Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

miércoles, 29 de marzo de 2017

¿En que puede compararse el regimen castro/chavista/madurista con la Revolucion Francesa???. Lea y saque sus conclusiones.

Colectivos armados chavo/maduristas en accion. 2017
Revolucion Francesa.
Les presento este archivo de articulos que me llevaron a recordar una etapa de la historia universal que me resulta un manido lugar comun que detesto: La Revolución Francesa conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a otras naciones de Europa que enfrentaban a partidarios y opositores del sistema conocido como el Antiguo Régimen. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799. Según la historiografía clásica, la Revolución francesa marca el inicio de la Edad Contemporánea al sentar las bases de la democracia moderna, lo que la sitúa en el corazón del siglo XIX. Abrió nuevos horizontes políticos basados en el principio de la soberanía popular, que será el motor de las revoluciones de 1830de 1848 y de 1871. Se une al primer articulo, la opinión de un 
profesional dedicado a las luchas sociales valencianas, Julio Castillo Sagarzazu, formado en Francia, quien trae a colación también a los sans-culottes, expresión que significa literalmente 

«sin calzones». Eran los partisanos de las izquierdas revolucionarias en 1789, miembros de las clases sociales más bajas; típicamente eran quienes realizaban labores manuales como artesanos, obreros y campesinos. Constituyeron la mayor parte del ejército revolucionario durante el inicio de la Revolución francesa. El término está relacionado con las modas y costumbres del siglo XVIII, ya que los sectores sociales más acomodados vestían con unos calzones cortos y ajustados (los culottes), mientras que muchos miembros del Tercer Estado llevaban pantalones largos, porque eran de los sectores menos acomodados de la sociedad (no privilegiados) en un articulo de prensa, donde recuerda, como buen seguidor de Lev Davídovich Bronstein (YánovkaUcrania, 26 de octubre./ 7 de noviembre de 1879 - CoyoacánMéxico21 de agosto de 1940), más conocido como Lev 

Trotski o, en español, como León Trotski, que Castillo  fue en su juventud en Carabobo, en los años que había que calarse a toda Venezuela izquierdista, y a todos los comunistas considerarse “sans culottes”, tierras que trajeron los lodos de la “Revolucion castro/chavista” y su entronización ya hace 20 años, la importancia de las luchas sociales para los gobiernos o quienes aspiren a serlo, a lo largo de la historia, so pena de que se les venga encima un lio como el de la Revolucion Francesa, comodin tras el que se oculta tooodo movimiento que se proclama “defensor del pueblo”.
Viene a colación también esta comparación con la intención malvada del régimen de Hugo Chavez y Nicolas Maduro, de comparar por consejo de Fidel Castro y su aparato represor el G2 cubano, esta parodia de luchas sociales venezolanas con las que llevaron a la población parisina a escenificar la Revolucion Francesa. Los castro/chavistas/maduristas mezclan todo termino sin darse cuenta de lo que dicen. Nicolas Maduro califica según terminología cubana también, a la oposición venezolana como pelucones, siendo Pelucón un termino en alusión al anacrónico uso de pelucas por parte de la aristocracia,  es una denominación coloquial, habitualmente despectiva, con que se conocía en Chile, durante la primera mitad del siglo XIX, al bando político conservador. Sus rivales liberales, en tanto, eran llamados pipiolos por los pelucones. Aunque no muy bien difundida la palabra pituco, este vocablo quiere decir lo mismo que pelucón en Ecuador, Perú y pituco o pelucón en Chile.
Para que vean mis lectores la magnitud del equivoco del régimen en su verborrea incontrolable, que no se da cuenta que la palabra debe ser coherente con la imagen y la acción ilustro lo que digo con una imagen de la reunión entre el “pelucon” Lorenzo Mendoza, Presidente de Empresas Polar que suministra el alimento al pueblo venezolano cumpliendo con eficiencia la labor que debería ejercer el Estado y mas representante de una ideología comunista, con el 

sans culotte Nicolas Maduro, “Presidente” de Venezuela. Observen bien la imagen ¿Quién es el pelucon de verdad?
Una imagen vale mas que mil palabras. Mas adelante leerán un testimonio al mejor estilo de la época del terror de la Revolucion Francesa, que escenificaron las autoridades del régimen al expropiar en una humilde zona de Caracas, una panadería regentada por un trabajador portugués al que despojaron como los déspotas malvados que dicen odiar por burgueses y dueños de las riquezas, en un claro ejemplo de convertirse en lo que mas se quiere destruir, la mascara y la sombra del inconsciente colectivo venezolano en acción…juntas para deshonor de quienes se dicen representantes del “pueblo”.
El pan nuestro


El superintendente William Contreras decidió actualizar los registros del exministro Juan Carlos Loyo expropiando terrenos con su pistola al cinto, para condenarlos a un fracaso por el que nadie ha pagado
“Las calles son del pueblo no de la oligarquía”. La consigna era repetida por unos militantes del PSUV que llegaron a desplazar a los vecinos que protestaban en la esquina Cuartel Viejo de la avenida Baralt, por el asalto oficial que inutilizó a la panadería Mansion’s Bakery. Oligarcas en la parroquia Altagracia, sería en los tiempos de Guzmán Blanco; pero la coherencia no caracteriza al chavismo, por eso los beneficiarios temporales del local sacaron el mismo día del asalto la charcutería y las bebidas, un robo que no aumentó la cantidad pan y por eso los vecinos protestaban.

Un comité diseñado para distribuir alimentos importados bajo criterios de discriminación política, no entiende de producción, de estructuras de costo ni de sustentabilidad. Por eso robaron antes de producir, atropellaron antes de entender el nodo de esta guerra ficticia: la escasez de otros alimentos aumentó el consumo de pan, hecho con harina de trigo que solo compra y distribuye el Gobierno. El pan se convirtió en lo más barato, lo que puede calmar el hambre más rápido.



El superintendente William Contreras (y su carnal Carolina Cestari, Jefa del Distrito Capital imitando a lo mejor sin darse cuenta, a  Maximilien Robespierre (Arras6 de mayo de 1758-París28 de julio de 1794),  abogadoescritororador y político francés apodado «el Incorruptible». Fue uno de los más prominentes líderes de la Revolución francesadiputadopresidente por dos veces de la Convención Nacional, jefe indiscutible de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, entidad que gobernó Francia durante el periodo revolucionario conocido como el Terror, quien fue arrestado y guillotinado el 28 de julio de 1794 (10 de Termidor) junto a veintiuno de sus seguidores, sucumbiendo a su caída política ocasionada por la propia inestabilidad que él mismo había generado), decidió actualizar los registros del exministro Juan Carlos Loyo expropiando terrenos con su pistola al cinto, para condenarlos a un fracaso por el que nadie ha pagado. La Sundee ha obligado a bajar los precios del pan (para venderlo a pérdida), ha impuesto qué se debe producir (pan canilla y francés) y ha criminalizado la única estrategia para que una panadería no quiebre: vender otros productos. Sus condiciones son incumplibles y el atropello solo complica nuestras circunstancias, nos enseña cuánto aumenta la irracionalidad y la violencia del Estado, como la desnutrición y la muerte por ella.

Atacando las consecuencias de sus políticas económicas, bajo la excusa de la soberanía, el Gobierno hace lo que le da la gana, desplaza su responsabilidad directa y atropella derechos humanos. Es un ejercicio terrible que nos devuelve al terreno del más fuerte, de hacerlo porque pueden y hasta que puedan. Solo el PSUV pretende ganar una guerra destruyéndose a sí mismo mientras arrastra a todo el país en el intento.

En medio de este desastre, Nicolás antepone la posibilidad del reconocimiento internacional a sus propios ciudadanos, por eso envió 100.000 cajas CLAP a las víctimas de la tragedia en Perú, mientras los venezolanos viven una catástrofe diaria entre las puertas de cualquier panadería y el contenido de las bolsas de basura que ahí se acumulan.
En la guerra del hambre perdemos todos, porque mañana los conspiradores podemos ser usted y yo, por saber leer y escribir; porque el Gobierno puede atacar otras esferas de la propiedad privada, seguir violando derechos humanos, sellar su procura de miseria y represión, el pan nuestro de cada día.
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Doble Play “Las velas que son”
Notitarde marzo 2017.
Julio Castillo
Todo parece indicar que los partidos de la oposición lograrán superar las barreras y obstáculos que el CNE oficialista puso de manera caprichosa y abusiva para evitar que se validaran.
Como lo dijimos la semana pasada, con ocasión de la estupenda jornada de validación de Voluntad Popular, esto demuestra que los ciudadanos venezolanos están dispuestos a responder cuando sienten que las iniciativas por las que tienen que movilizarse son eficaces y eficientes. Demuestra también que cuando las dictaduras abren fisuras democráticas hay que colarse por ellas. Sin ilusiones, pero sin desaprovechar ningún mecanismo que nos permita comunicarnos y movilizar a la gente.
No hay duda que la vanguardia opositora, los militantes de los partidos y los que están permanentemente ocupados en la política se han movilizado y que en este segmento de la sociedad las fuerzas están relativamente intactas y se han sobrepuesto a las vacilaciones de la oposición y su dirección.
A nuestro juicio, la única asignatura pendiente de las fuerzas democráticas venezolanas es su vinculación con las luchas sociales del pueblo. También sobre esto hemos escrito en anteriores oportunidades.
Desgraciadamente, desde la exitosa campaña electoral que nos llevó a la victoria del 6D, la oposición ha abandonado el discurso social y se ha centrado solo en la agenda política. El revocatorio, la salida de Maduro, la Carta Democrática, Almagro, la revalidación, las candidaturas, etc. Todas cosas importantes pero que no deberían ser el centro del accionar 

político. Mientras tanto, la gente sigue padeciendo. Los CLAP no resuelven los problemas de nuestros compatriotas más pobres. Apenas el sábado centenares de manifestantes trancaron la autopista a Pto. Cabello exigiendo les entregaran las cajas que ya habían pagado. El show de las panaderías ha pasado desapercibido con el gobierno copando la escena. 
Es bueno recordar que ningún cambio importante de la historia de la humanidad se ha hecho ignorando la situación social de las mayorías. Hay gente que cree ingenuamente que, en la 

Revolución Francesa, por tomar un ejemplo, los sans culottes de París salieron a la calle con las banderas de Igualdad, Fraternidad y Libertad. Pues no fue así, salieron porque se había acabado el pan y el hambre se cernía sobre sus familias. Fue la vanguardia política la que hizo enfocar la lucha contra la monarquía y que hizo llegar las masas a Versalles para centrar la responsabilidad en el Rey.
Ya sabemos que la unidad opositora venezolana no es homogénea que en su interior anidan diferencias importantes, pero justamente por no ser todos iguales es por lo que debe abrirse un debate que culmine en una estrategia y una táctica común para enfrentar a un gobierno que está pronto a hundirse en el subsuelo de la impopularidad.
Lo repetimos de nuevo. Para provocar la salida de esta pesadilla solo hace falta una dirección confiable y creíble de la oposición, una política común y coherente afincada en las necesidades apremiantes de los ciudadanos. Lo otro, la impopularidad de gobierno, su incapacidad de resolver los problemas del país, ya existe y es evidente para los venezolanos.
La tarea es compleja, pero el viento sopla a favor de la democracia. Solo hay que izar las velas correctas.


