Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

martes, 20 de octubre de 2015

Al final de la Misa celebrada este domingo en el atrio de la basílica de San Pedro para la canonización de cuatro beatos, y antes de rezar el Ángelus, el papa Francisco ha dirigido las siguientes palabras a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza...En la homilía de la canonización de este domingo en San Pedro, el Santo Padre ha reflexionado sobre el servicio y la vía de la humildad y de la cruz para seguir a Jesús

Francisco canoniza a cuatro nuevos santos
Se trata de la Madre María de la Purísima de la Cruz, Luis y Celia Martin y el sacerdote italiano Vincenzo Grossi
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
Este domingo, 18 de octubre, ha sido canonizada en el Vaticano la beata española Madre María de la Purísima de la Cruz, superiora general de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, quien dedicó su vida a atender a los pobres, los enfermos y a los más necesitados. Es la segunda religiosa de este instituto en subir a los altares, junto con la fundadora sor Ángela de la Cruz.
Un gran número de fieles de España han peregrinado a Roma acompañados por el arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo, y numerosas Hermanas de la Cruz y sacerdotes, quienes han participado en la ceremonia de canonización que ha llevado a cabo el papa Francisco sobre las 10 de la mañana, y donde también han sido proclamados santos Luis y Celia Martin, padres de santa Teresita del Niño Jesús, y el sacerdote diocesano Vincenzo Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio.
Durante la misa, ha tenido lugar el tradicional rito, en el que el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, ha leído una breve biografía de cada uno de los nuevos santos y ha solicitado al Pontífice su canonización. Después, los postuladores han llegado con las reliquias para ponerlas en el altar y el Santo Padre ha pronunciado solemnemente la fórmula con la que, a partir de ese momento, los cuatros beatos pasan a formar parte del santoral romano. 
La Madre María de la Purísima de la Cruz, superiora de la Compañía de la Cruz, nació en Madrid en 1926 y falleció en Sevilla en 1998. Fue beatificada en el año 2010. Las Hermanas de la Cruz se dedican al cuidado de los más pobres.
 
Los padres de santa Teresa de Lisieux, Luis y Celia Martin, fueron declarados beatos en 2009 por Benedicto XVI. Se trata del primer matrimonio canonizado en la misma ceremonia. Además han subido a los altares como santos durante el Sínodo de la Familia, para resaltar el papel fundamental de los padres en la transmisión de la fe a sus hijos.
 
El sacerdote italiano Vincenzo Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio, nació en 1845 en Cremona y falleció en 1917. La orden que fundó en 1895 está dedicada, especialmente, a la evangelización de los niños y jóvenes. Tienen casas en Italia, Argentina y Ecuador. Vincenzo Grossi fue beatificado por Pablo VI en 1975.
 
A la celebración eucarística han asistido también algunos padres sinodales que están participado en la Asamblea de los Obispos, que se celebra en el Aula Pablo VI hasta el próximo 25 de octubre.
Francisco en el Ángelus: 'Es decisivo que se logre la paz en Tierra Santa'
Texto completo. El Santo Padre ha saludado a todos los que han asistido a la ceremonia de canonización para rendir homenaje a los nuevos santos
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
Al final de la Misa celebrada este domingo en el atrio de la basílica de San Pedro para la canonización de cuatro beatos, y antes de rezar el Ángelus, el papa Francisco ha dirigido las siguientes palabras a los fieles y peregrinos presentes en la Plaza:
Queridos hermanos y hermanas,
Sigo con gran preocupación la situación de fuerte tensión y violencia que aflige a Tierra Santa. En este momento necesitamos mucho coraje y mucha fortaleza para decir no al odio y la venganza y hacer gestos de paz. Oremos para que Dios fortalezca en todos, los gobernantes y los ciudadanos, la valentía de oponerse a la violencia y tomar medidas concretas para la distensión. En el contexto actual de Oriente Medio es más que nunca decisivo que se logre la paz en Tierra Santa: esto nos piden Dios y el bien de la humanidad.
Al final de esta celebración, deseo saludar a todos los que habéis venido a rendir homenaje a los nuevos santos, de manera particular a las delegaciones oficiales de Italia, España y Francia.
Saludo a los fieles de la diócesis de Lodi y Cremona, así como a las Hijas del Oratorio. El ejemplo de san Vicente Grossi sostenga el compromiso a favor de la educación cristiana de las nuevas generaciones.
Saludo a los peregrinos que han venido de España, particularmente de Sevilla, y a las Hermanas de la Compañía de la Cruz. El testimonio de santa María de la Purísima nos ayude a vivir la solidaridad y cercanía con los más necesitados.
Saludo a los fieles provenientes de Francia, especialmente de Bayeux, Lisieux y Sées: a la intercesión de los santos esposos Ludovico Martin y Maria Azelia Guérin encomendamos las alegrías, las esperanzas y las dificultades de las familias francesas y de todo el mundo.
Agradezco a los cardenales, los obispos, los sacerdotes, las personas consagradas, así como a las familias, los grupos religiosos y las asociaciones.
Y ahora nos dirigimos con amor filial a la Virgen María.
El Papa advierte sobre la incompatibilidad del carrerismo con seguir a Cristo
En la homilía de la canonización de este domingo en San Pedro, el Santo Padre ha reflexionado sobre el servicio y la vía de la humildad y de la cruz para seguir a Jesús
Por Rocío Lancho García
Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
El santo padre Francisco ha canonizado este domingo a la española María de la Purísima, superiora general de la Congregación de las Hermanas de la Cruz; Luis Martin y María Azelia Guérin, padres de Santa Teresita y Vincenzo Grossi, sacerdote diocesano, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio.
Por ello, en su homilía en la misa celebrada en la plaza de San Pedro, el Papa ha asegurado que “los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro”. Asimismo ha indicado que “el testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María”.
De santa María de la Purísima ha explicado que “vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos”. De los santos esposos Luis Martin y María Azelia Guérin ha indicado que “vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús”. Y de san Vicente Grossi ha dicho que fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.
Reflexionando sobre las lecturas bíblicas del día, el Santo Padre ha explicado que nos hablan del servicio y nos llaman a seguir a Jesús a través de la vía de la humildad y de la cruz.
“Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio, son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios”, ha subrayado. Asimismo, el Pontífice ha mencionado que el planteamiento en el que se mueven Santiago y Juan reclamando puestos de honor a Jesús, “estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena”. Y es aquí donde Jesús --ha explicado-- produce una primera ‘convulsión’ en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: “El cáliz que yo voy a beber lo beberéis ... pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado”. Con la imagen del cáliz, “les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban”, ha recordado el Santo Padre. Su respuesta --ha observado-- es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.
El Papa ha recordado que Jesús, dicendo “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor” señala que “en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio”. De este modo, ha asegurado que “el que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia”. Jesús nos invita --ha proseguido-- a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad. “Y después de haber presentado un ejemplo de lo que hay que evitar, se ofrece a sí mismo como ideal de referencia”, ha añadido.                     
En su homilía, el Pontífice ha explicado que “Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida”. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia”.
Al respecto el Papa ha insistido en que “hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús”. Incompatibilidad --ha agregado--- entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, “sí que hay compatibilidad entre Jesús acostumbrado a sufrir y nuestro sufrimiento”.
El Obispo de Roma ha explicado que “Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión”. Ha experimentado directamente --ha indicado-- nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Por ello, ha recordado que “su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita su atormentado camino”.                     
 
