Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 30 de enero de 2017

Pío Miranda y Cabrujas hoy. LA OPINIÓN DE Alberto Arteaga Sánchez


EL NACIONAL30 DE ENERO DE 2017 12:38 AM
Conversando ante la charcutería de un supermercado hoy convertido en “hipomercado”, una aguda e inteligente amante del teatro me formuló algunas observaciones después de ver El día que me quieras, sobre el personaje de Pío Miranda en la realidad y en el momento actual.
Cabrujas retrata en esta obra, con su proverbial agudeza, el cuadro venezolano, en la cual, en 1935, la visita de Carlos Gardel se inserta en el día a día de una familia caraqueña que vive el sueño del artista y el delirio de un fanático estalinista.
Pío Miranda es un convencido de la causa comunista más ortodoxa, un creyente en el hombre nuevo y un paraíso que seguirá a la desaparición del capitalismo y que, desprendido de la realidad, sin preocupación por el trabajo, solo aspira al mundo mejor que le ofrece su dogma en materia de fe política. Convencido de su causa, no tiene tiempo para enfrentar el duro trajinar que lo conecta con la vida y el quehacer diario. Mientras Elvira, María Luisa, Matilde y Plácido viven sus ilusiones y los avatares propios de su edad, Pío Miranda sólo piensa y discurre sobre las consignas del marxismo más elemental de los manuales de exportación de una revolución fracasada.
Los Pío Miranda de Cabrujas no constituyen una ficción y hoy adquieren las características que da el poder. Todos los hemos conocido, amparados y cubiertos por el manto de la democracia, formados como tantos venezolanos por una educación gratuita y becas de postgrado del Plan Gran Mariscal de Ayacucho, siempre defendiendo sus posiciones radicales en cafetines universitarios o en foros abiertos, con absoluto respeto por sus ideas y hoy ubicados cómodamente en el gobierno, usurpando el poder antes anatematizado, con olvido de su vieja posición, pero ocupados afanosa y compulsivamente en la invención de consignas “irrebatibles” que se afincan en los órganos que todo lo deciden “por el pueblo”.
Sería injusto no reconocer que hay revolucionarios de verdad que han sido consecuentes con sus ideas, críticos de la situación actual de Venezuela, que luchan por hacer realidad un sueño cuya inducción solo ha producido hambre, miseria, exclusión y abuso del poder. Pero los hay, no pocos, que pregonaban teorías en el pasado al amparo de las instituciones cuya destrucción anunciaban, que, simplemente, viven de espaldas a la realidad que no quieren ver, cómodamente instalados en el sistema y protegidos por “planes”, “interpretaciones” y “decretos con fuerza de ley” que solo protegen al poder.
La obra de Cabrujas y sus personajes nos dejan un mensaje y muchas reflexiones. La sociedad venezolana reclama el respeto a sus libertades. Tenemos derecho a vivir mejor, derecho a una existencia digna, derecho a no ser gobernados por déspotas revestidos de apariencia de legalidad; y tenemos derecho a soñar y a vivir con las ilusiones sencillas de El día que me quieras.
Y, por supuesto, la mirada, la voz y el canto de Carlos Gardel iluminan un camino de esperanzas que nada tiene que ver con el delirio de Pío Miranda, ni mucho menos con su encarnación en ilusos o en vivos de oficio, “enchufados”, que todavía hoy nos pretenden vender un paraíso en la tierra a costa de engaños, baratijas y vacías consignas que a nadie convencen, como las de una “revolución” para hundir más a los pobres y enriquecer a los poderosos; una “guerra económica” que en todo caso la perdió el gobierno; un “desacato” que se ha convertido en la perversa justificación para liquidar la representación del pueblo en la Asamblea; y un diálogo sin término que solo constituye el pretexto para no llegar a ningún resultado concreto, a la espera del milagro de una nueva engañosa “misión salvadora del pueblo”.

sábado, 28 de enero de 2017

Nunca antes en la historia de la humanidad una persona había tenido a su alcance la información que ahora podemos tener cada uno de nosotros gracias a Internet.