TAL CUAL mar 27, 2017 (Retuiteando)
Adentro, pequeños grupos de gente en rebullicio, ansiosa por conocer cómo sería el nuevo trámite para obtener el pan, porque evidentemente allí no se estaba vendiendo nada.
El viernes no resistí la tentación y fui a empaparme, con mis propios ojos, de la marcha del proceso de “ocupación temporal” de la panadería Mansion´s Bakery en plena esquina Cuartel Viejo de la avenida Baralt, a escasas dos cuadras del palacio de Miraflores. Digamos que en escenarios como ese es donde se va amasando, en caliente, la esencia de la revolución.
Habían pasado 72 horas desde que el superintendente William Contreras, quien se esmera en acompañar cada acción de despojo con una vejación al empresario o al encargado de los negocios que asalta, como si eso revistiera de heroicidad el atropello, había ordenado echar a patadas al propietario de la panadería. Un lusitano con 25 años trabajando en el mismo lugar. Al hombre, según contó, no se le permitió ni sacar el efectivo de las ventas del día.
Afuera, uniformados deambulando con caras de fastidio. Adentro, pequeños grupos de gente en rebullicio, ansiosa por conocer cómo sería el nuevo trámite para obtener el pan, porque evidentemente allí no se estaba vendiendo nada. Me acerqué a la barra a pedir un café, pero nadie se dio por aludido. Finalmente, una jovencita me tomó en cuenta: “Disculpe, señor, pero los chicos salieron a comer”. Eran las 5 de la tarde. La caja registradora, sin nadie que la atendiera, había adquirido, en su abandono, un conmovedor aire de obsolescencia. Toda una pieza de museo.

Detrás de uno de los mostradores, arca de cristal inmensamente vacía, estaba quien parecía ser el jefe del operativo: un joven alto con pelambre de rastafari y grandes dientes, como de roedor gigante. Se le acerca una morenita de afro para decirle que “de allá arriba están esperando que mandemos pan”. Responde que ya se verá qué se hace porque “chama, a mí me dejaron todo el día solo”.
El sábado la panadería no abrió sus puertas. Pegado en la entrada, un pliego de papel escrito con marcador informaba que no trabajarían por causa de “limpieza e inventario”. El domingo entraron en acción los graffiteros, verdaderas estrellas del proceso, que dedicaron todo el día a pintar la cara de Chávez, quien sembrado y todo prosigue su labor devastadora. A pesar de que la toma es “temporal”, sobre la entrada principal ya fue pintado un nuevo nombre: “Minka”.
El lunes el cartel de la entrada fue cambiado por otro en el que se les participaba a los consumidores que la panadería ahora sólo produciría panes para los CLAP, con lo cual la posibilidad que tenían los vecinos de adquirir el producto diariamente haciendo cola frente al local, había desaparecido. Ahora sólo tendrán acceso a las canillas reguladas quienes pertenezcan a los comités de Cuartel Miraflores, Jardín Miraflores, Misia Jacinta y Victoria Altagracia. “Primero los CLAP”, ha sido la discriminatoria orden de Maduro. Cachitos, piñitas y panes dulces fueron suplantados con enlatados.

El descontento subió de tenor la noche del martes cuando los vecinos, viéndose sin pan, decidieron protestar y cerraron el paso de vehículos en la avenida Baralt. Muy importante: sin importarle la cercanía de Miraflores. La GNB colocó sus fuerzas antimotines, mientras los ocupantes de la panadería pedían refuerzos a los colectivos para enfrentar las “fuerzas escuálidas”. Claro, escuálidas del hambre.
Finalmente, vino la orden del jefe malandro: que se retire la GNB y que los colectivos se encarguen de los vecinos. Así ocurrió y al final encapuchados, paramilitares del gobierno, penetraron hasta los edificios. Quitan el pan y reparten hambre y amenazas. Pero la lucha sigue.
Gregorio Salazar.
http://www.talcualdigital.com/Nota/138785/lucha-por-el-pan
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Uno de los recuerdos mas repetidos de la Revolucion Francesa es el que voy a narrar a continuacion que viene muy bien para el momento que vivimos en Venezuela

Si no tienen pan, que coman pasteles
María Antonieta de Austria (1755-1793)

Mucho de lo que se contaba sobre ella se correspondía con los hechos. No era ningún ángel y no tenía un carácter especialmente bueno. Sin embargo, a la postre fueron burdas mentiras las que llevaron a su trágico final. Pero en su penalidad, en sus horas más amargas, María Antonieta impresionó incluso a sus enemigos por su aguante y dignidad.
María Antonieta, la hija menor de la emperatriz María Teresa, no se caracterizaba por su calidez humana ni había recibido una educación que la fomentara. Según el lema «Deja que los otros hagan la guerra, tú, feliz Austria, ¡cásate!», la pequeña Maria Antonia Josepha Johanna, a la que todos llamaban simplemente Antoinette, tenía marcado el camino de una vida llena de poder y suntuosidad, la vida apropiada a un miembro de la casa de los Habsburgo. Apareció el esposo adecuado cuando Francia quería consolidar su todavía reciente alianza con Austria y el poderoso ministro francés Choiseul, antiguo protegido de Madame de Pompadour, sugirió que el joven delfín y más tarde Luis XVI se casara con una hija de la casa real austriaca.
Cuando fue elegida Antonieta, con sólo catorce años de edad, en la corte austriaca se hizo evidente que hasta entonces se había descuidado la educación de la futura reina de Francia y señora de Versalles. Con un curso intensivo se intentó eliminar las carencias, pues al fin y al cabo Versalles era el modelo de la ceremonia y la etiqueta de las cortes de Europa. Sin embargo, quedaron lagunas. Antonieta, hermosa y caprichosa, era antojadiza, superficial y distraída. Sólo la música lograba retener a veces su atención. En una ocasión tocó música con el pequeño Mozart.
En mayo de 1770 llegó a Francia la adolescente mimada y se casó con el delfín, de quince años de edad y carácter bondadoso, si bien espesote y regordete. La coqueta princesa no tardó en enredarse en la tupida red de intrigas de la corte francesa. Falta de experiencia práctica y poco ducha en las astucias y sutilezas diplomáticas, la delfina no logró ganarse el favor de la corte. Todo lo que hacía parecía girar en torno de su pequeño mundo, se la reputó de superficial y se la acusó de derrochar dinero para sus diversiones. María Antonieta disfrutaba con los juegos de azar y no mostraba ningún interés por su pueblo.
En 1774 Luis XVI y María Antonieta se convirtieron en los reyes de Francia. Al principio la población era partidaria de la joven pareja real. El intento de María Antonieta de influir en la política del rey nombrando y destituyendo ministros - intentó por ejemplo restituir en su cargo al anteriormente despachado Choiseul - la malquistó todavía más en la corte y como ejercía su posición caprichosamente todavía se ganó más enemigos. Un encuentro con la soberana podía ser humillante. Uno no podía dirigirle la palabra si la reina no se lo requería antes. Las tías del rey pronto empezaron a llamarla despectivamente «l’Autrichienne» (la austriaca). También la opinión del pueblo dio un vuelco. Se esperaba con impaciencia el nacimiento de un heredero al trono. Sin embargo, la joven pareja no consumó el matrimonio hasta siete años después de la boda, pues un estrechamiento del prepucio convertía el acto sexual en un suplicio para el joven rey. Mientras tanto la reina se resarció con relaciones amorosas con cortesanos y favoritos. Sus vestidos eran extravagantes y muy costosas sus diversiones, como los bailes de máscaras sin el acompañamiento del rey, los juegos de azar o la vida en su palacete Petit Trianon. Sus enemigos supieron dar copiosas informaciones al respecto.
Tras ocho años de matrimonio, por fin María Antonieta dio a luz; pero fue una niña. En 1781 llegó al mundo el delfín Louis Joseph Alexander; fue un gran alivio. María Antonieta abandonó su antigua vida de diversiones y politiqueos y se retiró a su ámbito privado; se dedicó a sus hijos, para los que fue una madre afectuosa. En 1785 estalló el caso del collar de la reina: el joyero Bohmer reclamó a la reina 1,5 millones de libras por un collar de diamantes encargado en nombre de la soberana por el cardenal de Rohan. Se llegó a decir que, para conseguir el collar, la reina habría intentado entablar relaciones amorosas con el cardenal. Ella lo negó todo e insistió en arrestar al cardenal, al que acusó de insultarla al achacarle la compra del collar. El rey confió el asunto al Parlamento, que determinó que la culpa correspondía a un par de aventureros, Jeanne Valois de La Motte y su marido, y disculpó al cardenal de Rohan, engañado pero inocente. La reina, aunque inocente también, fue tratada con gran desconsideración por el pueblo.
En esa época el país y el estado se acercaban a un abismo. Luis, aunque era una persona honesta y de buen talante, no tenía ni la fuerza de voluntad ni las capacidades para llevar a cabo las reformas necesarias. Algunas acciones hechas con buenas intenciones, como la reinstauración del Parlamento, produjeron los efectos contrarios a los deseados. Los poderes establecidos del clero y la nobleza, que llevaban la voz cantante en el Parlamento, se opusieron a cualquier restricción de sus privilegios. En el momento decisivo, el rey negó su apoyo a ministros competentes como el ministro de Finanzas Turgot o, más tarde, al banquero Necker.
Sin saber qué hacer, el 5 de mayo de 1789 finalmente el rey convocó los Estados Generales, una asamblea a la que acudían representantes de la nobleza, el clero y el tercer estado. Desde 1614 no se habían convocado los Estados Generales, y esto significaba la capitulación de Luis como soberano absoluto. Sin embargo, ni él ni sus consejeros advirtieron los peligros que amenazaban a la monarquía. Un nuevo poder estaba preparado para entrar en acción. El tercer estado hacía mucho tiempo que tenía un gran peso en la economía y la sociedad, una importancia que quería ver plasmada en la actividad política. Cuando empezó la asamblea de los Estados Generales, pronto resultó evidente que la nobleza y el clero se negaban a renunciar a sus privilegios, y mucho menos a compartir el poder político. Cuando cuestiones de procedimiento impedían el avance y el rey era incapaz de tomar ninguna decisión, el 17 de junio los miembros del tercer estado se declararon como los únicos integrantes de la Asamblea Nacional.
La mayoría del clero y algunos nobles, los liberales, se les unieron dos días después. El 20 de junio los diputados se sorprendieron al ver las puertas de su sala de reuniones cerrada y custodiada por soldados. Inmediatamente, temiendo la disolución y recelando de un golpe de poder real, los diputados se reunieron en una sala cercana, una pista de juego de pelota, donde pronunciaron un juramento solemne de no separarse hasta dar a Francia una constitución. Luis estaba dispuesto a hacer concesiones, pero se negó a aceptar la igualdad de todos los ciudadanos y la abolición de la aristocracia. A pesar de que los apoyos al Rey entre los diputados disminuían, la amenaza de un golpe militar seguía en el aire; elementos del ejército francés empezaban a llegar a las inmediaciones de París y de Versalles. La situación estalló el 14 de julio de 1789, cuando el pueblo de París respaldó en las calles a sus representantes y asaltó la fortaleza de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico pero también punto estratégico del plan de represión de Luis XVI, pues sus cañones apuntaban a los barrios obreros. Tras cuatro horas de combate, los insurgentes tomaron la prisión y mataron a su gobernador, el Marqués Bernard de Launay, cuya cabeza clavada en una lanza pasearon por toda la ciudad. La Revolución francesa había comenzado.

