Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 15 de marzo de 2014

San Cristóbal, capital del Edo. Táchira. Una Ciudad que se cansó del castigo

San Cristóbal. Una Ciudad Que Se Cansó Del Castigo Por Daniel Cáceres

SanCristobal

¿Guia para entender lo que pasa en el Táchira?

El estado Táchira y su ciudad capital San Cristóbal han sido noticia durante el último mes tras haberse iniciado allí las protestas estudiantiles que poco a poco fueron sembrándose en otras ciudades venezolanas.
Este artículo de Daniel Cáceres nos ha parecido muy útil para entender lo que sucede en el estado fronterizo, en su cotidianidad llena de sacrificios en cuanto a conseguir alimentos, productos de diversa índole y medicinas. Por un lado el contrabando de extracción y por el otro la lejanía de la capital venezolana donde se toman las decisiones que afectan su vida diaria.
Es una radiografía necesaria para comprender lo que se está jugando en el Táchira.

San Cristóbal. Una ciudad que se cansó del castigo Por Daniel Cáceres

Recorremos la ciudad con colegas de la prensa internacional a las 6 de la tarde un martes que parece domingo. San Cristóbal está casi desolada en muchos puntos. Ellos vienen de trabajar en Caracas unos días antes. Están sorprendidos por la cantidad de barricadas esparcidas en gran parte de la ciudad y de cómo la censura en los medios nacionales no ha permitido que ésto se conozca.
Llegamos finalmente al “bastión” de los estudiantes. El campamento en el cruce de la avenida Carabobo con la avenida Ferrero Tamayo. En las calles de los alrededores los propios vecinos se encuentran armando las barricadas y con gasolina aprovechando de quemar la basura que tienen días acumulando.
Aquí no llegan los camiones recolectores, que de a poco han empezado a recolectar la basura. Parece no importarles. Mis colegas dicen sorprenderse porque las barricadas cuentan con un grupo de vecinos organizados que no pertenecen a la clase alta o media alta como lo que vieron en Caracas.
Gente sencilla, obreros, vendedores, costureras. Todos unidos dicen que quieren que Nicolás Maduro renuncie. Las quejas son las mismas: están hartos de hacer colas y recorrer la ciudad para buscar productos básicos de higiene personal o de comer. Les indigna la corrupción. Hablan del problema del contrabando y dicen que es el gobierno quien tiene que ejercer acciones para evitarlo.
Parece que no están cansados de tener casi un mes prácticamente encerrados en su zona. Bajamos una cuadra a entrevistar a otro grupo, que está un poco más cerca del campamento de los estudiantes.
Nos reciben con un poco de hostilidad. Nos piden las credenciales. Por estos días desconfían de las personas que llegan a la zona con cámaras. Finalmente cuando podemos enseñarles que somos profesionales y que venimos a cubrir la historia, nos reciben de manera más cálida.
Una enfermera, una maestra y un estudiante. Todos hablan de problemas que ya habíamos escuchado. Todos dicen que están allí permanentemente en vigilia “para cuidar a los muchachos”.
Nos acercamos al campamento de los estudiantes. Allí nos reciben con cara de pocos amigos. Uno de ellos en actitud hostil nos pide las credenciales. Nos piden que no los fotografiemos o grabemos. No nos quieren dar sus nombre. Nos dan su sobrenombre. Finalmente entienden que estamos trabajando y aceptan hablar.
El discurso por momentos aburre, es algo repetitivo, pero refleja el hastío en el que se encuentra gran parte de los tachirenses.
Táchira es un estado en el que al actual gobierno chavista no le ha ido muy bien en las últimas elecciones. Paradójicamente, debido a un gobierno de la oposición ineficiente, la mayoría de los tachirenses votó como “castigo” para elegir al gobernador actual, José Vielma Mora, del chavismo, por su fama de buen gerente, años atrás en el Servicio Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT).
Los “gochos” durante los últimos años ha sido el único pueblo al que se les han impuesto restricciones en el acceso al combustible. Todos los vehículos deben tener un chip para poder llenar su tanque de gasolina. Luego de pasado un tiempo, les han reducido el cupo hasta el punto que algunas personas tienen que dejar de usar su vehículo porque se les acabó el cupo mensual antes de tiempo o tienen que recurrir al mercado negro para comprar gasolina casi a precio de frontera en la propia San Cristóbal para continuar trabajando.
La mafia de la gasolina en este estado es muy fuerte, pero nadie habla de la inmensa cantidad de gasolina que se va para Colombia a través de otros estados vecinos. Sólo basta visitar las poblaciones fronterizas de Apure y ver cómo se llenan grandes toneles de gasolina o gasoil sin ningún control y fácilmente cruzan la frontera.
Los tachirenses se sienten un poco castigados por ese tipo de acciones. Además, debido al pésimo manejo de la economía venezolana, la balanza en la frontera se inclina a favor de los colombianos. Al momento de escribir esta nota, un salario mínimo de Colombia ($600.000) equivale a 15 mil bolívares.
Los centros comerciales y comercios independientes son frecuentemente visitados por personas provenientes de Colombia. La distorsión en los precios, muchos de ellos regulados por el Estado venezolano, ha causado un problema aún mayor para los “gochos”.
Si un artículo de higiene personal como un desodorante tiene un precio regulado en 36 bolívares, para un colombiano es un precio casi de regalo: en Venezuela le cuesta 900 pesos y en su país cuesta 8.670 pesos colombianos. Muchos comerciantes reciben ofertas de algunas personas que llegan de Colombia y les ofrecen comprarle todas las cajas que tengan de ese desodorante y lo pagan al doble del precio regulado.