TIEMPO DE CADUCIDAD Y LA INFLUENCIA DEL SEXTIL

Nunca antes en la historia de la humanidad una persona había tenido a su alcance la información que ahora podemos tener cada uno de nosotros gracias a Internet.
He podido ver en directo la toma de posesión de Donald Trump, con su paseo familiar acompañado, de aquella manera, de su mujer y su hijo, paseando por la calle central de Washington. Por otro lado he visto también la entrada en modo César, del Zar Putín por la puerta principal del Palacio de San Petersburgo, él solo subiendo por la escalinata de alfombra roja, moviendo con agilidad el brazo izquierdo, pero el derecho se le veía un poco flojo, quizás ha tenido una ACV y no se le mueve bien, no se sabe.  El caso es que hoy día desde nuestra propia casa podemos ver más de lo nunca hubiéramos imaginado ver, no hace falta que nos cuenten muchas cosas, porque ya las vemos.
La impresión de la toma de posesión de Donald Trump me olía a rancio. El coro de muchachos que le cantaron no se qué, era bastante cutre, estaba todo demodé, degradado, antiguo, viejo, pasado que huele a trajes con naftalina. Esa ha sido mi sensación, del algo viejo que se repetía una vez más.
Luego he visto la toma de posesión de Putín, y no me lo lo podía creer.  No estaba en Moscú, sino en el Palacio del Zar de San Peterburgo. Putín a entrado por la puerta del Sol y ha subido la escalinata de alfombra rojas sonado la música, hasta llegar al salón central laminado de oro y ámbar dorado con puertas de oro. Ha entrado como entraban los zares o los reyes de las películas de Walt Dysney.  Ríete tú de los modales de Trump, aquí Putín prescinde de señora y niño.  Y es que los valores en Rusia son de naturaleza de Acuario, mientras que en EEUU son muy de Cáncer, lo que hace que sus políticos tengan que mostrar valores familiares para tener aceptación.

Comenzamos el 2017 con el último sextil del Katun de Tierra, que es lo mismo que decir que comenzamos el último periodo crítico de un ciclo social que conduce al cambio de valores, al abandono de viejos valores políticos, sociales y económicos y asumir nuevos valores. Un tiempo de reajustar las cosas, de tomar nueva posiciones, de prepararse, hacer planes o imaginar proyectos para un futuro incierto que se nos viene encima a toda velocidad.
En ese reajuste mundial Trump entra en escena, Putín se recoloca, Maduro se agarra fuerte a lo que tiene, en la China está todo apunto de recolocarse y en media Europa también.  Da la sensación de que se anuncia tormenta y todos se ocupan de prepararse para recibirla.  Cerrar puertas, trencar ventanas, reforzar muros y tejados, aumentar el control sobre la información, tener todas las comunicaciones controladas, esa es la influencia de último sextil del ciclo de Katún de tierra. 
Para que nos hagamos una idea de la influencia social del aspecto de sextil, basta con pensar en la curiosidad insaciable de los jóvenes que ahora tienen toda información en sus manos y se comunican entre si con mayor fluidez que los adultos, la fuerte influencia de la información, de la comunicación y de la movilidad, sobre todo para los jóvenes.   Ellos saben con viajar por menos de 100 euros.

¿Quién y cómo se controla toda esa libertad?

En Cuba y en Corea la controla con rotundidad el gobierno, en Venezuela lo controlará pronto, en el mundo ya está controládose la información y lo que se mueve por la RED también.  Todo lo que hayas escrito -influencia del sextil- ahora será tu curriculum o tu pecado.  La comunicación, la influencia de la comunicación, la realidad basada en la comunicación, el control por la comunicación, ese será el tema de la última etapa del Katún.
Crisis fundamental en la comunicación, la dualidad de comunicados, unos dirán blanco y otros negro, la verdad en la comunicación será alternativa y cambiante, lo que hoy es cierto dentro de unos meses será desmentido, lo que no se sabía será sabido. Y así viviremos un periodo final donde los comunicados, la publicidad y todo lo que signifique información va a adquirir un mayor valor o relevancia social.
Conviene pues, en este periodo de recolocación social, no creerse nada de lo que se reciba en modo información general, pues lo que hoy parece una cosa mañana será otra.  Cosas del sextil que promete promete pero no siempre cumple lo que promete.

El 20 de enero de 2017 entramos en el último periodo del ciclo del Katún de Tierra, todos los planetas de la carta del cielo del Katun del año 2000 han llegado al último sextil, el último impulso del ciclo que se alimenta de promesas, nuevos proyectos de futuro y aumento de las aspiraciones de quienes se mantienen en los valores de Tierra, aquellos que tienen bienes y tierras. Es el último capitulo de la obra Magna de la vida social en el mundo. Se levanta el telón; Sale a escena Donald Trump, la estrella invitada en este capitulo final.

LA ERA TRUMP, EL ÚLTIMO CAPITULO DEL KATÚN.


