Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 2 de julio de 2017

¿Que significa en Astrologia una Gran Cruz?

Desde que comence a estudiar Cosmobiologia y supe que tenia en mi Carta Natal una Gran Cruz en signos cardinales, comence a investigar lo que eso significaba. Accedio al poder en Venezuela, Fidel Castro a traves de Hugo Chavez en 1998 y siendo su adversaria desde niña, cuando visito a Caracas recien haber obtenido su triunfo en la Sierra Maestra (Cuba) sobre Fulgencio Batista en 1959 y el entonces Presidente de Venezuela, Romulo Betancourt rechazo sus propuestas, comence a vivir el pais, la familia y la Patria, desde una perspectiva que me presentaba el peligro que ese hombre barbudo y gigantesco representaba, la lucha armada, las muertes de amigos durante mi vida universitaria (1969-1973) me hicieron interiorizar cada vez mas sobre lo que ese aspecto tan particular significaba en una vida, y fue la pelicula "La Pasion de Cristo" estrenada en el año 2004, dirigida por Mel Gibson y protagonizada por Jim Caviezel como Jesús de NazaretMaia Morgenstern como la Virgen María y Monica Bellucci como María Magdalena. En ella Gibson recrea la Pasión de Jesús de acuerdo a los Evangelios canónicos. También se basa en otros textos devocionales, como el de Anna Katharina Emmerick.
La película fue rodada íntegramente en Italia. Los exteriores se rodaron en las ciudades de Matera y Craco (en la sureña región de Basilicata); los interiores se rodaron en los estudios de Cinecittà (en Roma). La Pasión tiene una peculiaridad, y es que se rodó en latínhebreo y arameo con subtítulos.
Fue candidata a tres premios Óscar de la Academia: mejor maquillaje, mejor banda sonora y mejor fotografía. Ganó 22 premios cinematográficos y fue candidata a otros.
A partir de esa pelicula pude ilustrar lo que en una vida significa tener una Gran Cruz en cualquiera de las cualidades astrologicas. Creo oportuno compartirlo con mis amigos y lectores por si acaso alguno tiene una en su carta Natal o en su Revolucion Solar. 


Gran Cruz Cósmica: energía interna que requiere dinamismo, insistencia y fuerza


Una de las configuraciones astrales más destacadas es la Gran Cruz Cósmica, también conocida como la Gran Cuadratura, ya que implica cuatro signos, cuatro planetas, cuatro casas y cuatro áreas de la vida que están conectadas entre sí.
En esencia, una Gran Cruz Cósmica consta de cuatro planetas en la misma modalidad o calidad (cardinal, fija o mutable), formando cuatro cuadraturas (rojo-90º) A-B, B-C, C-D y D-A y dos oposiciones (negro-180º) A-C, B-D.
La Gran Cruz Cósmica se trata de un patrón de aspectos que afecta la acción (cuadraturas) así como la perspectiva y el equilibrio con los demás (oposiciones), por lo tanto es una configuración de estrés.
La Gran Cruz o Cuadratura  encierra un momento, evento, relación o persona, en un marco de restricciones urgentes y severas; ofrece una gran cantidad de energía interna que requiere dinamismo, insistencia y fuerza. Los obstáculos son internos y prefiere buscar desafíos.
Las gran cruces o cuadraturas son percibidas como influencias incómodas.que pueden ser tanto constructivas y destructivas. No hay planeta focal en esta configuración.
Gran Cruz Cósmica Cardenal (Aries, Cáncer, Libra y Capricornio): crisis de identidad
Los signos cardinales se centran típicamente en el individuo y tienen la capacidad de expresarse de manera impulsiva (Aries), se nutren de la identidad emocional  (Cáncer), de la identidad social e intelectual (Libra) o de que la manifestación tangible de nuestra identidad sea reconocida ( Capricornio).
En esencia, la Gran Cruz Cósmica Cardinal podría convertirse en una crisis de identidad. Los cuatro planetas involucrados son empujados a expresar una faceta de si mismos, sin embargo, cada uno opera desde un nivel diferente y desde la perspectiva del yo. Los signos cardinales estimulan la acción, el inicio y, a veces, la impulsividad. El mantenimiento de un sentido de enfoque es el “premio”  que con el tiempo se reconoce como una acción necesaria.
Gran Cruz Cósmica Fija (Tauro, Leo, Escorpio y Acuario): flexibilidad en las actividades y compartir
Los signos fijos se centran en las cuestiones del autoestima. El foco se dirige al individuo que tiene la capacidad de reconocer el valor del ser y el dominio (Tauro), la creatividad y el espíritu (Leo), la vulnerabilidad y la confianza (Escorpio), y la humanidad y hermandad (Acuario). El objetivo principal de los signos fijos es sostener y mantener la actividad que los signos cardinales crean e inician.
Cuando una Gran Cruz Cósmica Fija es activada, la tendencia es que los cuatro planetas mantengan su curso y se resistan a las presiones externas del cambio. La resistencia parece ser la energía principal de la Gran Cruz Fija en un esfuerzo por continuar, en lugar de fluir con una energía que podría cambiar el curso.
La Cruz Fija es como una locomotora – muy lenta al principio pero una vez que está en movimiento, se mantiene en la pista y es muy difícil de parar hasta que ha llegado a su destino. La autoestima de la Gran Cruz Fija se desarrolla inconscientemente, para bien o para mal. El reto del individuo con una Gran Cruz Fija es encontrar la capacidad de permitir flexibilidad en sus actividades y compartir sus logros con los demás.
Gran Cruz Cósmica Mutable (Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis):transformar, ajustar y evitar cualquier obstáculo.
Los signos mutables se centran en la curación y el razonamiento. El foco se dirige en función de si el individuo tiene la capacidad de integrar los pensamientos y sentimientos (Géminis), conceptos organizados y la curación (Virgo), la diversidad y la sabiduría (Sagitario), la compasión y el espíritu (Piscis). Los signos mutables, similares a los signos cardinales, son fácilmente dispersados y desarticulados cuando están bajo presión.
El principal reto con una Gran Cruz Mutable puede ser la incapacidad para reunir nuestros pensamientos en una cohesión colectiva de ideas. Aprender a mantener un sentido de equilibrio y coordinación debe ser el objetivo. La inclinación de los signos mutables es seguir siendo adaptables y flexibles. El impulso de las cuatro energías de este raro aspecto planetario es transformar, ajustar y evitar cualquier obstáculo.

