Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

jueves, 16 de marzo de 2017

RCL les invita a leer a Luis Alberto Machado Sanz.- Monseñor Salvador Montes de Oca nació en Carora el 21 de octubre de 1896. Fue el segundo obispo de la Diócesis de Valencia.


 
RCL les invita a leer a Luis Alberto Machado Sanz.-
Monseñor Salvador Montes de Oca nació en Carora el 21 de octubre de 1896. Fue el segundo obispo de la Diócesis de Valencia.
Luis Alberto Machado sanz hijo del ilustre Dr. Luis Alberto Machado.(21 de enero de 1932 – 23 de febrero de 2016) fue un abogado, escritor y político venezolano.Ocupó los cargos de Secretario del Despacho de la Presidencia (1969–1974) y Ministro para el Desarrollo de la Inteligencia (1979 – 1984) del Gobierno del presidente Luis Herrera Campins. Este quería que Machado aplicara los principios planteados en su libro de 1975 "La revolución de la inteligencia".

Antes de entrar con un hecho muy relevante en su vida, como lo fue la expulsión de Venezuela, haremos un breve análisis del contexto político en que se dio dicho acontecimiento:
  
                                                                   
En el año 1908, Juan Vicente Gómez, le dio un golpe de estado a su compadre Cipriano Castro. Todo estuvo relativamente bien hasta el año 1927. Para finales del año 1929, astuto y zorro como era, se dio cuenta que en torno a su gobierno, ya había debilitamiento y fatiga. Esto fue debido a 20 años en el poder y además, por la revuelta estudiantil de la llamada “Generación del 28” y el alzamiento de una expedición armada en el llamado “vapor Falke”. Esto último fue el día 11 de agosto de 1929.

Además, empezaban a soplar aires de libertad sobre Venezuela, debido a que el concepto de democracia estaba empezando a correr por el mundo. En consecuencia, para disimular que no era ni un dictador, ni un tirano, le ordenó, al “Soberano” Congreso Nacional que nombrara como “Presidente” de La República a un civil cuyo nombre preferimos omitir ya que todavía puede tener dolientes.


Gómez se iba a Las Delicias, en Maracay. Y si bien había un “presidente” civil como lo eran quien no vamos a nombrar, Gómez seguía siendo el amo del poder. Gómez era el que verdaderamente mandaba, controlaba todas las instituciones, el ejército, etc.

Además, tenía un muy eficiente y efectivo sistema de espionaje. De los mejores que han existido en toda la historia de Venezuela. Muchos más eficientes que los de hoy en día, a pesar de carecer de las maravillosas tecnologías que hoy existen.

En época de Gómez había un dicho:

“Las paredes oyen”.
Y las paredes oían.

En una palabra: Gómez controlaba toda la vida política de Venezuela. Lo de un “congreso soberano” y un “presidente” civil”, era para tratar de aparentar tanto nacional como internacionalmente, una democracia que no existía. Era una dictadura disfrazada de democracia.

¡Cómo se repite la historia!

Sin embargo, es de advertir que el presidente civil antes mencionado, si bien era “el presidente de la república”, era muy poco conocido en el país. Un ejemplo:

Una vez, el “presidente civil” iba a rendirle cuentas al General Gómez en Maracay y en el camino sucedió lo siguiente:

En la carretera, se encontraron con un campesino que tenía atravesada su carreta y que a la vez le costaba mucho enderezarla. En consecuencia, el “presidente civil” le ordena al chofer que le toque bien duro la corneta para que el referido campesino terminara de apartarse del camino, pero como todo iba tan lento el “presidente civil” se desespera y le grita:

-“Apártese hombre: le está obstaculizando el paso al Presidente de La República”

 -“Mentiroso, se lo voy a decir al general Gómez, usted no es ningún presidente, usted se quiere hacer pasar por él…”

Dicho lo anterior, vamos con el tema de la expulsión de Monseñor Montes de Oca de Venezuela. Para ello, esta primera parte nos basaremos en dos bibliografías, que son las siguientes:

  1. A) Cardenal José Humberto Quintero.“Para La Historia, “La expulsión de un Obispo”, Editorial Arte, 1974

  1. B) “Rubén González, una vida al Servicio de Venezuela, por César González, 1972, pág. 95”.

Comenzaremos citando al Cardenal José Humberto Quintero:

“Tuve oportunidad de verme (para ese momento: presbítero José Humberto Quintero) con él (Monseñor Salvador Montes de Oca), en Puerto España Trinidad, en enero de 1930, o sea, a dos meses largos de su destierro. Entre otras cosas, le oí referir cuanto sigue:

Se le presentó cierta mañana, en El Palacio Episcopal de Valencia, una joven señora, en un estado de suma turbación. Le confió que momentos antes, acompañada de su esposo, había ido a visitar a un alto político de aquella ciudad y que habiéndola dejado sola su marido por haber te­nido que atender a algo urgente, el político, primero con insinuaciones y luego ya por la fuerza, había pretendido hacerla objeto de su lujuria lo que no había logrado, pues ella había luchado hasta ganar el anteportón y la calle. Pasando ocasionalmente por la puerta del Palacio Episco­pal, se le había ocurrido entrar para referir al Obispo lo que le acababa de suceder y pedirle consejo. Monseñor Montes de Oca le indicó que se fuera a su casa, esperara allí a su esposo y lo impusiera del hecho. 
  
Un poco más tarde, la misma señora, en un estado de mayor turbación aún, retornó al Palacio y le dijo al Obispo:

“Monseñor: ahora he comprendido las cosas: Mi marido me había ven­dido a ese señor: llegó a casa furioso conmigo porque, al no consentir yo, le he hecho perder la posición que ya tenía conseguida. Yo me quedo aquí, en la casa de Su Señoría; Yo no Me junto más con ese hombre”.


