Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 7 de julio de 2017

La triste verdad de los venezolanos...El chavismo ha durado casi veinte años porque es un ancla en nuestro subconsciente colectivo sustentado en un imaginario del escape alrededor de un naufragio perenne.




Angel Rafael Lombardi Boscán: Nosotros, la violencia incansable
Jun 26, 2017 8:23 am
En Venezuela padecemos una constancia del desarreglo. Una enfermedad sociológica y psicológica inadvertida para la inmensa mayoría. El extravío nos define y por ello la involución histórica es más permanente que la idea de progreso y modernidad. El chavismo ha durado casi veinte años porque es un ancla en nuestro subconsciente colectivo sustentado en un imaginario del escape alrededor de un naufragio perenne.
En nuestro primitivo mundo venezolano la Justicia es una entelequia. Y la Libertad, otro mito romántico. Aprender a vivir aquí es un reto. Celebrar batallas como la de Carabobo (1821) y esgrimir la Independencia como el nacimiento marcial de la Nación es contradecir el proyecto civilizatorio y hacer de la identidad una confusión. Lo indígena, hispánico y africano quedaron abolidos dentro de un engranaje social solapado por una armonía criolla de formalidades que nos hizo hacer creer que el igualitarismo fue la partida de nacimiento del alma venezolana.
Miguel Ángel Campos (1955), en su imprescindible “La fe de los traidores” (2005) disiente del pensamiento mágico e ideológico construido por el Estado luego de 1830 y de tesis consagradas como la de Manuel Caballero (1931-2010) que señaló que el siglo XX fue el de la Paz.
En Venezuela el Estado negó a la Nación y terminó siendo un “sembrador de espanto” (Giovanni Papini, 1871-1956). La Nación es una representación simbólica de mitos superpuestos a la misma realidad histórica de los que se vale el Estado para dominar. El déficit civil de la mano de caudillos, macheteros, doctores y oligarquías a lo largo del ominoso siglo XIX hace de la aparición del petrolero y la democracia en el siglo XX una prueba alentadora de la llegada de la Paz.
Miguel Ángel Campos hace añicos éste supuesto bucólico, que hoy en pleno siglo XXI, queda terriblemente constatado por la brutalidad de la represión chavista. ¿Luego de la muerte de Gómez en 1935 de qué Paz hablamos? El 14 de febrero de 1936; el 18 de octubre de 1945; el 24 de noviembre de 1948; el asesinato de Delgado Chalbaud en 1950; el 23 de enero de 1958; el Porteñazo; Cantaura; la matanza de pescadores del Amparo en 1988; los levantamientos de 1992; 12 de abril del 2002, son sólo hitos de una evidencia reveladora: la violencia incansable.
Sólo destellos de civilidad de un “ser autodestructivo” y pendenciero que de cortesía y moral y luces apenas sabe las primeras tres letras del abecedario. “Cualquier proyecto de redención deberá enfrentar la disolución de los lazos orgánicos de convivencia, la perspectiva perversa de una sociedad estructurada desde el Estado y cuya identidad descansa menos en valores que en hábitos, y actúa menos por convicciones que por pulsiones”, sostiene Miguel Ángel Campos.

DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN
DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LUZ
@LOMBARDIBOSCAN

Miguel Ángel Campos (2004). La fe de los traidores. Mérida, Instituto de Investigaciones Literarias "Gonzalo Picón Febres". 106 pgs. (Cuadernos de Crítica y Ensayo, nº 1)
 Arnaldo E. Valero 
    ¿Cuál ha sido la constante en la (des)estructuración de la nación venezolana? ¿Cuáles son los valores más arraigados del hombre de la calle? ¿Cuáles son los elementos de la cultura venezolana que han erosionado la competencia de sus ciudadanos para sustentar un proyecto de país? ¿Hasta qué punto la sociedad venezolana se ha limitado a interpretar la democracia como el ejercicio formal de una actividad inocua, es decir, votar? 
  
    Las respuestas a estas preguntas difícilmente podrán ser halladas en esa cuantiosa producción bibliográfica consagrada a enaltecer la condición del venezolano como digno exponente del noble linaje del Libertador. En las interpretaciones bienintencionadas, en las mistificaciones románticas de la idea de pueblo, en las exaltaciones demagógicas, en la adulación de la masas jamás será posible dar con las razones de la naturaleza autofágica de la sociedad venezolana. Absolutamente consciente de esta realidad, e impulsado por la imperiosa necesidad de dar con la estructura de continuidad del venezolano, el ensayista Miguel Ángel Campos (Motatán, Edo. Trujillo, 1955) se ha incorporado de lleno a ese conjunto de hombres, como Julio César Salas, Mario Briceño Iragorry y Mariano Picón Salas, que han hecho todo lo humanamente posible por comprender una realidad tan movediza como hostil con el hacer intelectual y el resultado de su esfuerzo intelectual ha sido La fe de los traidores.
     