¿Quién es esa estrella?  ¿Cómo piensa? ¿En qué modo actuará?  ¿Cuál es su talante?  ¿Qué se puede esperar de él?  Son muchas las incógnitas sobre este nuevo protagonista mundial.  
En la carta del cielo del nacimiento de Donald Trump se pueden atisbar algunos rasgos del carácter que nos permiten conocer mejor al personaje.
El Ascendente refleja el carácter y el talante de una persona. Dicen los antiguos que: "planeta presente es más importante que planeta regente" y Donald Trump tiene al planeta Marte en la zona del Ascendente donde está el punto de "mayor gradiante de luz", el lugar donde la variación de la intensidad de luz cambia con mayor fuerza, ese lugar donde el Sol del amanecer estalla y ya no se deja mirar a la cara.
De momento Marte es lo más visible en su carácter:  Gamberro, pendenciero, chulesco, brusco, amenazador, machista y grosero.  Cualidades propias de Marte de las cuales participamos algunos más, no es una forma de ser exclusiva de Trump.  Lo primero que se le ve es que es un marciano, le gusta la bronca y disfruta jaleando, eso es algo que todo hemos visto en su campaña, hasta aquí nada nuevo.
El planeta Marte está en Leo, dispositado por el Sol que se localiza en el signo de Géminis en la Casa X, reflejando de ese modo a un agresivo hombre de negocios. Si le añadimos que el Mediocielo está en Tauro, refleja la imagen de un exitoso, rico y agresivo hombre de negocios.
Hasta aquí bien, no hace falta hacer una análisis astrológico para llegar a estas conclusiones. Aparte de las estrellas ¿Hay algo más que sea especial en este cielo?
Si, la Luna, esa Luna llena fué eclipsada por la Tierra, Trump tiene una Luna cuando menos rara, que es lo mismo que decir que tiene una mujer un poco rara, también da para pensar que Trump tiene un "modo de sentir", una afectividad, un poco rara y todo eso es debido al mal destete que pudo tener este hombre o la extraña madre que lo parió, de la cual, sin conocerla, muchísimas personas la van a mentar.
La Luna en los políticos refleja su popularidad, que en el caso de Trump sufre de eclipse y eso se tiene reflejar a lo largo de su mandato.  De momento, al tomar posesión tiene la popularidad más baja que los demás presidentes que le precedieron en el cargo.  El eclipse en la Luna forma parte de su guión.
Imaginemos que Marte es Ares y que Ares es un arado y que Trump es un hombre que lleva un arado dispuesto a labrar. ¿Se notará algo después de un tiempo?  Si, sin duda alguna, en tiempo de la Era Trump se notará que la tierra ha sido "labrada".
Lo malo es que Marte no es un solo un arado, es el hierro, las armas, la guerra, y este agricultor no usa tractor, sino tanques y sobre todo aviones. A Trump le gustan los aviones, tiene Urano justo al lado del Sol, le gusta viajar volando, tiene su propio avión y varios helicópteros a su servicio como transporte personal.  
Oiga D Tito, pero tendrá algo bueno ¿no?  Claro que si, tiene un trígono de Júpiter al Sol desde la Casa II, el escenario del dinero. Tiene tanto dinero que no sabe en qué podría gastarselo aunque fuera la mitad. También tiene un trígono con Urano, el planeta de los aviones por eso tiene su super avión personal.
Este hombre ha venido a hacer negocios y se siente invulnerable a causa que Marte y Plutón están dispositados por su Sol, que es como decir que las fuerzas armadas y las bombas atómicas están a su entera disposición, de ahí viene lo del planeta dispositado. Es por eso que es un hombre que da miedo.
Para colmo es el 45 presidente de EEUU. 45 es la semicudartura, el armónico 8, el miedo, las tensiones, los aumentos de adrenalina, la amenazas y todas esas cosas propias de ese aspecto de 45 grados.
Terminamos una era de Obama, relativamente pacifica y tranquila, para entrar en la era Trupm, con música de trompetas y tambor. Ya veremos la que nos lía este hombre, no nos va dejar estar tranquilos.