Monseñor Montes de Oca no tuvo más remedio que brindarle asilo provisio­nal a aquella joven y atribulada dama, mientras llegaba el papá de ella, al que llamó con urgencia”. Hasta aquí el Cardenal Quintero.
Monseñor Montes de Oca, siendo un gran santo demostró a la vez una sorpresiva garra. En efecto, como respuesta a lo que hiciera el alto político de Valencia antes dicho, Monseñor Montes de Oca escribió la Pastoral que llamó “Instrucción sobre el Matrimonio”, en fecha 4 de octubre de 1929, para ser leídas en todos los púlpitos de Valencia, como en efecto se hizo

Lamentablemente aquí no tememos espacio para comentarla y/o reproducirla. Solo diremos que es como un Catecismo Matrimonial, y donde entre otras cosas, habla de los valores cristianos del Sacramento del Matrimonio, como por ejemplo su indisolubilidad:“Lo que Dios unió que no lo separe el hombre” (Mt 19:6).

Evidentemente que en la Pastoral antes dicha no nombraba al político valenciano. Sin embargo, el alto político valenciano se dio por aludido y juró que se vengaría del Obispo y tramó venganza contra él.  Como bien escribió el Cardenal Quintero:

“y se aprovechó para ello de la publicación en esos mismos días de la “Instrucción sobre el Matrimonio…”

Ahora bien, el alto político de Valencia propició que el “gobierno” del “presidente civil” expulsara a Monseñor Montes de Oca de Venezuela. A tal efecto, buscó al Dr. Rubén González, Ministro de Relaciones Interiores, con quien tenía “palanca”, como hoy en día,algunos dicen.

Continuemos leyendo lo que dice el Cardenal Quintero:

“Pues bien: ese po­lítico, de cuya calidad moral podemos formarnos idea por lo que dijeron Pío Gil, que lo señala como un traidor, y Fernando González, que lo presenta como un corrompido, disfrutaba de enorme influencia en el régimen que enton­ces mandaba en Venezuela. Y al enterarse de que había perdido la ansiada cacería por la intervención del Obispo, maquinó venganza contra éste y se aprovechó para ello de la publicación en esos mismos días de la “Instrucción sobre el Matrimonio”.

A un individuo de esa calaña, tuvo que serle fácil mover ocultos resortes para solapadamente in­fluir en el Doctor Rubén González y explotar su buena fe, ya que éste, “de carácter impulsivo”, ‘”en el fondo era ingenuo… proclive a creer a primera impresión”, según testimonio de su hijo, el Doctor César González.

La in­triga del aludido político encontraba terreno recién abo­nado en la mente del Doctor Rubén González, a causa de la tirantez de relaciones que fue la consecuencia de la ruda polémica habida entre él y el Obispo con motivo del clero extranjero”. Hasta aquí el Cardenal Quintero.

¿Resultado final?
En fecha 11 de octubre de 1929, apenas una semana después de que Monseñor Montes de Oca, Obispo de Valencia emitiera la Pastoral “Instrucción sobre el Matrimonio”, era emitido el decreto que lo expulsaba del territorio de la República, “quedando en consecuencia privado de toda jurisdicción en el país…”.
El infame decreto de expulsión fue firmado porel “presidente civil” y refrendado por Rubén González, ministro de relaciones interiores.Como consecuencia de lo anterior, Monseñor Montes de Oca salió al destierro y llegó a Puerto España, Trinidad. El alto político valenciano había logrado vengarse, por ahora.
Lo primera reacción a la expulsión fue una carta de protesta del Nuncio de su Santidad, Monseñor Fernando Cento. La carta es de fecha 12 de octubre de 1929, dirigida al Ministro de Relaciones Interiores, Rubén González. Nótese que se hizo al día siguiente del decreto que lo expulsara del país.

Luego vendría otra carta de protesta del 16 de octubre del Arzobispo de Caracas, Monseñor Felipe Rincón González dirigida al “presidente civil” y éste a su vez le contesta, en fecha 17 de octubre; es decir, al día siguiente, de la siguiente manera:

”…impresión de desagrado y extrañeza produjo en el Gobierno la sorprendente reacción de aquel  Prelado contra La Soberanía Nacional …en los precisos momentos en que el Gobierno  acaba de debelar, en sangrientos combates, movimientos y brotes revolucionarios en distintos puntos del país…”

Ahora bien, la reacción contundente del Nuncio de su Santidad y del Arzobispo de Caracas, hizo reaccionar al general Gómez. Se le estaba creando al gobierno un severo problema con la jerarquía de la Iglesia Católica, que podía llegar hasta el mismo Papa, que para ese momento era Pio XI.De alguna manera a Gómez se le tuvo que haber pasado por la cabeza la famosa frase del libro “Don Quijote” o algo equivalente a ella:

“Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”

Y en efecto, el día 19 de octubre de 1929, el general Gómez se ve obligado a intervenir y en consecuencia, nombra a un mediador. Se trataba del general José María García, gobernador del Distrito Federal.

Dejemos que sea otra vez, el verbo prodigioso del Cardenal Quintero, el que nos narre los hechos:

“Ese contacto entre el Gobernador y el Arzobispo sirvió para abrir una serie de conferencias, que se extendió hasta el 4 de noviem­bre, en las que se fueron cruzando proposiciones y contra­proposiciones, en busca de un acuerdo.

Por lo pertinente a la parte eclesiástica, las fórmulas del Gobernador eran estudiadas y discutidas, en forma privada, por el Nuncio, Monseñor Rincón, Monseñor Castillo (Lucas Guillermo) y Monseñor Navarro. A su vez, el General García sometía al Ejecutivo las fórmulas o modificaciones que le presen­taba Monseñor Rincón González. Por fin, se convino en la siguiente fórmula para enviarla a Monseñor Montes de Oca:

“Ciudadano Ministro de Relaciones Interiores. Caracas. Al hacer público en “El Observador” de Valencia el con­cepto católico sobre la indisolubilidad del matrimonio, no me ha guiado un espíritu de rebeldía ni de trasgresión a las leyes de la República, que acato y respeto, sino hacer conocer a mis diocesanos los dogmas de la Religión que profesamos. No ha sido, pues, mi intención contrariar a las obligaciones que contraje como Obispo jurando “sos­tener y defender la Constitución de la República , no usur­par su soberanía, derechos y prerrogativas y obedecer y cumplir las leyes, órdenes y disposiciones del Gobierno”. – Por todo lo anteriormente expuesto, pido al Ejecutivo Fe­deral, por el autorizado órgano de usted, se sirva suspen­der los efectos del Decreto de 11 de octubre pasado.

