miércoles, 19 de marzo de 2014

El despertar no sólo es para luchar por un cambio de gobierno, debe ser para luchar por un cambio de conciencia que nos permita construir un país donde todos los derechos sean para todas las personas, sin excepciones y sin privilegios.

El despertar

JUAN A. MEJÍA |  EL UNIVERSAL
miércoles 19 de marzo de 2014  12:00 AM
Ayer se cumplió un mes del día en que Leopoldo López se entregó a las autoridades para enfrentar la mentira. Hoy vale la pena recordar parte del discurso que pronunció en aquel momento: "si mi encarcelamiento vale para el despertar de un pueblo, y para que la mayoría de los que queremos un cambio lo podamos construir en paz y democracia, pues bien valdrá la pena el encarcelamiento infame que me plantea con cobardía Nicolás Maduro".

Luego de más de seis semanas de protestas, y de un penoso saldo de cerca de 30 fallecidos, cientos de heridos, miles de amenazados, dirigentes políticos en la clandestinidad,  casi 2.000 personas detenidas, y una militarización cada vez más profunda de los espacios públicos, no ha podido ni podrán contener la fuerza de un pueblo que no quiere dejarse pisotear.

Digo lo anterior no como quien dice algo con convicción esperando a que suceda, sino porque en su afán de aferrarse al poder el gobierno no entiende que mientras siga luchando contra las consecuencias y no las causas de la protesta, esta no se detendrá.

Más que la salida, este movimiento ha sido el despertar de conciencia de millones de venezolanos que se sentían indefensos ante un gobierno autoritario. El despertar de una mujer que no merece ir al mercado y no encontrar lo que necesita,  de un obrero que va al abasto y no tiene suficiente dinero para comprar lo más básico,  de la madre que lleva a su hijo a un hospital y sufre porque no hay insumos, del trabajador del sector público que lo obligan marchar a favor de un gobierno que no lo representa, del estudiante que no quiere seguir formándose en un país sin oportunidades, y del que pierde un hermano en manos de la delincuencia.

El despertar es pasar de la resignación a la indignación, y de ésta a la acción. Una vez que alguien despierta es difícil convencerlo de que vuelva a un Estado de indiferencia. Hoy vemos como Venezuela supera la mentira que, en diez años de bonanza petrolera, nos hizo creer que habíamos superado todos nuestros problemas. Hoy vemos que nuestra realidad es la de un país que sigue condenando a la pobreza a los más humildes.

Los esfuerzos del gobierno por vender un país que solo existe en la pantalla de televisión no han tenido efecto, y la gente cada vez más abre los ojos ante una realidad inocultable. Quienes hace poco más de un mes temíamos que el 2014 sería un año en el que observaríamos pasivamente como el país se vendría abajo, hoy estamos convencidos de que los venezolanos estamos dispuestos a luchar sin descanso en contra de un gobierno cuyo objetivo fundamental es mantenerse en el poder.

Pero el despertar no solo debe servir para abrir la conciencia para luchar en contra de un gobierno ilegítimo o para convencernos de que no estamos en democracia. También debe servir para que entender que desde hace mucho tiempo, bastante antes inclusive de 1998, Venezuela dejó de ser un país de oportunidades. El despertar no sólo es para luchar por un cambio de gobierno,  debe ser para luchar por un cambio de conciencia que nos permita construir un país donde todos los derechos sean para todas las personas, sin excepciones y sin privilegios. No se trata entonces de volver al pasado, ni mucho menos quedarse en el presente. Se trata de mirar hacia el futuro y construir una Venezuela libre, justa y democrática. 

@juanandresmejia

jam_mejia@hotmail.com

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