EL FIN DE LAS ILUSIONES, LA HAMBRUNA Y LOS MILITARES Antonio Sánchez García

Antonio Sánchez García estudió historia y filosofía en la Universidad de Chile y en la Universidad Libre de Berlín Occidental.
Ha sido profesor de Historia Medieval y Moderna en la Universidad de Chile, Investigador del Centro de Estudios Socio-Económicos de la Universidad de Chile, Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania, Profesor de Filosofía Contemporánea en la Maestría de Filosofía de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido columnista de El Mundo, TalCual, El Nuevo País, Notitarde Valencia y actualmente es colaborador de la Revista Zeta y El Nacional.
Pero posiblemente más importante que todo esto es el hecho de que Antonio Sánchez García, quien llama a Venezuela su hogar y quien comparte morada con nuestra querida amiga Soledad Bravo, vivió en carne propia las persecuciones del régimen de Pinochet y nos cuenta en exclusiva y con detalles lo que significa para él el aniversario de los 40 años del golpe de estado contra el Presidente Allende.




Tiempos oscuros y tenebrosos, de cuyo desenlace no tenemos la más mínima idea. Si Aníbal Romero está en lo cierto, Francisco I llega a destiempo. Tendrá que cantar las misas de responso de un mundo aparentemente feliz y satisfecho que se hunde irremediablemente ante nuestros ojos. Si la tiene Ibsen Martínez, que Dios nos agarre confesados. Nuestro país no podría estar en peores manos.




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            Leo a media semana dos artículos verdaderamente demoledores, aparentemente distantes en su temática y su objeto, pero sin ninguna duda profundamente emparentados pues se refieren a dos graves crisis: la crisis estructural, económica, política y moral que afecta a la globalización y el orden internacional sustentado sobre los resultados de la Segunda Guerra Mundial, el primero de ellos; y porque el segundo desnuda en toda su crudeza y horror el papel jugado, según su autor,  por quienes obtienen provecho en la generación y aprovechamiento de la hambruna que sufre el pueblo venezolano en estos días aciagos de los tiempos que vivimos: las fuerzas armadas.

            El primer artículo al que me refiero apareció este miércoles 25 de enero en las páginas de El Nacional bajo la firma de Aníbal Romero y se titula El rey está desnudo. En él da cuenta de lo que bien podríamos llamar “el fin de las ilusiones de la pos guerra”, a saber: el derrumbe de las máscaras con que el progresismo mundial, que encontrara en Barack Obama la cima y el abismo de lo que llamamos “el buenismo”, eludió durante décadas asumir la realidad de una nueva época que pugnaba por expresarse, enfrentar las consecuencias negativas de la llamada globalización, los peligros del terrorismo talibán y dar cuenta del precio que cargaban los Estados Unidos sobre sus hombros desde el derrumbe de la Unión Soviética, sosteniendo en solitario un precario equilibrio mundial, al precio de sus propios intereses nacionales. El utópico sueño del estado supranacional, del “buenismo” progresista y del entendimiento por sobre las realidades fronterizas se está viniendo al suelo. Donald Trump no sería la causa, sino la consecuencia de lo que su elección comienza a poner de manifiesto. La sociedad “progre” se dio en el gusto de tener un presidente de color que jamás llamó al monstruo musulmán por su nombre. Un gesto de elemental cortesía genética en el primer presidente en la historia de los Estados Unidos que es de color y tiene nombre y apellido musulmanes. Precisamente en medio del fulgor de la llamada “guerra de las civilizaciones”. Y prohijó las dictaduras si ellas eran de izquierda, olían a socialismo y estaban aromatizadas con los efluvios del Manifiesto Comunista, como la tiranía castrista, a la que le ofreció todo sin pedirle nada. Volviéndole simultáneamente las espaldas a la acorralada, escarnecida y vilipendiada democracia venezolana, llevada al paredón precisamente por los hombres de Fidel y Raúl Castro, cuya mano ha venido a estrechar en medio de nuestra tragedia. He allí el precio: en Venezuela se sufre una crisis humanitaria sin precedentes en la región, y en Italia ya hay más minaretes que campanarios. Siendo la cuna del cristianismo, hoy en repliegue y a la defensiva, con sus papas jesuitas que calzan como anillo al dedo con la época que está siendo sepultada. Por fin en Occidente: dos papas “progre”. Que detestan al liberalismo y le hacen carantoñas al socialismo de sesgo marxista. ¿Se entiende la afinidad de las temáticas?