Para llevar esta fórmula a Monseñor Montes de Oca en su destierro de Puerto España, se comisionó al Pbro. Pablo Cubas, Vicario General de Valencia, y a Don Andrés Mon­tes de Oca, que era el padre del Obispo.

Por cierto que este último, caballero a carta cabal, paradigma de rectitud y cristiano de viva fe, al nomás saludar a su hijo, según refe­rencia de éste al autor de esta relación, le manifestó sin ambages: “Aquí te traemos esto, pero te digo que yo no lo firmaría”.

Monseñor Montes de Oca estudió con toda diligencia la fórmula, pesó el pro y el contra de ella, oró mucho durante los Ejercicios Espirituales que por aquellos días estaba prac­ticando y finalmente, redactó una nueva, en la que supri­mía la cita de los términos del juramento que había sido incluida en la enviada de Caracas. El 22 de noviembre, Monseñor Rincón trata con el General García sobre esta nueva fórmula, pero el Gobernador manifiesta que “no se hace cargo de presentarla al Gobierno, porque sería re­chazada y las cosas tal vez empeorarían. Opinaba que era mejor que el asunto quedara sin resolver….

Mientras tanto, de la expulsión del Obispo habían pasado ya cuarenta y dos días y el Gobierno, mediante las conver­saciones entre el Gobernador y el Arzobispo, las cuales se realizaban en secreto, había logrado paralizar al Episcopado para cualquier protesta pública, que si hubiera sido muy oportuna y explicable a raíz del extrañamiento del Obispo, venía a resultar extemporánea después de tantos días corridos desde aquel deplorable y reprobable hecho. La posición, por tanto, en que se encontraba el Episcopado Nacional ante los propios fieles y ante los de los otros países no era nada honorable ni halagüeña…

Y tenía que pasar lo que te tenía que pasar, el cuatro de marzo de 1930, la Conferencia Episcopal solicita al  Dr. Juan Bautista Pérez  que “se sirva suspender los efectos del Decreto de expulsión del Iltsmo, Sr. Salvador Montes de Oca, dignísimo Obispo de Valencia….

A continuación, el seis de marzo se vuelven a reunir los Obispos Venezolanos, y como resultado de dicha reunión, dirigen una Pastoral “a los muy venerables Cabildos, Al Clero y fieles de La República ”, volviendo a explicar la doctrina católica sobre los valores cristianos del Sacramento del Matrimonio, en dos palabras, repetían la Pastoral de Monseñor Montes de Oca: “Instrucción sobre el Matrimonio” (Nótese que la palabra “Cabildo” aquí significa: “Comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia: el deán forma parte del cabildo de la Catedral..

El gobierno no tardó en responder. En efecto, en fecha 10 de Marzo, responde el Ministro de Relaciones Interiores, Rubén González a nombre del Presidente de la República y del Consejo de Ministros, en donde se quejan que Monseñor Montes de Oca no hubiera firmado la proposición que le habían ofrecido y que los obispos hubieran abandonado las negociaciones. En otras cosas tachan la Pastoral “Instrucción sobre el Matrimonio” como “el acto inexplicable de dicho Prelado, atentatorio contra las leyes…”, y como Monseñor Montes de Oca se negó a firmar, se les acusa a los Obispos de “abandonar intempestivamente” las negociaciones. 

Siguiendo con este “toma y dame”, al día siguiente, el 11 de Marzo, se vuelve a reunir la Conferencia Episcopal y vuelven a hacer una nueva carta de protesta y aclaración, dirigida al Dr. Juan Bautista Pérez, no solo por la injusticia cometida contra Monseñor Montes de Oca sino también contra las injusticias cometidas por parte del gobierno nacional contra ellos mismos”

Es un documento bastante extenso, lástima que no tenemos suficiente espacio aquí para reproducirla.

Y pasó lo que todo régimen dictatorial temela protesta de los Obispos Venezolanos tomó cariz político: al día siguiente salió publicada en el diario “ La Verdad ”, pronto se agotó la edición, empezaron las re-ventas a precios de cinco Bolívares, que para la época era un dineral, aquello fue considerado por muchos como un documento revolucionario.

Esa noche “la Plaza Bolívar” se llenó de gente, se leía por alta voces el documento de los obispos y la gente aplaudía. Aquello se convirtió en un inmenso acto de protesta contra el gobierno. Obviamente: había mucha gente que se había incorporado a aquel movimiento que se estaba comenzando a formar, no por adhesión o simpatía a los obispos o a La Institución de La Iglesia Católica: aquello era una excusa para tratar de lograr una revolución, un cambio político, etc” (Fin de la cita).

Recordemos lo de la generación del 28 y lo de la invasión del vapor “Falke”: volvían a soplar aires de libertad; sin embargo, el “presidente civil” y “su gobierno”, calificaron el documento de  la Conferencia Episcopal como un acto subversivo por parte de los Obispos que supuestamente querían tumbar al gobierno.

Algo que había comenzado como algo de tipo religioso se había convertido en un gravísimo problema político para el general Gómez que era el verdadero jefe supremo de la nación.

Vamos a seguir leyendo al Cardenal Quintero, pero antes, aclararemos que la Finca El Trompillo, era una finca propiedad del general Gómez.

“Mientras la calle empezaba a animarse en la forma descrita, en el Palacio de Miraflores se reunía el Consejo de Minis­tros en sesión extraordinaria para considerar la situación creada por el documento y actitud episcopales y acordar la medida del casoque fue la de la expulsión de todos los Obispos…

A esas horas, el general Gómez estaba ya al tanto de la carta del Episcopado, porque su cuñado Francisco Colme­nares Pacheco, Director de Telégrafos, al nomás conocerla, se la hizo trasmitir al punto por la vía telegráfica.

Además, esa tarde del 11 se hallaba ocasionalmente en Caracas la señorita Regina Gómez, la cual, al ver la carta, emprendió viaje a Maracay para llevar a su hermano el número de La Verdad y rogarle que no permitiera un nuevo ataque a ningún Obispo, pues ella atribuía un accidente de automó­vil que en esos días habían sufrido las hijas del general, a un castigo de Dios por el destierro de Monseñor Montes de Oca.