Entre tanto María Antonieta intentó convencer a su esposo para huir con la familia a Metz donde había tropas reales. Sin embargo, el rey se negó a huir. Cuando en las próximas semanas el rey una y otra vez rehusó abolir oficialmente los derechos feudales, la gente sospechó que tras la terquedad del rey estaba su mujer, y L’Autrichienne se convirtió en el blanco principal del odio del pueblo.
Entonces cundió con la rapidez de un rayo una anécdota que ejemplificaba su altivez cínica y desalmada. María Antonieta, se decía, habría preguntado, durante un paseo que dio con su cochero, por qué toda la gente parecía tan desgraciada. «Majestad, no tienen pan para llevarse a la boca», le respondió. En efecto, la mala cosecha del año 1789 había hecho explotar los precios del pan; el hambre amenazaba. Y María Antonieta habría contestado a esa explicación: «Si no tienen pan, que coman pasteles» (S’ils n’ont pas de pain, qu’ils mangent de la brioche).
Seguramente María Antonieta jamás dijo estas palabras. Lo más probable es que alguien las extrajera de las Confessions del filósofo Jean-Jacques Rousseau, el escritor de más éxito en la época de la revolución. En su libro escrito entre 1766 y 1770, Rousseau menciona que una princesa –a la que no nombra- pronunció estas palabras cuando vio a gente hambrienta. Algunos sostienen la tesis de que estas palabras habrían sido pronunciadas casi cien años antes por María Teresa de España (1638-1683), la esposa de Luis XIV. En el momento en que Rousseau escribió este episodio, María Antonieta todavía era una niña y vivía en Austria. No obstante, en la Francia de 1789 todo el mundo creía que este comentario cínico sólo podía haber salido de labios de María Antonieta. A lo largo y ancho del país, la reina fue insultada en panfletos y obras de teatro. Incluso se llegó a decir que mantenía relaciones incestuosas con su hijo.
En junio de 1791 la familia real intentó huir. En Varennes fueron reconocidos, detenidos y devueltos a París. Según se cuenta, María Antonieta envejeció de la noche a la mañana y su pelo se llenó de canas. El 10 de agosto de 1792 se produjo la insurrección: las Tullerías fueron asaltadas y la familia real transferida a la prisión del Temple, una fortaleza medieval de París y antigua sede de los Caballeros Templarios. Luis fue depuesto como rey y ya sólo era el «ciudadano Louis Capet».
Desde julio, los revolucionarios estaban librando la que más tarde se llamaría primera guerra de coalición contra Austria, en cuyo bando se unieron varios estados europeos: entre otros el Piemonte, Prusia, Gran Bretaña y España. Las casas reales de estos países no estaban dispuestas a aceptar la sustitución de la monarquía por otra forma de gobierno ni, de forma particular, la eliminación de la monarquía francesa. Al principio, la cosa no pintaba muy bien para los mal organizados revolucionarios. Sin embargo, el 20 de septiembre de 1792, la batalla de Valmy (también conocida como el cañoneo de Valmy) supuso un punto de inflexión en la guerra. Por primera vez el ejército revolucionario logró detener el avance de un ejército enemigo, en este caso las tropas prusianas comandadas por el duque de Brunswick. Goethe, quien formaba parte del séquito del duque de Sajonia-Weimar-Eisenach y fue testigo de la batalla de artillería, por la noche dijo en el círculo de los oficiales del Estado Mayor las célebres palabras: «Aquí y ahora comienza una nueva época de la historia universal, y podréis decir que habéis sido testigos de ello».
No obstante, Luis seguía siendo un peligro para los revolucionarios. El antiguo rey todavía tenía muchos partidarios. Se temía la contrarrevolución. En las calles de París el populacho alborotaba y pedía la cabeza de Luis. Sobre todo el líder de los jacobinos radicales, Robespierre, quería que el rey destronado fuera ejecutado. Finalmente, la Convención Nacional lo condenó a muerte con una mayoría de 361 votos a favor frente a 360 votos en contra. El 21 de enero de 1793 Luis fue decapitado en la Place de la Révolution (la actual Place de la Concorde). La cabeza cercenada fue mostrada a la multitud.
María Antonieta, ahora llamada la «viuda Capet», impresionó a todo el mundo por la piedad, el valor y la dignidad que mostró durante su encarcelamiento en la prisión de la Conciergerie, donde compartió su destino con más de 2.500 presos. Como medida de seguridad, se cegó la ventana de su celda y se la mantuvo bajo vigilancia constante. No podía realizar ningún movimiento sin que un carcelero la siguiera con su mirada. Ya había sido separada de su segundo hijo, quien tras la muerte de su hermano mayor en junio de 1789 se había convertido en el heredero al trono. El delfín murió en 1795, con sólo diez años de edad, en la prisión parisina del Temple. Por último, también la separaron de su hija, el único miembro de la familia real que sobrevivió a la revolución.
El 14 de octubre de 1793, el fiscal Fouquier-Tinville abrió un proceso contra María Antonieta por actividades contrarrevolucionarias. En una sala oscura y con el suelo de madera, la antigua reina hubo de hacer frente a un proceso de quince horas en el que intervino un gran número de testimonios inculpatorios. También fue llamado a declarar el periodista radical Jacques-René Hébert, quien retomó la acusación de que María Antonieta había tenido una relación incestuosa con su hijo menor. Actualmente se sabe que María Antonieta reveló a Austria los planes de ataque de los franceses; sin embargo, entonces esto no se pudo demostrar.
De un modo imprevisto, la digna actitud mostrada por la antigua reina durante su propia defensa motivó muestras de simpatía entre el público. No obstante, la condena a muerte ya estaba fijada de antemano. Escribió a su cuñada Elisabeth, que la había acompañado durante mucho tiempo en prisión y que todavía estaba encerrada: «Me acaban de condenar, no a una muerte deshonrosa –que sólo lo sería tal para los criminales-, sino a que me reúna con vuestro hermano (…) Pido a todos aquellos que conozco (…) perdón por cualquier daño que, sin saberlo, les haya podido ocasionar (…) Adieu, ¡buena y dulce hermana! (…) ¡Os mando un abrazo de todo corazón a usted y a sus queridos hijos!». Elisabeth, que nunca recibió esta carta, al año siguiente también fue ejecutada en la guillotina.

Dos días después de la condena, el 16 de octubre de 1793, María Antonieta subió a una austera carreta que estaba enganchada a un caballo negro. Llevaba un vestido blanco, le habían atado las manos a la espalda y cortado los cabellos encanecidos. Coronaba su cabeza una modesta gorra como las que se ponian las mujeres de aquella época al levantarse por la mañana. Su mirada parecía distante. ¿Se habían resignado su espíritu y su corazón a su destino?
Todo París salió a la calle para ver cómo la carreta llevaba a María Antonieta al cadalso. Durante una hora la siniestra procesión fue avanzando sobre el tosco adoquinado de las calles con destino a la Place de la Révolution. Los sentimientos de la multitud eran variados: el morbo se mezclaba con el afán de venganza. ¿Había también monárquicos entre los mirones? El nuevo estado no bajaba la guardia; en las calles había miles de gendarmes. Cerca del cadalso la gente estaba tan apiñada que la carreta no pudo avanzar. Asustado, el caballo se encabritó. El verdugo y su hijo se pusieron delante de María Antonieta para protegerla. Parecía que todos estos acontecimientos no afectaran a la rea, que ni siquiera bajó la vista. Subió las escaleras de la tarima de madera y se colocó delante de la guillotina. Los preparativos duraron cuatro torturantes minutos, hasta que por fin la cuchilla cayó a toda velocidad. El verdugo cogió la cabeza por los cabellos y la mostró a la multitud, que gritó: «¡Viva la revolución!».
Hébert comentó en su panfleto Père Duchesne: «¡Por fin esta maldita cabeza se separó de su cuerpo de ramera! ¡Pero debo reconocer que aquella carroña fue valiente y arrogante hasta el final!». Medio año más tarde él mismo subió al cadalso, después de implorar en vano lo que le había negado a María Antonieta: clemencia


EL PUEBLO DE VENEZUELA ENTERA TIENE HAMBRE!!! RECUERDEN QUE ANTE ESA NECESIDAD NO HAY PODER QUE DETENGA A HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS
BURLADOS Y MALTRATADOS POR QUIENES LOS USARON PARA ADQUIRIR PODER.

lunes, 27 de marzo de 2017

¿QUÉ PASA CUANDO LA “SOMBRA” SE CONVIERTE EN “MÁSCARA”?

