Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 20 de noviembre de 2016

Papa Francisco a nuevos Cardenales, entre los cuales esta Baltasar Porras, Arzobispo de Merida y ahora Cardenal: "Luchen contra el virus de la enemistad en el mundo" Por Álvaro de Juana

El Papa pronuncia la homilía en el Consistorio. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa pronuncia la homilía en el Consistorio. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El nuevo Cardenal Baltazar Porras. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El nuevo Cardenal Baltazar Porras. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
VATICANO, 19 Nov. 16 / 05:32 am (ACI).- Desde hoy la Iglesia Católica tiene 17 nuevos cardenales –13 de ellos con derecho a voto en el caso de que se celebrase un cónclave– procedentes de varias partes del mundo.
El Papa Francisco remarcó precisamente este dato y en su homilía les advirtió del peligro de dejarse alcanzar por la mundanidad que rechaza amar al prójimo tal y como es.
Los 13 nuevos cardenales con derecho a voto son: Mario Zenari, que permanece como Nuncio Apostólico en Siria. Nacionalidad italiana; Dieudonné Nzapalainga, Arzobispo de Bangui (República Centroafricana); Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Madrid (España); Sérgio da Rocha, Arzobispo de Brasilia (Brasil); Blase J. Cupich, Arzobispo de Chicago (Estados Unidos); Patrick D’Rozario, Arzobispo de Dhaka (Bangladesh); Baltazar Enrique Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida (Venezuela); Jozef De Kesel, Arzobispo de Malines-Bruxelles (Bélgica); Maurice Piat, Arzobispo de Port-Louis (Isla Mauricio); Kevin Joseph Farrell, Prefecto del Dicasterio para Laicos, la Familia y la Vida (Estados Unidos); Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla (México); John Ribat, Arzobispo de Port Moresby (Papúa Nueva Guinea); Joseph William Tobin, Arzobispo de Indianápolis (Estados Unidos).
Los 4 cardenales mayores de 80 años son: Anthony Soter Fernandez, Arzobispo Emérito de Kuala Lumpur (Malasia); Renato Corti, Arzobispo de Novara (Italia); Sebastián Koto Khoarai, Obispo Emérito de Mohale’s Hoek (Lesoto, África); P. Ernest Simoni, sacerdote de la archidiócesis de Shkodrë-Pult (Scutari - Albania).
En su homilía, el Papa Francisco recordó que la “nuestra es una época caracterizada por fuertes cuestionamientos e interrogantes a escala mundial”. “Nos toca transitar un tiempo donde resurgen epidémicamente, en nuestras sociedades, la polarización y la exclusión como única forma posible de resolver los conflictos”.
El Papa puso a continuación algunos ejemplos sobre esta realidad. “Vemos cómo rápidamente el que está a nuestro lado ya no sólo posee el estado de desconocido o inmigrante o refugiado, sino que se convierte en una amenaza; posee el estado de enemigo. Enemigo por venir de una tierra lejana o por tener otras costumbres. Enemigo por su color de piel, por su idioma o su condición social, enemigo por pensar diferente e inclusive por tener otra fe. Enemigo por… Y sin darnos cuenta esta lógica se instala en nuestra forma de vivir, de actuar y proceder”.
“Entonces, todo y todos comienzan a tener sabor de enemistad. Poco a poco las diferencias se transforman en sinónimos de hostilidad, amenaza y violencia”, indicó.
El Santo Padre aseguro que son muchas las heridas que “crecen por esta epidemia de enemistad y de violencia, que se sella en la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de esta patología de la indiferencia”.
“Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento se siembran por este crecimiento de enemistad entre los pueblos, entre nosotros. Sí, entre nosotros, dentro de nuestras comunidades, de nuestros presbiterios, de nuestros encuentros”.
El Papa cree que “el virus de la polarización y la enemistad se nos cuela en nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar”. “No somos inmunes a esto y tenemos que velar para que esta actitud no cope nuestro corazón, porque iría contra la riqueza y la universalidad de la Iglesia que podemos palpar en este Colegio Cardenalicio”.
