Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 19 de enero de 2014

Las tres culturas POR: ALBERTO MANSUETI (FRAGMENTO DE SU LIBRO ¿QUÉ ES EL LIBERALISMO?) · PUBLICADO EL 18/01/2014

Alberto Mansueti
Castro encuentra a Napoleón en el infierno. “Si hubieras tenido mis misiles soviéticos no perdías la batalla de Waterloo”, le dice. El corso le contesta: “Tal vez. Pero aunque la hubiese perdido, si hubiera tenido tu aparato de propaganda nadie se enteraba”. Aún con campos de “reeducación” y escapados, si Dión (Tirano de Siracusa) hubiese podido contar con un partido internacional, montando alrededor de él sus Cominforms y Cominterns con aparato de prensa, academias, y premios en las Olimpíadas, transmitiendo -por todas las islas griegas, Italia y el Asia menor- que estaba “formando el Hombre Nuevo”, nadie hubiera sabido de los campos ni de su fracaso.  El socialismo no sirvió  para producir bienes pero tuvo unas fábricas culturales muy eficientes: exactamente cada veinte años en este siglo salía una cultura política. Respectivamente: años ’20,’40,’ y 60’. Pero algo falló en los ochenta, y por eso –entre otras razones- reapareció el liberalismo. Cada una tenía sus expresiones intelectuales y estéticas: modas de pensamiento y “olas” vanguardistas en literatura y bellas artes.  Sus “ideales” mitos y leyendas abundantes y de ocasión.  Sus circuitos de comunicación y retransmisión ampliada y a distancia para todos sus baratillos filosóficos y enredos políticos. Sus maquinarias de control, con recompensas y premios: viajes, becas, cátedras, publicaciones, promociones; y castigos: silencios, insultos, mentiras piadosas e impías, difamaciones, listas negras y prestidigitación. Un truco: se borraba un hecho del pasado y se le fabricaba otro encima o se le maquillaba. Así sobrevivía el socialismo. La primera vez fue en los años ’20.  Fue la cultura de octubre 1917, del “estuve en el futuro y funciona” (dicho por el periodista norteamericano Lincoln Steffen), el “Acorazado Potemkin”,”Einsenstein”, “Así se templó el acero”, Trotzki el Ejército Rojo, la guerra contra la intervención extranjera y los “blancos”, la Kollontai y el asalto al Palacio de Invierno. La Luxemburgo. Puros héroes, Lenin incluido, todos apasionados y románticos, justicieros, para el bronce, para la posteridad, para ser eternizados. (Y heroínas.) El arte futurista, los adelantados estéticos y científicos, y hasta el progreso ético, era o sería comunista. Fue la cultura de Charles Chaplin. Lenin había entrevisto las posibilidades del cine; Hitler respetuoso confirmó ésta intuición (y otras.) Mentirosa cultura. El putsch leniniano no fue contra los zares sino contra una democracia incipiente: la de la Duma, la de Kerenski. La realidad: aplastada debajo de la leyenda; ¿a quién le importaba?, aún sin tecnicolor la leyenda era bella, glamorosa, con suficientes santos, víctimas redimidas, caballeros andantes y villanos odiosos. Había además el comisariato de  información encandilando con “estadísticas”; y turismo revolucionario con desfiles de “intelectuales” maravillados por los Planes Quinquenales. Lo que no había: comida. Pero esto se podía disfrazar y ocultar  – como los procesos amañados  y los fusilamientos-  con los engranajes  productores, manipuladores y comercializadores de imágenes y símbolos. Listos para el toque en los puntos álgidos de las masas: estereotipos y prejuicios, ideales y sentimientos con los cuales podía lograrse la identificación vicaria; y en los de las élites: condecoraciones, “crítica”, universidades, prensa, Congresos Mundiales, dieta rica para el narcisismo. El comunismo era respetable e influyente en los ’20, incluso en EEUU era de buen tono ser socialista. En la URSS el hambre no cejaba; hacia los ’30 ya el entarimado se estaba viniendo abajo y se veían los rotos, descosidos y remiendos… pero ahí apareció otra cultura de repuesto enseguida, fabricada especialmente para la oportunidad. Se hizo creer primero que la Gran Crisis lo había sido del capitalismo y no de las manipulaciones monetarias de inspiración socialista. Fue la cultura de los años ’40. Precocida antes, con la Guerra de España: “No pasarán” y el Ejército del Ebro, y la Pasionaria. Cultura generalizada y universalizada –vía García Lorca, pero sólo después de 1941 y la ruptura con Hitler- como antifascista: la Resistencia, los maquis, los partisanos, los guerrilleros titoistas, el sitio de Stalingrado. Los despachos de los periódicos neoyorkinos de Praga o Belgrado confirman posgrados en escamoteo, mentira, falsificación, encubrimiento, diversionismo y otras materias. Se comunista volvió a ser heróico. El heroísmo se podía tomar prestado, disfrazarse y disfrazar con él. Gracias a Franco, ser comunista había vuelto a ser respetable en los ’40, incluso en Hollywood, no por casualidad el reino de la fantasía, la fábrica de sueños: en la propaganda eran insustituibles los guiones sobre titánicos semidioses. Igual que veinte años antes, más heroísmo de sobra; más leyenda para repartir.  