Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 6 de octubre de 2012

La Fuerza del Femenino Divino estará presente a través de la devoción a la Vigen María por lo tanto antes de entrar en más detalles acerca de la Madre de Jesús, veamos primero si el nombre de ella nos da una idea que nos permita saber quién era ella, y qué pueda significar esto para nosotros.


SÁBADO, 14 DE MAYO DE 2011


El Nombre de María


Tomado del blog "Visión contemplativa" del P. Beda Hornung osb
Fuente: www.google.co.ve















Antes de entrar en más detalles acerca de la Madre de Jesús, veamos primero si el nombre de ella nos da una idea que nos permita saber quién era ella, y qué pueda significar esto para nosotros. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos anuncios del nacimiento de un niño, junto con el significado de su nombre y la misión que tendrá. Por ejemplo, “le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1,21). “Jesús” significa “Dios salva”. En el caso de María, la madre de Jesús, no tenemos ninguna referencia o explicación de este tipo.
Sin embargo, como decían los antiguos romanos, “nomen est omen – el nombre es un presagio”, me gustaría indagar un poco en el significado de este nombre, para ver lo que ella pudo haber sido, y lo que Dios ha hecho en quien se llamaba así.
Nosotros la llamamos “María”; este es el nombre que tiene en el evangelio de Mateo. Lucas, en el original griego, la llama “Mariám”, que es la forma aramea de “Miriam”. ¿De dónde viene esta palabra? Miriam, la hermana mayor de Moisés, nos puede dar una pista. Su nombre tiene que ver con “rebelión” (Números 12,1-16). De hecho, la raíz de esta palabra (“mar” en hebreo) significa “rebelde, revoltoso, provocador, desobediente, contra, amargado, cambiado, provocación”. Como verbo, en su forma básica, “mará” significa “rebelarse, ser desobediente contra el padre o contra Dios”. En su forma causativa significa, mostrar todas estas actitudes. (Enhanced Strong’s Lexicon, [Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.] 1995). Éstas no son precisamente características muy positivas.
Hoy en día ya no nos fijamos mucho en el significado del nombre. Sin embargo, mucha gente pone a sus hijos nombres de gente (a veces tristemente) famosa, o nombres compuestos de nombres de familiares cercanos; lo que hace pensar que el niño seguirá las huellas de sus antepasados. Otros sacan el horóscopo del momento del nacimiento, o practican cualquier otro método de adivinación, para saber el posible futuro de sus hijos, dando por sentado que ellos “van a ser así”. Con estas prácticas, por no tomar en cuenta a Dios, nos quedamos en el nivel inconsciente, por no decir de esclavitud, de nuestra vida.
Pero, volvamos a María, y saquemos nuestra información del Evangelio de Lucas. En este texto, el ángel llama a María la “llena de gracia; el Señor está – es – contigo” (El texto original admite ambos significados: “es” y “está”; Lucas 1,28). Por encima de lo que pueda significar su nombre, y del futuro que se le pueda vaticinar, ésta es su esencia: está llena de gracia, del favor y amor de Dios. Dios está con ella, no sólo al lado de ella, sino que “está de su parte”. Estas pocas palabras de Lucas nos permiten remontarnos al primer capítulo del libro Génesis, donde nuestros padres proclaman su fe: que TODO es bueno.
Por lo tanto, tendremos que leer todas las características de “Miriam” en clave positiva: me hace pensar en una joven que “no es del montón”, que es “fuera de serie”, que tiene personalidad propia, que no sigue la corriente de todo el mundo, que se atreve a cuestionar lo de siempre, que es libre; incluso su relación con Dios no es la de costumbre, como la de todo el mundo. En resumidas cuentas, es una mujer diferente que nos puede sorprender a todos. Por supuesto, ella no tenía necesidad de convertirse porque nunca se había alejado de Dios. Pero, eso sí, esta relación con Dios tuvo que madurar y profundizarse en el tiempo.
En este detalle está una primera buena noticia para nosotros: Dios nos deja saber que está con nosotros; que estamos llenos de su gracia, que nos ama. Y es más: ¡no hay gente mala! La Palabra de Dios nos recuerda que todos somos buenos (Gen 1).
Forzando un poco la gramática española, diría que “estamos malos” (algo circunstancial y pasajero), pero somos buenos (nuestra esencia). Nosotros estamos acostumbrados a vernos un poco malos y un poco buenos. Lo que queda “bajo la raya”, eso lo creemos que somos. Pero esto no es el Evangelio. Nuestra esencia es que somos buenos porque Dios nos ha creado. Y, como un árbol bueno no puede dar frutos malos, así nuestro Dios bueno no puede crear gente mala, o – como dicen algunos – Dios no crea basura. Si tenemos baja autoestima, si nos despreciamos, o si nos desprecian, es nuestra fe en la palabra de Dios que nos saca de este hoyo. Por supuesto, siempre habrá gente que nos menosprecia. Pero es nuestra decisión a quién le damos crédito: ¿a aquellos que nos rebajan, o a Dios que nos eleva a la dignidad de ser sus hijos?
Es lo que el P. Thomas Keating llama nuestra bondad básica. El aceptar esta bondad básica es un salto cualitativo en nuestro camino espiritual; en otras palabras: es entonces cuando realmente comenzamos a crecer. “Esta esencia de bondad puede crecer y desarrollarse de manera ilimitada, y llegar a convertirse en imagen de Cristo” (Mente Abierta, Corazón Abierto, capítulo 13, pg. 138).
Permítanme terminar con una pregunta indiscreta: ¿Estamos conscientes de todo esto cuando rezamos el “Ave María”?

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