"El DOMUND de la vida religiosa y la familia"
'Palabra y Vida' del arzobispo de Barcelona
Por Card. Lluís Martínez Sistach
Barcelona, 18 de octubre de 2015 (ZENIT.org)
Hoy es la Jornada Mundial de las Misiones, una jornada conocida como el DOMUND. Este año el lema es "Misioneros de la misericordia" y se dan dos circunstancias que dan un tono especial al DOMUND. Por un lado, en Roma está reunido el Sínodo sobre la Familia; y, por otro, estamos en el Año de la Vida Consagrada.

"La Jornada Mundial de las Misiones 2015 -dice el Papa Francisco en el mensaje que ha publicado para esta jornada- tiene lugar en el contexto del Año de la Vida Consagrada y recibe de ello un estímulo para la oración y la reflexión”.

El Santo Padre nos recuerda que todo bautizado está llamado a dar testimonio del Señor Jesucristo proclamando la fe que ha recibido como un don. Pero esto es particularmente válido para la persona consagrada, porque entre la vida consagrada y la misión hay un fuerte vínculo. El seguimiento radical de Jesús, que ha dado lugar a la aparición de la vida consagrada en la Iglesia, responde a la llamada a tomar la cruz y seguir a Cristo, imitando su dedicación al Padre y sus actitudes de servicio y de amor a todos, sobre todo a los que más sufren.

En el cincuenta aniversario del decreto del Concilio Vaticano II sobre las misiones, el Papa nos recuerda que la dimensión misionera pertenece a la misión misma de la Iglesia, y que por lo tanto es también intrínseca a toda forma de vida religiosa o vida consagrada a Dios. La misión no es proselitismo o mera estrategia. La misión es sobre todo testimonio personal. Quien cree y sigue a Cristo, se convierte necesariamente en misionero.
Para mostrar el vínculo entre la misión y la vida consagrada a Dios, el Santo Padre canoniza hoy a una religiosa española: María de la Purísima, que fue superiora general de la Congregación de las religiosas de la Compañía de la Cruz. María Isabel Salvat Romero nació en Madrid el 20 de febrero de 1926 y murió en Sevilla el 31 de octubre de 1998. A pesar de ser la superiora general de la congregación, ella quería en todo momento hacer los trabajos más humildes. Su deseo era trabajar sin figurar, sin aparecer, fomentando siempre un clima de confianza y de serenidad. Las religiosas de la Compañía de la Cruz hacen un gran trabajo al servicio de los enfermos y los pobres, y son muy estimadas sobre todo en Andalucía, donde nacieron y están más presentes.

En el marco del Sínodo sobre la Familia, el Papa beatifica hoy a un matrimonio, lo que no es frecuente. El matrimonio elevado a los altares es el que formaron Louis Martin y Zélie Guérin, franceses, padres de santa Teresa de Lisieux, carmelita descalza que es patrona de las misiones y ha sido declarada doctora de la Iglesia. Se da la circunstancia -nada frecuente- que este matrimonio vio como cuatro de sus cinco hijas entraron en el Carmelo de Lisieux. Esta beatificación nos recuerda la doctrina de la vocación universal a la santidad, sea cual sea el estado de vida de cada cristiano o cristiana.
+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona                   
            

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