Axel Capriles
Semanario ABC 24 de marzo 2017

Las máscaras de Terminator las venden en todos lados. En mercadolibre.com las hay desde los $10.
Las vemos con frecuencia en fiestas de carnaval y en películas de ficción. Los niños se divierten con ellas. Pero ver máscaras de la muerte bajo los oscuros cascos de efectivos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en la Operación de Liberación Humanitaria del Pueblo (OLHP) realizada el pasado viernes 11 de marzo en Jardines del Valle, me causó peculiar desazón, una especie de subrepticio escalofrío.
No sé si el uso de máscaras de la muerte es una táctica policial habitual que sigue estándares internacionales, como señaló el diputado oficialista Ricardo Sánchez en respuesta a las fotos de Carlos Ramírez difundidas por Víctor Amaya. Yo me enteré por una alumna que me escribió por WhatsApp enviándome la imagen: “¿Qué dice de esto, Dr. Áxel? ¡Qué horror! Aquí se desataron todos los demonios”. Cuando leí la noticia y sentí la pausada aceptación, la normalidad, con que las páginas noticiosas narraban el operativo sorpresa con 250 uniformados armados que dejaron 9 muertos en la búsqueda del Coqui, líder de una banda dedicada al homicidio, el secuestro y la extorsión en las zonas de El Valle, El Cementerio y la Cota 905, pensé que, ciertamente, vivíamos en un estado de posesión por la Sombra.
Permítanme, por ello, hacer una breve aclaratoria conceptual de términos  de psicología junguiana. C.G. Jung llamó “sombra” al arquetipo del mal, a la destructividad, a la parte del psiquismo que recoge lo sombrío y tenebroso, lo inadaptado, vandálico y corrosivo en cada uno de nosotros. La “máscara”, por su lado, es la parte de la personalidad con la que nos identificamos por motivos de adaptación al mundo exterior, el segmento de la psique con que cubrimos nuestra interioridad y que mostramos a los demás. Por lo general, los vicios, nuestra faceta lóbrega y destructiva, se esconde en la opacidad el inconsciente, en la sombra. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando la maldad, lo sombrío, se convierte en máscara?
Primo Levi, superviviente de Auschwitz, desarrolló el concepto de “zona gris” para describir una franja del psiquismo en la vida los judíos que colaboraban con los nazis y contribuían a su propia destrucción en los campos de exterminio. También Bruno Bettelheim y Víctor Frankl estudiaron lo que llamaron “la identificación inconsciente con el agresor”, un estado de indiferenciación en que agresor y víctima toman el mismo rostro, la misma máscara de la muerte, adoptan el mismo comportamiento, se identifican el uno con el otro. La “zona gris” dificulta el análisis moral porque borra la frontera y normal distinción entre verdugos y víctimas, una condición confusa propia  del sistema de destrucción del totalitarismo.
En días pasados, caminando por el Paseo de la Castellana, en Madrid, escuché el habla característica de unos venezolanos. Volteé a verlos. Eran tres jóvenes, probablemente, estudiantes, con buena apariencia, perfecto corte de pelo y lujoso vestir. Se decían los unos a los otros: “-Dale guevón.” “-No joda, marico dale tú” “Coño, marico, eres un mamaguevo. Échale bolas tú.” Y así prosiguieron con su diferenciada y refinada conversación bajo los arces, magnolios, madroños y cipreses del bulevar. ¿Qué nos dice el lenguaje de una sociedad? ¿Por qué se extiende una manera de hablar que hace del insulto un intercambio amistoso y jovial? ¿Por qué jóvenes de familias pudientes adoptan el habla de las zonas marginales? ¿Qué indica que la mímica y la retórica del malandro se haya extendido a todos los niveles de la sociedad?
Cuando al lado de los 9 muertos en un sólo Operativo de Liberación Humanitaria del Pueblo aparece la noticia del hallazgo de 14 cadáveres en una fosa común en la Penitenciaría General de Venezuela, cuando los secuestros y las violaciones dejan de ser noticia, cuando un pueblo se acomoda a niveles instintivos de supervivencia y las formas de vida que debían yacer en la “sombra” se convierten en máscara para la adaptación, estamos ante un proceso de involución y regresión colectiva que es muy difícil atajar.

Es una transformación profunda que va más allá de la problemática económica y política, un movimiento con inercia propia, autónomo. La paz y las formas políticas por las que lucha la oposición democrática pueden ser arrasadas por este proceso de decadencia que viene de más lejos y va más allá de Chávez y Maduro. Necesitamos grandes gestos, ideas, imágenes y símbolos que puedan compensarlo.

Niños de la calle. LA OPINIÓN DE Alberto Arteaga Sánchez







El Nacional 27 DE MARZO DE 2017 
Sin duda alguna, una de las expresiones que ha cobrado su más claro, contundente, evidente y trágico significado es el que califica como “hijos de la calle” a niños desamparados, productos de la violencia, del abandono familiar, de la indiferencia de las instituciones y de la anomia agresiva que se ha posesionado de Venezuela y cuyos hechos conocidos “antisociales” ocupan la página de sucesos de algunos medios de comunicación.
No produce alivio alguno conocer que los protagonistas del infausto suceso que encontró como víctimas a efectivos militares, fuera de servicio, serán sometidos a medidas de protección o –peor aún- a privación de libertad hasta por 10 años. Pero de inmediato, ¿qué ocurrirá?; ¿tendrán asistencia  psicológica y ayuda social?; ¿habrá alguna institución que vele por la recuperación y reinserción social de los niños y adolescentes que han incurrido en graves transgresiones y actos calificados como punibles?; ¿se han determinado las causas de las acciones violentas?
El trágico suceso de Sabana Grande no solo debe ser investigado y analizado por especialistas en la materia, sino debe constituirse en momento de arranque de un verdadero plan de rescate de las bandas infantiles o juveniles que operan en Caracas, fuera de los objetivos concretos de instituciones del Estado y solo motivo de preocupación por parte de grupos de acción social de la Iglesia.
Sobre el caso de las muertes ocasionadas con aparente lujo de violencia es necesario, de una parte, determinar cómo ocurrieron en realidad los hechos y el comportamiento de víctimas y victimarios y, de otra parte, dejar en claro que una tragedia como esta señala con su índice acusador a una sociedad indiferente y a unos órganos del Estado que solo se han ocupado en inventar nombres de operativos y despachos oficiales con misiones imposibles.
No se puede ocultar la existencia de bandas infantiles y juveniles que operan con absoluta impunidad, al igual que las bandas adultas constituidas para traficar con drogas, secuestrar y, llegado el caso, matar como afirmación del poder que se adquiere de facto entre los miembros del grupo. Pero esta es solo una cara del problema.
Los niños de la calle no están en la nómina del “Vice-ministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo”, que debe contar con no pocos burócratas. Están incorporados -eso sí- a la lista que nadie quiere leer de los seres más débiles y sensibles que han sido abandonados por la conciencia colectiva y por la indolencia de un Estado que nada ha hecho por ellos, salvo propiciar una ley que nadie lee y que solo se aplica con efectividad para manipular amparos escolares o para  utilizar a los niños y adolescentes como instrumentos de cambio o trofeos de disputas familiares.
Los niños que deambulan por nuestras ciudades constituyen, sin más, el crudo testimonio de una sociedad sumida en el caos moral que simplemente demanda instituciones fortalecidas como la familia, siendo una de sus consecuencias la nota común de los seres más desprotegidos que han hecho de la calle su razón de vida y cursan, a marcha forzada, la carrera de la delincuencia.

aas@arteagasanchez.com


CONDENA A MUERTE PARA LOS NIÑOS VENEZOLANOS
Mercedes Montero | marzo 23, 2017 Web del Frente Patriotico
Ante todo debo darle las gracias al Dres. José Félix Oleta, Antonio Clemente , Rafael Muci y a todos los médicos que permanecen en Venezuela cumpliendo con honor el juramento que hicieran al graduarse como tales, en un país cuyo régimen dictatorial le ha confiscado los derechos a la salud y a la vida al pueblo venezolano con el fin de someterlo a sus designios, obviando por supuesto que esto es equivalente a una condena a muerte, a la discapacidad, a un retraso en el país, que se verá afectado negativamente como ya se puede percibir en el regreso de enfermedades que habían sido vencidas, con infantes que mueren de hambre, con una maternidad precoz , con pacientes que pierden su calidad de vida por falta de medicinas, exámenes o atención hospitalaria a su debido tiempo. Mientras tanto la muerte y los danos colaterales debidos a la violación del derecho a la salud, por todo tipo de causas avanza a paso de vencedores. Los datos hablan por sí solos.

El HAMBRE

Según un estudio de More Consulting, 77,4 % de los niños dejan de ir a clases porque no tienen qué comer, y 54 % de los padres ha dejado de alimentarse para darles comida a sus hijos. El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, expresó “Nunca en mi andar como servidor público había recibido una carta de un niño pidiéndome comida, siempre me pedían juguetes”, al referirse a la carta que le envió una niña de 10 años pidiéndole alimentos para poder asistir a la escuela. La diputada a la Asamblea Nacional y coordinadora de la subcomisión de niños, niñas y adolescentes, Karin Salanova, señaló que dos de cada cuatro niños venezolanos presenta desnutrición y que las familias no están adquiriendo todos los nutrientes necesarios para una buena alimentación. Lo cual concuerda con los resultados de la Fundación Cáritas de Venezuela en una investigación realizada en el estado Vargas en una muestra de 100 infantes que al menos 56 niños de la entidad padecen de desnutrición severa. Los otros 44 tienen parasitosis que podría generar afecciones gastrointestinales.


MUERTES DE NEONATOS




Aumentaron muertes de neonatos por la escasez de insumos. Hasta la primera semana de noviembre (2016) habían fallecido 590 recién nacidos en el Hospital Central de Maracay .Datos de la Dirección de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud revelan un incremento del indicador fundamental para medir el desarrollo del país: en 2015 se reportaron 14,8 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos y en 2016 la tasa podría haber llegado a 19,6 bebés muertos, informa El Nacional.



VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS
(Datos tomados del informe Somos Noticia elaborado por Cecodap y publicado por Natalia Matamoros el Nacional.com 15 de marzo de 2017)

La cifra de casos de violencia contra niños y adolescentes en el país durante 2016 se ubicó en 9.807, lo que significa un incremento de 66% respecto a 2015, cuando se contabilizaron 6.455 reportes de menores de edad que fueron víctima de maltrato, homicidios y abusos.

Durante 2016 hubo 1.150 homicidios de niños y adolescentes, lo que representa un incremento de 124 casos en relación con 2015. La mayoría de las muertes violentas ocurrió durante enfrentamientos contra los cuerpos de seguridad. También ha habido muertes durante procedimientos policiales, en los cuales ha imperado el abuso de poder. El año pasado 162 menores de 18 años fallecieron a manos de los cuerpos de seguridad. El 14% de estos casos correspondió a ajusticiamientos”, indicó Carla Villamediana, investigadora de Cecodap.

La mitad de los homicidios reflejados en el informe ocurrió en los estados Miranda, Aragua y Carabobo. El 93% de las víctimas, son adolescentes, mientras que el 2% fueron niños con edades comprendidas entre 7 y 11 años y 4% a menores entre 0 y 6 años. El estudio reveló, además, un notable incremento en los casos de violencia en el seno familiar. El año pasado la organización contabilizó 101 casos de maltrato infantil, mientras que en 2015 hubo apenas 74. La crisis social y económica ha disparado los niveles de violencia. Que es descargada principalmente, en especial, contra los menores de 6 años de edad. , comenta Oscar Misle, coordinador de Cecodap.


El abandono de niños por parte de sus madres, debido a que no tienen recursos para mantenerlos. Entre agosto y octubre de 2016 en el municipio Iribarren hubo 20 casos de niños que fueron entregados a terceros por esta razón, mientras que en el mismo período del año 2015 solo hubo 6 casos similares.