Mi maestra Fantina Iribarren nos preparo para el momento en que sucederia esta Gran Cruz en signos Fijos, inicio de los nuevos tiempos. En aquello años de 1981-83, la veiamos muy lejana, y nos consideramos poderosos para afrontarla. Ni imaginabamos lo que en verdad viviriamos.
En mayo del 2000 la alineación de planetas en Tauro provocó una avidez de interpretaciones y reflexiones. Casi todas se centraron en lo taurino, y sólo algunas pocas proponían suponer, desde una mirada mandálica, que tal acontecimiento en verdad estaba activando la naturaleza de la Cruz Fija.
Muchas veces es el desarrollo del proceso lo que permite una mayor convicción acerca de su significado, y es por eso que, desde la perspectiva del tiempo transcurrido y atendiendo a los hechos que en ese lapso hayan dado sustancia a nuestras vidas, acaso sea oportuno desplegar consideraciones respecto a las cualidades de los signos fijos, al sutil misterio acuariano en particular, y a la caracterización esotérica que Alice Bailey presenta en su libro “Los Trabajos de Hércules”.
 El eje Tauro-Escorpio, desde la Cruz Fija
Partiendo de lo ya conocido, sabemos que el eje Tauro-Escorpio representa materia y vida desde Tauro, y muerte y transformación desde Escorpio. ¿Qué vínculo tiene con este eje la conciencia humana actual? ¿Lo consideramos natural? ¿Vemos la muerte como una necesaria transformación de la materia? En nosotros este eje tiende a manifestarse en términos morales, de “bueno-malo”. La muerte aparece como algo “evitable” y la vida, en consecuencia, como algo a lo cual “hay que aferrarse”. Así, Tauro -que es sustancia viva que va creciendo (Tauro es crecimiento)- se convierte en posesión y cristalización, y Escorpio –que es regeneración y transmutación de la sustancia- en final, pérdida; esto es, en ambos casos connotaciones negativas.
En realidad, y siempre es bueno recordarlo, Escorpio es destrucción. Destrucción de la forma para que pueda liberarse la energía que está contenida en ella y así una nueva manifestación de la vida pueda desarrollarse en otro plano. Para que pueda haber renovación es imprescindible esa destrucción. Sin ella el mundo sería una única gran célula almacenadora que crecería cada vez más, no habría evolución.
Para que pueda haber Tauro tiene que haber Escorpio, para que pueda haber vida y materia tiene que haber transformación constante de materia, tiene que haber recurrentes muertes de ciertas condensaciones de vitalidad para que se desarrollen otras. Esto tiene que ver con el tema de la energía contenida en la forma.
Recurrentemente la energía, para poder desplegarse en otro nivel de evolución, tiene que romper esa forma específica y desarrollar otra que luego, eventualmente, será rota, y así sucesivamente. Esto parece natural pero, no obstante, resulta de difícil aceptación para la psicología humana.
Aquí parece crucial diferenciar lo esotérico y lo exotérico, lo cual guarda relación con la distancia entre lo energético y lo psicológico. Cuando salimos de la escala psicológica (exotérica) y entramos en la energética (esotérica), toda esta definición acerca de la vida y la muerte parece una obviedad. Sin embargo, si lo vemos en lo particular, en lo determinado desde una visión fragmentaria (esto es, sin conciencia de estar formando parte de un sistema), entonces aparece resistencia. Lo que desde la totalidad resulta obvio, desde el fragmento se vive como arbitrario.
Resignificación de la polaridad “placer-dolor”
Ahora, desde un plano que hace a lo humano aunque no necesariamente a lo psicológico, es ineludible considerar que Tauro-Escorpio es también la polaridad placer-dolor. La ruptura de la forma produce dolor, y resulta así porque tenemos un necesario apego (material, afectivo, emocional) a las formas. Atendamos a este inevitable nivel de dolor al que, en tanto condición humana, Escorpio remite. Es posible comprender que por la ley de la naturaleza uno pierda a sus seres queridos, pero esta comprensión no está reñida con el dolor por la despedida del contacto con esa forma. Es decir, es propio de una manifestación consciente de este eje animarse a comprender (incluir) aún el dolor, animarse a vivirlo, sin que se transforme en la modalidad psicológica que lo convierte en sufrimiento, en un apego al dolor.
Lo que “me duele” es la inevitabilidad de esa despedida, el apego afectivo con esa forma (persona, pareja, profesión, actividad, animal doméstico, o lo que fuere). Al mismo tiempo, es posible considerar esto como una ley natural que tampoco me permite quedarme pegado al dolor. La cuestión de diferenciar distintos niveles de apego parece indispensable.