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            El segundo artículo de referencia apareció ese mismo 25 de enero en el más importante periódico del mundo hispanoamericano, El País, de España, firmado por uno de sus más destacados columnistas, el escritor y dramaturgo venezolano Ibsen Martínez. Se titula Hambruna y Militares, una conjunción aparentemente insólita y absurda pues no han sido jamás los militares, en ningún lugar del planeta donde han gobernado,  quienes han sufrido de hambrunas. Las han provocado. En la Unión Soviética, en China y desde luego en la Cuba del período especial, cuando los cubanos perdían la vista por sufrir de avitaminosis. Hasta que llegaron a socorrerlos los militares golpistas que asaltaron el Poder en Venezuela, se rindieran a los pies del tirano ofrendándole nuestra soberanía y llevan dieciocho años haciendo y deshaciendo en la tierra de Simón Bolívar. De eso trata, con brutal crudeza y directo lenguaje, el artículo de Martínez. De la responsabilidad por acción y por omisión de los militares venezolanos en la creación y gestión de la crisis humanitaria que hoy padece Venezuela. Desnuda el que sin duda ha de ser el más oprobioso y siniestro combate librado por las fuerzas armadas chavistas: el asalto a la renta petrolera para hacerse de monumentales cantidades de dólares preferenciales, importar alimentos y venderlos a precio de dólares de mercado negro. Con lo cual las víctimas no son ejércitos extranjeros vencidos en campos de batalla, la última de las cuales se libró contra los últimos rezagos de los ejércitos españoles hace casi dos siglos en los campos de Carabobo. Sino misérrimos, famélicos y hambreados ciudadanos venezolanos que deben ver de qué manera, a pesar de sus escuálidos salarios, los más bajos del continente y probablemente del mundo, se   hacen de los alimentos, a veces vencidos y de pésima calidad, a precios superiores a los que frescos y de buena calidad se venden en los mercados de Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Manhattan, Paris o Roma.

            Citemos a Ibsen Martínez, provisto de la autoridad periodística que da El País, de Madrid y un justificado prestigio periodístico en Venezuela y América Latina: “Por detrás de todo lo que el represivo régimen que, organizado a imagen del Estado policial cubano, brinda sostén a Maduro y hace todo lo posible por negar a los venezolanos el derecho al voto, persiste la más inicua forma de corrupción, mucho más repugnante que todos los negociados de Odebrecht: el monopolio militar de la importación fraudulenta de alimentos” Por causa de lo cual “es hambruna la que padece mi país. Una interminable y apocalíptica calamidad que lleva a miles de venezolanos no solo a hurgar en los vertederos en procura de alimentos, sino a ver morir a sus hijos por enfermedades agravadas por la desnutrición.”

            La causa, según el afamado autor de la exitosa telenovela POR ESTAS CALLES, que encendiera en los años noventa el ánimo contestatario y anti sistema de quienes hoy hurgan en los basurales para encontrar sustento, lo que jamás, en dos siglos de historia,  se diera antes del asalto de Hugo Chávez y Nicolás Maduro al Poder, radica en “la militarización de la importación y distribución de alimentos que ha prosperado en el curso de más de tres lustros y que ha hecho multimillonarios a centenares de oficiales de alta graduación… Hablamos aquí de cárteles dedicados al trapicheo de dólares baratos, otorgados a dedo, y descomunales órdenes de compra de alimentos. Todo ello en colusión con mafias especializadas en crear empresas fantasma, que, a su vez, sobrefacturan las compras masivas de alimentos. En muchos casos se trata de alimentos vencidos. Para ocultar la evidencia de sus fraudulentos manejos, los generales no han vacilado en enterrar centenares de contenedores llenos de pollo y carne de res descompuestos… Se benefician estos desalmados del desastroso control de cambio de divisas instaurado por el protervo ministro de economía chavista, Jorge Giordani.” (El País, 24 de enero de 2017).

            Tiempos oscuros y tenebrosos, de cuyo desenlace no tenemos la más mínima idea. Si Aníbal Romero está en lo cierto, Francisco I llega a destiempo. Tendrá que cantar las misas de responso de un mundo aparentemente feliz y satisfecho que se hunde irremediablemente ante nuestros ojos. Si la tiene Ibsen Martínez, que Dios nos agarre confesados. Nuestro país no podría estar en peores manos.

EXPLORACIONES GEOPOLÍTICAS: EL REY ESTÁ DESNUDO Aníbal Romero


EXPLORACIONES GEOPOLÍTICAS (1): EL REY ESTÁ DESNUDO
Aníbal Romero
(El Nacional, 25 de enero 2017)
 
Leí una vez en algún libro ya olvidado, que los franceses percibieron con claridad que se hallaban en medio de una revolución unos tres años después de la toma de la Bastilla. La moraleja del asunto es que los grandes cambios históricos toman tiempo antes de penetrar las conciencias de quienes les viven en carne propia.
 