El informe numérico de igual manera registra cómo ha aumentado de forma progresiva los homicidios en el entorno escolar. En el año 2015 hubo dos casos de muertes de menores durante peleas en clase, mientras que en 2016 se ubicó en seis. En 51% Se incrementaron los casos de violencia familiar, en los cuales los pequeños han sido víctimas de agresiones físicas y verbales y 80%Aumentó el número de homicidios de niños y adolescentes en el seno familiar.

Cierro este escrito con la terrible noticia Este domingo en horas de la madrugada una adolescente de 15 años y un niño de 10 años de edad en situación de calle asesinaron a puñaladas en el boulevard de Sabana Grande, municipio Libertador de Caracas, para robarlos, al Sargento Primero del Ejercito Yohan Miguel Borrero Escalona y el Sargento Segundo del Ejército José Andrés Ortiz, quien falleció en el hospital,


La única pregunta que queda por formular es ¿Adónde irá a parar la juventud venezolana si no reaccionamos para lograr el regreso a la democracia? .


La muerte ronda Sabana Grande. Los hijos del hombre nuevo

LA OPINIÓN DE Eduardo Semtei
La muerte ronda Sabana Grande. Los hijos del hombre nuevo




27 DE MARZO DE 2017 12:11 AM
Yohandra tiene 17 años. Vive en uno de los edificios de la Gran Misión Vivienda que fueron construidos hace pocos años en la avenida Libertador, cerca de la sede de Pdvsa, a una cuadra de la avenida Solano y a dos del bulevar de Sabana Grande. Yohandra vive con Hugo Tomás, de 22 años. La vivienda que ocupan fue asignada originalmente a la familia Ramírez, proveniente de una de las zonas más pobres y deprimidas de la parroquia La Vega. Fue una recomendación que la familia Ramírez recibió de Valentín Pantana del Colectivo Revolucionario Patria Libre. Yohandra y Hugo Tomás desalojaron a la familia Ramírez bajo amenazas de muerte. La “expropiaron”, como está haciendo el gobierno con las panaderías. Es una conducta que se repite. Un ejemplo a seguir. Un modo de vida. Jalisco puro. Yohandra se convirtió, por lo sanguinaria, en la jefa, la comandanta, de un grupo de jóvenes y niños delincuentes. Rumores hay de que Yohandra tiene 2 muertos encima. Ella, a excepción de su pareja, es la de mayor edad.
Todos son residentes de Libertador I. El edificio más temido, madriguera de la más criminal de las distintas bandas que se cobijan en cada uno de los superbloques construidos en las adyacencias de Pdvsa. Droga, crimen y prostitución. Patria, socialismo o muerte. Ese grupo asesinó, la semana pasada, a sangre fría, a Pedro Gabriel Yánez Rojas, de 25 años, sargento primero de la Guardia Nacional. En plena avenida Libertador. Lo cosieron a puñaladas. Fueron 10 muchachos descarriados, dañados de alma, quienes viendo a Pedro Gabriel en estado de embriaguez e indefenso lo despojaron de sus valores. Pedro Gabriel trató de defenderse. Inútil. Lo atacaron en forma furiosa. En manada. Fue un ritual. La sangre salpicó calle y acera. Cada integrante debía atestarle al menos una cuchillada. Una curiosa forma de graduación que se ha desarrollado en forma masiva en estos años de revolución en los cuales se está formando el “hombre nuevo”, que es el resultado final, con el tiempo, de la creación del “joven nuevo”, fase ulterior del “niño nuevo”. Su alternativa es recoger restos de basura para mal comer. El delito es más productivo, más rentable, es un decir.
Es vomitivo oír a los defensores de esta barbarie decir que los delincuentes de hoy son una herencia de los años anteriores, de lo que ellos llaman la “IV república”. Todos los integrantes de estas pequeñas células monstruosas del crimen tienen o la misma edad o menos que los años que llevamos de gobierno rojo rojito. En la banda están: Luis, 14 años; Yondry, 9; Raúl, 13; Pedro Manuel, 15; Yadira, 16; Lucas, 9; Jesse, 9, y Benito, 14, y la parejita antes descrita: Yohandra y Hugo Tomás.
El compañero de Pedro Gabriel, el sargento segundo Manuel Isaías Lugo Fuentes, de 23 años, al ver el brutal y mortal ataque contra su compañero de farra, trató de huir. No pudo. Desde las sombras Yadira, Lucas, Luis y Benito lo atacaron. Lograron derribarlo. El mismo ritual. Cada integrante debía hundirle el puñal que empuñaba, hasta la cacha. La primera herida la tuvo en el cuello. Manuel Isaías resistió un poco más. Se arrastró moribundo por el piso. Todavía podemos ver en el pavimento las huellas de sangre de su fracasada huida. Los vecinos alarmados ante los gritos de la agonía llamaron a los organismos de seguridad. Lograron llevar aún con vida a Manuel Isaías a emergencias. Allí falleció. Desangrado. El número de heridas, de puñaladas, que recibió cada uno es materia confidencial del expediente, pero se sabe que son más de 10. Cuentan que Benito sonreía como Pedro Navaja cuando hundía el puñal sin compasión en la espalda de Manuel Isaías. Al menos una punzada por cada integrante de la banda. El bautizo rojo.
Los policías en conocimiento de los terribles asesinatos simplemente fueron a los apartamentos 2B, 2C, 3A, 12B, 12D, 12H a buscar a los niños y jóvenes implicados. Los conocen. Saben que son de la banda Los Cachorros. Que roban en forma diaria en Sabana Grande y en la avenida Solano. Los Cachorros son de Libertador I; Los pitufos, de Libertador II; Los Retoños, de Libertador III. Es una competencia salvaje. Se trata de dominar una zona. Marcar territorio como las fieras salvajes. Son temibles, no solo por la falta de sentimientos y la ausencia de esa humanidad e inocencia propia de niños y adolescentes, sino por la protección que reciben de los pranes que dominan la capital de Venezuela. Los pranes son legítimos y auténticos productos de este modelo de sociedad y de gobierno que tiene 17 fomentando una “nueva civilización”. Los policías saben que los pranes no andan con juegos. Que sus amenazas son ciertas. Los policías saben que molestar a los niños y jóvenes bajo la protección de los pranes es una temeridad, un reto, que siempre se paga con la vida. Prefieren no intervenir salvo que ocurran desgracias inocultables y terribles, como el asesinato brutal de estos dos sargentos en plena juventud.
El tejido social venezolano está descompuesto. Está pudriéndose. Los valores invertidos. Las cifras de asesinatos, secuestros, robos, hurtos es una espiral sin fin. Una vez el presidente de la República habló por teléfono con uno de los pranes más famosos. ¿Qué otra cosa no significó este irresponsable acto sino darle reconocimiento presidencial a la delincuencia? Otorgarle el estatus de interlocutor de Miraflores. Otra vez la ministra penitenciaria se hizo selfies con el salvaje pran de Margarita (Teófilo Cazorla Rodríguez) antes de que le perforaran las tripas a plomo limpio, tal como suelen decidirse y arreglarse las disputas entre mafiosos y criminales. ¿Qué otra cosa no hizo la flamante ministra sino igualarse al criminal? O lo que es peor, igualar el malandro al mismo nivel que gozan los huéspedes del gabinete ministerial.
Les recuerdo a los lectores lo que significa pran. Preso rematado asesino nato. Esos muchachos de Libertador I, II y III no hacen sino repetir a su escala lo que ven a diario en sus gobernantes. Expropiación y exaltación del crimen y los criminales. Delitos sin penas. Culpables sin condena. Para el país, para la patria, lograr una victoria electoral opositora; municipal, regional y nacional, ya será un avance. Recuperar la economía y regresar a un PIB decente, parecido al alcanzado en el año 1990 ya representará un adelanto. Todo reclama sacrificio, esfuerzo, voluntad, ejemplo, lucha. Pero reestablecer la moral ciudadana, los valores éticos, la decencia administrativa. Desaparecer el odio entre los supuestos ricos y pobres. Limar hasta desaparecer la polarización; esas sí son tareas ciclópeas. Son retos inconmensurables. Por eso, quienes sustituyan a este gobierno deben aprender y practicar el valiente arte del olvido y el difícil y amargo camino del perdón. De lo contrario estaremos en nuestro particular Armagedón. No hay otra forma si queremos una Venezuela para todos. Llegar al poder con odios, rencillas, venganzas conllevará a la creación no de tres o cuatro bandas infantiles y juveniles en la avenida Libertador, sino a la creación de innumerables pandillas de lado y lado de la política. Solo juntos, todos los venezolanos, podremos recuperar la solvencia económica y la salud social. En eso, Avanzada Progresista y su líder fundamental, Henri Falcón, no tienen duda alguna. (Los nombres, lugares y fechas han sido cambiados para proteger a los culpables como es costumbre actual).

sábado, 25 de marzo de 2017

Como un servicio informativo a mis lectores, presentare varios iconos llevados a lugares comunes, por los izquierdistas de todas las epocas, el primero que pretenden emular: la Comuna de Paris, que Hugo Chavez y Fidel Castro, no podian pelarse ese boche de "instalar en Venecuba" (Venezuela), bajo el disfraz del Ministerio de las Comunas $$$$$$. Con sus mas conspicuos y preparados ministros. Favor no confundir nombres ni acciones con la original de Paris porque salimos perdiendo en etica y valentia, solo reprodujo Hugo Chavez las caracteristicas destructivas del patrimonio cultural y social del que podiamos estar orgullosos con el despido de todos los gerentes culturales, cuando era Manuel Espinoza, Presidente del CONAC, quien haciendo alarde de su bonhomia y nobleza, despidio a todos los que habian permitido su ascenso a ser figura de la plastica nacional, Premio nacional de Artes Plastica y Exposicion "Todo el Museo de Arte Contemporaneo" en tiempos de Sofia Imber solo para el y su obra, asestandoles la puñalada trapera ordenada por Hugo Chavez, a todos sus amigos y compañeros de farras y exquisitos condumios y exposiciones. Lean nuevamente y comparen para poder discernir la verdad y lo que nos quieren hacer ver.

Paris, 1871.
Ministro de las Comunas en Venezuela.