Acaso lo que reconocemos como un necesario nivel de apego en Tauro sea en realidad contacto. Y esto nos advierte acerca de un peligro: de que ser consciente de esta tendencia al apego nos lleve a entenderla como una falla y por eso resignar el contacto. Lo costoso aquí es animarse a estar en contacto con algo que sé que en algún momento va a morir. Porque si sabiendo que va a morir entonces no tomo contacto, también estaría polarizando el eje Tauro-Escorpio.
Tauro-Escorpio representa para la conciencia el desafío de ser capaz de dar todo el afecto, de estar en contacto con “eso”, sea lo que fuere, aún sabiendo que “eso” va a terminar algún día, que “eso” algún día va a morir -o yo moriré a “eso”- y esto traerá un momento de dolor que tendré que atravesar u otros tendrán que atravesar. El riesgo es irnos a una comprensión demasiado mental y olvidarnos del contacto con el Agua (con la emoción) y con la Tierra (con el cuerpo).
No hace falta padecer una tragedia para percibir este dolor. Puede tratarse, por ejemplo, de un animal doméstico que enferme repentinamente y muera. Ese ser puede ser objeto de nuestro afecto, y puede serlo de un modo mucho más hondo del que imaginamos. Acompañar su proceso final, su deterioro y su muerte puede enfrentarnos con nuestro apego y nuestro dolor. En una anécdota simple como ésta puede presentarse toda nuestra modalidad de respuesta a la pérdida inevitable: el dolor de perder a quien amamos, el temple necesario para acompañar una enfermedad irreversible, la ritual labor de su entierro.
Comprender estos procesos parece sólo factible a partir de observar cómo nos posicionamos frente a ellos. ¿Quedamos apegados al dolor, al luto? ¿Demandamos al cosmos cuestionando por qué tuvo que ser de ese modo? Quizás podamos adoptar otra posición. Por lo pronto, rescatemos la posibilidad de ver el propio posicionamiento frente a un hecho o circunstancia que requiere comprensión de final, de muerte.
Ir al encuentro de aquello de lo que escapo
El signo de los tiempos parece asociado a ser testigos de formas que están llegando a su fin porque ya no sirven para dar cuenta de la vitalidad que contienen. Podemos percibir que las formas más cristalizadas, los comportamientos más apegados, las ideas más rígidas, las conductas más retentivas, han estado crujiendo en los últimos tiempos. Y lo seguirán haciendo. Tauro también representa un momento de inercia y resistencia, y es propio de su naturaleza energética que así sea, que resista la muerte. Reconocer esta realidad energética es entender que nuestras zonas más aferradas van a empezar a hacer escuchar su voz. Nuestras zonas más cerradas en lo posesivo, nuestra resistencia al cambio (y esto ya está involucrando al eje Acuario-Leo), nuestra resistencia a dejar la forma en la que hemos hecho hábito. Tauro es hábito de permanencia. La característica conservadora de lo taurino tiene que ver con el hábito, y hasta que no aparece una muy contundente razón -y claramente visible en lo más material- para modificarse, ese hábito no se altera. De nada sirve que lo modifiquemos intelectualmente o desde la voluntad. El hábito es algo que está encarnado y supera la voluntad. Plantearse el ejercicio de la voluntad personal no tiene el más mínimo sentido. No se trata de voluntad personal, sino de algo que cae de hecho, por su propio peso, y no porque alguien haga algo para que sea.
Si el hábito cae, lo hará por su propio peso. Puedo ver en mí el hábito del apego emocional, pero emprender una cruzada voluntarista para “dejar de ser apegado emocional” resultará absurdo. No hay algo que pueda decidir o hacer, sino que se manifestarán situaciones por su propia naturaleza, de hecho, inexorablemente.
Un hábito también puede verse como una conducta adictiva. Una de las primeras normas de todo grupo de superación de adicciones consiste en no proponerse desde la voluntad tal superación, no poner un candado en la heladera para no comer, ni vaciar las botellas de alcohol para no tomar.
La superación del hábito y la adicción requiere algo mucho más contundente: tocar fondo. Esto es Tauro-Escorpio: llegar a la raíz, llegar al cuerpo común de las dos serpientes, ver que esas dos serpientes tienen un mismo cuerpo. Voy al encuentro de aquello de lo que escapo.
En todo hábito hay un proceso que debe agotarse, hay fantasías que ese hábito genera en mí y que deben saturarse. Quizás pueda tomar distancia de una pareja que sé que me trae conflictos y problemas, pero si algo en mí sigue aferrado emocionalmente a esa modalidad de vínculo, volveré a repetirlo hasta que llegue más y más hondo, y finalmente pueda sentir que comprendí que no necesito más eso para mí. Una y otra vez iré a la búsqueda de aquello que quiero eludir, hasta percibir lo destructivo que resulta para mí y sentir la necesidad de algo nuevo. Tiene que llegarse a la instancia de peso taurino, de gravedad taurina: la fantasía debe hacerse materia inexorable.