   La sociedad de la cual Miguel Ángel Campos da cuenta es una sociedad desvastada en lo social y sacralizadora de todo estado tutelar, paternalista y ventajista que aspire a administrar las riquezas para retener el poder. La sociedad de la cual se tiene noticias en La fe de los traidores es una sociedad convencida de que no haber podido desarrollar procedimientos diferenciadores es una virtud, por eso ha encallado en el igualitarismo, es decir, en la negación de la igualdad y el aplazamiento indefinido de toda posibilidad de justicia, a pesar de pasársela proclamando la superación a través de la educación y la gestión personal. Este impactante conjunto de ensayos advierte sobre los peligros a los que se está expuesto cuando se vive en el seno de una sociedad estructurada desde el Estado, cuya identidad descansa en hábitos más que en valores y cuya actuación se debe más a pulsiones que a convicciones. Esta implacable cartografía de la venezolanidad expone un imaginario sin referentes de socialización pero absolutamente seducido por la fuerza, una identidad inmediatista, una cultura de la violencia, del ventajismo y de la destrucción de la solidaridad. Así pues, no sería exagerado decir que La fe de los traidores es el resultado de una catábasis, es decir, de un descenso al infierno anticivilista de la venezolanidad.
  
   "En el orden de las letras, de la moral, de la política, de la geografía, de la historia y de la economía, nuestra misión es dar forma permanente a los valores de la venezolanidad", sostenía el ensayista venezolano Mario Briceño Iragorry; aún sabiendo que el hombre común no aprecia el valor de quienes velan por su cultura o luchan por diseñar una sociedad basada en firmes principios civilistas, Miguel Ángel Campos ha hecho de estas palabras su credo intelectual. Sin duda alguna, ha sido este principio incuestionable lo que ha contribuido a dar forma a cada una de las páginas del libro que nos ocupa.
    Siendo que la tesis implícita a lo largo de este estimulante conjunto de ensayos es que la irregularidad de lo civil es la constante de la cultura nacional venezolana, no es difícil imaginar la reacción que su edición puede llegar a causar en el actual contexto de ese país. En  un territorio colonizado por todas las variantes posibles del discurso de la autoayuda y la adulación, es bastante probable que el destino de La fe de los traidores sea semejante al de Ciudad velada, su inmediato predecesor; es decir, tal vez termine siendo acosado por el silencio, implícitamente hostil, artero, desaprobatorio. Sin embargo, también existe la posibilidad de que surja una polémica en torno a la verdadera naturaleza de la ciudadanía en ese país. Al parecer, ha sido ésta la razón que ha impulsado a los miembros del Instituto de Investigaciones Literarias "Gonzalo Picón Febres" de la Universidad de Los Andes a iniciar la serie Cuadernos de Crítica y Ensayo con la edición de esta infalible invitación a pensar a Venezuela negándose  a asumir posiciones cómodas.


Por Luis Manuel Aguana

No existe mejor obra acerca de cómo ejercer y conservar el poder que aquella escrita en 1513 por Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, dedicada al Magnifico Lorenzo de Médeci (ver la obra completa utilizada en esta nota en http://tinyurl.com/yddnwlaf ). Políticos de todos los tiempos la han referenciado como su manual de cabecera porque “presenta como característica sobresaliente el método de dejar de lado sistemáticamente, con respecto a las estrategias políticas, las cuestiones relativas a la moral y a la religión. Solo interesa conservar el poder” (ver El Príncipe, en  https://es.wikipedia.org/wiki/El_príncipe).

Es por esa razón que sobresale que el régimen pretenda conservar el poder haciendo precisamente todo lo contrario a lo que recomendó desde hace mas de 500 años el tocayo de Maduro en su obra, que es algo así como pretender ir en contra de las leyes de la gravedad política.