Obviamente es un negocio muy atractivo, pero el que paga esa distorsión en la economía es el “gocho” de a pie, el que vive en la ciudad. El que desea tener acceso a esos productos tan básicos sin tener que recorrer la ciudad y estar a la cacería de los sitios que venden parte de su inventario para no recibir sanciones.
El tachirense consigue los productos al precio de mercado libre en los mercados populares. Allí se consiguen esos productos, pero los precios regulados no son respetados. Y si exige el precio regulado “pues no hay” y en parte tienen razón los comerciantes. Nadie vende a un precio inferior al que compra.
Gracias a la regulación de precios se ha creado esta red de economía paralela con precios que se ven abultados por el riesgo que conlleva ofrecer un producto que no se consigue ni siquiera en la red de abastos y supermercados del Estado.
Súmenle a todo esto la inflación y el consecuente incremento de los precios gracias al lavado de dinero. Un negocio que en su mayoría proviene del narcotráfico. Se pagan precios casi irreales por bienes raíces. Un apartamento en San Cristóbal puede costar casi medio millón de dólares a tasa de mercado paralelo. Un carro último modelo más de 100 mil dólares a esa misma tasa.
La morgue del Hospital Central del San Cristóbal recibe todos los días víctimas de sicariato de todas partes del Táchira. A los gochos los está matando la inseguridad. La guerrilla y los paramilitares se disputan espacios. Aquí, ya sea a la guerrilla o los paracos hay que pagarles la “vacuna”, un monto de dinero variable para evitar ser secuestrado y hasta protegido.
En el negocio de la extorsión, frecuentemente están inmersos los propios integrantes de las fuerzas policiales y de seguridad, ya sea el CICPC, Policía o Guardia Nacional. Ésta última, además es quien controla los puestos de seguridad fronterizos, donde muchos de sus habitantes denuncian que en horas de la noche se permite el paso de gran cantidad de vehículos pesados con cargas de contrabando.
Una mezcla de factores que han llevado al “gocho” a explotar. A pedir un poco de atención y respeto. Una protesta que sobrepasó hasta la dirigencia política de oposición. Mis colegas coincidían en que, sorprendentemente la propia gente se organizaba a través de la telefonía y redes sociales, sin recibir órdenes de partido político alguno para mejorar los sistemas de defensa.
Y es que durante varias noches y días algunos sectores con barricadas han recibido ataques con el mismo patrón: primero o después de la Guardia Nacional Bolivariana llega un grupo grande de motorizados encapuchados y armados, acompañados de una camioneta marca Toyota de color blanco y proceden a atacar y disparar. Si hay algún vehículo en la calle o pueden entrar a los estacionamientos, son vandalizados rompiéndoles todos los vidrios, les saltan encima y abollan y roban lo que haya disponible en el interior.
Luego o antes, según la estrategia, aparece la Guardia Nacional y disparan a todos lados y hacia adentro de las residencias bombas lacrimógenas sin discriminar. Ancianos y niños sufren los efectos de los gases. Si pueden, los Guardias Nacionales invaden el interior de las residencias para capturar a manifestantes o testigos presenciales, da igual. No importa que la Ley exija ciertos requisitos para ingresar en el hogar de un venezolano.
Mucha gente indignada. Videos demuestran cómo la GNB espera a que los grupos paramilitares de motorizados afectos al oficialismo, en algunos casos llamados “Colectivos” ataquen y luego entran en acción. En las Vegas de Táriba, además, se les vio luego de incendiar parte de las Residencias Don Luis y vandalizar los vehículos de sus residentes, trabajar en conjunto con la GNB para quitar las barricadas.
Dejaron panfletos amenazando con quemar los negocios, amenazaron directamente a los vecinos con matarlos o quemarles los vehículos o edificios. Que peligrosa sociedad esta la de los “Colectivos” y la GNB.
Están apagando el fuego con gasolina. Lejos de ayudar a arreglar el problema, está empeorándolo en muchos casos. Algunas personas ceden en no poner barricadas por temor. Pero la rabia se acumula más, la indignación crece hasta en algunos chavistas más moderados.
En sectores del Táchira dominados por la guerrilla como Abejales, el Piñal o La Fría, las personas cuentan que han sido amenazados de muerte directamente si intentan manifestarse en la calle. La molestia sigue allí, intacta. El partido de gobierno no suma votos. Por el contrario, los pierde.
Lo mismo pasa en ciudades fronterizas como Ureña y San Antonio. Los grupos paramilitares como “Tupamaros” o Urabeños, quienes viven del contrabando de la gasolina y narcotráfico, han manifestado públicamente a través de panfletos y amenazas directas a los dirigentes políticos de la oposición de estos lugares y han ido acabando con las protestas y barricadas.
Pero esta gente, los “gochos”, son tercos. Siguen con la protesta a pesar de las amenazas. Se organizan cada vez más. Amenazan ahora con revivir la Revolución Liberal Restauradora. Dicen que si el gobierno no cumple con sus demandas, marcharán desde San Cristóbal hacia Caracas, llamando a las demás ciudades a sumarse.
Hoy San Cristóbal parece una ciudad en guerra. En las noches el Ejército y la Guardia recorren algunos lugares para limpiar y levantar barricadas y al siguiente día los vecinos las vuelven a levantar.
¿Quién se cansará primero? Nadie lo sabe

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