“Venimos de tierras lejanas, tenemos diferentes costumbres, color de piel, idiomas y condición social; pensamos distinto e incluso celebramos la fe con ritos diversos. Y nada de esto nos hace enemigos, al contrario, es una de nuestras mayores riquezas”.
El Evangelio que se proclamó fue el de Lucas en el que Jesús, en una parte del Sermón de la Montaña, pide a los discípulos amar al enemigo. Francisco explicó que “el llamado de los apóstoles va acompañado de este ‘ponerse en marcha’ hacia la llanura, hacia el encuentro de una muchedumbre que, como dice el texto del Evangelio, estaba ‘atormentada’".
“La elección, en vez de mantenerlos en lo alto del monte, en su cumbre, los lleva al corazón de la multitud, los pone en medio de sus tormentos, en el llano de sus vidas".
"De esta forma, el Señor les y nos revela que la verdadera cúspide se realiza en la llanura, y la llanura nos recuerda que la cúspide se encuentra en una mirada y especialmente en una llamada: ‘Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso’".
El Papa señaló que existen 4 imperativos o exhortaciones de Jesús hacia ellos: “Creo que en estos aspectos todos podemos coincidir y hasta nos resultan razonables”, dijo. "Podríamos decir que son cuatro etapas de la mistagogia de la misericordia: amen, hagan el bien, bendigan y rueguen. Son cuatro acciones que fácilmente realizamos con nuestros amigos, con las personas más o menos cercanas, cercanas en el afecto, en la idiosincrasia, en las costumbres”.
Sin embargo, estas acciones tienen como destinatarios los “enemigos” y recordó las palabras exactas de Jesús: “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman”.
“Y estas no son acciones que surgen espontáneas con quien está delante de nosotros como un adversario, como un enemigo. Frente a ellos, nuestra actitud primera e instintiva es descalificarlos, desautorizarlos, maldecirlos; buscamos en muchos casos ‘demonizarlos’, a fin de tener una ‘santa’ justificación para sacárnoslos de encima. En cambio, Jesús nos dice que al enemigo, al que te odia, al que te maldice o difama: ámalo, hazle el bien, bendícelo y ruega por él”.
Francisco reconoció que es aquí donde “radica la fuente de nuestra alegría, la potencia de nuestro andar y el anuncio de la buena nueva”.
“El enemigo es alguien a quien debo amar. En el corazón de Dios no hay enemigos, Dios tiene hijos. Nosotros levantamos muros, construimos barreras y clasificamos a las personas. Dios tiene hijos y no precisamente para sacárselos de encima”.
El POntifice recordo que el amor de Dios es “amor de entrañas, un amor maternal / paternal que no las deja abandonadas, incluso cuando se hayan equivocado”.
“Nuestro Padre no espera a amar al mundo cuando seamos buenos, no espera a amarnos cuando seamos menos injustos o perfectos; nos ama porque eligió amarnos, nos ama porque nos ha dado el estatus de hijos”.
En definitiva, “saber que Dios sigue amando incluso a quien lo rechaza es una fuente ilimitada de confianza y estímulo para la misión. Ninguna mano sucia puede impedir que Dios ponga en esa mano la Vida que quiere regalarnos”.
El Pontífice concluyó su homilía recordando a los nuevos purpurados que “Jesús nos sigue llamando y enviando al ‘llano’ de nuestros pueblos, nos sigue invitando a gastar nuestras vidas levantando la esperanza de nuestra gente, siendo signos de reconciliación”.
“Como Iglesia, seguimos siendo invitados a abrir nuestros ojos para mirar las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad”, afirmó.
“Querido hermano neo Cardenal, el camino al cielo comienza en el llano, en la cotidianeidad de la vida partida y compartida, de una vida gastada y entregada. En la entrega silenciosa y cotidiana de lo que somos. Nuestra cumbre es esta calidad del amor; nuestra meta y deseo es buscar en la llanura de la vida, junto al Pueblo de Dios, transformarnos en personas capaces de perdón y reconciliación”.
“Querido hermano, hoy se te pide cuidar en tu corazón y en el de la Iglesia esta invitación a ser misericordioso como el Padre”, subrayó.
Por otro lado, el purpurado Baltasar Porras contó que en los días precedentes al Consistorio pudo conversar con el Papa Francisco “de todo su interés sobre la Iglesia universal, la paz en el mundo y también por la situación de Venezuela”.

