Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

miércoles, 22 de febrero de 2017

LA ZONA FANTASMA Javier Marías "HUGO TRUMP O DONALD CHÁVEZ" Ha llegado ya, muy pronto, el momento de hacer algo. Los Gobiernos están semiatados, las sociedades no tanto. El Pais DOMINGO 19 DE FEBRERO DE 2017


CUANDO ESCRIBO esto, Trump lleva dos semanas como Presidente. Cuando ustedes lo lean, llevará cuatro, así que los estropicios se habrán duplicado como mínimo. A mí no me da la impresión de que ese individuo con un dedo de frente quiera cumplir a toda velocidad sus promesas electorales, o hacer como que las cumple, o demostrar que lo intenta (hoy, un sensato juez de Seattle le ha paralizado momentáneamente su veto a la entrada de ciudadanos de siete países musulmanes). La sensación que me invade es de aún mayor peligro, a saber: se trata de un sujeto muy enfermo que debería ser curado de sus adicciones, la mayor de las cuales es sin duda su necesidad de hiperactividad pública, de tener las miradas puestas en él permanentemente, de no dejar pasar una hora sin proporcionar sobresaltos y titulares, provocar acogotamientos y enfados, crisis diplomáticas y tambaleos del mundo. Su incontinencia con Twitteres la prueba palmaria. Quienes tuitean sin cesar, es sabido, son personas megalomaniacas y narcisistas, es decir, gravemente acomplejadas. No soportan el vacío, ni siquiera la quietud o la pausa. Un minuto sin la ilusión de que el universo les presta atención es uno de depresión o de ira. Precisan estar en el candelero a cada instante, y los instantes en que no lo están se les hacen eternos, luego vuelven a la carga. Hay millones de desgraciados que, por mucho que se esfuercen y tuiteen, siguen siendo tan invisibles e inaudibles como si carecieran de cuenta en esa red (si es que esa es la palabra: lo ignoro porque no he puesto un tuit en mi vida).
Pero claro, si uno se ha convertido misteriosamente en el hombre más poderoso de la tierra, tiene asegurada la atención planetaria a las sandeces que suelte cada poco rato. El eco garantizado es una invitación a continuar, a aumentar la frecuencia, a elevar el tono, a largar más improperios, a dar más sustos a la población aterrada. Es el sueño de todo chiflado: que se esté pendiente de él, y no sólo: que se obedezcan sus órdenes. Ya han surgido comparaciones entre Trump y Hitler. Por fortuna, son prematuras. A quien más se parece el Presidente cuyo incomprensible pelo va a la vez hacia atrás y hacia adelante; a quien ha adoptado como modelo; a quien copia descaradamente, es a Hugo Chávez. Éste se procuró a sí mismo un programa de televisión elefantiásico (Aló Presidente), obligatorio para todas las cadenas o casi, en el que peroraba durante horas, sometiendo a martirio a los venezolanos. Era faltón, no se cortaba en sus insultos (“¡Bush, asesino, demonio!”, le gritaba al nefasto Bush II que ahora nos empieza a parecer tolerable, por contraste), le traían sin cuidado las relaciones con los demás países y los incidentes diplomáticos, gobernaba a su antojo y cambiaba leyes a su conveniencia, y sobre todo no paraba, no paraba, no paraba. Recuerden que la desesperación llevó al Rey Juan Carlos, por lo general discreto y afable, a soltarle “Pero ¿por qué no te callas?”, ante un montón de testigos y cámaras. Trump es un imitador de Chávez, sólo que con tuits (de momento). Es su gran admirador y su verdadero heredero, porque Maduro es sólo una servil caricatura fallida.
TRUMP ES UN IMITADOR DE CHÁVEZ, SÓLO QUE CON TUITS (DE MOMENTO). ES SU GRAN ADMIRADOR Y SU VERDADERO HEREDERO, PORQUE MADURO ES SÓLO UNA SERVIL CARICATURA FALLIDA
Pero detrás de Trump hay más gente, aparte de los 62 millones de estadounidenses suicidas que lo votaron, bastantes de los cuales deben de estar ya arrepentidos. Detrás están Le Pen y Theresa May y Boris Johnson y Farage, están Orbán y la títere polaca del gemelo Kaczynski superviviente, está sobre todo Putin. Está el Vicepresidente Pence, un beato fanático, tanto que en Nueva York se me dijo que había que rezar por la salud de Trump, paradójicamente, para que su segundo no lo sustituyera en el cargo. Y está Stephen Bannon, su consejero principal, un talibán de la extrema derecha en cuya web Breitbart News se ha escrito que abolir la esclavitud no fue buena idea, que las mujeres que usan anticonceptivos enloquecen y dejan de ser atractivas, que “padecer” feminismo puede ser peor que padecer cáncer … Este comedido sabio va a estar presente en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional por imposición de Trump, contraviniendo la inveterada costumbre de que a ellas no asistan asesores ideológicos del Presidente, que le puedan persuadir de tirar bombas donde y cuando no conviene.
Ha llegado ya, muy pronto, el momento de hacer algo. Pero ¿qué? Los Gobiernos están semiatados, las sociedades no tanto. Antes o después a alguien se le ocurrirá un boicot a los productos estadounidenses. Según Trump, todos los países se han aprovechado del suyo. Pero a todos el suyo les vende infinidad de cosas (desde cine hasta hamburguesas), y de eso depende en gran medida el éxito o el fracaso de su economía. Si la economía falla, los empresarios y las multinacionales se enfadan mucho. Y se enfadarán con Trump, Pence y Bannon, quizá hasta el punto de querer que se vayan, o de obligarlos a cambiar de estilo y de ideas. El estilo Chávez es ruinoso, eso ya está comprobado.