Las siguientes líneas responden a dos convicciones. La primera es que estamos viviendo un importante cambio histórico, en presuroso camino hacia el decisivo fin del sistema internacional creado a partir de la Segunda Guerra Mundial. El signo fundamental de ese cambio es la redefinición de la competencia geopolítica por parte de los principales actores mundiales, con base al interés nacional interpretado de modo más estrecho, focalizado y limitado. Pero ese cambio histórico todavía está borroso para nuestras conciencias contemporáneas.
 
La segunda convicción que me guía es que, como con frecuencia ocurre durante estos intensos procesos de cambio, existe una tendencia a confundir causas con efectos, orígenes con síntomas, raíces con manifestaciones. En tal sentido, como intentaré explicar, Donald Trump es un efecto, no una causa, un síntoma del cambio y no su origen, aunque es también un factor de aceleración de los cambios.
 
Así como el sistema construido sobre los pilares de las derrotas de Alemania, Italia y Japón en 1945 fue obra primordial de la creatividad de las élites políticas y económicas occidentales, en particular estadounidenses, de igual manera la agonía del sistema es producto de los múltiples desatinos de dichas élites dirigentes estas pasadas dos décadas. Señalo tres aspectos: 1) Mareadas y despistadas por un rumbo de globalización tan rápido como impactante y perturbador, las élites occidentales, incluidas por supuesto las europeas, empezaron a perder de vista una realidad clave: perdieron de vista a sus electorados democráticos. Las colisiones generadas por la globalización han tenido y tienen consecuencias demoledoras sobre sociedades enteras, entre ellas vastas porciones de los Estados Unidos, pero los políticos occidentales, enceguecidos por el brillo de la utopía cosmopolita y multicultural dejaron olvidadas a millones de personas, quienes sin embargo preservaron un arma para contra-atacar: el voto. 2) La inmigración masiva en Europa y Estados Unidos generó una honda sacudida en sociedades que no son suficientemente permeables a ello, ni capaces de asimilar tales fenómenos con la velocidad que las élites, ubicadas en sus confortables torres de marfil, permitieron con enorme miopía. 3) La denominada “corrección política”, ideología del denominado progresismo en Occidente, acabó por desbordar la paciencia de millones. Tal ideología, mezcla de sentimentalismo, ingenuidad, e ignorancia de la historia, ha tenido numerosas expresiones a lo largo de estos años, pero quizás una de las más elocuentes fue el rechazo, por parte de Barack Obama, a pronunciar siquiera una vez durante ocho años en la Casa Blanca la frase“terrorismo islamista radical”, para identificar con precisión y veracidad la fuente de los incesantes actos de terror ejecutados contra Occidente.
 
Un episodio lleno de simbolismo sobre este tema, es decir, sobre la voluntad política de identificar las amenazas con la verdad, y de esa forma cumplir uno de los deberes centrales de un líder que intente actuar con franqueza ante sus ciudadanos, fue la referencia al radicalismo islámico en el discurso pronunciado por Trump el pasado día 20 de enero. Tal episodio marca una línea divisoria inequívoca entre dos momentos de la historia en nuestros días, entre Obama y Trump, entre un pasado agonizante y un porvenir incierto.
 
Las alarmas de que el paciente se encontraba en estado terminal se dispararon con el Brexit, y desde luego el panorama empezó a ser mejor descifrado con la victoria de Trump. Pero los fundamentos del llamado “sistema internacional liberal” ya estaban severamente resquebrajados antes del tumultuoso 2016. En este orden de ideas, Trump ha venido actuando como el niño del famoso relato de Andersen, en el que se narra la historia de un vanidoso Rey cuyos sastres, acosados por las exigencias del Monarca, decidieron engañarle, hasta que creyó estar vestido con las más finas y delicadas telas cuando en realidad andaba desnudo ante sus súbditos. Sin embargo llegó el momento en que un niño, provisto de la inocencia propia de su edad, en plena calle y contemplando al Rey que se paseaba, exclamó a toda voz: “¡Pero es que el Rey está desnudo!”
 
Lo que ha logrado Trump es poner de manifiesto, con su característico estilo, que el sistema internacional sobre el que sus antecesores presidieron está corroído en sus cimientos, y que la sociedad norteamericana está muy agrietada. Trump proclama que el Rey está desnudo. 
 
