Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

miércoles, 22 de febrero de 2017

El adiós a Sofía Ímber revivió la nostalgia por el país que fue La mayoría de los asistentes al velorio coincidieron en su gran aporte a la cultura del país. “Con ella nos construimos todos intelectualmente”, dijo Julia Cohen


By Mª ANGELINA CASTILLO BORGO | MCASTILLO@EL-NACIONAL.COM
21 DE FEBRERO DE 2017 11:59 PM
Ese país cultural que fue y del que queda poco. Ese que Sofía Ímber amó y defendió. Esa intelectualidad que lucha por no quedarse muda se reunió ayer para despedirla, para darle el último adiós, porque hoy su cuerpo será enterrado a las 10:00 am. No así su alma, que ya va camino a la pinacoteca de la eternidad.
La Capilla II de la Funeraria Monumental del Cementerio del Este comenzó a llenarse de flores y amigos de la que fuera figura del periodismo y la cultura nacional cuando aún no se abrían sus puertas. Rodolfo Izaguirre aguardaba aferrado a su bastón; Ramón Guillermo Aveledo pasó rápido, como sin querer ser visto. “Fue una mujer muy importante, una trabajadora de verdad. No solo amaba la excelencia, la procuraba”, señaló el político.
Entre coronas enviadas por la Fundación Oswaldo Vigas, Globovisión, Televen y la Galería Dimaca se encontraba el féretro de madera. Sobre él, un cojín con la Medalla Picasso que le otorgó la Unesco. A la izquierda, la fotografía de 1975 tomada por José Sigala en la que su rostro está intervenido por el artista plástico israelí Yaacov Agam. Al fondo, un tótem de Rubén López que ella tenía en la entrada de su casa. Todo delicadamente dispuesto para recibir a los de siempre.
“Esto es un mar de apoyo, de cariño. Me llena de orgullo que estén aquí, esto habla del trabajo hecho. A ella le hubiera encantado verlo”, dijo su hija Adriana Meneses antes de que la abrazara Rolando Salazar. “Eres muy afortunada de estar rodeada de esta gente”, le dijo.
Junto a ella estaban los nietos. También las personas que durante muchos años trabajaron en el que fuera Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber. Empleados de los departamentos de publicaciones, registro, secretaría, montaje y talleres estaban allí, acompañándola. Incluso la subdirectora, Glenda Dorta, que no estaba autorizada por el ministro de Cultura para dar declaraciones.
“Continúa siendo un museo, porque sigue la colección. No se la han llevado. Hay espacios para recordar la maravilla que fue. Ahora queda la nostalgia de los buenos tiempos, de la época en la que llegó Botero, en la que se expuso a Soto. Una época en la que llegaron piezas de Miró, Chagall, Picasso y Matisse, la obra de Georges Braque”, recuerda una de las trabajadoras del MAC.
La poeta Patricia Guzmán, el diseñador Álvaro Sotillo, Diego Arroyo Gil –que escribió su biografía–, Mara Comerlati, María Luz Cárdenas, María Elena Ramos, Alfredo Chacón. Tantos. Tantos.
“La conocí en París, a través de Antonia Palacios. Comenzaban los años sesenta. Era una persona sumamente inquieta. Una mujer incontenible”, expresó Chacón.
También asistieron el artista plástico Perán Erminy, quien recordó a Guillermo Meneses como el hombre que introdujo a Ímber en el mundo cultural; Helios Zapata (hijo del caricaturista), que recordó a la Sofía que conoció de niño, cuando montaba bicicleta junto a Adriana en el patio de la casa; y Carlos Delgado Flores, que reconoció en ella a la maestra del periodismo comprometido, “ese que es un ejercicio constante de solidaridad, que se consagra en la verdad de ponerse en los zapatos del otro”.
Julia Cohen, que coordinó talleres en el Ateneo de Caracas y en el MAC, mencionó su carácter de mujer internacional y su aporte al traer las mejores exposiciones. “Con ella nos construimos todos intelectualmente, en el arte, como personas”, dijo con las manos temblorosas.