Trump es como Chávez
El Nacional 22 DE FEBRERO DE 2017 
Debemos la analogía al destacado escritor español Javier Marías, quien ganó hace veinte años el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Fue entonces la primera vez que el galardón cruzaba el mar para que distinguiera la obra de un autor peninsular. Desde entonces Marías ha estado pendiente de los asuntos venezolanos, razón que habitualmente lo conduce a apreciaciones cabales sobre lo que pasa entre nosotros. En esta ocasión se fijó en el comandante Hugo Chávez para tratar de arrojar luz sobre el flamante presidente de Estados Unidos.
En reciente artículo publicado en El País, Marías se alarmó ante el hecho de que los analistas, especialmente los que pululan en las redes sociales, se empeñaran en comparar a Donald Trump con Adolfo Hitler. Le pareció una demasía, de momento, y quiso buscar un cotejo más razonable. Para eso se puso a pensar en los males del populismo, que no es una planta exótica ni un producto exclusivo de los países calificados de atrasados en materia política y social, para llegar a una conclusión difícil de rebatir: así como ha florecido en los países que sobreviven más abajo del río Bravo, también echa raíces y crece vigoroso en la potencia del Norte. No hay muros para esa patología, ni alambres de púas que impidan su reproducción. Ahora encarna en Donald Trump, un agitador aclamado por soflamas que rebuscan en los instintos primarios de la sociedad el abono para su establecimiento.
Marías encuentra en los discursos y en la arbitrariedad de Chávez la posibilidad de una adecuada comparación. Trump imita los programas del caudillo barinés, afirma, abundantes en afirmaciones irresponsables y en ataques injustificables contra la institucionalidad. Si no los calca del todo, agrega, va por el camino de seguirlos de cabo a rabo hasta el extremo de producir emisiones que duren horas y horas ante un público entusiasta y cautivo. Como lo que quiere es el seguimiento de una manada de borregos como los que acudieron a los gritos de un hombre deslenguado e irreflexivo, está tomando apuntes para hacer lo mismo. Ya lo ha comenzado a llevar a cabo, pero no tardará en perfeccionarlo para ser un Chávez estadounidense en la fragua de una deplorable hegemonía.
El autor también encuentra soportes para su analogía en los ataques de Trump contra el Poder Judicial y contra los medios de comunicación independientes, a los cuales ya ha dedicado improperios como los que el comandante lanzaba en sus intervenciones públicas. La puesta en marcha de acciones inconsultas, es decir, de decisiones que no consideran la opinión del partido republicano, lo lleva igualmente a la misma conclusión. Un ego desbordado, una voluntad de dominación que no permite frenos ni contrapesos, como las del milico venezolano, se adueñan de la Casa Blanca y del destino de los estadounidenses, concluye.
Estados Unidos, una sociedad pagada de sí misma, un pueblo en la vanguardia de la democracia occidental, seguramente sentirá que Javier Marías está exagerando, en el mejor de los casos, o creerá que es víctima de la locura. Sin embargo, tal y como observa desde su atalaya la conducta del nuevo mandamás del Norte, parece que está dando en el clavo. Mal van las cosas allá arriba, si Chávez ha encontrado un discípulo esclarecido en el flamante inquilino del despacho oval.