Este papel no es simpático, especialmente para el Rey, y el progresismo internacional, entre otros sectores comprometidos con el pasado o beneficiarios del mismo, jamás le perdonará a Trump haber revelado la vaciedad y desgaste de sus ilusiones. Por ello son estériles las pretensiones de que Trump pueda unificar a los estadounidenses con meras palabras, o complacer las quimeras de los europeos. Ese no es su rol ni lo sería aunque quisiera. Trump seguirá adelante como factor que intensifica mutaciones y alteraciones, enraizadas en lo que le antecedió. No tiene alternativa y seguramente no le interesa tenerla.
 
El sistema que hoy expira, un punto que por cierto olvidamos a veces, se levantó sobre los pilares de la Guerra Fría. El mismo encarnaba un principio de orden sustentado en la confrontación de dos grandes potencias, portadoras a la vez de ideologías seculares frontalmente enfrentadas, así como en la disuasión nuclear y en una concepción suma-cero de los choques geopolíticos. El fin de la URSS y de la Guerra Fría modificaron estos esquemas, los de un juego estratégico que ya venía abriéndose con el acercamiento de Nixon y Kissinger a China. Más tarde se sumaron los ataques del 11-S contra Estados Unidos, el desafortunado fracaso del intento de democratizar las sociedades islámicas del Medio Oriente y sus secuelas, el avance económico y militar chino, la paulatina recuperación geoestratégica de Rusia, así como la crisis financiera de 2008 y su impacto social y político.
 
En posteriores artículos procuraré analizar con mayor detalle este nuevo panorama geopolítico, y en especial los casos de Estados Unidos, China, Rusia y Europa. Por los momentos sólo voy a destacar esto: 1) La correlación de fuerzas internacional de nuestros días es percibida como negativa, en términos relativos y coyunturalmente, para Estados Unidos; pero hay que tener sumo cuidado de no subestimar a ese país y en paralelo sobrestimar a China y Rusia. Estados Unidos tiene dificultades y también gran potencial y opciones. Un nuevo liderazgo, con la energía y realismo exigidos por los actuales y previsibles desafíos, puede concretar un reacomodo de importancia. 2) Por décadas Europa se fortaleció protegida por el poderío militar estadounidense. Esto no fue un acto de altruismo. Washington tenía y tiene intereses en la estabilidad y prosperidad de Europa. Pero las fiebres utópicas que se desataron en la Unión Europea, con los sueños de un super-Estado federal, han acabado por fragmentarla severamente. Dentro del novedoso cuadro geopolítico, la infantilización estratégica de una Europa que se acostumbró a depender para su defensa de los Estados Unidos, la deja ahora sin brújula ante una situación distinta, pues Washington redefine sus intereses nacionales en tanto que Europa atraviesa una crisis de identidad. 3) El pueblo estadounidense, al menos una parte sustancial del mismo, desea que sus dirigentes concentren su atención en los graves problemas económicos, sociales, de la infraestructura, la salud y la educación que aquejan a millones y que en buena medida explican el triunfo de Trump.
 
Visto todo ello en conjunto y extrayendo las necesarias conclusiones, es patente que los ejercicios de nostalgia con relación al pasado se han convertido en un teatro inútil. Trump halló un mundo muy distinto al que existía hasta hace poco, así como a un pueblo estadounidense fracturado, resentido, confuso y abrumado por la incertidumbre. Las prioridades de Trump son internas y tienen que ver con la recuperación económica y social de su país. De modo que su política exterior va a estar íntimamente vinculada al logro de los mencionados objetivos domésticos.
 
Llegaron a su fin tanto el intervencionismo indiscriminado como la globalización sin controles, se acabó el rol de policía del mundo y empieza una etapa de definiciones restringidas, concretas y focalizadas del interés nacional, concebido de manera más pragmática, con el propósito de buscar en lo posible arreglos beneficiosos para el bienestar de la población de Estados Unidos. La sobre-extensión del poder por años hegemónico se verá reducida a marcos más manejables y en función de relaciones costo-beneficio. Las nociones de soberanía, patriotismo y fronteras, entre otras, recobrarán la vigencia que habían perdido. De allí que las decenas de miles de personas que salieron a manifestar contra Trump hace unos días tendrán que aprender, por mucho que les duela, que no es el mundo el que elige al Presidente norteamericano sino los electores estadounidenses, según lo establecido en su ya dos veces centenaria Constitución. Y esos electores son la prioridad de Trump.
 