Cardenal Baltazar Porras: En El Vaticano hay un enorme interés por Venezuela

Baltazar Porras es creado cardenal | Foto: Efe
Baltazar Porras es creado cardenal | Foto: Efe
El arzobispo de Mérida llamó a utilizar la fe como impulso para promover el trabajo, la unión y el respeto entre los venezolanos 

El arzobispo de Mérida, Baltazar Porras, fue creado cardenal en una ceremonia oficiada este sábado en El Vaticano. Tras el acto, ofreció declaraciones en las cuales aseguró que la Iglesia tiene interés en lo que ocurre en Venezuela.
Globovisión reseñó las palabras de Porras: "Yo siento que hay un enorme interés por Venezuela (...) Yo creo que esto tiene que ser para todos nosotros un consuelo, en el sentido de que haya una percepción de que la crisis que existen están es para superarlas y que tienen que ser con ese coraje, con esa constancia para buscar el bien (...) Todas estas manifestaciones son expresión del anhelo de todos los venezolanos".
"La fe no nos da la solución de las cosas, pero si nos invita a trabajar, a unirnos, a respetarnos los unos a los otros y en eso no debemos ceder nunca (...) las situaciones difíciles están para superarlas y está en nuestras manos con la ayuda del Señor", agregó el sexto cardenal venezolano.

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TEXTO: Homilía Papa Francisco en el Consistorio para la creación de 17 nuevos cardenales http://bit.ly/2fdVnRM 

Los cardenales rebeldes del Vaticano que acusan al papa Francisco de hereje

Cardenales (Foto: AFP / GETTY IMAGES)
Cardenales (Foto: AFP / GETTY IMAGES)
Los representantes del catolicismo señalan que Francisco ha generado "grave desorientación y gran confusión entre muchos creyentes"