Seguro de que acudirían a él y hasta sospechando quizás, dada su innata perspicacia, las medidas que habrían de so­meter a su aprobación, el general Gómez, después de cono­cer la aludida carta episcopal, se marchó para El Trom­pillo.

Así, pues, los Doctores Pérez y González tuvieron que aplazar para el día siguiente la entrevista con el general Gómez en El Trompillo ya que necesitaban obtener su venia para la expulsión de todos los obispos de Venezuela…

El General Gómez no era ciertamente un jurisperito, pero poseía una no común inteligencia que le permitía una muy clara visión de las cosas. Al enterarse de la carta de los Obispos, tuvo que comprender que en la expulsión de Monseñor Montes de Oca se habían indudablemente vio­lado las leyes. Y su habitual sindéresis le hizo ver que la expulsión de todos los Obispos, además de nueva violación de éstas, crearía un problema nacional de suma gravedad y de imprevisibles consecuencias políticas. De ahí que se opusiera a la realización de esa violenta medida.

Corrió por cierto en aquellos días la especie como proveniente de uno de los edecanes del Caudillo, de que, cuando los Doctores Pérez y González empezaron en El Trompillo a tratar sobre la expulsión, lo primero que le dijeron a Gómez fue: 

“¡General, los Obispos se han al­zado!”

Él, fingiendo alarma, les preguntó al punto:

“Y ¿dónde están para salir a combatirlos?”. 

“No es con armas -le aclararon los interlocutores- es con publicaciones irrespetuosas contra el Gobierno”.

“¡Ah! ¿Entonces es con las leyes?”, repuso el General, y añadió: pues entonces los pelean ustedes, que son los que pelean con las leyes…

La anécdota es verosímil, y si se tiene en cuenta que ya Gómez conocía la carta de los Obispos, la ironía, en la que él era un maestro, no pudo ser más fina y aguda” (Fin de la cita)

Y a continuación el general Gómez les dijo:

Dejen quietos a los curas y no se metan más con ellos. No como carne de cura porque la carne de cura atraganta”

El Presi­dente Pérez y su Ministro González, tuvieron que regresar a Caracas, a donde llegaron a medio día, saboreando la amargura de la impotencia y del fracaso. En evidente contraste con la altiva actitud revelada en la nota de la antevíspera, ambos guardaron, de ahí en adelante, de manera inalterable, un total y absoluto silencio.
A raíz de estos infelices acontecimientos de la expulsión de Monseñor Montes de Oca, no pasaría mucho tiempo sin que el “Soberano” Congreso Nacional le solicitara “por aclamación”, al Benemérito General en Jefe, Juan Vicente Gómez, que volviera a ser Presidente Constitucional de la República, “lo cual aceptó”.

La suerte estaba echada. El Cardenal Quintero pone en el epílogo en su libro, cómo fue el final de estos acontecimientos:

“Como epílogo de todo este trabajo, hemos de decir que, habiendo tomado posesión de la Presidencia de la Repúbli­ca, el general Gómez, el 13 de julio de 1931, con fecha 3 de agosto, siguiente dio un decreto por el que suspendió el del destierro de Monseñor Montes de Oca y le abrió las puertas de Venezuela, sin exigirle firmar manifestación pública alguna.

El 10 de octubre de ese año, o sea, cuando faltaba apenas un día para cumplir exactamente dos años de exilio, el Obispo desembarcó en La Guaira y lo primera que hizo, mientras los que habían acudido a recibirlo lo vitoreaban y aplaudían, fue arrodillarse y besar el suelo de la Patria.  

Ese beso -signo de amor triunfante- fue el punto final de una etapa de dolor y de honor tanto en la vida del Prelado como en la historia de nuestra Iglesia.LAUS DEO”.  Es decir, gloria a Dios”(Fin de la cita)

2)Hay que tomar nota que Monseñor Montes de Oca no fue expulsado por el general Gómez sino por el “gobierno” del “presidente civil”. Sin embargo, el general Gómez lo permitió. Gómez ha podido haber abortado la injusta expulsión de Monseñor Montes de Oca pero no lo hizo.

Ante esto, viene la pregunta:

¿Por qué el general Gómez permitió la expulsión de Venezuela del Obispo Montes de Oca?

Ante esto, solo cabe la especulación. Quizás se pudiera responder que de alguna manera, a Gómez le salpicaba la publicación de La pastoral: Instrucción sobre el Matrimonio”. En esa materia, el general Gómez tenía lo que algunos llaman “rabo de paja”. Tuvo muchísimos hijos, con varias mujeres. Era una suerte de padrote. En aquella época era muy escandaloso que una alta figura no se casara. Quizás para Gómez, lo mejor pudiera haber sido que el Obispo Montes de Oca saliera de Venezuela porque quizás, no le gustó mucho la “Instrucción sobre el Matrimonio” de Monseñor Montes de Oca. Al general Gómez no le gustaba el matrimonio.



Recordemos que el para entonces Nuncio de su Santidad, Monseñor Fernando Cento, lo había ido a visitar a Maracay y en el encuentro le habló sobre las bondades y maravillas del matrimonio, amén del buen ejemplo que sería para todo el país, que su máximo líder se casara, etc.

El general Gómez le respondió:

 “Ajá: dígame una cosa Monseñor: si el Matrimonio es tan bueno como usted me está diciendo, ¿por qué no se casa Su Santidad?”

Aparte que Gómez decía que no se podía dar el lujo de dormir con ninguna mujer ya que no podía saber que podría estar haciendo mientras él dormía. El indio Tarazona era el que le cuidaba la puerta mientras Gómez tenía las relaciones sexuales a través de las cuales tuvo la inmensa cantidad de hijos que tuvo. Gómez le decía Al Indio Tarazona:

“Vamos donde vive la señora fulana. Hago lo que voy a hacer pero al terminar nos vamos de vuelta para la casa. No me quedo a dormir allá. No sé qué v…es capaz de echarme esa mujer mientras estoy durmiendo…”.

3)¡Ninguna dictadura nunca, ha peleado impunemente con los curas!

