Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 7 de junio de 2014

La lectura que yo daría es hasta qué punto no se parroquializó al extremo la ciudad. Hasta qué punto cada lugar de Caracas se divorció del otro, hasta qué punto se dejó de ser un todo para ser pequeños cantones, fragmentos sin conexión. Hay en la historia una Altamira derrotada, en sombras, en oscuridad, en incertidumbre, como si solo fueran zombis.

Entrevista a Israel Centeno, escritor

"Venezuela hoy espanta"

"La literatura no puede asumir el papel de los partidos ni los líderes políticos. La literatura no puede salvar a nadie. El poder se ha convertido en un elemento que persigue, que tortura, que caza".

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El narrador acaba de publicar la novela “Jinete a pie” (cortesía)
DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL
domingo 25 de mayo de 2014  11:10 AM
Israel Centeno (Caracas, 1958) recreó una Venezuela postapocalíptica en su nueva novela. "Jinete a pie" es una historia de amor fragmentada en un mundo dominado por motorizados (publicada por Lector Cómplice).  Hay peatones que deben sobrevivir a la cacería impuesta por las hordas que ejercen el poder, hay voces que intentan reconstruir su pasado, darle continuidad a su memoria.

–Nosotros tenemos la incapacidad de recordar cosas que sucedieron hace apenas dos años. La dinámica de Venezuela hace que olvidemos lo anterior. Es un ambiente muy tóxico donde todo se distorsiona. Yo veo a mis personajes como si vivieran una pesadilla dentro de un espejo donde son reflejados de muchas maneras. Cuando me acerco a mi país, ese es el tipo de historia que me sale, ese es el discurso que atrapo.

Jinete a pie es el inicio de una trilogía  en la que se plantea la deconstrucción de la modernidad en Venezuela en un ambiente de realismo gótico. Transcurre en una Altamira  que, según uno de sus personajes, en algún momento fue el último reducto de la resistencia. Porque el país se parece, asegura Centeno, a una historia de misterio, o de terror.

–En Venezuela hoy se rompe, se fractura la racionalidad. Hasta se celebra a la muerte cuando se lleva a un enemigo. Vemos la aparición de figuras que se confunden, que pueden ser vampiros, brujas, políticos.  La realidad del país espanta. Mucho más que los cuentos de terror gótico del siglo XVIII o XIX. Ves rituales ligados a la política. El hecho de haber desenterrado a Simón Bolívar, de haberle gritado ‘Patria, socialismo o muerte', es algo escalofriante. Eso lo pones en otro escenario y llena de miedo a cualquiera. Imagínate que aparezca todo el poder francés y le rinda culto a las cenizas de Napoleón Bonaparte. Eso los llenaría de pánico. Hugo Chávez caminó a la muerte rodeado de un misticismo extraño. Nicolás Maduro durmió en la tumba de Chávez. No he visto algo más gótico que eso. Hay un castillo al pie de la montaña, una tumba en el castillo. Tenemos elementos para explotar la literatura gótica por 200 años.

Israel Centeno trata de entender al país a través de la ficción. Nadie que  escriba en Venezuela puede escapar de reflejar nuestra realidad, de interpretarla, de analizarla. Porque en momentos de crisis, de violencia, de confrontación social, de muertes, un escritor no puede hacer mucho más.

–La literatura no puede asumir el papel de los partidos ni de los líderes políticos. La literatura solamente hace lo que suele hacer: establecer conexión y vínculos con la realidad, la ficción, la verdad. Escribir en cualquier ámbito es una manera de resistir, es una posición política. Yo no puedo hacer más nada. La literatura no puede salvar a nadie, pero puedo continuar escribiendo. Cualquier publicación que se haga en este contexto es un gesto político que no va a liberarnos. Yo no voy a desembarcar en Caracas con libros ni pretenderé decirle a la gente que mientras más lee es más libre. No se puede esperar del escritor que sea más inteligente que todo el mundo,  que construya una verdad para que el resto se vaya detrás de ella. Creo que ha sido una maldición para los venezolanos creernos mesías. Yo no quiero esa heroicidad.

Hay uno de los protagonistas de Jinete a pie que dice que sin derechos todos somos iguales, que esa es la igualdad posible. Hay muchas voces en la novela que pretenden tener la verdad. Israel Centeno cree que el país actual apunta a eso.

–Todo el mundo es igual en un campo de concentración; todo el mundo es igual cuando está en un mercado sin comida. Cuando la igualdad te la imponen de tal manera te despojan de tus derechos. Cuando no puedes comprar dólares te igualan. Cuando a todos nos asesinan, somos iguales. El venezolano sufre de una violencia desbordada que es política de Estado. Es una manera de igualar. La impunidad le quita el derecho al ciudadano para gozar de los espacios públicos. Ninguno puede  disfrutar de esos lugares sin sentir que lo van a matar de manera horrorosa.

En Jinete a pie hubo un pacto entre peatones y motorizados. Tras múltiples safaris en los que se asesinaban caminantes, se llegó a un acuerdo de no agresión contra los débiles. Hasta que se rompen la reglas (un toque de queda incluido). Y se acaba la tregua, o el diálogo, impuesto por el poder.

–Es como los actos de justicia que existen en Venezuela. Los jueces del Tribunal Supremo dictaminan en función del victimario, que es el gobierno. El poder se ha convertido en un elemento que persigue, que tortura, que caza, que culpabiliza. El Tribunal decide cuándo esa caza debe incrementarse o no. Maduro llama al diálogo pero lo rompe. Es esa la realidad, esa suspensión de los safaris es el supuesto plan de paz en el que nos continúan matando.

Israel Centeno terminó de escribir su novela en el año 2011. No fue hecha a propósito de los hechos de violencia recientes en los que se involucraron a colectivos al servicio del gobierno. El autor, que una vez vio cómo unos motorizados golpearon a un anciano por chocar a una moto en la autopista, tampoco pretende satanizarlos.

–No es que el motorizado sea malo. Es que cuando Maduro los llama sus ‘caballeros de hierro' les da una patente de corso. Si les doy impunidad, los convierto en un brazo delincuencial. No es una realidad posible pensar un mundo dominados por ellos, es una realidad que ya es. Ahora el problema es  revertir la situación  sin quitarles todos sus derechos.

Los protagonistas de Jinete a pie no pueden salir de la zona, de esa Altamira destruida que se convirtió en uno de los cantones en los que se divide el país. Centeno no quiere vender una épica de la urbanización. Solo es una visión posterior
a un conflicto que se sugiere. Hay también un amor que es incapaz de encontrarse, que sufre de desconfianza, de paranoias, de la fractura propia que reina en la sociedad; un amor patológico que se parece al odio, que altera e intenta sanarse.

–La lectura que yo daría es hasta qué punto no se parroquializó al extremo la ciudad. Hasta qué punto cada lugar de Caracas se divorció del otro,  hasta qué punto se dejó de ser un todo para ser pequeños cantones, fragmentos sin conexión. Hay en la historia una Altamira derrotada, en sombras, en oscuridad, en incertidumbre, como si solo fueran zombis.

dfermin@eluniversal.com