Pero también resalta que desde un comienzo la oposición oficial no haya hecho uso de ese manual para identificar el mal que nos aquejaba. De allí que se encuentren también en la obra de Maquiavelo líneas que le corresponden a ella. Los males de Venezuela comenzaron hace mucho tiempo. El gobierno de Chávez intentó constitucionalizar el comunismo en el año 2007. Pero ese comunismo comenzó antes, cuando el pueblo se echó a las calles en el año 2002 oponiéndose a una Ley Habilitante que pretendía imponer 48 leyes inconstitucionales. Para esa época ya era una dictadura comunista en gestación -y algunos lo identificamos así-, aunque la dirigencia política de la oposición lo llamaba mal gobierno:

“Sucede lo que los médicos le dicen al tísico: que al principio su mal es difícil de conocer, pero fácil de curar, mientras que, con el transcurso del tiempo, al no haber sido ni conocido ni atajado, se vuelve fácil de conocer, pero difícil de curar. Así pasa en las cosas del Estado: los males que nacen en él, cuando se los descubre a tiempo, lo que solo es dado al hombre sagaz, se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve. Pero como los romanos vieron con tiempo los inconvenientes, los remediaron siempre, y jamás les dejaron seguir su curso por evitar una guerra, porque sabían que una guerra no se evita, sino que se difiere para provecho ajeno…” (El Príncipe, Cap. III, Sobre los Principados Mixtos).

Pero los venezolanos no hicimos como los romanos y ya está a la vista de todo el mundo que estamos muy enfermos. En el 2002 no era tan evidente. El mal siguió su curso y la oposición oficial evitó llamar al pan, pan y al vino, vino “por evitar una guerra”. Pero “una guerra no se evita sino que se difiere para provecho ajeno” como escribió Maquiavelo. Y vaya que el régimen la ha aprovechado en su beneficio…

Sin embargo, la “guerra” comenzó y el régimen pensó que el pueblo venezolano se quedaría con la imposición pura y simple de una ideología que rechaza el 85% de la población. Y ahora es el gobierno el que necesita garantizarse su gobernabilidad y poner orden en las calles. La regla de Maquiavelo está operando ahora en sentido opuesto a sus intereses porque son ellos los que ahora necesitan paz: “…para evitar una guerra nunca se debe dejar que un desorden siga su curso, porque no se la evita, sino se la posterga en perjuicio propio” (El Príncipe, Cap. III, Sobre los Principados Mixtos). Es por eso que el régimen a finales de mayo ordenó a toda costa acabar con las protestas en la calle en 8 días (http://soncriticos.com/2017/05/31/maduro-quiere-acabar-las-protestas-en-8-dias-con-las-fuerzas-del-estado-video/). Vano intento porque se la postergado en perjuicio propio.

Claramente en este momento el perjudicado en las calles es el régimen, al punto que se ha erosionado su estabilidad. Al parecer entonces han decidido seguir el manual de Maquiavelo, intentando destruir a toda costa lo que encuentran en su camino. Lo estamos viendo con las atrocidades en contra de los Derechos Humanos cometidas en invasiones salvajes de la GNB a edificios y casas en Caracas y en el interior: “Porque, en verdad, el único medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla. Quien se haga dueño de una ciudad así y no la aplaste, espere a ser aplastado por ella. Sus rebeliones siempre tendrán por baluarte el nombre de libertad y sus antiguos estatutos, cuyo hábito nunca podrá hacerle perder el tiempo ni los beneficios…” (El Príncipe, Cap. V, De qué modo deben gobernarse las ciudades o principados que, antes de ser ocupados, se gobernaban con leyes propias). De acuerdo a esto, tendrán que aplastar la rebelión con mucha gente muerta o esperar “ser aplastado por ella”, porque nuestra rebelión tiene, como bien indicaba Maquiavelo, “el nombre de libertad”.

Pero si en algo no siguió Maduro las enseñanzas de El Príncipe fue esforzarse en conservar el afecto de la gente. Tal vez con Chávez eso hubiera resultado mucho más fácil, dada su condición de liderazgo natural. Pero en el caso del Ilegitimo, al acabarse los reales se acabó el afecto y comenzó la represión: “El que llegue a príncipe mediante el favor del pueblo debe esforzarse en conservar su afecto, cosa fácil, pues el pueblo sólo pide no ser oprimido.” (El Príncipe, Cap. IX, Del Principado Civil). De acuerdo a Maquiavelo, conservar el afecto es cosa fácil pues el “pueblo solo pide no ser oprimido”. Sin embargo observando lo que pasa en las calles, ni Maduro, ni Padrino, ni Benavides ni Reverol están de acuerdo con eso.

Al esfumarse el afecto comienza el abandono de los más cercanos en el poder, que en su obra Maquiavelo los llama “nobles”. Ese es el caso de la Fiscal Luisa Ortega Díaz y el resto del chavismo original, y que además se vuelven sus enemigos: “Lo peor que un príncipe puede esperar de un pueblo que no lo ame es el ser abandonado por él; de los nobles, si los tiene por enemigos, no sólo debe temer que lo abandonen, sino que se rebelen contra él; pues, más astutos y clarividentes, siempre están a tiempo para ponerse en salvo, a la vez que no dejan nunca de congratularse con el que esperan resultará vencedor.” (El Príncipe, Cap. IX, Del Principado Civil).

