La “valencianidad” es historia y tradición. Historia porque
Valencia no solo es una de las primeras ciudades fundadas en la Provincia de
Venezuela, sino que desde el principio tuvo un papel primordial durante la
Colonia, la Independencia, la etapa posindependencia, los cuarenta años de
democracia y este lúgubre tiempo.
Valencia soportó el castigo de las barbaries del Tirano Aguirre, los saqueos de los corsarios franceses, la depredación y asesinatos de José Tomás Boves y sus hordas, el desprecio de algunos dictadores y más recientemente, el oprobio del comunismo del siglo XXI. Valencia es la capital del territorio donde se selló la independencia de Venezuela en 1821, Bolívar creó en Valencia el primer Concejo Municipal de Venezuela luego de la Batalla de Carabobo, es la ciudad donde nació la República de Venezuela en 1830, ha sido capital de la nación en tres ocasiones; y ésta urbe es el centro del país que conecta el norte con el sur y el este con el oeste.
Valencia es también tradición, es la cuna de la Universidad
de Valencia y de Carabobo, es el inicio del centro industrial y motor de la
producción del país con sus familias pioneras venezolanas y de distintas
nacionalidades como por ejemplo son los (Olavarría, Branger, Stelling, Degwitz,
Karam, Roversi, Cogorno, Mazziotta, Tuozzo, Blohm, Shimmer) y en otros tiempos
más cercanos, honestas familias Italianas que se dedicaron a la industria y el
comercio que sí han sido tomadas como parte de nuestro terruño por su
comportamiento ciudadano, para citar algunas como los Trevisi, Cascarano,
Galli, el legendario Concetto Di Tomasi , los Amadio y los Fridegotto.
En Valencia nacieron grandes e ilustres personajes como por
ejemplo los próceres de la independencia el Dr. Miguel Peña y el Dr. Miguel
José Sanz, el escritor Dr. José Rafael Pocaterra, el historiador y político Dr.
Francisco González Guinán, los pintores Arturo Michelena y Antonio Herrera
Toro, el escultor Andrés Pérez Mujica, los músicos María Luisa Escobar y Juan
Vicente Lecuna, los poetas Manuel Alcázar y Abigail Lozano, las Ateneistas
Luisa Galíndez, doña Chuchuita Carabaño de Díaz, los cronistas Rafael Saturno
Guerra, Enrique Bernardo Núñez y Juan Correa González, los académicos Alejo
Zuloaga y Pedro Castillo; es el hogar de familias decentes como los Alvarado
Henríquez y de grandes deportistas como don Teodoro Gubaira.
Valencia es cuna de la libertad de expresión con nuestro
diario El Carabobeño que con más de 86 de años de existencia ha dictado cátedra
en la historia del periodismo en Venezuela y así una lista muy larga de
personas e instituciones que por razones de espacio no podemos publicar pero
que son dignos ejemplos de nuestro terruño.
A través de toda su historia, Valencia ha sido epicentro del
trabajo, de la academia, de la independencia de criterios, de la
descentralización, del progreso, del catolicismo, de la evolución de los
mejores y del orgullo de ser quienes somos y por tal razón no han tenido cabida
a través del tiempo, algunas personas ricas, de clase media o pobres que lamentablemente
fueron contaminadas por ese cáncer llamado “resentimiento social” y que han
pretendido desvirtuar a la ciudad tratando de vender a la “valencianidad” como
algo despectivo y negativo.
La “valencianidad” es la manifestación del don gente de
quienes nacimos aquí y de quienes adoptaron esta tierra como suya. Para
pertenecer a ella lo único que se requiere es que sea una persona decente,
progresista, con visión de futuro, trabajadora, demócrata, amante de la
academia, cristiana y familiar. Quienes crean que ser accionista de un club de
golf, vivir en una de las urbanizaciones más caras de la ciudad y cargar una
supercamioneta o un vehículo deportivo modelo 2020-2021 cuyos precios oscilan
entre 60.000 y 250.000 dólares les da la entrada a ser miembros de la
“Valencianidad”, están más que equivocados. Aquellos hijos de valencianos que
por alguna razón se dejaron comprar por la barbarie comunista para satisfacer
sus arcas personales con dinero mal habido ya no son más parte de la misma.
Por tal razón, la “valencianidad” fue, es y seguirá siendo
el orgullo de esta tierra que por más que han tratado de doblegarla no podrán
porque su espíritu guerrero y libertario jamás permitirá que esto ocurra y
además porque estamos bajo el manto protector de la Virgen del Socorro.
De seguro algunos lectores se preguntarán y ¿cómo se
reconoce la valencianidad? Bueno, yo le respondería lo siguiente: “Usted no
reconocerá a la valencianidad; es la valencianidad la que lo reconocerá a
usted……” Y ella siempre estará pendiente de su gente y enviará al silencio del
desierto a todo aquél que pretenda mancharla como consecuencia de sus actos.
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