Esta segunda cultura también tuvo sus poetas y sus “científicos” y su “Guernica” y sus canciones. Y sus mentiras, y sus hechos botados o cambiados o cubiertos por el folklore (o con títulos sobreimpresos como en los filmes) encima de las realidades: los genocidios y crímenes del Ejército Rojo, la decena de democracias este-europeas de posguerra cobardemente abortadas en beneficio de otros tantos golpes de mano comunistas. El sistema seguía de dejar a la gente subsistir, ahora en un puñado de países – y con más juicios fraudulentos y fusiladera- pero poco de ellos se sabía. Producía el “aparato” desinformación y cultura política al mayoreo: consignas y esperanzas… que no podía satisfacer. La red cultural funcionaba: la reescritura de la historia transformó pronto la rebelión húngara de 1956 en un golpe de la CIA, y otra vez, antes que la masa de exiliados encontrara algún oído y toda la tramoya se descubriera, apareció la cultura de repuesto. Fue la cultura de los ’60.  Empieza con el  “macarthysmo”, era el coco: ¡Qué  hombre tan maluco ! ¿ Por qué será que la tiene cogida con los periodistas y los artistas de Hollywood? Y después viene Castro, y Sartre se traiciona a sí mismo. Comenzó la cultura de la “Revolución” de Fidel y el Ché y el “Hombre Nuevo”. El “Moncada” fue su Palacio de Invierno, el episodio legendario Cosmogónico. Y estaba la Guerra de Vietnam, con las manifestaciones de Jane Fonda, la propaganda antinuclear “de un solo lado”. Y el Che en Bolivia, un Cristo… Más pose heróica, más busto, más sentimiento. Y para los “pensantes”, el “estructuralismo”. Para los activistas, el antineocolonialismo. Había cultura para todos los gustos: estaba el Concilio Ecuménico, y enseguida su convergencia en los dos sistemas. Y el Mayo francés para los soñadores. Y el tercermundismo para todos, montado alrededor del “Tío Ho”.  Fue la cultura de “La Casa de las Américas” y de la “Escuela de Cine “  de San Antonio de los Baños. (¡ Siempre el cine!). Hoy parece increíble, pero esta fue la cultura del Muro, la que apoyó el Muro de Berlín  como una necesidad del socialismo para defenderse del consumismo, el rock y las vitrinas occidentales. Escondió el fracaso de la descolonización.  Y olvidó en seguida los tanques soviéticos en Praga, para ocuparse de Pinochet con todos los hierros.  De Pol Pot jamás se ocupó. No hubo cultura socialista después. Y no por las consecuencias de la “Primavera” y los tanques; de haber funcionado como siempre la botonera y la tramoya, la cuestión se resolvía como antes. Fue que la película de Vietnam se acabó y no hubo siguiente guerra. Eso. El socialismo  terminó porque en los años ’80 tenía que haber cultura de repuesto y no estuvo a la mano cuando se la necesitó como las otras tres veces. ¿ Qué había ocurrido ? Luego de Vietnam –golpe duro ese de los telediarios, mostrando, las matazones “in dinner hour”- vino un repliegue militar. Para Occidente, cero guerra en los ’80. El socialismo quedó librado  a sus propios medios; no pudo hacer entonces lo de las tres oportunidades anteriores: disfrazar su incapacidad a punta de algún heroísmo romántico en un contexto bélico, identificando un enemigo universal y concentrando los focos lumínicos, bien machacado con repetición saturante por los altavoces – y reforzado con aparato de poner y quitar lauros y famas- escondiendo con la música de fondo su absoluta ineptitud para permitir que la gente produzca. Y después de los militares, se replegaron en el otro bando los artistas y actrices, algunos hasta se cambiaron, empezando por Ives Montand y Simone Signoret. (Ellos lograron, sin querer, lo que no logró Westmoreland y demás generales de Saigón.)  Cuando la utilería , los decorados, vestuario, maquillajes, sonido, luces y efectos especiales se vinieron abajo, su inutilidad se vio al desnudo y el socialismo quedó enredado en el cablerío y en descubierto no aguantó: no duró ni tres meses. - See more at: http://www.frentepatriotico.com/inicio/2014/01/18/las-tres-culturas/#sthash.71xA0GcS.dpuf

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