¡Qué interesante! ¿Con quién se estarán congraciando aquellos que se bajan del barco que se hunde? Ya se están rebelando contra el régimen. Entonces, en esta regla rota de Nicolás esta su perdición: “…en definitiva, no hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea, pues nunca faltan al pueblo, una vez que ha empuñado las armas, extranjeros que lo socorran.” (El Príncipe, Cap. XX, Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los Príncipes hacen con frecuencia son útiles o no). ¡Lean bien eso! ¿Será que Maquiavelo ya predijo lo que pasará en Venezuela?

La poca ilustración de Nicolás tampoco le favorece en este momento: “Porque ésta es una regla general que no falla nunca: un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar, a menos que se ponga bajo la tutela de un hombre muy prudente que lo guíe en todo. Y aun en este caso, duraría poco en el poder, pues el ministro no tardaría en despojarlo del Estado.” (El Príncipe, Cap. XXIII, Cómo huir de los aduladores). Muchos “ministros” podrían andar detrás de despojar del Estado a Maduro y tal vez esa sea la reciente advertencia de Henry Ramos Allup (ver http://epmundo.com/2017/ramos-allup-advierte-golpe-de-estado-contra-maduro/). Ramos sin duda prefiere que Maduro se quede en el poder hasta el 2019 –o más si el fraude constituyente se lleva a cabo- porque de ser despojado perjudicaría su futuro electoral personal, a que alguien detenga ahora mismo de alguna manera la debacle de este “Príncipe” que está matando venezolanos en las calles. Es cuestión de perspectivas…

No hay que haber leído a Maquiavelo para advertir que el régimen ha ido en contra de su propia permanencia en el poder, al punto que Nicolás contradice lo que Maquiavelo dejo para la historia como las reglas básicas para su conservación. En consecuencia no es de esperar que lo conserve por mucho tiempo.

La obra El Príncipe dejó también algo para aquellos que desesperadamente buscan el poder: identificar cuando las circunstancias de un Estado están dadas para que surja un liderazgo nuevo que sea capaz de asumir el control. Maquiavelo lo identificó para la Italia de 1513 en palabras que pueden ser perfectamente aplicadas a la Venezuela de 2017, en especial cuando los bárbaros están de salida. Cambiando solo el nombre de Italia por Venezuela, lo escrito por Maquiavelo en el último capítulo de su obra es increíblemente aplicable:

“Después de meditar en todo lo expuesto, me preguntaba si en Italia (Venezuela), en la actualidad, las circunstancias son propicias para que un nuevo príncipe pueda adquirir gloría, esto es necesario a un hombre prudente y virtuoso para instaurar una nueva forma de gobierno, por la cual, honrándose a sí mismo, hiciera la felicidad de los italianos (venezolanos). Y no puede menos que responderme que eran tantas las circunstancias que concurrían en favor de un príncipe nuevo, que difícilmente podría hallarse momento más adecuado. Y si, como he dicho, fue preciso para que Moisés pusiera de manifiesto sus virtudes que el pueblo de Israel estuviese esclavizado en Egipto, y para conocer la grandeza de Ciro que los persas fuesen oprimidos por los medas, y la excelencia de Teseo que los atenienses se dispersaran, del mismo modo, para conocer la virtud de un espíritu italiano (venezolano), era necesario que Italia (Venezuela)  se viese llevada al extremo en que yace hoy, y que estuviese más esclavizada que los hebreos, más oprimida que los persas y más desorganizada que los atenienses; que careciera de jefe y de leyes, que se viera castigada, despojada, escarnecida e invadida, y que soportara toda clase de vejaciones. Y aunque hasta ahora se haya notado en este o en aquel hombre algún destello de genio como para creer que había sido enviado por Dios para redimir estas tierras, no tardó en advertirse que la fortuna lo abandonaba en lo más alto de su carrera. De modo que, casi sin un soplo de vida, espera Italia (Venezuela) al que debe curarla de sus heridas, poner fin a los saqueos de Lombardia (Cuba) y a las contribuciones del Reame y de Toscana (a las contribuciones de todos los chulos de Venezuela) y cauterizar sus llagas desde tanto tiempo gangrenadas…” (El Príncipe, Cap. XXVI, Exhortación a liberar a Italia de los bárbaros). (Resaltado y subrayado nuestro) Imposible algo más cercano a nuestra realidad…

Les dejo para el final el cierre de El Príncipe que igualmente nos aplica como si fuera escrito para nosotros, en una frase de Petrarca: “La virtud tomará armas contra el atropello; el combate será breve, pues el antiguo valor en los corazones italianos (venezolanos) aun no ha muerto…”. Amén…

Caracas, 19 de Junio de 2017


Twitter:@laguana

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