El eje Leo-Acuario (el Fuego del corazón en la red)
Leo-Acuario es el otro eje comprendido en la Cruz Fija. Desde lo que ya conocemos, es la conciencia personal -el yo o ego- en Leo y la conciencia grupal o de red en Acuario. Es el tema de la conciencia de centro y periferia.
Recordemos que el movimiento acuariano siempre sugiere, además de la idea de red, la idea de corriente. Es decir, verse a uno mismo no como una isla consciente, una identidad estructurada y cerrada que opera autónomamente con los demás, sino percibir y ser consciente de ser atravesado por corrientes de energía, que no sólo me recorren a mí sino a todos los demás y a toda manifestación de la naturaleza. Esto tiene que ver con lo que se denomina conciencia holográfica. En un plano es causa-efecto, lo que yo hago afecta a los demás y lo que hacen los demás me afecta a mí, pero en otro plano es holográfico, es una sincronicidad que va más allá de lo que se pueda leer linealmente.
Alguien dijo: “lo mejor que uno puede hacer por la sociedad, por el país, por el planeta es hacer bien lo que uno hace…”. Esto es muy acuariano. No se trata de hacer algo importante, trascendente, o a partir de lo cual obtenga reconocimiento. No se trata de hacerlo al modo leonino, sino de hacerlo consciente de estar cooperando con la red “si hago bien lo que hago”.
Ahora ¿qué sería hacer bien lo que uno hace? Diría que hacer bien lo que uno hace es hacerlo con Fuego, con corazón. Trabajar en la red con corazón. Hacer con corazón significa que ese hacer no está motivado por la transacción. Es un hacer desinteresado, sin que eso implique “hacerlo gratis”. Su vitalidad está puesta en el mismo acto de expresar ese hacer. Quizás luego quiera ganar dinero con esa actividad o aspire a ser exitoso, pero es el Fuego lo que anima esa labor, no el dinero ni la fama.
Hacer con Fuego no es hacer por lo que esa actividad pueda darme “a mí”, por el rédito que pueda sacar “yo” (esta sería una modalidad más leonina), sino porque no puedo hacer otra cosa que eso, mi centro está ahí. Creo que plantearse si lo que uno hace lo está haciendo con corazón o no es algo que está atravesando a muchos de nosotros en estos tiempos. Las cosas se ponen cada vez más complicadas para aquellos de nosotros que estemos desarrollando actividades en las que no estemos puestos con corazón. Estamos en un período en el que se pone a prueba la pasión, el Fuego y el corazón que ponemos en lo que hacemos. Las situaciones y actividades en las que estamos puestos por conveniencia, con un fin estratégico, para obtener algo a cambio, por mera sensación de seguridad, por mandato, o por lo que fuere, pueden provocarnos el sabor de una impostura existencial, de no ser fieles a lo que sentimos nuestra naturaleza más auténtica.
La alineación en Tauro y la activación de la Cruz Fija
Y en esto también está involucrado Tauro: que haya contacto entre sustancia y ser. Es la Cruz Fija, es Tauro-Acuario. Por cierto, puede ser muy doloroso tomar contacto con que he invertido energía, tiempo de mi vida, o mucha ilusión en una actividad que yo suponía con una vitalidad, pasión y fuego del que hoy se revela carente. Pero el encuentro con esa verdad resulta ineludible.
No es un problema exclusivo de aquellos de nosotros que nos sintamos sujetos a actividades “objetivamente” grises, frías, burocráticas y aburridas. Aquellos que tengamos actividades supuestamente más libres, no aferradas a horarios o a estructuras institucionales, también podemos estar en un debate respecto a si tiene o no corazón aquello que hacemos. Quizás se trate de labores que no estén determinadas por la conveniencia de un trabajo seguro, pero que sí contengan, por ejemplo, una secreta e inmadura búsqueda de reconocimiento.
Podríamos dedicarnos a actividades por las que objetivamente deberíamos estar satisfechos. Podría ser el arte, la astrología. Podríamos estar trabajando en espacios que valoramos y en el que obtuviéramos reconocimiento, y no obstante, incomprensiblemente sentirnos debatiéndonos como nunca respecto a si realmente queremos estar haciendo lo que hacemos. ¿Hago arte para que me alaben, para despertar admiración? ¿Hay Fuego en esto? ¿Dónde está el Fuego de mi actividad?
Por supuesto, puede haber tránsitos específicos en cada una de nuestras cartas, pero creo que la alineación en Tauro y esta activación de la Cruz Fija revela un patrón energético que evoca íntimamente hondas definiciones respecto a nuestra autenticidad. La posibilidad creativa de este cielo necesita encontrarnos sensibles para percibirlo sin que lo signifiquemos como una “falla personal” o un “error personal”, sino como un contexto energético que está provocando en cada uno de nosotros estos cuestionamientos y que aspira a una manifestación más integrada de nuestras vidas.
