Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 10 de febrero de 2013

Pedro Ángel Palou (1966) habla de su nueva novela El Impostor(Planeta, 2012): “Quería alejarme de la historia de mi país, así que me pregunté: ¿cuál es el periodo de la historia de occidente que me gustaría contar?, y decidí escribir una trilogía sobre los tres grandes inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero; obviamente tenía que comenzar con el fundador. Pablo


Pedro Ángel Palou: “Escribiré la trilogía de los inventores 

del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero”

VIERNES, 08 DE JUNIO DE 2012 09:28 MARIO CASASÚS
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pedroangelpalou
México DF.- En entrevista exclusiva con Clarín.cl Pedro Ángel Palou (1966) habla de su nueva novela El Impostor(Planeta, 2012): “Quería alejarme de la historia de mi país, así que me pregunté: ¿cuál es el periodo de la historia de occidente que me gustaría contar?, y decidí escribir una trilogía sobre los tres grandes inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero; obviamente tenía que comenzar con el fundador. Pablo es el primer apóstol que dice ‘Cristo es hijo de Dios’, mezclando la mercadotecnia política romana, Pablo se dio cuenta del invento de la divinidad encarnada: Augusto justificó el Imperio de Roma, al divinizar a Julio César, Augusto se convirtió en ‘hijo de Dios’”. Según Palou: San Pablo es el apóstol infiltrado por órdenes de Roma.
MC.- Pedro Ángel, en la nota de autor de “El Impostor” reconoces las influencias de las bibliotecas estadounidenses para tu investigación y la epifanía sonora del “Oratorio por San Pablo” de Mendelssohn, y estoy seguro que en misa escuchaste las Cartas de Pablo a los Corintios, ¿Pablo era santo de tu devoción?
PP.- Mi novela parte de una reflexión personal, me formé con jesuitas en Puebla, estudié teología, aprendí latín y griego, estuve a punto de entrar al noviciado, pero desde aquellos años tenía discusiones con mi propia fe, como todo católico formado en el catolicismo inteligente comencé a atar cabos y la fe se me desquebrajó, ante eso hay dos posibilidades: conservar la fe vía el dogma, o un agnosticismo como el mío, radical.

Después me acerqué al personaje de una forma intelectual, leyendo San Pablo. La invención del universalismo de Alain Badiou, la radicalidad de San Pablo vista por Badiou está cuando dice: “es el único momento de la historia moderna de occidente en que la construcción de la realidad es nueva, no existe”, son 40 años únicos de nuestra era, donde todo es absolutamente nuevo, la radicalidad de la novedad sólo existe en 40 años de los dos milenios que llevamos viviendo después de Cristo. A partir de ahí comencé a estudiar la biografía de San Pablo y retomé la lectura de hebras teológicas, estudié la Moderna historiografía judía, es un libro reciente –desde hace 50 años los judíos describieron a Pablo como teólogo judío-, también estudié a Freud: Moisés y el monoteísmo; finalmente tanto Cristo como Pablo son judíos, son entendibles dentro del judaísmo monoteísta, ellos no saben que están inventando una religión que posteriormente llamarán cristianismo, ellos están especulando sobre la teología judía, la radicalidad de Pablo está en 3 partes –impensables para la ortodoxia judía-, la primera: la resurrección de la carne; segundo: la idea de que Dios puede encarnar, tener un hijo.
elimpostor

MC.- ¿Antes de Cristo los profetas eran sólo mecías?
PP.- Exacto, mecías quiere decir “hijo de David”, un profeta de la tribu, Pablo es el primer apóstol que dice “Cristo es hijo de Dios”, mezclando la mercadotecnia política romana, Pablo se dio cuenta del invento de la divinidad encarnada: Augusto justificó el Imperio de Roma, al divinizar a Julio César, Augusto se convirtió en “hijo de Dios”.

Pablo se dio cuenta que lo que más conoce un hombre de Judea, lo que más ha visto son estatuas, monedas e imágenes de la divinidad del César, entonces diviniza al mecías y lo convierte en Cristo, por eso resulta tan radical para Pablo que creamos en la resurrección, porque sin resurrección no hay hombre divino, ni fe.

MC.- Pero lo radical en tu novela está en la interpretación de San Pablo como espía del Imperio romano, ¿encontraste algún indicio o es el eje narrativo de la ficción?
PP.- Hasta el cuarto año de investigación comencé a atar los cabos sueltos: a Pablo siempre lo salva la autoridad de Roma, particularmente interviene Leonardo de Séneca, Pablo siempre dijo: “soy ciudadano romano”, y hace dos años hubo un coloquio de teólogos católicos –en Tarragona, España-, y proponían la teoría de que Pablo no murió decapitado en Roma, sino que falleció tranquilamente en los años 70 de nuestra era, Pablo vivió en Córdova o en Tarragona, no en Roma. Como hoy, parte de la historiografía católica reconoce que San Pedro nunca pisó Roma, pero eso no se dice en la mercadotecnia católica.