Esto lo decimos porque el régimen de Juan Vicente Gómez fue una dictadura, así a Monseñor Montes de Oca no lo haya expulsado de Venezuela directamente el general Gómez sinoun gobierno títere para dar una fachada democrática, con el fin de disimular nacional e internacionalmente, la dictadura de Gómez.
Pío XI, de nombre secular Achille Damiano Ambrogio Ratti (Desio, Reino de Lombardía-Venecia, 31 de mayo de 1857-Ciudad del Vaticano, 10 de febrero de 1939), fue el 259.º papa de la Iglesia católica, y primer soberano de la Ciudad del Vaticano 



Gómez permitió que lo expulsaran. Pero el astuto y zamarro Juan Vicente Gómez, cuando vio que el conflicto iba a llegar a instancias del mismísimo Papa Pio XI, el propio Gómez se vio obligado a zanjar el asunto, porque lo que se estaba creando era un conflicto nada más y nada menos que con El Vaticano.

Por cierto, el estado de “El Vaticano” se creó en el año 1929, que como dijimos arriba, fue el mismo año de la expulsión de Venezuela de Monseñor Montes de Oca. El Vaticano fue creado mediante los acuerdos de Letrán, firmados el 11 de febrero del mismo año, entre el gobierno de Benito Mussolini y la Santa Sede, cuyo Papa, para ese momento fue Pio XI.

Como vemos,pelear con curas es un inmenso disparate político. Esto se ha visto a lo largo de la historia: por ejemplo, el que fuera presidente argentino, Juan Domingo Perón le comentó en República Dominicana, al para entonces dictador de dicho país: Rafael Leónidas Trujillo, lo siguiente:

“A mí me tumbaron las sotanas, deje de pelear con los curas para que no lo terminen tumbando, como me tumbaron a mí”.

4-“Por fin! En Valencia se inició Causa de Beatificación de Monseñor Montes de Oca

Instalan tribunal eclesiástico para el proceso de canonización.

Con la celebración de una misa de acción de gracias la Arquidiócesis de Valencia dio inicio ayer a la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Salvador Montes de Oca, segundo obispo de esta ciudad, asesinado en 1944 por la tropa nazi en Italia.

El acto litúrgico que tuvo lugar en la Basílica Catedral de Valencia, fue presidido por arzobispo de Mérida, Baltazar Cardenal Porras, quien estuvo acompañado por el Cardenal Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Monseñor Reinaldo Del Prette, Arzobispo de Valencia, entre otras autoridades religiosas.

La emotiva celebración creó precedentes en la historia de la Catedral de Valencia, por tratarse de la primera vez en la que coinciden dos cardenales en una misma Eucaristía.

Se expresó el Cardenal Baltazar Porras de Montes de Oca, a quien también distinguió como un hombre apasionado por su vocación que, de acuerdo con él, amó hasta el extremo.

“Estamos viviendo una fecha memorable, una festividad singular, podemos expresarnos como el anciano Simeón: ha llegado el día de dar inicio al proceso de beatificación del Siervo de Dios”.

Tras concluir la misa de acción de gracias, Monseñor Reinaldo del Prette procedió a constituir el Tribunal que llevará a cabo la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Salvador Montes de Oca, tras la lectura del escrito de petición enviado por la doctora Silvia Correale, postuladora de la Causa de Beatificación y Canonización.

Baltazar Porras presidirá la comisión de peritos e historiógrafos responsables de estudiar y profundizar los documentos que se relacionen con la vida y obra de Salvador Montes de Oca, de la mano con el presbítero Luis Manuel Díaz, presbítero Luis Alberto Álvarez, licenciada Mariaelena Mesta y el doctor Luis Cubillán Fonseca, quienes presentarán un documento detallado sobre la autenticidad y valor de lo recabado.

Por otra parte, el Arzobispo de Mérida presentó conjuntamente con los miembros de la Fundación “Monseñor Salvador Montes de Oca”, el libro titulado “Camino a los altares, breve biografía”, del segundo obispo de Valencia del cual, un total de 4 mil ejemplares estarán disponibles para quienes deseen conocer su historia.

Para poner punto final a la actividad diocesana, el Arzobispo de Valencia procedió a develar un retrato de Monseñor Montes de Oca, que permanecerá expuesto en la Catedral de la ciudad, lugar donde reposan los restos del Mártir en la fe.-
 Valencia, 11 marzo 2017/Daniel Jiménez
Canonizarán a monseñor Montes de Oca
30 noviembre 2016
Notitarde.- La Iglesia católica valenciana está fiesta, pues se han dado los primeros pasos para el proceso de beatificación del II Obispo de la ciudad, Monseñor Salvador Montes de Oca, así lo dio a conocer Monseñor Reinaldo Del Prette, arzobispo de Valencia.
Una comisión encabezada por monseñor Del Prette, integrada por monseñor Luis Armando Tineo, obispo de Carora; Marielena Mestas, historiadora y profesora de la Universidad Católica Andrés Bello, y Reyna Lara de Montes de Oca, presidenta de la Fundación Monseñor Salvador Montes de Oca fue recibida por el secretario de la congregación para las causas de los Santos, monseñor Marcello Bartolucci, quien recibió los primeros documentos.
“Con esa receptividad que nos mostró hemos arrancado en el proceso de la búsqueda de la canonización de nuestro amado segundo obispo de Valencia”, relató monseñor Reinaldo Del Prette en una nota de voz enviada desde Roma.
Estoy contento por la receptividad”, puntualizó el arzobispo de Valencia. “Todos a rezar para que esa canonización sea en poco tiempo”, añadió.
El prelado informó al pueblo de Carora y a todo el país, que ya se encuentran en la primera etapa, e iniciaron el proceso de beatificación con la introducción al petitorio en la ciudad de Roma, ante la Santa Sede, corresponde ahora esperar el Nihil Obstat de la congregación para las causas de los Santos con el objeto de proseguir con el estudio de la historia y la teología de monseñor Montes De Oca.