Otra confusión propia del onanismo mental de la revolución chavista/madurista que quiere hacer realidad lugares comunes izquierdistas de la historia universal, en especial de la francesa, con la creacion de caricaturas de esos iconicos movimientos, pero eso si, sin la fiereza y valentia que aquellos exigian, ¡NO! son adaptados a la version de la izquierda de Ignacio Ramonet, la izquierda “caviar”. Uno de esos lugares comunes que ya hieden es la tan vilmente interpretada y escenificada Comuna de París (en francésla Commune de Paris) que fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario, que para algunos autores, se asemejó al anarquismo o al comunismo.
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la guerra franco-prusiana (1870-1871), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (19 de septiembre de 1870-28 de enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos —que se retiraron de inmediato— y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la Guardia Nacional Francesa, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que probable restauración de la monarquía borbónica. Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción popular para defender la ciudad, estos se alzaron en armas. Ante esta rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la capital, y la Guardia Nacional convocó elecciones para el consejo municipal que fue copado por radicales republicanos y socialistas.
La Comuna (el término commune designaba entonces y aún designa al ayuntamiento en francés) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada «Semana Sangrienta» (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final supuso unos 10 000 muertos, el destrozo e incendio de más de 200 edificios y monumentos históricos, y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental. Karl Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por el proletariado,8 a lo que Bakunin respondió que —al no depender de una vanguardia organizada y no haber arrebatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado revolucionario— la comuna parisina era anarquista.
Trasfondo
Guardia Nacional en el frente de batalla. (Francia)

Ministro de la Defensa de la Revolucion castro/chavista/madurista en el frente del jalabolismo.

La revolución puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, responsable de la defensa de la ciudad durante la guerra, mientras el Gobierno de Defensa Nacional dirigido por Adolphe Thiers se encontraba refugiado en Burdeos. La comuna fue posible gracias a un levantamiento popular de todas las tendencias republicanas dentro de París después de que la Guerra Franco-prusiana terminase con la derrota de Francia.9 La guerra con Prusia, comenzada por Napoleón III (Louis Napoléon Bonaparte) en julio de 1870, se desarrolló desastrosamente para Francia, y en septiembre del mismo año, tras la derrota en la Batalla de Sedán, los diputados republicanos derrocaron el (segundo) Imperio y proclamaron la República.10 Días después, París quedó bajo el asedio del ejército enemigo prusiano.
La escasez de comida, sumada al constante bombardeo prusiano, llevó a un descontento general. Desde la revolución de 1848 la población se había vuelto cada vez más receptiva a ideas republicanas más radicales. Una demanda específica fue la de que París debía poseer un gobierno autónomo, con una comuna elegida por la propia población, algo que ya disfrutaban la mayor parte de las ciudades francesas, pero que era negado a París por un gobierno temeroso de la indócil población de la capital. Un deseo más vago pero también relacionado fue el de un sistema de gestión de la economía más justo, no necesariamente un sistema socialista, resumido en el grito popular de «la république démocratique et sociale!».
En enero de 1871, cuando ya habían transcurrido 4 meses de asedio, Louis-Adolphe Thiers, futuro jefe ejecutivo (más tarde presidente) de la Tercera República Francesa, buscó un armisticio que fue firmado el día 26 en el Palacio de Versalles, a la espera de que se lograran acuerdos de paz definitivos. El Canciller Otto von Bismarck, que se había instalado en Versalles, representaba al emperador de Alemania exigió para París la rendición de las plazas fuertes de las fortificaciones que rodeaban la capital, el desarme de los soldados que aseguraban la defensa de la capital, la posibilidad de entrar en París y el pago de un rescate de 200 millones de francos.
Por aquel tiempo más de 200.000 parisinos eran miembros armados de la «Guardia Nacional», una milicia de ciudadanos dedicada al mantenimiento del orden público en tiempos de paz, pero que desde septiembre de 1870 se había expandido mucho (de 60 a 254 batallones) para ayudar a defender la ciudad. Los batallones elegían a sus propios oficiales y poseían algunos cañones que habían sido fabricados en París y pagados por suscripción pública. La ciudad y su Guardia Nacional habían resistido el ataque de las tropas prusianas durante seis meses, por lo que la población de París consideraba humillante tanto la rendición como la ocupación.
En el mes de febrero, 2000 delegados de la federación de los batallones de la Guardia Nacional eligieron un «Comité Central» que votó nuevos estatutos para reorganizar la Guardia y aprobó que no se dejarían desarmar por el gobierno, llamando a las principales ciudades francesas a que les imitaran. Las tropas prusianas tenían previsto entrar simbólicamente en París el 1 de marzo, dejando a Thiers que se encargara de la rendición de la capital. La víspera, el 28 de febrero, el comité de la Guardia Nacional mandó pegar en todo París el «Cartel negro» (Affiche noire), un cartel bordeado de negro en señal de luto recomendando a los parisinos que no salieran de sus casas y evitaran todo altercado o manifestación. El día 1 de marzo el ejército prusiano desfiló en una ciudad desierta, limitándose a los distritos XVIXVII y VIII. La abandonaron el mismo día sin ningún incidente.
Días antes de que los prusianos entraran en París, la Guardia Nacional, ayudada por civiles, había puesto los cañones (que consideraban de su propiedad) a salvo de los prusianos y los había almacenado en distritos seguros situados en las colinas de Montmartre y Belleville, en los límites de la ciudad. El principal «parque de cañones» estaba en las alturas de Montmartre.
Mientras tanto las elecciones legislativas del 8 de febrero, destinadas a sustituir el Gobierno de Defensa Nacional, habían dado a la Asamblea Nacional una amplia mayoría monárquica (dividida entre legitimistas y orleanistas) seguida de los republicanos conservadores, todos partidarios de firmar la paz. En París, el voto fue mayoritariamente republicano radical, encabezando las listas de diputados Louis BlancVíctor HugoLéon Gambetta y Giuseppe Garibaldi. Por el Pacto de Burdeos, Thiers aseguró a la Asamblea que su gobierno se iba a dedicar a levantar el país, y que de momento no se plantearía el tipo de régimen a adoptar para Francia, dejando de lado la instauración de la República, a petición de los monárquicos, bonapartistas y representantes de la alta burguesía.
Alzamiento y naturaleza de la Comuna
Instauración de la Comuna
Pero París continuaba cercada mientras el problema de las indemnizaciones de la guerra afectaba gravemente a la población. El 3 de marzo una asamblea de los delegados de la Guardia Nacional eligió un Comité ejecutivo provisional de 32 miembros que prometió defender la República. El mismo día el gobierno de Thiers nombró comandante jefe de la Guardia Nacional al general monárquico Louis d'Aurelle de Paladines, que había apoyado militarmente el golpe de Estado de Napoleón III del 2 de diciembre de 1852. Ante lo que se interpretaba como una provocación, la prensa y el pueblo protestaron y el Comité Central lo rechazó y lo ignoró. El 10 de marzo, la Asamblea Legislativa y el gobierno se trasladaron de Burdeos a Versalles, pero Thiers decidió residir en París.
Las primeras medidas aprobadas por la nueva Asamblea confirmaron las inquietudes de la población, recordándoles las medidas impopulares impulsadas por Thiers durante la II República en 1848: el 10 de marzo suprime la moratoria sobre letras de pago, alquileres y deudas que han de pagarse casi inmediatamente, lo que aboca en París a 300.000 obreros, pequeños talleres y tiendas a la quiebra. Suprime el salario de los guardias nacionales, dejando a miles de familias sin recursos. El general Joseph Vinoy, recién nombrado comandante jefe del ejército en París, prohíbe seis periódicos republicanos, de los que 4 tenían cada uno una tirada de más de 200.000 ejemplares y manda condenar a muerte en ausencia a Gustave Flourens y Auguste Blanqui por su participación en la revuelta de octubre de 1870.
Al mismo tiempo que el Comité Central de la Guardia Nacional estaba adoptando una posición cada vez más radical y ganando firmemente autoridad, el gobierno no podía permitirle indefinidamente tener 400 cañones y ametralladoras a su disposición. Y así, como primer paso, al alba del 18 de marzo Thiers ordenó a sus tropas tomar los cañones almacenados en los altos de MontmartreBelleville y en el parque des Buttes-Chaumont En Belleville y en Montmartre, los residentes avisados a toque de campana se precipitaron para interponerse, mujeres a la cabeza: en vez de seguir las instrucciones, los soldados fraternizaron con la Guardia Nacional y la población. En Montmartre, cuando su general, Claude Martin Lecomte, les ordenó disparar a una muchedumbre desarmada, le apearon de su caballo. En contra de la opinión de los miembros del comité del distrito, fue fusilado en el mismo barrio junto con el General Clément Thomas, un antiguo comandante de la Guardia Nacional, responsable de la represión durante la rebelión popular en junio de 1848. El 18 de marzo marca oficialmente el inicio del gobierno de la Comuna.
Otras unidades armadas se unieron a la rebelión, que se esparció tan rápidamente que el Jefe del ejecutivo Thiers ordenó la evacuación inmediata de París de las fuerzas regulares que aún le seguían siendo leales, tales como la policía y los empleados de todas las administraciones públicas. Él mismo huyó, a la cabeza de sus hombres, a Versalles. Según Thiers, 100.000 parisinos abandonaron la capital. En los días siguientes, la mayoría de los habitantes de los barrios residenciales del oeste de París (el XVI y el XVII), tradicionalmente conservadores, se refugiaron en Versalles. El Comité Central de la guardia nacional era ahora el único gobierno efectivo en París: casi inmediatamente renunció a su autoridad y organizó elecciones para una comuna, propuestas para el 26 de marzo.
La Comuna de París fue constituida el 28 de marzo. Los 92 miembros del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un gran número de políticos. Abarcaban todas las tendencias republicanas: desde republicanos reformistas y moderados, socialistas, anarquistasproudhonianosblanquistas e independientes, hasta jacobinos que tendían a mirar nostálgicamente la Revolución francesa. El socialista Auguste Blanqui fue elegido presidente del Consejo, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna.
Medidas adoptadas por la Comuna
A pesar de las diferencias internas, el Consejo tuvo un buen comienzo al mantener los servicios públicos esenciales para una ciudad de dos millones de habitantes; también fue capaz de alcanzar un consenso sobre ciertas políticas que tendían hacia una democracia social progresista más que a una revolución social. Debido a la falta de tiempo (la Comuna pudo reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron implementados. Estos incluían: remisión de las rentas, que habían sido aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el asedio; la abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías de París; la abolición de la guillotina; la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la Guardia Nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos; la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales; se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, alejándose de los estrictos principios reformistas, el derecho de los empleados a tomar el control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.
El Consejo terminó con el alistamiento y reemplazó el ejército convencional con una Guardia Nacional de todos los ciudadanos que podían portar armas. La legislación propuesta separaba la iglesia del Estado, hacía que todas las propiedades de la iglesia pasaran a ser propiedad estatal, y excluía la religión de las escuelas. Se les permitió a las iglesias seguir con su actividad religiosa sólo si mantenían sus puertas abiertas al público por la tarde para que se realizasen reuniones políticas. Esto hizo de las iglesias el principal centro político participativo de la Comuna. Otra legislación proyectada trataba de reformas educativas que permitirían que la educación y la práctica técnica fueran disponibles para todo el mundo.
La Comuna adoptó durante su breve existencia el anteriormente descartado Calendario de la I República Francesa, así como la bandera roja en vez de la tricolor.
La carga de trabajo fue facilitada por varios factores, aunque se esperaba de los miembros del Consejo (que no eran «representantes» sino «delegados» y podían ser inmediatamente cambiados por sus electores) que realizasen algunas funciones ejecutivas aparte de las legislativas. Las numerosas organizaciones ad hoc establecidas durante el asedio en los barrios («quartiers») para satisfacer las necesidades sociales (cantinas, estaciones de primeros auxilios, etc.) continuaron creciendo y cooperando con la Comuna.
Al mismo tiempo, estas asambleas locales perseguían sus propias metas, normalmente bajo la dirección de trabajadores locales. A pesar del reformismo formal del Consejo de la Comuna en su conjunto, la actuación comunal era mucho más revolucionaria. Las tendencias revolucionarias predominantes incluían anarquistasblanquistasjacobinos e independientes. Adam Gopnik argumenta que "aquello que unía al frente comunero no era una teoría económica, ni siquiera el socialismo; era el anti-clericalismo. (...) Había muy pocos en el bando versallés que se hubieran reconocido como ateístas." La Comuna de París ha sido celebrada por anarquistas y socialistas marxistas continuamente hasta la actualidad, en parte debido a la variedad de tendencias, el alto grado de control por parte de los trabajadores y la notable cooperación entre los diferentes bandos revolucionarios.
En el IIIe arrondissement, por ejemplo, se proporcionó material escolar gratuitamente, tres escuelas se transformaron en entidades laicas y se estableció un orfanato. En el XXe arrondissement, se proporcionó a los escolares ropa y comida gratuita. Existieron muchos casos más de este tipo. Pero un ingrediente vital en el relativo éxito de la Comuna en su etapa fue la iniciativa mostrada por trabajadores sencillos en el dominio público, que se las arreglaron para tomar las responsabilidades de los administradores y especialistas que habían sido evacuados por Thiers.
Friedrich Engels, el más cercano colaborador de Marx, mantendría después que la ausencia de un ejército fijo, las políticas autónomas de los «quartiers» y otras características tuvieron como consecuencia que la Comuna no fuese como un Estado en el sentido represivo del término: era una forma de transición en dirección a la abolición del Estado como tal. Su posible evolución futura, sin embargo, fue una cuestión teórica: después de solo una semana la comuna fue atacada por el ejército (que incluía antiguos prisioneros de guerra liberados por los prusianos) creado rápidamente en Versalles.
"Semana Sangrienta”