Si me dedico al arte, ¿soy un artista que se está expresando, o estoy arriba de un escenario o exhibiendo mi obra porque soy un niño abandonado en su Luna que intenta que le den afecto y cariño? Si me dedico a lo humanístico, ¿soy un buscador de lo profundamente humano, o trabajo con el mundo interno de las personas para reparar mi inseguridad personal sintiéndome con poder sobre los demás? Que se esté jugando lo taurino y lo acuariano simultáneamente supone paradojas que pueden resultar laberínticas en nuestra vida cotidiana y que se relacionan con el tener y el ser. Acaso el dinero se revele como una insuficiente motivación de mi entrega, o sienta náuseas de transgredir la fidelidad a la propia autenticidad por una ventaja económica que puede resultar muy atractiva. Al mismo tiempo, mi actividad debe ser capaz de generar la sustancia necesaria. Valorar la propia actividad, hacer valer la propia entrega energética, lleva a considerar el dinero como un agente retributivo y equilibrante de la manifestación de mi vitalidad, antes que mero símbolo de apego a lo material.
Pensemos en la contradicción que estos planteos internos pueden producir con el medio exterior. Supongamos que alguien se dedicara a actividades que hasta hoy ha sentido genuinas, y que obtuviera con ellas reconocimiento y éxito profesional. Si esta persona planteara abiertamente sus dudas respecto a la verdad de su entrega, de inmediato las voces del sentido común reaccionarían reprendiéndolo. “¡No seas tonto! ¡Tenés miedo! ¡Aferrate a esto porque vas a poder sacar rédito..!”. El medio sugiere aferrarse al logro, aferrarse al lugar donde uno está, porque no admite la posibilidad de que desprenderse de una posición estable sea un momento necesario del proceso creativo de la vida.
Ahora, ¿qué es acaso Acuario?: es haber llegado a la cima y arrojarse al vacío… ¿Es un vacío suicida? ¿Es kamikaze? ¿Es tirar por la borda todo lo conseguido? Acuario es el salto en sí mismo, sin especulación ulterior. Lo que prosiga será lo que será. Si llegué a ese logro de un modo cristalizado, polarizado, sin corazón, ese logro será muy pobre y las consecuencias del salto al vacío serán las que deban corresponder a ese nivel de cristalización. No podemos saber cómo viene Acuario. No podemos saber si será un salto a la creatividad y hacia una expresión más genuina de uno mismo, o si será la caída en un vacío que denote que estuve parado en una falsa sensación de estructura y solidez.
El Fuego asociado con Acuario es el eje Leo-Acuario de la Cruz Fija. Acuario trae el Fuego de las cosas, aunque se trate de una constelación asociada al elemento Aire. Sabemos que Acuario representa libertad y creatividad, pero ¿qué significa esto en lo humano? Lo libre y creativo es tocar el Fuego esencial de cada uno de nosotros, tocar la llama vital que no está apegada a ninguna forma, a ningún condicionamiento, que no está aferrado a ningún tipo de transacción, y que toca el Fuego de lo humano en sí, más allá de mi forma singular discriminada. Es lo más genuino y vital que tenemos. Lo vital en mí y en lo humano en un mismo Fuego.
Recordemos que el antiguo regente de Acuario era Saturno, esto es, ser fiel a la ley de la propia esencia. No es la ley del padre (Saturno regente Capricornio), sino la propia ley, la ley del sí mismo, la ley del propio Fuego. No es tomar como propio el Fuego del padre, no es tomar el mandato paterno como algo que enciende mi vida, sino abrirme a la sensación de que lo que enciende mi vida es algo que yo mismo tengo que tocar y que está dentro de mí. Mi vitalidad no es la del padre. No es ley del padre, es ley del propio ser, es “el Saturno que está dentro de Urano”.
Así, Saturno y Urano se revelan formando una unidad. Y con Saturno y Urano, la Luna. Es allí donde yo voy a encontrar resguardo y contención: en estar puesto en lo más esencial de mí. Caso contrario, mi necesidad de resguardo y contención va a ser dependencia de otro, va a ser sentirme sostenido por una estructura que supo desarrollar otro y que, inexorablemente, exigirá poner límites a mi propia expansión vital. Desplegar un nivel más atrevido de Urano parece condición de un buen diálogo Saturno-Luna, pero desplegarlo en el justo instante, ni en una salida prematura y precipitada de la estructura de protección que ha servido hasta ahora de base, ni en una demorada respuesta que ya habría cristalizado la vitalidad creativa. El justo instante es el sutil y acaso ambiguo momento que indica el corazón, nuestra intuición en su centro.