Investigué cómo era el espionaje romano, que es muy distinto al espionaje contemporáneo, pertenecían a los petrorianos, elegían muy bien a sus “topos”, tenían que ser ciudadanos no romanos que cumplieran con el perfil, Pablo era griego, un judío helenizado, lo infiltran, pero el gran problema es cómo justificar que Pablo es responsable de la lapidación del mártir Esteban, mediante una férrea disciplina logró convencer a los primeros cristianos de su arrepentimiento y de que había adoptado una nueva fe, Pablo vivió 3 años en la ciudad de la sal –cerca del mar muerto- para estudiar con el hermano menor de Cristo –Santiago-, Pablo estuvo con los nazareos –mal traducidos del arameo como nazarenos- que son unos radicales y revolucionarios que quieren sacar a Roma de Palestina y al mismo tiempo predican el amor y la pureza absoluta.

MC.- Venías trabajando novelas históricas en el contexto y territorio mexicano, ¿es difícil escribir sobre Palestina, Roma y el norte de África sin dominar la geografía de los primeros años después de Cristo?, ¿fue intencional alejarte lo más posible de México?
PP.- Después de escribir 5 novelas históricas mexicanas quería alejarme de la historia de mi país, así que me pregunté: ¿cuál es el periodo de la historia de occidente que me gustaría contar?, y decidí escribir una trilogía sobre los tres grandes inventores del cristianismo: Pablo, Constantino y Lutero; obviamente tenía que comenzar con el fundador, sólo te explicas a Constantino con Pablo y sólo te explicas a Lutero con Pablo, si algo hace Lutero es la relectura de Pablo.

MC.- A este paso la Iglesia católica te excomulgará…
PP.- Yo creo que ya me excomulgaron en Puebla (risas). El Impostor es una novela más polémica, porque El dinero del diablo (2009) era una novela más ligera, por su contenido policíaco. El poder de la ficción es muy fuerte, mucho más que un ensayo biográfico sobre Pablo, la novela acaba de salir y todavía no sé las reacciones de la Iglesia, pero no dudo que un sector radical del catolicismo que no sepa leer en mi novela mi propuesta de Pablo, es una intriga para que cada lector haga su juicio, es una novela de investigación histórica que termina dando una fuerte interpretación del inicio del cristianismo.

MC.- El dinero del diablo (2009) circuló en Iberoamérica porque fue finalista del Premio Planeta 2008, ¿El Impostor se leerá en Latinoamérica?, ¿te interesa su difusión en Roma?
PP.- Está pactada la edición en Latinoamérica, va a Chile, Colombia, Argentina y Perú. Todavía no hay la idea de publicarla en España, pero los editores en Francia e Italia de mi novela El dinero del diablo (2009) ya están leyendo El Impostor (2012), a pesar de que no fue premiada mi nueva novela, puede que ocurra el fenómeno de traducción e internacionalización.

MC.- La estructura de la novela El Impostor no es ambiciosa, me gustó que el narrador fuera Timoteo y no San Pablo…
PP.- La ambición de la novela no está en la estructura, está en que te creas el mundo donde viven los personajes, comiendo, bañándose, peregrinando, viendo una ciudad con alumbrado público –con lámparas de aceite de oliva-, es decir, quería que toda la investigación se traspasara en una historia creíble. Me molesta mucho las novelas históricas donde el autor te da clases de historia, incluso en los diálogos ficticios, como si fuera Wikipedia. La ambición de la novela está en recrear el mundo, de tal forma que lo saborees, lo huelas, lo camines, lo imagines.

Pablo mantiene una disciplina férrea durante toda su vida, por eso escribí la historia contada con la frescura de Timoteo, si hubiera contado la novela en primera persona los lectores no hubieran pasado de la página 100, necesitaba el contraste con un cínico, hedonista, agnóstico.

MC.- ¿Tu penitencia fue escribir una novela gastronómicamente insípida?
PP.- En verdad no comían bien: pan ácido, hierbas donde podían y el vino amargo –al que tienes que ponerle bien-, Pablo es un predicador –cruzó 15,000 kilómetros en 30 años-, cosmopolita y peregrino, vivió en condiciones paupérrimas por mucho tiempo.

MC.- ¿Cuándo saldrán las novelas de Constantino y Lutero?
PP.- Es un proyecto a largo plazo, todavía no termino la investigación.

MC.- Con El Impostor tardaste 6 años entre las biografías de San Pablo y los textos de teología…
PP.- No sé cuándo tendré los suficientes datos para dedicarme a escribir sobre Constantino y Lutero. Mientras tanto publicaré otras novelas, este año gané la Beca Guggenheim para escribir una novela sobre la violencia en México, me interesa la vida en las cárceles, la historia comenzará en elPenal El Hongo de Tijuana, le decían “el pueblito” porque vivían las familias con los reos y termina en una riña entre bandas rivales de una cárcel de Ciudad Juárez, ahí muere el protagonista de mi novela, se llamará: Muertos que no hacen ruido, saldrá el próximo año.

También publicaré una novela sobre los años que vivió en México la escritora norteamericana Katherine Anne Porter, en 1921 estuvo con el presidente Álvaro Obregón, fue amante de Diego Rivera y Carrillo Puerto, fue la primera curadora de una exposición de arte popular y artesanía mexicana, viajó con Eisentein para filmar la vida mexicana, Katherine escribió una serie de diarios que estoy investigando en la Universidad de Maryland, sobre su acercamiento al sindicalismo, su expulsión de México, la visión de una gringa aporta al estudio del renacimiento mexicano de la década de 1920.







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