Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

jueves, 27 de noviembre de 2014

La verdad es que eso de que Venezuela aparezca, según el Índice del Planeta Feliz, entre los 10 países más felices del mundo, me tiene otra vez confundido y pasmado. El HPI mide hasta qué punto un país procura una vida larga, alegre y sostenible para sus habitantes, aunque lo cierto es que el relato emocional de los venezolanos de carne y hueso que conocemos y encontramos es diametralmente opuesto al del Planeta Feliz. Estamos chéveres de la máscara para afuera.

¿Qué hacer con tu emoción?

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La verdad es que eso de que Venezuela aparezca, según el Índice del Planeta Feliz, entre los 10 países más felices del mundo, me tiene otra vez confundido y pasmado. El HPI mide hasta qué punto un país procura una vida larga, alegre y sostenible para sus habitantes. Pienso en Luis Manuel Camejo, uno de los 40 cadáveres ingresados en la morgue de Bello Monte el fin de semana pasado, el joven de 27 años de edad al que asesinaron para robarle el dinero destinado a la compra de los regalos navideños de su hija, y les juro que me es imposible imaginar a sus familiares sintiendo que llevan la mejor vida posible o que el bienestar y la expectativa de vida de los venezolanos es muy superior a la de los alemanes o singapurenses. Aquí hay gato encerrado. Y me huele a que estamos frente a lo que Sigmund Freud llamó hace mucho tiempo racionalización, un mecanismo de defensa que busca justificar la propia condición para ocultar los sentimientos de ansiedad, dolor e inferioridad que de otro modo producirían una  insoportable tensión. Porque lo cierto es que el relato emocional de los venezolanos de carne y hueso que conocemos y encontramos es diametralmente opuesto al del Planeta Feliz. Estamos chéveres de la máscara para afuera.
¿Qué hacer con nuestras emociones?, se ha vuelto una pregunta crucial, no solo para la supervivencia cotidiana de cada uno de nosotros sino para la vida política de la nación. ¿Qué hacer con la frustración, la incertidumbre, la desesperanza, la impotencia, el miedo? Los venezolanos vivimos con las emociones a flor de piel, crispados, al borde de un ataque de nervios. El nuevo liderazgo que surja en el país será el que logre expresar y dar significado a esas emociones para convertirlas en pautas y fuerza de acción política. Mientras tanto, nos toca el trabajo personal para no caer en la depresión, la desesperación o el vacío. Y el primer paso es, por supuesto, reconocer nuestras emociones, diferenciar los sentimientos, no ocultar bajo un superficial y vano cheverismo lo que muy dentro nos pasa. Para manejar y superar una emoción tenemos que, primero, hacerla consciente. Pero no basta con reconocer lo que sentimos. En situaciones de crisis colectiva, compartir es importante. La solución no es escapar, aislarse o distanciarse porque pensemos que nada podemos hacer individualmente. La alternativa al colapso del país no es la preocupación sino la ocupación, la acción decidida en formas organizadas de participación social y política.

Trágicas banalidades


“Por un quítame allá esas pajas”, se decía antes cuando un conflicto grave se había producido con una motivación banal. Era frecuente, en una discusión entre muchachos, que uno de ellos se pusiera una paja o un palito sobre el hombro y le gritara al otro: “a que no me la quitas”. Si se la quitaba, lo cual solía suceder por motivos de honor, ambos se entraban a golpes, cosa que no pasaba de ser una chiquillada resuelta a moretones. Hoy las chiquilladas, con alarmante frecuencia, se resuelven a tiros con saldo de muertos. Ninguna violencia, especialmente si acaba en asesinato, tiene motivación justificadora pero algunas se pudieran explicar por la gravedad de situaciones, intereses o pasiones. Lo que preocupa profundamente es cuando en una sociedad como la actual venezolana, aumentan vertiginosamente las violencias asesinas cuyas motivaciones son tan banales que no es posible darles ni siquiera una mínima explicación. Tengo en el escritorio de mi computadora una carpeta titulada “Violencia inmotivada” donde he acumulado para este año unos cuarenta casos, tomados de la prensa, sólo en Caracas. Marcan una tendencia muy alarmante: disposición a matar “por un quítame allá esas pajas”.
Algunos casos: un hombre se tropezó con la mesa en la que conversaban dos amigos. Quizás se lastimó un dedo del pie. Salió, regresó y disparó a los dos. Un albañil fue atacado y muerto por dos delincuentes de la zona que se molestaron porque el hombre los miró mal. La señora casi es atropellada por un vehículo; su esposo llama la atención al conductor por su imprudencia; bajan dos sujetos del carro y lo acribillan. En una fiesta callejera una joven tropieza a un muchacho el cual reclama; el novio de la joven grita: “Con mi novia no te metas”; y le dispara. El malandro preguntó por una persona; el interrogado no respondió; el malandro disparó. Sin querer rompió una botella de licor que estaba en el suelo; comenzaron a golpearlo; un amigo salió a defenderlo y discutió con una mujer; el novio de ésta le dio siete tiros por la espalda. Le exigieron el morral; el muchacho lo tiró al suelo; los malandros se molestaron y lo mataron. Les pidió a los malandros que guardaran sus armas porque había niños; ellos lo mataron. “No acepto el chalequeo” le dijo a quien le tomaba el pelo y le disparó en la cabeza.
¿Se estará formando un tipo de hombre según el modelo del asesino, desprovisto de conciencia moral, implacable, frío, para quien la vida de los demás vale tanto como una paja sobre el hombro de un muchacho? También el crimen será banal.

