existía hasta hace poco, así como a un pueblo estadounidense fracturado, resentido, confuso y abrumado por la incertidumbre. Las prioridades de Trump son internas y tienen que ver con la recuperación económica y social de su país. De modo que su política exterior va a estar íntimamente vinculada al logro de los mencionados objetivos domésticos.
 
Llegaron a su fin tanto el intervencionismo indiscriminado como la globalización sin controles, se acabó el rol de policía del mundo y empieza una etapa de definiciones restringidas, concretas y focalizadas del interés nacional, concebido de manera más pragmática, con el propósito de buscar en lo posible arreglos beneficiosos para el bienestar de la población de Estados Unidos. La sobre-extensión del poder por años hegemónico se verá reducida a marcos más manejables y en función de relaciones costo-beneficio. Las nociones de soberanía, patriotismo y fronteras, entre otras, recobrarán la vigencia que habían perdido. De allí que las decenas de miles de personas que salieron a manifestar contra Trump hace unos días tendrán que aprender, por mucho que les duela, que no es el mundo el que elige al Presidente norteamericano sino los electores estadounidenses, según lo establecido en su ya dos veces centenaria Constitución. Y esos electores son la prioridad de Trump.
 
Maquiavelo escribió que para un político es preferible ser temido que ser amado. Pienso en tal sentido que Donald Trump cometería un error si pretendiese ser amado en lugar de ser temido. No creo que lo haga. No es su tendencia ni está en su temperamento. Pero en todo caso, el repudio casi delirante que el progresismo bien-pensante y los medios de comunicación tradicionales profesan hacia Trump es insuperable, no tiene arreglo posible y va más allá de lo estrictamente político. Semejante repudio tiene que ver, como ya sugerí, con el hecho de que Trump simboliza el fin de muchas ilusiones y a nadie le gusta constatar la muerte de sus ilusiones, menos aún que sea otro quien lo anuncie. No fue Trump el autor del fallecimiento de tantas quimeras, pero me temo que actuará como su sepulturero.