Quien fue Monseñor Salvador Montes de Oca
Monseñor Montes de Oca, Salvador Montes de Oca, nació en la ciudad levítica de Carora, el 21 de octubre del 1895, fue el segundo obispo de Valencia, y por su testimonio de vida cristiana es considerado un “insigne mártir de la libertad y la caridad”.
El 06 de septiembre se cumplieron 72 años (1944) de haber sido fusilado junto a once monjes, por soldados nazis alemanes que asaltaron un convento de la Orden de los Cartujos, en la región de Toscana, Italia, por dar refugio a perseguidos políticos. Sus restos fueron arrojados en una fosa común, donde fueron recuperados en 1947 y trasladados a Venezuela y enterrados bajo el presbiterio de la Catedral de Valencia, capital carabobeña de la cual fue obispo entre 1927 y 1934.

Monseñor Del Prette, durante su mensaje al momento de notificar el inicio del proceso de beatificación, señaló que para los valencianos siempre ha existido un sentido de fe y que sin duda alguna están ante la presencia de un Santo, por lo que afirmó que es el momento de que se haga el estudio de la vida de Salvador Montes de Oca para que sea llevado a los altares de Venezuela y el mundo entero.
En este informe presentado ante la causa, los miembros antes mencionados relatan principalmente la vida de Montes de Oca. “En los textos introducidos hablan de toda su obra mediante testimonios de algunos testigos con más de 90 años que lo conocieron en persona y son testigos fieles de que monseñor Salvador Montes de Oca es un Santo”.
Detalló monseñor Del Prette que entre los requisitos para su beatificación era poder tener la afirmación del obispado de la ciudad de Lucca en Italia, lugar donde fue fusilado este mártir caroreño.
Consideró que esta causa histórica se encuentra muy adelantada con todos estos pasos iniciados. “Estamos ante una causa histórica y ya nos fue aprobada la primera etapa de este mártir. Ahora esperamos el decreto por parte de la ciudad de Roma para abrir formalmente el proceso con las comisiones que considere el Vaticano”.
Según reseña El Impulso, una vez que la congregación para las causas de los Santos inicie formalmente la causa, ya a monseñor Salvador Montes de Oca, la Iglesia lo puede considerar venerable y siervo de Dios, hecho que para los caroreños y valencianos sería un gran mérito y los impulsaría  a seguir trabajando hasta poder hacerlo Santo.
Por otra parte, Del Prette afirmó que luego que comiencen los estudios en Roma el siguiente paso sería declararlo venerable, luego de haber estudiado su vida basada en las virtudes humanas y cristianas en grado heroico.
El arzobispo de Valencia explicó que una vez que sea declarado venerable se debe difundir por toda Venezuela su vida y obra para que el mártir pueda realizar un milagro bajo la intercesión de Dios y este sea aprobado por la Santa Sede para declararlo Beato.
Posterior a ello se necesitaría un segundo milagro para que la Iglesia Universal lo considere Santo y sea canonizado.
Ante la pregunta si el proceso sería largo, el prelado detalló que por tratarse de un mártir y una causa histórica, el proceso de beatificación es mucho más rápido y fácil que las beatificaciones ordinarias.
Consideró este sea un proceso corto ya que cuentan con diversos estudios, análisis y relatos que aportarían significativamente hechos considerables ante la congregación para la causas de los santos y finalmente monseñor Salvador Montes de Oca sea venerable.

Con información de El Impulso y CEV

Notitarde.- Con la celebración de una misa de acción de gracias la Arquidiócesis de Valencia dio inicio ayer a la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Salvador Montes de Oca, segundo obispo de esta ciudad, asesinado en 1944 por la tropa nazi en Italia.

El acto litúrgico que tuvo lugar en la Basílica Catedral de Valencia, fue presidido por arzobispo de Mérida, Baltazar Cardenal Porras, quien estuvo acompañado por el Cardenal Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Monseñor Reinaldo Del Prette, Arzobispo de Valencia, entre otras autoridades religiosas.

La emotiva celebración creó precedentes en la historia de la Catedral de Valencia, por tratarse de la primera vez en la que coinciden dos cardenales en una misma Eucaristía.
Se expresó el Cardenal Baltazar Porras de Montes de Oca, a quien también distinguió como un hombre apasionado por su vocación que, de acuerdo con él, amó hasta el extremo.

"Estamos viviendo una fecha memorable, una festividad singular, podemos expresarnos como el anciano Simeón: ha llegado el día de dar inicio al proceso de beatificación del Siervo de Dios".
 
Tras concluir la misa de acción de gracias, Monseñor Reinaldo del Prette procedió a constituir el Tribunal que llevará a cabo la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Salvador Montes de Oca, tras la lectura del escrito de petición enviado por la doctora Silvia Correale, postuladora de la Causa de Beatificación y Canonización.

Baltazar Porras presidirá la comisión de peritos e historiógrafos responsables de estudiar y profundizar los documentos que se relacionen con la vida y obra de Salvador Montes de Oca, de la mano con el presbítero Luis Manuel Díaz, presbítero Luis Alberto Álvarez, licenciada Mariaelena Mesta y el doctor Luis Cubillán Fonseca, quienes presentarán un documento detallado sobre la autenticidad y valor de lo recabado.

Por otra parte, el Arzobispo de Mérida presentó conjuntamente con los miembros de la Fundación "Monseñor Salvador Montes de Oca" , el libro titulado "Camino a los altares, breve biografía", del segundo obispo de Valencia del cual, un total de 4 mil ejemplares estarán disponibles para quienes deseen conocer su historia.

Para poner punto final a la actividad diocesana, el Arzobispo de Valencia procedió a develar un retrato de Monseñor Montes de Oca, que permanecerá expuesto en la Catedral de la ciudad, lugar donde reposan los restos del Mártir en la fe.


5-Ante la reciente apertura arriba mencionada del proceso para labeatificación y canonización de Mons. Salvador Montes de Oca, hemos querido hacer un recuento de lo que fue su vida.Luego del incidente del exilio antes mencionado, monseñor Salvador Montes de Oca quiso ser cartujo. En efecto, luego de volver a Venezuela le pidió permiso al Papa para tales efectos, y éste se lo concedió. En consecuencia fue a Italia y se unió a una cartuja. Sin embargo, fue asesinado junto con sus compañeros, por los nazis,en la cartuja donde se encontraba.Por su asesinato y el destierro que sufriera, es llamado “El obispo mártir”. Quiera Dios que sea un éxito la beatificación y canonización,y que también sea declarado mártir, que bien se merece todo eso.