La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada de manera constante. La ventaja del gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de negociaciones.
La zona exterior de Courbevoie fue capturada, y un intento tardío de las fuerzas de la Comuna para marchar sobre Versalles fracasó ignominiosamente. La defensa y la supervivencia se transformaron en las principales consideraciones. Las mujeres de la clase trabajadora de París formaban parte de la Guardia Nacional e incluso formaron su propio batallón, con el que más tarde pelearon para defender el Palacio Blanche, pieza fundamental para Montmartre. (Es importante también señalar que incluso bajo el gobierno de la Comuna las mujeres no tenían derecho a voto, ni tampoco había miembros femeninos en el Consejo de gobierno.)
Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París: uno de ellos, el polaco ex-oficial y nacionalista Jaroslaw Dombrowski, se convirtió en general destacado de la Comuna. El Concilio estaba influenciado por el internacionalismo, por lo que la Columna Vendôme, que celebraba las victorias de Napoleón I y era considerada por la Comuna como un monumento al chovinismo, fue derribada.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos en Alemania. Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de otras ciudades de Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en Versalles se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había siempre existido una actitud escéptica hacia las actividades de la metrópolis. Los movimientos en NarbonneLimoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección del Concilio ganó una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un corresponsal de Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «Comité de Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre formado en 1792. Sus poderes eran extensos. Pero ya casi había pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
El 21 de mayo fue forzada una puerta en la parte occidental de las murallas de París y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos occidentales, donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una característica positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja: en lugar de una defensa planeada globalmente, cada barrio luchó por su supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las redes de calles estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en revoluciones anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos bulevares. Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de artillería moderna.
Destrucción de patrimonio histórico-artístico

Manuel Espinoza, el heroe inicial de la destruccion del patrimonio cultural de Venezuela

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El 23 de mayo, después de tener poco éxito en la lucha contra el ejército del gobierno francés, miembros de la Comuna empezaron a tomar venganza incendiando edificios públicos que simbolizaban al gobierno. Los hombres liderados por Paul Brunel, uno de los primeros líderes de la Comuna, tomaron bidones de petróleo y prendieron fuego a los edificios cerca de la Rue Royale y la Rue du Faubourg Saint-Honoré. Siguiendo el ejemplo programado por Brunel, otros comuneros incendiaron docenas de inmuebles en la calle Saint-Florentin, Rue de Rivoli, calle de Bac, calle de Lille, y otras calles. Son los pétroleurs, llamados así por llevar consigo cubos de petróleo.
El Palacio de las Tullerías, que había sido la residencia de la mayoría de los monarcas de Francia desde Enrique IV hasta Napoleón III, fue defendido por un destacamento de unos trescientos soldados de la Guardia Nacional con treinta cañones dispuestos en el jardín. Habían sido partícipes en un duelo de artillería contra el ejército gubernamental. Alrededor de las siete de la tarde, el comandante del destacamento de la Comuna, Jules Bergeret, dio orden de quemar el palacio. Las paredes, suelos, cortinas y molduras fueron rociados con petróleo y aguarrás, y se colocaron barriles de pólvora al pie de la gran escalinata y en el patio, después se iniciaron los incendios. El fuego permaneció activo durante 48 horas y arrasó el palacio, excepto el ala situada más al sur, el Pavillon de Flore. Bergeret envió un mensaje al edificio del ayuntamiento: "Los últimos vestigios de la realeza acaban de desaparecer. Deseo que lo mismo ocurra a todos los monumentos de París."
La biblioteca Richelieu del Louvre, conectada a las Tullerías, fue igualmente incendiada y completamente destruida. El resto del Louvre se salvó por los esfuerzos de los curadores del museo y las brigadas de bomberos. Más tarde defensores de la Comuna declararon que los fuegos habían sido causados por la artillería del ejército francés.

Además de edificios públicos, la Guardia Nacional también quemó las casas de algunas personas asociadas con el régimen de Napoléon III, tales como la vivienda del dramaturgo Prosper Mérimée, autor de la ópera Carmen, y cuyos libros, objetos de recuerdo, correspondencia y manuscritos quedaron reducidos a cenizas.
La destrucción generalizada en París de edificios simbólicos del Estado es atribuible tanto a la dureza de los combates como, sobre todo en el caso de los días 23 y el 24 de mayo, a los incendios provocados por los grupos de la Comuna. La columna de la Plaza Vendôme, coronada por una estatua de Napoleón, fue derribada y demolida el 16 de mayo.
La destrucción y quema de inmuebles civiles (Rue Royale, de Lille, de Rivoli, Bulevar VoltairePlaza de la Bastilla, etc.), están relacionados con los combates a pie de calle y con el fuego de artillería tanto del gobierno francés como de la Comuna. Algunos incendios fueron también provocados por razones tácticas, para contrarrestar el avance del ejército gubernamental versallés.
Importantes edificios fueron pasto de las llamas:
El ministerio de finanzas  fue igualmente destruido por un incendio el 22 de mayo. Fuentes contemporáneas a los hechos argumentaron que el fuego fue provocado por los proyectiles de artillería del ejército del gobierno francés, que tenía por objetivo la barricada de la Comuna en la esquina de la calle Saint-Florentin.
La cronología de esta destrucción sigue precisamente la reconquista de París por las tropas del gobierno francés de Versalles: el 22 de mayo, el ministerio de finanzas; la noche del 23 al 24, las Tullerías, el Palacio de Orsay y el hotel de Salm; el 24 el Palacio Real, el Louvre, el Ayuntamiento y el palacio de Justicia; el 25, los Graneros de reserva; el 26, los almacenes de la Villete y la columna de la Bastilla; el 27, Belleville y el cementerio de Père-Lachaise.
El Ayuntamiento de París fue quemado por los comuneros el 24 de mayo de 1871.39 La biblioteca del Ayuntamiento y la totalidad de los archivos de París fueron igualmente destruidos,40 al igual que todo el registro civil parisino41 (una copia existía en el palacio de Justicia, y la otra en el Ayuntamiento, y ambas fueron presa de las llamas); solo un tercio de los 8 millones de actas destruidas pudieron ser recuperadas. La anarquista Louise Michel pronunció el 17 de mayo la siguiente frase: «¡París será nuestro o no existirá jamás!». Este hecho irreparable hace difíciles e incompletas las investigaciones históricas y genealógicas en París.
Gran parte de los archivos de la policía también sufrieron el incendio del palacio de Justicia. Algunas oficinas de la Prefectura de Policía estaban por aquel entonces radicadas en los edificios del palacio; la Conciergerie también se vio afectada. Los libros de contabilidad a su vez desaparecieron en el fuego del palacio de Orsay.
Otras riquezas culturales corrieron la misma suerte, como la casa de Jules Michelet. La Fábrica de los Gobelinos fue afectada un poco por el fuego, al igual que la Iglesia de San Eustaquio, el teatro Bataclan, los cuarteles de Reuilly, o el Teatro del Châtelet. También fue programada la quema de la Biblioteca del Arsenal, del Hôtel-Dieu y de Notre Dame. El fuego iniciado en la catedral fue extinguido por los internos del Hôtel-Dieu. Por contra, el Théâtre de la Ville se vio afectado en gran medida, y el Teatro de la Porte Saint-Martin y el teatro des Délassements-Comiques fueron completamente devastados por el fuego. El gobierno publicó a posteriori una lista de más de doscientos edificios afectados por las llamas.
Los Archivos Nacionales se salvaron por la iniciativa del comunero Louis-Guillaume Debock, teniente de la Guardia Nacional de Francia y director de la Imprenta nacional durante la Comuna, quien se opuso in extremis al incendio ordenado por otros comuneros.
El 24 de mayo el palacio del Louvre y sus colecciones escaparon del fuego gracias a la acción de Martian de Bernardy de Sigoyer, comandante del 26º batallón de zapadores a pie (perteneciente a las fuerzas de Versalles), quien hizo intervenir a sus soldados para evitar que el fuego se propagara del palacio de las Tullerías al museo. Murió encabezando los combates al frente de su batallón. Su cuerpo fue encontrado perforado por balas el 26 de mayo por la mañana, entre el Boulevard Beaumarchais y la calle Jean-Beausire.
Violencia comunera
Los comuneros aprobaron conscientemente la represión mediante el decreto sobre rehenes del 6 de abril según el cual deberían ser arrestados todos los sospechosos contrarrevolucionarios y en el caso de ser considerados culpables, pasarían a la condición de “rehenes del pueblo de París”. En el mismo se dictamina que por cada comunero que fuera ejecutado por los versalleses se fusilaría a tres de estos rehenes como represalia. De este modo, el 23 de mayo los revolucionarios fusilan a cuatro rehenes, entre los que estaba el abogado y periodista Gustave Chaudey. El 24 a seis ocupantes de la prisión de la Roquette, el arzobispo de París, Georges Darboy, el presidente del comité de apelación, Louis Bernard Bonjean, al abad Gaspard Deguerry y a tres jesuitas más. El 25 fueron cinco dominicos y ocho civiles. El 26 son masacrados 50 rehenes en la calle de Haxo, 36 gendarmes, 10 religiosos y 4 civiles, y ya por último el arcediano de Notre Dame, Monseñor Sunat. En total, los revolucionarios asesinaron a un centenar de personas.
Últimos enfrentamientos