Maquiavelo escribió que para un político es preferible ser temido que ser amado. Pienso en tal sentido que Donald Trump cometería un error si pretendiese ser amado en lugar de ser temido. No creo que lo haga. No es su tendencia ni está en su temperamento. Pero en todo caso, el repudio casi delirante que el progresismo bien-pensante y los medios de comunicación tradicionales profesan hacia Trump es insuperable, no tiene arreglo posible y va más allá de lo estrictamente político. Semejante repudio tiene que ver, como ya sugerí, con el hecho de que Trump simboliza el fin de muchas ilusiones y a nadie le gusta constatar la muerte de sus ilusiones, menos aún que sea otro quien lo anuncie. No fue Trump el autor del fallecimiento de tantas quimeras, pero me temo que actuará como su sepulturero.
 

LEYENDO DE PIE Hambruna y militares La distribución de alimentos ha hecho multimillonarios a muchos oficiales



EL PAIS 
Por detrás de todo lo que el represivo régimen que, organizado a imagen del
Estado policial cubano, brinda sostén a Maduro y hace todo lo posible por
negar a los venezolanos el derecho al voto, persiste la más inicua forma de corrupción, mucho más repugnante que todos los negociados de Odebrecht:
el monopolio militar de la importación fraudulenta de alimentos. Dicen los
expertos que hay que andarse con cuidado a la hora de usar la palabra 
“hambruna” y tener presente que ella no designa la mera escasez ocasional 
de alimentos.
Por eso aquí la invoco responsablemente: es hambruna lo que padece mi país.
Una interminable y apocalíptica calamidad que lleva a miles de venezolanos
no solo a hurgar en los vertederos en procura de alimento, sino a ver morir a 
sus hijos por enfermedades agravadas por la desnutrición.

Por eso aquí la invoco responsablemente: es hambruna lo que
 padece mi país

Si nos atuviésemos tan solo a las escalofriantes cifras que brinda el desacreditado Banco Central de Venezuela y que, tan solo para 2016 hablan de una contracción
de casi el 19%, (la peor en los últimos 13 años) y de precios al consumidor que
han subido en un 800%, no alcanzaríamos aún a explicarnos la hambruna venezolana.
Ella solo ha sido posible gracias a la militarización de la importación y distribución
 de alimentos que ha prosperado en el curso de más de tres lustros y que ha
hecho multimillonarios a centenares de oficiales de alta graduación.
Hablamos aquí de cárteles dedicados al trapicheo de dólares baratos, otorgados
a dedo, y descomunales órdenes de compra de alimentos. Todo ello en colusión
con mafias especializadas en crear empresas fantasma que, a su vez, 
sobrefacturan las compras masivas de alimentos. En muchos casos, se trata 
de alimentos vencidos. Para ocultar la evidencia de sus fraudulentos manejos, 
los generales no han vacilado en enterrar centenares de contenedores llenos 
de pollo y carne de res descompuestos.

Hay en Venezuela un verdadero Estado Mayor de la Cesta Básica 
que solo destaca por sus corruptelas

Se benefician estos desalmados del desastroso control de cambio de divisas instaurado por el protervo superministro de economía chavista, Jorge Giordani.
Este saqueo de los fondos públicos provenientes del negocio petrolero,
justificado en su momento por el mismísimo Chávez con una política, pomposamente bautizada como de “seguridad alimentaria”, ha andado
desde el inicio de la mano con el sistemático desmantelamiento del aparato productivo privado.
La idea subyacente era “quebrarle el espinazo” a la agroindustria privada y
facilitar la forma más abyecta de sujeción de las mayorías, concebida por el socialismo del siglo XXI: controlar el acceso universal a los alimentos.
Chávez encomendó esa tarea a los militares. Maduro ha ido aún más lejos y designado un general encargado de asegurar el suministro de cada rubro
básico. Así, hoy Venezuela cuenta con un General Harina de Maíz Precocida,
 un General Azúcar, otro General Café, hasta completar un verdadero
Estado Mayor de la Cesta Básica que solo destaca por sus corruptelas.
Un detallado informe, elaborado por la Associated Press, afirma que un solo contrato, de más de 52 millones de dólares para importar maíz amarillo el año pasado, pudo reportar al Ministro del Poder Popular para la Alimentación,
general Rodolfo Marco Torres, un sobreprecio de 20 millones de dólares.
Dos compañías, con toda la traza de ser fantasmas, la una panameña y otra radicada en un dirección inexistente del Brasil, transfirieron a una cuenta
ginebrina, controlada por cuñados del anterior General Alimentación, Carlos 
Osorio, cinco millones y medio de dólares. No son casos aislados.
Maduro, atento a preservar la honradez de los que llama “motores económicos”,
ha designado recientemente al general Osorio como veedor de la transparencia
de estas operaciones al grito de “¡Chávez vive, la lucha sigue!”.