Luis Alberto Machado Sanz.
Abogado
machadosanz@yahoo.com
@caballitonoble


Monseñor Salvador Montes de Oca. "... Muerte ejemplar, tan ejemplar como lo fue su vida...".
Trágico destino el de Salvador Montes de Oca. Desde muy joven sintió desapoderada afición por el sacerdocio; Monseñor Aguedo Felipe Alvarado, a la sazón Obispo de la Diócesis de Barquisimeto, lo llevó consigo a Roma para que perfeccionase los estudios teológicos. Ingreso el Colegio Pío Latino y hubo de señalarse por su aplicación y por las atrayentes cualidades de su persona.

Grave enfermeda le obligó a restituirse a la patria antes de terminar su carrera. En los campos de Cubiro y de Sanare se le tiene a Moseñor Montes de Oca por santo y se venera su memoria; fue allí donde recuperó la salud; a su celo religioso confió Monseñor Alvarado la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz en Barquisimeto, donde se le designó, hacia 1925, para Profesor de Filosofía del Colegio Federal en que prestó servicios de suma importancia, por la amplitud de su criterio y por el acopio de su ciencia.

Años más tarde, el Congreso Nacional le dió el nombramiento de Obispo de Valencia; por asuntos relativos al divorcio, contrarios a su credo, fue expulsado el país. Cubrió con mansedumbre franciscana la entereza de su carácter. No cejó nunca la injusticia y supo sobrellevar con decoro toda suerte de adversidades.

Camino del destierro, encerrado Monseñor Montes de Oca en el camarote de un buque, se le anunció la llegada de un funcionario del gobierno: antes de recibir la visita, ocupó el único asiento disponible para obligarlo a permanecer de pies en su presencia.

-  Monseñor-le dijo el delegado-,  le ofrezco esta carrera que le envía el general Gómez para que pueda vivir holgadamente en el exilio.

Señor- le contestó el Prelado, revestido de dignidad- Diga usted a su jefe que un Principe de la Iglesia no debe ni puede aceptar limosnas de sus perseguidores.

Por el crimen de habrindado asilo a patriotas italianos en la cartuja de Farneta adonde le habían llevado las decepciones del mundo, las hordas nazis, sin conmiseración de ningún linaje, tras vejaciones y torturas, fusilaron a Monseñor Montes de Oca, junto con otros diez monjes, el día 10 de septiembre de 1944, en Massa Apulia.

Sí, al decir de Cecilio Acosta, el Cristianismo es grande porque es una preparación para la muerte, el Obispo martír estuvo siempre preparado para ella; y así, momentos antes de que lo fusilaran, con espíritu valiente y fortalecido por la fe, hubo de decirles a sus hermanos silenciosos de San Bruno:


- El find de mis días esta muy cerca. Ruego que informen a la autoridad eclesiástica que Monseñor Montes de Oca, con ánimo sereno y contento deja esta vida terena para unirse a Dios.
 “Es preciso que Él reine”

     
“Montes de Oca llevaba en el alma un profundo afán de libertad y justicia, y lo expresaba en la mejor oportunidad, en tiempos en que el país estaba sometido a una férrea y cruel dictadura”.
El año 1994, en la catedral de Valencia, fue pronunciada esta hermosa homilía del hoy Arzobispo de Caracas. Allí se exalta la figura del joven obispo Montes de Oca y se aportan elementos para hacernos una idea de la que hoy se proyecta como gran figura de la Iglesia Católica, camino a  los altares. Su pontificado breve y “azaroso” y su distintiva  “dignidad, fortaleza, sentido de fe y firmeza, lucha por la justicia e indoblegable carácter de nuestro obispo mártir de la caridad”.




HOMILÍA EN LOS 50 AÑOS DE LA MUERTE DEL
EXCMO. SR. DR. SALVADOR MONTES DE OCA
IIº Obispo de Valencia

Basílica Catedral de Valencia
6 de septiembre de 1994
Monseñor Jorge Urosa Savino

Nos hemos congregado hoy en esta Santa Basílica Catedral, amadísimos hermanos, para bendecir al Señor por el Excmo. Sr. Salvador Montes de Oca, IIº Obispo de Valencia, en la ocasión del quincuagésimo aniversario de su heroica muerte a manos de las huestes nazis en Massa Carrara, cerca de Florencia, Italia, el 6 de septiembre de 1944. Nos hemos reunido para dar gracias a Dios por la vida, episcopado y ejemplo glorioso de ese dignísimo sacerdote del Señor que, en años difíciles, engalanó con esplendor la Cátedra episcopal de Valencia.

Aquel joven obispo, nacido el 21 de octubre de 1895 en un digno y cristiano hogar de Carora (1), recibió la ordenación episcopal en esta misma Catedral el 23 de octubre de 1927, con apenas 32 años de edad. Había escogido como lema de su pontificado las palabras de San Pablo en la carta a los Corintios: “Oportet illum regnare”, “Es preciso que Él reine”(2). Con ellas expresaba Mons.  Montes de Oca su anhelo por el triunfo de Cristo con su reinado de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz (3) en el mundo y, muy concretamente, en la extensa Diócesis de Valencia de aquel entonces, que abarcaba los territorios de Carabobo, Cojedes y el Distrito Nirgua del Estado Yaracuy. Muy valioso tiene que haber sido el Padre Montes de Oca para que a tan corta edad el Papa Pío XI lo nombrara obispo de la Iglesia en una época en la que en toda Venezuela había solamente diez diócesis.  Hoy son 28, además de los cuatro Vicariatos Apostólicos.

