Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

jueves, 17 de enero de 2013

En Venezuela hay un tercer hombre, tan maluco como el personaje de la novela de Graham Greene y está revoloteando...nos advierte Rafael Poleo en "Corto y profundo" del 12 de enero 2013 en ENP






The Third Man
TítuloEl tercer hombre
Ficha técnica
DirecciónCarol Red
ProducciónCarol Reed
Alexander Korda
David O. Selznick
GuionGraham Greene
MúsicaAnton Karas
FotografíaRobert Krasker
MontajeOswald Hafenrichter
ProtagonistasJoseph Cotten
Alida Valli
Orson Welles
Trevor Howard
Ver todos los créditos  (IMDb)
Datos y cifras
País(es)Reino Unido
Año1949
GéneroCine negro
Duración104 minutos
Compañías
ProductoraLondon Films
DistribuciónBritish Lion Films
Ficha  en IMDb
Ficha  en FilmAffinity





El tercer hombre es una película británica del año 1949 dirigida por Carol Reed e interpretada por Joseph CottenOrson Welles y Alida Valli en los papeles principales. El guion fue escrito por Graham Greene.

SINOPSIS

Holly Martins (Joseph Cotten), un escritor de novelas baratas del Oeste, llega a Viena,Austria en 1947 cuando la ciudad está dividida en cuatro zonas ocupadas por los aliados de la Segunda Guerra Mundial. Holly llega reclamado por un amigo de la infancia, Harry Lime (Orson Welles), que le ha prometido trabajo. Pero el mismo día de su llegada coincide con el entierro de Harry, que ha sido atropellado por un coche. Holly conoce y se enamora de Anna, que era novia de Harry.
Ante una serie de datos contradictorios, Holly comienza a investigar la muerte de su amigo, sospechando que tal vez haya sido asesinado. El jefe de la policía militar británica le demuestra que su amigo se había mezclado en la trama del mercado negro

Aunque desde el primer momento le propusieron escribir el guion de una película ambientada en la Viena de posguerra, con la firme presencia de las cuatro potencias ocupantes, Graham Greene optó por escribir la trama en forma de novela. Aquél era el único modo, aseguraba, de poder planificar el guion, el cual sería posteriormente elaborado por el propio novelista y por el productor, Alexander Korda. Greene siempre defendió que la versión de la película era mucho mejor que la del libro (incluido el final, que es distinto), lo cual no impidió que éste fuera editado de todas maneras y se convirtiera en un clásico.
El aporte de Orson Welles al conjunto de la película parece evidente. Welles, que tenía problemas con sus producciones en Hollywood, decidió dar el salto a Europa, donde dirigió y colaboró en varios proyectos, entre ellos éste film de Carol Reed. Su primera aparición en pantalla (el movimiento de una lámpara que muestra a Harry Lime ante la sorprendida cara de Cotten) ha sido considerada como la mejor presentación de un personaje en un filme. El plano secuencia del final y la escena de la persecución en los alcantarillados de Viena son igualmente memorables.
  • Fue rodada en London Film Studios (Shepperton, Inglaterra). Los exteriores se rodaron en Austria.
  • La música de Anton Karas, interpretada por él mismo en cítara, fue un éxito y llegó a los primeros lugares en 1950.
  • También es de destacar la fotografía en blanco y negro y los exteriores seleccionados, que muestran diversas facetas de la ciudad de Viena, como la Noria de Viena del Prater o las cloacas vienesas, marco de la famosa escena de la persecución final