Una carta pública y una rebelión en ciernes: un grupo de cardenales ha expresado preocupación por las enseñanzas del papa Francisco y lo ha acusado de causar confusión en asuntos clave para la doctrina católica.
En una carta dada a conocer esta semana, cuestionan al Pontífice por su exhortación apostólica Amoris laetitia("La alegría del amor"), un documento que intenta abrir nuevos caminos para los divorciados católicos y delinear una Iglesia más tolerante en aspectos relacionados con la familia.
En rigor, la misiva no es nueva: la enviaron en septiembre, con cinco preguntas concretas que requerían sólo un "sí" o un "no" como respuesta por parte del Papa para aclarar lo que los cardenales consideran dudas o imprecisiones que tocan directamente "la integridad de la fe católica".
Los cuatro altos prelados, representantes de los sectores más conservadores del catolicismo, apuntan que Francisco ha generado "grave desorientación y gran confusión entre muchos creyentes".
Y le piden solución para las "interpretaciones contradictorias" que se desprenden de su tratado sobre el amor.
Mar de fondo
Avalada por cuatro cardenales -funcionarios del más alto rango de la jerarquía eclesiástica-, la carta representa una muestra abierta de rebeldía, que refleja el descontento de los tradicionalistas en el seno de la Iglesia.
Los firmantes son tres cardenales retirados: los alemanes Walter Brandmüller y Joachim Meisner, y el italiano Carlo Caffarra; más el estadounidense Raymond Leo Burke, el único en funciones aunque degradado en 2014 de un alto cargo en la Signatura apostólica y crítico asiduo del actual Papa.
Afirman que eligieron difundirla después de esperar dos meses por una respuesta del Pontífice que nunca llegó.
Pero detrás del comunicado se vislumbra una confrontación mayor entre facciones del catolicismo que ya se había esbozado al momento de la publicación deAmoris laetitia, en abril de este año.
Este tratado, de 260 páginas, es una guía de la vida en familia que propone una aceptación por parte de la Iglesia de algunas realidades de la vida moderna.
En él se pide una mirada compasiva, en lugar de crítica, de las "familias heridas" o divididas, y se exhorta a los sacerdotes a tratar con compasión, por ejemplo, a los católicos divorciados y vueltos a casar, alegando que "nadie puede ser condenado para siempre".
La exhortación había sido muy esperada entre los 1.300 millones de católicos del mundo y fue una de las jugadas fuertes del Papa para darle su impronta a una Iglesia que pueda considerarse más abierta e inclusiva.
Sin embargo, grupos de teólogos y obispos reclamaron entonces que la Amoris laetitia estaba plagada de imprecisiones que daban lugar a interpretaciones contradictorias de la doctrina.
Ahora, el momento en que los cuatro cardenales eligieron dar a conocer su carta no es casual, señalan expertos en temas vaticanos: ocurre poco después de que se filtró una comunicación del Papa con los obispos de su natal Buenos Aires, en la que el líder sugería una interpretación de su documento pastoral que había sido considerada "herética" por uno de los cardenales signatarios.
En particular, el polémico capítulo ocho de Amoris laetitia, que habla de la posibilidad de que los divorciados que vuelven a contraer matrimonio civil, sin haber conseguido la anulación de su unión religiosa, puedan recibir la comunión.
Esto no lo ha permitido la iglesia por siglos, por considerar quetodo intento de vivir en pareja tras una separación representa una unión "irregular" y un acto de adulterio, salvo que se abstengan de tener relaciones sexuales y convivan "como hermano y hermana".
El documento papal no cambia la doctrina, pero abre las puertas a que los obispos de cada país la interpreten de acuerdo a la cultura local y contemplen cada caso particular.
Si hay factores que limitan la "responsabilidad y culpabilidad" del divorciado, escribió el Papa, entonces "la Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía".
"No hay otra interpretación", remató Francisco en su carta a los obispos argentinos, considerada una nota al pie de la exhortación apostólica.
En el ojo público
La carta de los cardenales díscolos, difundida el lunes, interroga precisamente al Papa sobre esta cuestión.
Lo hace mediante dubias, preguntas teológicas que requieren una respuesta negativa o positiva, sin más, y que son un mecanismo para resolver dilemas referidos a los sacramentos o a normas morales absolutas.
La primera dubia cuestiona si, contra lo que habían establecido Papas anteriores, "ahora es posible absolver" o "dar la santa comunión a una persona que, aunque atado por un vínculo matrimonial, vive con otra persona como marido y mujer", lo que contradice expresamente una encíclica de 1981 del Papa Juan Pablo II.
La falta de respuesta del Pontífice a esta y otras cuatro preguntas llevó a la decisión de hacer pública su preocupación, señalan los cardenales, según les dicta su "conciencia de responsabilidad pastoral".
Pero niegan que se trate de un ataque "conservador" contra los sectores "progresistas" de la Iglesia, ni de un "intento de hacer política en la Iglesia" o sublevarse frente al Papa, con quien los une "un afecto colegiado".
La entrelínea política
Sin embargo, la lectura política del reclamo que cobró estado público no tardó en llegar. Ocurrió con la carta ahora, pero había ocurrido antes con la Amoris laetitia.
Entre los teólogos más conservadores, se sostiene la idea de que las enseñanzas modernizadas del Papa sobre las familias y los divorciados católicos son en parte "sacrílegas" y "pueden justificadamente ser consideradas heréticas",como señala Steve Skojec, cofundador y director de la publicación católica One Peter Five.
Lo ven como un movimiento del Papa tendiente a relajar las normas morales que debilitará los fundamentos de la Iglesia.
Otros, en tanto, consideran que la polémica Amoris laetitia no tiene peso suficiente, ni mucho menos lo tiene la carta filtrada a los obispos porteños, como para alimentar una revuelta entre cardenales.
Y apuntan que ambas deben ser leídas en línea con la tradición católica preexistente.
Lo cierto es que la carta no es la primera interpelación al líder del catolicismo: en julio, 45 teólogos y eclesiásticos firmaron otra misiva, dirigida al Colegio Cardenalicio, en el que pedían clarificaciones a Francisco.
Y las cuestiones relacionadas con el divorcio -así como con la homosexualidad, la educación sexual, la inequidad económica, la responsabilidad frente al cambio climático y otros temas ríspidos para la jerarquía católica- están destinadas a dejar al desnudo la línea de fractura entre el Papa y los sectores más conservadores bajo su tutela.
"El Papa no ha cambiado la doctrina, sino que ha abierto puertas para una mayor conexión con los católicos en asuntos como el divorcio y para la consideración de casos particulares", apunta la periodista Caroline Wyatt, por muchos años encargada de temas religiosos en la BBC.
"Pero los tradicionalistas dirán que el Papa abre un camino al caos futuro, al introducir la idea de que eso de 'una misma talla sirve para todos' dentro de la Iglesia podría no ser la manera de avanzar".
En el otro extremo, apunta Wyatt, siempre estarán los liberales, también descontentos pero en este caso porque no se ha hecho suficiente en el postergado proceso de modernización del catolicismo: esperan "algo que el Papa nunca será capaz de entregar".