Lo cierto es que la percepción que hoy podemos tener acerca de la necesidad de esta coherencia con nuestro propio Fuego parece impostergable. Ver a Urano también como ley, no ya como la saturnina ley social o ley del padre, sino como ley del propio ser, del propio Fuego, es crucial. La enorme posibilidad creativa está en poder reconciliar a Urano y Saturno, los cuales están habitualmente polarizados en extremo (libertad y creatividad versus seguridad y estructura). Seguir la ley de la red, no la ley de la personalidad o del ego. Seguir la ley de la energía misma.
Urano trastoca nuestra relación con el tiempo, proponiendo un modo de percibirlo que difiere de nuestro registro habitual. Para Urano el tiempo es futuro que se disgrega en el presente. Urano propone ser coherente con el futuro, sentirnos herederos del porvenir. El tiempo no es un pasado que se sintetiza en mí y que debo continuar, sino un futuro que se va revelando a través de la experiencia presente. La fidelidad es con el futuro.
El poder de la Cruz Fija: “Los Trabajos de Hércules”
Concluyendo, en su libro “Los Trabajos de Hércules” Alice Bailey refiere a la Cruz Fija. Define que en la Cruz Fija Tauro involucra el poder hacer, Leo el poder atreverse, Escorpio el poder ser silencioso, y Acuario el poder conocer.
Este libro dice respecto a Hércules como ejemplo de discípulo, esto es, de aquél que está intentando comprender las leyes de su destino, intentando hacer conscientes las leyes que operan en el despliegue de sus energías. Un espíritu despertando a la conciencia de sí mismo en la forma. Leemos:
“…El antiguo lema que ha gobernado las actividades de todos los discípulos activos, se volvió el suyo (el de Hércules), y su alma disfrutaba en él la necesidad de “el poder hacer, el poder atreverse, el poder de ser silencioso, el poder de conocer”. “El poder de hacer” es el lema de Tauro, y a esto él lo ejemplifica en sus doce trabajos. Él simbolizaba a Leo porque siempre usaba la piel de león como una prueba de su coraje, y siendo el lema de este signo el “poder atreverse”, ningún peligro lo atemorizaba y ninguna dificultad lo hacía volver atrás.
Tal vez su hazaña sobresaliente fue la que ejecutó en el signo de Escorpio; pues el gran trabajo era vencer la ilusión. Fue consumado y completado en el signo de Escorpio. El lema de este signo es el silencio. En Capricornio él se convierte en el Iniciado, y esta etapa es siempre imposible hasta que la ilusión ha sido vencida y el poder del silencio ha sido logrado. Por consiguiente, cuando niño, aún en la cuna, incapaz de hablar, él simbolizó el alto nivel de su realización, estrangulando las dos serpientes. Luego, en su madurez, simbolizó en sí mismo a Acuario, el Hombre, cuyo lema es “saber”. Él tenía una mente y usaba su intelecto en trabajo y servicio activos.
Así, haciendo y atreviéndose, en silencio y con conocimiento, él venció todos los obstáculos y pasó sin desanimarse de Aries a Piscis; empezando en Aries como el humilde aspirante y terminando en Piscis como el omnisciente, victorioso Salvador del Mundo…”. (Alice Bailey, “Los Trabajos de Hércules”. Ed. Luis Cárcamo, pág. 29).
En la Cruz Fija se define un momento de prueba para trascender a una instancia de mayor inclusión.
“El poder de hacer” de Tauro nos involucra con la labor, y también con sus dificultades. En “el poder de atreverse” hay algo de una fuerza espiritual que se anima a enfrentarse a aquellos obstáculos. En “el poder de ser silencioso” aparece el tema de la ilusión y de su caída; generalmente se asocia Escorpio con “el silencio que oculta”, con un silencio que guarda estratégicamente, pero este ser silencioso parece aludir a un silencio que está valorizado.
Un grado de conciencia más plena y abarcativa requiere que caigan estas pequeñas o grandes ilusiones sobre las que estamos sostenidos y desde las cuales emprendemos logros. Eso es Escorpio. ¿Cuánto hay de fantasía ilusoria en lo que definimos como logros o metas deseadas, en aquello que definimos como satisfactorio para nuestra vida? Esta ilusión puede aparecer como necesidad de resguardo emocional, de satisfacción afectiva. Se trata de ilusiones o fantasías que se elaboran a partir de condicionamientos de nuestra propia inmadurez. ¿De qué me estaba enamorando cuando me enamoré de aquella persona hace 20 años? Recuerdo que me sentí enamorado, y hoy, en el contexto actual, puedo ver qué fabricación de imágenes, ilusiones y fantasías inconscientemente había hecho para leer como realidad tal construcción.