Las difíciles circunstancias de aquellos tiempos hicieron que su pontificado fuera breve y “azaroso”, como lo describe Torcuato Manzo (4). Montes de Oca llevaba en el alma un profundo afán de libertad y justicia, y lo expresaba en la mejor oportunidad, en tiempos en que el país estaba sometido a una férrea y cruel dictadura.  Conocido es, por ejemplo, que el Obispo presidió personalmente las exequias de un joven de apellido Mariño, encontrado ahorcado en las celdas de la Casa Páez, entonces convertida en cárcel. Su amor por la verdad y la familia, su arrojo y valentía lo llevaron a escribir su famosa pastoral sobre el sacramento del matrimonio en momentos en que el Gobernador de Valencia (5) obtenía el divorcio “y pretendía celebrar nuevo matrimonio con una dama de familia muy distinguida” (6). El exilio inmediato, sorpresivo e injusto, fue la respuesta de aquel régimen de ignominia que se valía del pretexto de la carta pastoral sobre el matrimonio para castigar la serena oposición del Prelado, para servir de instrumento de venganza a otros viles intereses distintos del asunto en cuestión, tal como lo describe el Cardenal José Humberto Quintero en su precioso libro “Para la Historia” (7), y para dar una grave advertencia al episcopado nacional y a las fuerzas contrarias al régimen. En Trinidad, el joven y recio obispo mantuvo su digna posición durante más de un año, hasta que, sin claudicación de su parte, fue revocado el decreto que lo mantenía fuera de su Diócesis y de la Patria. A su regreso a Valencia el 15 de octubre de 1931, fue recibido apoteósicamente por la Iglesia y fieles de la ciudad (8). Más tarde, circunstancias adversas, unidas a una gravísima enfermedad, lo llevaron a renunciar a la mitra valenciana, en Roma, en diciembre de 1934.

Fue esta la ocasión de la que se valió Dios Nuestro Señor para llamarlo a la gloria del martirio. Se había quedado en Italia e ingresó primero a la Congregación de los Padres Sacramentinos; luego, sintiendo el llamado a una vida de mayor entrega y consagración espiritual, abrazó la regla de los Padres Cartujos, e ingresó en la Cartuja de Farneta, cerca de Lucca, en la Toscana italiana. Allí lo sorprendió la guerra mundial y, a pesar de haber sido invitado a repatriarse por las autoridades venezolanas, decidió quedarse.  En sus propias palabras al emisario del Gobierno de entonces: “Di a nuestro Gobierno que agradezco con el alma su protección y apoyo; pero así como él me apoya a mí desde lejos, yo tengo que proteger como cristiano aquí a los que están en peligro. Mí misión es esa y está aquí y no allá. Tú sabes que la acción de Cristo y de la Iglesia es esa y no tiene fronteras ni reconoce países. Nuestro deber está al lado de los que sufren y están en peligro. Y yo debo cumplirlo hasta lo último, como lo dispuso y lo hizo el Señor. Sé que me matarán. No importa. La Historia de la Iglesia está llena de martirio y tú lo sabes bien. La sangre de los mártires fructificará mejor” (9). Así fue. Según refiere Torcuato Manzo:”El Padre Bernardo, como era llamado por sus hermanos de la Cartuja, escondía en su retiro a los que huían de las hordas alemanas. También lo hacían los otros cartujos. Pero cuando el oficial que comandaba el pelotón abrió las averiguaciones, el Padre Bernardo asumió la responsabilidad total… Las tropas de ocupación alemanas, al registrar minuciosamente el interior de la Cartuja, sacaron de ella al Prior y otros monjes, Montes de Oca entre ellos, y a los civiles, y los fusilaron cerca de Carrara, en los alrededores de Massa, arrojando los cadáveres en una fosa común” (10).  Según el relato de un compañero monje, transcrito por Manzo Núñez, nuestro IIº Obispo conservó siempre la serenidad de espíritu, y edificaba a los demás al mantenerse sonriente y alegre, “olvidado de sí, ocupado todo en confortar a los demás en el Sacramento de la Confesión y fuera de él, con especial cuidado por aquellos que se mostraban más abatidos y débiles de espíritu. Pero, sobre todo, es bello y obligatorio recordar la ofrenda que él hizo de su vida por la santificación de los sacerdotes” (11).

Hoy, amadísimos hermanos, en la que fuera su Catedral, lo recordamos emocionados ante el Señor, y damos gracias a Dios por la dignidad, fortaleza, sentido de fe y firmeza, lucha por la justicia e indoblegable carácter de nuestro obispo mártir de la caridad, a quien Dios ya recibió y coronó con la gloria del Reino. Para todos nosotros es un ejemplo en esta triste época convulsionada por las actitudes acomodaticias, por la sumisión al dinero y al poder, por la molicie y la debilidad de espíritu. Salvador Montes de Oca es, sin duda, un gran ejemplo para obispos y sacerdotes, para el clero joven de Carabobo, que puede contemplar ese paradigma maravilloso de fidelidad, autenticidad y entrega, y que tiene como intercesor en el cielo al padre y pastor en el Señor, que recibió la palma del martirio. A él y a la Santísima Virgen del Socorro encomiendo hoy ante el Señor a esta su Arquidiócesis, a nuestro Seminario, a nuestras familias, amenazadas por la disolución moral y ataques contra el matrimonio; de manera especial encomiendo a Monseñor Montes de Oca a nuestros dirigentes políticos, empresariales o laborales y culturales, para que siempre tengan como guía de sus acciones los valores de la libertad, la justicia y la solidaridad, el respeto a la persona humana y a la familia, y la honestidad tanto en la vida privada como pública. Que el Señor, que concedió a esta Diócesis en sus primeros años la gracia de un obispo mártir, haga surgir en Carabobo abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, que proclamen ante el mundo la grandeza de Cristo, y que hagan posible que su reino de amor, de justicia y de paz crezca cada día más entre nosotros.  Amén.


NOTAS:
1) Cardenal José H. Quintero, “Para la Historia”, Caracas 1978, pág. 10.
2) 1 Co. 15,25.
3) Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey.
4) Núñez, Torcuato, “Diócesis de Valencia”, Tomo I, Caracas 1975, pág. 47.
5) Ibid., pág. 55.
6) Cardenal Quintero, ibid., pág. 20.
7) Ibid., pág. 31-38.
8) Manzo Núñez, ibid. pág. 62.
9)  Ibid., pág. 68.
10) Ibid., pág. 69.

11) Ibid.