La resistencia más acérrima llegó en los distritos más de clase trabajadora del este, donde la lucha continuó durante ocho días de combates callejeros (La Semaine sanglante, la semana sangrienta). El 27 de mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más notables los de los más pobres distritos del este de Belleville y Ménilmontant.
Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron responsables de la matanza de ciudadanos desarmados: se disparó a los prisioneros que estaban fuera de control y las ejecuciones múltiples fueron algo común. A las cuatro de la tarde del día siguiente cayó la última barricada, en la rue Ramponeau de Belleville, y el mariscal MacMahon lanzó una proclama: «A los habitantes de París. El ejército francés ha venido a salvaros. ¡París está liberada! A las cuatro en punto nuestros soldados tomaron la última posición insurgente. Hoy se ha acabado la lucha. El orden, el trabajo y la seguridad volverán a nacer».
Las represalias comenzaron en serio. Se declaró un crimen haber apoyado a la Comuna en cualquier modo, de lo que se podía acusar —y se acusó— a miles de personas. Varios miles de comuneros fueron fusilados masivamente (de diez en diez) en lo que ahora se llama «El Muro de los Comuneros» en el Cementerio de Père-Lachaise mientras que otros miles de personas fueron llevados a Versalles u otras localidades en las afueras de París, para ser juzgados. Pocos comuneros escaparon, principalmente a través de las líneas prusianas hacia el norte. Durante días columnas de hombres, mujeres y niños hicieron, escoltados por militares, un camino hacia barrios o campos baldíos de Versalles convertidos en prisiones temporales o más bien en campos de concentración. Quizás sean los primeros campos de concentración que registra la Historia . El gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones siguieron hasta 1874. Más tarde muchos fueron juzgados y varios condenados a muerte, aunque otros muchos fueron ejecutados sumariamente; otros fueron condenados a trabajos forzados o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés; otros más fueron deportados temporalmente o de por vida a unos penales situados en islas francesas del Pacífico.
Nunca se ha podido establecer de manera segura el número de muertos durante la Semaine sanglante. Algunos miembros de la Comuna, como Prosper-Olivier Lissagaray, autor de una conocida obra sobre la Comuna, señalan que en realidad fueron dos semanas de ejecuciones. Algunas estimaciones son de entre 20.000 y 30.000 parisinos muertos en los combates o ejecutados entre el 3 de abril y el 31 de mayo, y muchos más heridos. Según Lissagaray y otros testigos de la época los ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas 7.000 personas fueron deportadas a penales improvisados en Nueva Caledonia, como fue el caso de la maestra anarquista Louise Michel. Miles de personas tuvieron que exiliarse. Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en 1889. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 1000 hombres.
París estuvo bajo la ley marcial durante cinco años.
Retrospectiva de la Comuna

Émile Zola, como periodista del diario Le Sémaphore de Marseille, informó sobre la caída de la Comuna y fue uno de los primeros reporteros en entrar a la ciudad durante la Semana Sangrienta. El 25 de mayo escribió: "Nunca en tiempos civilizados un crimen tan terrible había asolado una gran ciudad... Los hombres del Ayuntamiento no pueden ser más que asesinos y pirómanos. Pelearon como bribones, huyendo vergonzosamente del ejército regular, y vengándose de su derrota sobre los monumentos y las casas. (...) El incendio de París ha llevado al límite de su exasperación al ejército. (...) Aquellos que incendian y masacran no merecen otro juez que el disparo de un soldado.
Aunque existen discrepancias sobre la motivación de su construcción, la basílica del Sacré-Cœur de París fue erigida en el lugar donde comenzó la insurrección de la Comuna, y en la época se mencionaba que fue erigida para "expiar los crímenes de los comuneros".
La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos historiadores de la Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo del «dominio de la muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo inexplicable. La mayoría de los actuales historiadores, incluso aquellos de derechas, han reconocido el valor de alguna de las reformas de la Comuna y han deplorado el salvajismo con el que fue reprimida. Sin embargo, han encontrado difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad. Odio sin justificación contra un gobierno que además de ser grandemente pluralista, no tomó nunca medidas enérgicas contra sus enemigos. Según Lissagaray, mientras la Comuna estaba de fiesta y celebrando sus moderadas reformas, Versalles sólo pensaba en «...desangrar a París».
Edwin Child, un joven londinense en París, sostuvo que durante la Comuna, "las mujeres se comportaban como tigresas, vertiendo petróleo por doquier y distinguiéndose por la furia con la que peleaban". A pesar de ello, se ha deliberado en investigaciones recientes que estas famosas figuras femeninas pirómanas de la Comuna, o pétroleuses, podrían haber sido exageradas o constituir un mito. Lissagaray declaró que debido a este mito, cientos de mujeres de la clase trabajadora fueron ajusticiadas en París a finales de mayo, acusadas falsamente de ser pétroleuses. Lissagaray también aseguró que el fuego de artillería del ejército francés fue responsable de probablemente la mitad de los fuegos que consumieron a la ciudad durante la Semana Sangrienta. Sin embargo, las fotografías de las ruinas del Palacio de las Tullerías, del Ayuntamiento, y de otros importantes edificios gubernamentales muestran que los exteriores quedaron libres de impactos de artillería, mientras que los interiores fueron completamente engullidos por el fuego; y célebres comuneros como Jules Bergeret, quien escapó para vivir en Nueva York, reclamó orgullosamente el mérito de los más conocidos actos pirómanos.
Dentro del espectro de la izquierda política, hay quienes han criticado a la Comuna por mostrarse demasiado moderada, especialmente dada la situación política y militar de cerco en la que se encontraba. Karl Marx encontró agravante que los miembros de la Comuna «perdieran valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de Francia, ubicado en París con la reserva de millones de francos, fue dejado intacto y desprotegido por los miembros de la Comuna. Tímidamente pidieron prestado dinero del banco (que, obviamente, obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de la Comuna optaron por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo entero los condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio fin a la Comuna. En el momento de retirada de Thiers y sus generales y tropas, los comuneros y en particular los dirigentes de la Comuna, permitieron que la técnica militar principal de París partiera íntegra hacia Versalles en manos de la reacción, sin intervenirla. La vacilación en tomar esas armas y entregárselas al pueblo fue fatal para la Comuna. Según los socialistas radicales y comunistas, la Comuna tenía que asegurarse la ciudad y el país antes de darle una vida tan idealmente democrática.
Algunos comunistasizquierdistasanarquistas y otros simpatizantes han visto a la Comuna como un modelo para, o como base de una sociedad liberal, con un sistema político basado en la democracia participativa como eje de la administración. Marx y EngelsBakunin y posteriormente Lenin y Trotsky intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la marchitación del Estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El crítico Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después de La Semaine sanglante escribió «... El derramamiento de sangre ha sido total, y un derramamiento de sangre como este, al asesinar la parte rebelde de la población, solo pospone la siguiente revolución... La vieja sociedad tiene por delante 20 años de paz...».
La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas. Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura del proletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial Vosjod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, los bolcheviques renombraron la nave de combate Sebastopol como Parízhskaya Kommuna en honor a la Comuna.
¿Qué pide la Comuna?
El reconocimiento y la consolidación de la República como única forma de gobierno compatible con los derechos del pueblo y con el libre y constante desarrollo de la sociedad.
La autonomía absoluta de la Comuna, que ha de ser válida para todas las localidades de Francia y que garantice a cada municipio la inviolabilidad de sus derechos, así como a todos los franceses el pleno ejercicio de sus facultades y capacidades como seres humanos, ciudadanos y trabajadores.
La autonomía de la Comuna no tendrá más límites que el derecho de autonomía igual para todas las demás comunas adheridas al pacto, cuya alianza garantizará la Unidad francesa.
Declaración de la Comuna de París al Pueblo Francés, 19 de abril de 1871
 Erika farias y Elias Jaua, dos Ministros modelicos de los Comuneros de Paris.


Toda esa historia que aquí mezclan con la Revolucion Francesa, con la castrista de Cuba y cuanto ingrediente se les ocurra, fue resumida en la creación del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social (MPComunas), sucesor del Ministerio de la Economía Comunal, creado bajo el nombre de Ministerio de Economía Popular, fue renombrado en marzo de 2009, absorbiendo al mismo tiempo las competencias en materia de participación asignadas al suprimido Ministerio de Participación y Protección Social. Entre sus funciones se encuentra "dirigir y coordinar la ejecución de las políticas de formación y desarrollo comunal aprobadas por el Presidente de Venezuela".2 Así como "coordinar y evaluar todo lo relativo a las políticas de formación permanente, relacionadas con la economía comunal."
El 3 de marzo de 2009, el ministro Jesse Chacón anunció que, dentro de una reforma mayor de gabinete, el Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal pasaba a llamarse Ministerio del Poder Popular para las Comunas, asumiendo algunas competencias del Ministerio del Poder Popular para la Participación y Protección Social, que era disuelto.
Estructura del Ministerio
  • Viceministerio de Sistemas de Formación Comunal y Movimientos Sociales
  • Viceministerio para la Organización y Participación Comunal y Social
  • Viceministerio de Comunas y los Movimientos Sociales
  • Viceministerio de la Economía Comunal
Órganos y Entes Adscritos al Ministerio
  • Gran Misión Hogares de la Patria
  • Misión Negra Hipólita
  • Banco del Pueblo Soberano
  • FundaComunal
  • Fondemi
Ministros
Cuando el Ministerio fue reformado, en marzo de 2009, Érika Farías, entonces ministra de Participación y Protección Social, reemplazó a Pedro Morejón, quien pasó a ocupar la cartera de Turismo.
El 22 de junio de 2010, Chávez reformó de nuevo su gabinete, y colocó a Isis Ochoa, entonces ministra de la Secretaría, en reemplazó de Farías, quien se postuló como candidata en las elecciones parlamentarias de ese año.
Ministros de Comunas y Protección Social de Venezuela
Orden
Nombre
Período
Presidente
1
2004 - 2005
2
2005 - 2007
3
David Velásquez
4
Érika Farías
2007 - 2010
5
Isis Ochoa
2010 - 2013
6
2013 - 2014
7
2014 - 2015
8
8
2017 - En el cargo