En la medida que esas ilusiones y fantasías caen o se desactivan, florece la posibilidad de incorporar una conciencia más honda y profunda, una percepción más alineada con lo energético y que es capaz de ir más allá de lo psicológico. Tienen que caer las trampas psicológicas, tienen que dejar de hablar las ilusiones.
“Poder hacer, poder atreverse, poder ser silencioso, poder conocer…”
Existe otra fantasía, la que supone que alguna vez yo voy a poder eliminar todas las fantasías. Ver “la serpiente de dos cabezas” significa que se revele que en aquello que era mi realidad había una sombra que no podía ver, y que hasta que no pueda ver juntas esa realidad y su sombra, la conciencia permanecerá capturada en el hechizo de la polarización. No podré ir más allá de esa sombra. Mi síntesis será una síntesis con esa sombra (mi Sagitario será un Sagitario con esa sombra). Mi logro será un logro con esa sombra (mi Capricornio será un Capricornio con esa sombra).
La sombra acaso sea producto de un proceso que necesariamente tuvo ese desarrollo. Pero no afrontarla, no mirarla de frente condicionaría toda la continuidad de ese proceso desde Sagitario hasta Piscis. Sabemos que en Escorpio se juega algo crucial. Si se niega este pasaje (por ejemplo, creyendo que “ganó el bien contra el mal”), se malogra entonces el resto del ciclo y, de hecho, todo el trabajo desde Aries hasta Escorpio. Si se niega este encuentro con lo sombrío el próximo momento ariano revelará un nuevo ciclo que tendrá ese remanente, esa deuda, o acaso encuentre ese residuo en Piscis, la fase XII. A ese “enemigo visible” que creí vencer en Escorpio lo reencuentro como “enemigo oculto” en Piscis.
Creo que este poder ser silencioso atribuido a Escorpio tiene que ver con la atención y la suspensión de juicio. Atención para poder percibir qué es lo que está operando, para poder ver la manifestación de esta “serpiente de dos cabezas”; y suspensión de juicioen el sentido de suspender la identificación dominante y hegemónica, suspender “esta boca que habla”, y abrir el espacio a la posibilidad de que sea transformada, porque “esta boca que habla” era la de una de las dos cabezas de la serpiente y es el momento de escuchar la otra.
Aquí es posible percibir un nexo entre Escorpio y Acuario. Lo sombrío, la “boca que debe hablar” en Escorpio, acaso guarde contacto con lo excluido, con el inconsciente acuerdo para vaciar de existencia a aquello que por algún motivo resulta intolerable. El encuentro con la sombra remite a la incorporación de aquella exclusión, y la misma puede vincularse con una diferencia que no pudo integrarse y que -ya en Escorpio- se revela fantasmagórica, como una entidad insepulta que reclama desde la incomodidad de su hedor, como un desterrado con su sombra de vacío y su angustia audible como grito.
Sólo atreviéndose a esta tarea podrá luego aparecer “el poder de conocer” en Acuario. Conocer las leyes profundas, las leyes de la energía misma, no la ley del modelo, no la ley del ego y la personalidad, no la ley sustentada desde una sombría exclusión. Sería la ley del destino, la ley de la red, la ley profunda.
Por cierto, sin silencio no puedo conocer. Para poder abrirme a conocer tengo que admitir no saber. Si creo saber, no genero espacio para conocer. “Sólo sé que nada sé…”. Si digo que sé, entonces no puedo aprender. Si hablo, no puedo escuchar. Si no contemplo de manera silenciosa la realidad, me pierdo la posibilidad de adentrarme en un conocimiento más hondo. Que calle la voz que habla remite a que puedan ser escuchadas las voces del dolor, de la exclusión, de la realidad profunda de la verdad que somos.
“Poder hacer, poder atreverse, poder ser silencioso, poder conocer…”. Puede escucharse como una máxima pretenciosa, extraña y poco clara. Pero también puede resonar dentro de nosotros con su gran sutileza poética. No leemos “hacer, atreverse, ser silencioso y conocer”, sino poder hacer, poder atreverse, poder ser silencioso, poderconocer. Queda subrayado el «poder», y parece remitir a “habilitarse a” o “darse espacio para”. No tiene nada que ver con la omnipotencia, sino con dar espacio para que pueda generarse otra manifestación de nuestro misterio. Esto aparece en un libro que se llama “Los Trabajos de Hércules”. Hay una idea de tarea, no de mera revelación, sino de algo costoso, de algo que requiere una labor cotidiana. Tiene que ver con la participación, con participar en el hacer. Compromiso con el acto concreto. Y con el atreverse a sentir.