El tercer hombre, Graham Greene

 
Greene
 
****
Esta novela cuenta con un prólogo escritor por el propio Greene en el que cuenta que a historia de El tercer hombre era apenas un párrafo apuntado en una libreta, hasta que Alexander Korda le pidió a Greene que escribiera una película para que el director Carol Reed. En ese momento, Greene sólo tenía aquel párrafo para ofrecer, con la promesa de convertirlo en una historia que transcurriese en la Viena de posguerra, ocupada por las cuatro potencias. La película se estrenó en 1949, con las actuaciones de Joseph Cotten, Orson Welles y Alida Valli, y obtuvo un gran éxito. Pero estamos aquí para hablar de la novela. Acerca de ella explica Greene su incapacidad de emprender la escritura de un guión sin antes haber escrito el cuento. Lo dice así:
En un film hay algo más que un argumento: trazado de caracteres, estados de ánimo, ambientes; y me parece que todo esto es imposible de captar por vez primera en la opaca taquigrafía de un guión. (…) Es necesario tener la sensación de que se cuenta con un material más extenso para extraer de él los elementos necesarios.
(Este párrafo puede ser salteado sin que la reseña se vea resentida). Más allá de que seguramente habrá guionistas que discrepen con Greene, hay aquí un asunto cuyo interés excede los límites de la escritura de guiones o los de la adaptación de una obra literaria al lenguaje fílmico. Ese asunto es la necesidad que algunos creadores sienten de crear incluso aquello que no será trasmitido directamente en la obra. Estos creadores (los mejores, a mi modo de verlo), conocen todos los rincones del mundo al que se refieren en sus historias, incluso los rincones que nunca verán la luz (y, quizá, especialmente esos rincones). No estoy hablando –aunque algo de eso hay- de Flaubert y los naturalistas, que podían llegar a construir maquetas y planos para poder pasear por allí de forma verosímil a sus personajes. Las fallas de las que adolece cierto tipo de “literatura actual” (porque llamarla “joven” carece de sentido), avanzan por un camino opuesto al que marca Greene. Muchas veces no se nos presentan historias, sino esbozos de historias que ocurren en un mundo que no existe o que tiene la misma existencia para nosotros que el decorado de una telenovela. Sabemos que detrás del decorado no hay nada y hasta podemos ver el micrófono del sonidista, metiéndose en el encuadre. Es fácil pensar que las habitaciones, escenarios y paisajes donde transcurren estas historias flotando en el vacío, en la nada oscura del espacio, porque nadie se ha preocupado de situarlas en un mundo. Para usar terminología del mundo del software, lo que parece es que nos han puesto delante la versión beta de la historia y quieren hacérnosla pasar por la versión definitiva. En caso de que el lector descubra el engaño a tiempo, es entendible que aparte el libro, diga “patrañas” o “pamplinas” (los lectores que gustan de las historias bien escritas son afines a los arcaísmos) y vuelva a leer a los viejos pero buenos. Ahora sí, seguimos con Graham Greene y su historia vienesa de posguerra.
Rollo Martins es un escritor norteamericano de novelas de far-west que llega a Viena por invitación de su amigo de la infancia, Harry Lime. Viena se encuentra dividida en cuatro jurisdicciones: rusa, estadounidense, británica y francesa. Cada jurisdicción tiene su propia policía. El narrador de la novela es el jefe de la policía inglesa en Viena, Calloway. Cuando Rollo llega se encuentra con una funesta noticia: Harry Lime ha muerto, atropellado accidentalmente frente a su apartamento. Desde ese momento, Martins comienza una investigación por su cuenta, pese a los intentos del jefe Calloway de disuadirlo. Las pesquisas de Martins lo acercan a los turbios manejos clandestinos que mantienen en movimiento la ciudad ocupada, de la que nadie parece estar libre, tampoco el buen Lime.
Greene ejecuta un relato que se permite ciertas complejidades en cuanto a la estructura de la narración, pues por debajo del hilo conductor que es la voz principal de Calloway, referida al devenir de Martins, no cesan de aparecen los narradores secundarios que refieren de forma indirecta lo que saben, lo que vieron, lo que creen que sucedió, lo que oyeron al pasar. Habría sido fácil que la historia se volviera excesivamente oscura. Greene lo impide gracias a la claridad de sus intenciones iniciales y a su pulso de narrador, dosificando con cuidado los pasos de comedia, los visos románticos (aunque si algo le sobra a esta historia, eso es la insípida señorita Schimdt) y el asunto tenebroso que espera a ser develado. Literatura entretenida y sin culpa de serlo, escrita con profesionalismo y honestidad, para (como dice el mismo Greene), divertirse, asustarse un poco, reír.
El contexto de la cita que aparece a continuación es el siguiente: dos hombres están en una de las cabinas cerradas de una Rueda de la Fortuna. Acaban de llegar al punto más alto y la rueda se ha detenido. Observan a la gente bajo sus pies.
-¿Sentirías una piedad verdadera si una de esas manchitas dejara de moverse para siempre? Si te dijera que voy a darte veinte mil libras por cada manchita que se quede inmóvil, verdaderamente, chico, ¿me dirías que me guarde mi dinero sin titubear? ¿O calcularías cuántas manchitas estás dispuesto a sacrificar? Libres de impuestos a los réditos, muchacho, libres de impuestos.
Esta edición se completa con el relato El ídolo caído (que también fue llevado al cine, un año antes de El tercer hombre, por Carol Reed), en el que se cuenta la forma en que el niño de siete años, Felipe Lane, en ausencia de sus padres, es inmiscuido en el triángulo amoroso del mayordomo de su casa, el señor Baines, su esposa y una joven. El relato falla cuando intenta mostrar la sombra que los sucesos de la noche decisiva proyectaron sobre la vida completa de Felipe. Habría sido más eficaz sin esas proyecciones.

Título original: The third man (1950)
Traducción: Silvina Bullrich.
Editorial Sudamericana, Debolsillo, Bs. As., 2009.
ISBN: 978-987-566-498-2