Asaltos revolucionarios


En los inicios de la revolución rusa por las calles de Moscú reinaba el caos y la ley recaía en las manos de la fanatizada policía bolchevique o de sus obedientes jueces, que, a la vez, confraternizaban con las bandas del crimen organizado.
Entre estas dos fuerzas del mal (como ocurre hoy por estos predios) se movía el ciudadano sin saber si al cruzar la calle los esperaba el cruel bandidaje comunista y sus jueces o la ferocidad de los ladrones.
Los comunistas detenían a los sospechosos y allanaban los hogares arrasando con todo: papeles, cartas y manuscritos que ayudaran a acusar falsamente al detenido como “contrarrevolucionario y espía de alguna potencia”.
De esa manera y con el auxilio de jueces cómplices encarcelaban y torturaban a gente inocente a la cual despojaban de sus propiedades, los llevaban a la miseria y a la muerte.
Aquí en Venezuela una juez y una fiscal están aplicando ese tipo de justicia express de los viejos comunistas: primero mandan a la Guardia Nacional a ocupar el objeto de sus ambiciones y luego, sin investigación, tribunal ni expediente conocido y mucho menos juicio (que se sepa) ni derecho a la defensa, se apoderan del Hotel Perlamar, en Margarita.
Estas señoras llegaron acompañadas de varios efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana con la intención de tomar posesión y custodia del hotel debido a un juicio sobre presuntas irregularidades relacionadas con el uso ilegal de divisas.
La acusación es totalmente falsa porque el financiamiento de la obra se ha llevado a cabo por intermedio de bancos venezolanos de conocida solvencia, como se demostró en una visita anterior de las autoridades a quienes se les hizo entrega de la documentación respectiva.
“Hasta hoy no hemos sido enterados que exista un juicio por lavado de capitales aquí en Venezuela ni mucho menos en el exterior. En Estados Unidos no nos han alertado sobre alguna irregularidad atribuible a nuestra compañía”, dijo un vocero de la empresa. “De hecho, nuestro principal accionista viajó esta semana para comprobar en el Departamento del Tesoro estadounidense si existía algún reclamo y allí le reafirmaron que todo estaba en orden”.
Algunos funcionarios del Tesoro preguntaron, “off de record” si por fin los generales del Cartel de los Soles iban a viajar a Estados Unidos para conversar con ellos: “Aquí los esperamos para atenderlos muy bien. No deben tener miedo, sólo queremos conversar y hacerles unas preguntitas”.
La ocupación del Hotel Perlamar por tiempo indefinido o hasta que termine el juicio (¿en qué juzgado?) no es más que un atropello contra los empresarios que invierten su dinero en el área de turismo. El Estado no puede tomar a la fuerza una propiedad privada por razones partidistas o políticas, no debe apelar al terrorismo judicial ni inventar una nueva forma de expropiación por razones personales.
El gobierno utiliza de nuevo a sus fiscales y jueces rojitos como verdugos de quienes tienen el valor de criticarlos y de denunciar sus atropellos.

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