NOTA tomada del blog "Termometro Zodiacal" de Pedro Gonzalez Silva.

SÁBADO, 28 DE MAYO DE 2016


Luna nueva y cruz mutable: el final está cerca

El impacto de las configuraciones planetarias que ocurrirán esta semana, se extenderán durante todo el mes, y será el último tramo de un ciclo que está llegando inexorablemente a su final.

En el ambiente predominan las energías de los signos mutables, que son aquellos de mayor flexibilidad, pues marcan el final de una estación del año, y por tanto preparan el ambiente para una transición.

Asimismo predomina el elemento aire, que acentúa esa flexibilidad en el ambiente, y da mayor posibilidad de comunicación, para la negociación, para la movilidad y para que los cambios se desarrollen en forma más fluida.

En este ambiente energético, durante esta semana se producirá una cruz cósmica, al conectarse en el cielo el Sol y Venus desde Géminis (a los que se sumará la Luna a fines de semana), Saturno en Sagitario, Júpiter en Virgo y Neptuno en Piscis, es decir, todos estos astros estarán conectados desde los cuatro signos mutables del zodíaco.

Cuando en el cielo se forma una cruz cósmica, debemos prepararnos para eventos que dan un viraje al rumbo que llevamos, a eventos que representan desenlaces que mueven a una nueva etapa, a un parto histórico.

Para dar una idea de lo que se está activando, pondré dos ejemplos ocurridos en mi país, Venezuela, bajo efectos de cruces cósmicas. En agosto de 1999, el efecto de una cruz cósmica trajo a nuestra nación un cambio político a fondo: una Asamblea Constituyente, y por tanto, en pocos meses, una nueva constitución.


En julio de 2011, bajo el efecto de otra cruz cósmica, el presidente venezolano, en cadena nacional, le anunció al país que padecía cáncer, lo que posteriormente significó la desaparición física del mandatario, hecho que por supuesto, en alguna forma modificó el destino de nuestro país.
Cuando la cruz cósmica se da en signos mutables, como la que se formo a finales de mayo del 2016, significa el tramo final de un ciclo que ya está prácticamente acabado, y todas las estructuras que lo sostienen se van derrumbando por sí solas, todo lo que hace resistencia empieza a ceder, a flexibilizarse o a desmoronarse.

El ángulo de 90 grados (cuadratura) entre Júpiter y Saturno, indica la crisis de un modelo de sociedad; la cuadratura, a su vez, de Saturno con Neptuno, dirige esa crisis a modelos fundamentalistas y autoritarios, del tipo comunista o religioso; la conexión de estos astros con el Sol, remueve las estructuras del poder; la presencia de Venus abre posibilidades de negociación en medio de las tensiones, y la llegada de la Luna involucra a las masas populares.

El Sol frente a Saturno (en oposición o ángulo de 180 grados), indica un clímax en el que las acciones de los factores gobernantes, entran en tensión con las normas y legislaciones, y más aún cuando se conectan con Júpiter (que indica el principio o espíritu de las leyes) y Neptuno (que marca influencias donde los fanatismos y los manejos poco claros, enturbian el ambiente).
El fenómeno astrológico que representará el broche de oro para potenciar las energías de esta cruz cósmica, será la Luna Nueva que ocurrirá el sábado 4 dc junio a las 10:59 de la noche, hora de Venezuela (5 de junio, 02:59 GMT). Miércoles, jueves y viernes, estará plenamente formada la cruz, y el sábado, al agregarse la Luna, llega a su punto más intenso.

Esta Luna marca una triple conjunción: Sol-Venus-Luna y estará perfectamente conectada con la cruz cósmica, indicando un ciclo mensual de intensas transformaciones, el recorrido final que nos llevará a un renacer en la próxima Luna Nueva, que ocurrirá el 4 de julio en Cáncer.

ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA

Todas las energías que se activan con esta Luna Nueva en Géminis, en conexión con la cruz cósmica mutable, se irán desarrollando y haciéndose sentir, con posibles desenlaces que pueden darse alrededor de la próxima Luna Nueva que ocurrirá el 4 de julio en el signo de Cáncer, y que estará en conjunción con los soles de las cartas astrales de Estados Unidos y de Venezuela.

En EEUU se desarrolla un proceso electoral presidencial algo atípico, donde estructuras tradicionales del poder, especialmente en el ámbito de los republicanos, han sido desplazadas; “casualmente” el aspirante vencedor entre los republicanos, es geminiano, signo epicentro de esta cruz cósmica.

En Venezuela, la situación que vive el país, que ya ha alcanzado rango internacional, tiene como centro de la polémica a un mandatario sagitariano, otro de los signos mutables implicados en esta cruz cósmica.


No hay comentarios: