Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 31 de octubre de 2011

Ejemplo de acontecimientos netamente escorpianos de una Era que muere a través de sus símbolos

domingo 30 de octubre de 2011

RITO A LA BARBARIE …

Rafael Marrón Gonález - ATV


Solamente mentes enfermas pueden aceptar barbaries como
la del gobierno libio de Gadafi o de la muerte de este dictador
en manos de sus captores, que lo ejecutaron fríamente luego
de sodomizarlo y torturarlo, a un hombre rendido, herido
e indefenso que clamaba misericordia: ¿Qué os hice?
No hubo vestigio de nobleza en los jefes de esa turba que
robó al cadáver su anillo de oro y las botas de cuero en la
ambulancia.
Los crímenes de Gadafi han sido superados por la crueldad
de sus asesinos. Tal para cual. El honor del pueblo libio fue
mancillado por este acto vil y cobarde que evidencia el grado de
demencia al que puede llegar el ser humano cuando se desatan
sus bajas pasiones por el desenfreno que deriva de la conciencia
disuelta en la masa estúpida, bajo liderazgos irresponsables que
le dicen lo que puede hacer amparado por la impunidad, en lugar
de guiarlo hacia lo que debe hacer dentro de los cánones
universales del respeto por el derecho ajeno, aun para los vencidos.
Los psiquiatras que entrevistaron a los criminales nazis en Nuremberg
no encontraron ninguna patología esencial que los diferenciara de
cualquier ciudadano normal que saca a pasear su perro en el
atardecer. Pero fueron capaces de los crímenes más horrendos.
En las reacciones encontradas frente al crimen contra Gadafi,
se manifiesta esa profunda deformación del alma: Sostener que
es “un mártir” (que padece en defensa de sus convicciones) un
ladrón y asesino como Muammar Gadafi, con 42 años de poder
omnímodo sobre vidas y propiedades de una nación a la que
saqueó, que redactó su propio código penal al mejor estilo
teocrático y lo aplicó contra miles de personas que osaron
disentir de su gobierno corrupto, o justificar la barbarie de su
tortura y asesinato porque “quien la hace la paga”, revela tanto la
torcida psiquis de un aspirante, como la precariedad del sistema
de valores que sustentan la civilización en general, pues esta acción
bárbara unifica a Occidente con Oriente por su lado más oscuro.

Chavismo de barbarie viene

En Venezuela, bajo la egida de Chávez, la barbarie, idéntica
a la expresión libia, también ha cometido infamias criminales
que maculan la dignidad del gentilicio. Enardecidos especimenes
del odio, negando cualquier similitud con lo humano, protegidos
por la impunidad más canalla, han asesinado mujeres
indefensas, han pateado periodistas y aterrorizado opositores
pacíficos, mientras su líder aplaude regocijado y define como
“caballeros” a los asesinos y como “patriotas” a los violadores
de los derechos humanos – evidencia de que no es el gobierno
el que los viola sino el poder. Sostengo que es la piedad el
valor identificador del ser humano – quien no es capaz de
sentir piedad no es humano, es animal, extraterrestre o cosa –
y entristece saber que hemos avanzado muy poco en ese
tránsito hacia la consolidación del humanismo. Tanto gobernantes
impíos como pueblos salvajes revelan lo débil de nuestra
estructura moral y ética. Sujetos que llegan al poder bajo las
normas constitucionales de la alternabilidad, juran sobre la
constitución y luego se declaran gendarmes necesarios,
libertadores – casos Gadafi o Mugabe - o providenciales
herederos eternos sin cuya presencia el diluvio arrasará con todo
vestigio de posibilidad, siempre y en todos los casos,
apoyados por la codicia – corruptos, traficantes, mediocres
ascendidos por la incondicionalidad - y por la ignorancia mendicante
que se ha asumido “pueblo” por antonomasia, ambos estadios
capaces de cualquier barbarie con tal de mantener sus privilegios,
si puede llamarse así la lata de nepe que le toca al “pueblo”
en la repartición de la riqueza que se escapa por los verdes
caminos del ladronismo revolucionario, que, a fin de cuentas,
históricamente ha sido una forma expedita de cogerse lo ajeno.

¡Ay del que en pueblo fíe!

Lo cierto es que la atroz muerte de Gadafi debe llamar a la
reflexión en estos tiempos de patologías ideológicas que se
solapan con las desmedidas ambiciones de especimenes
de psiquis totalitaria, que se asumen “revolucionarios”,
que en la modernidad significa patente de corso, para justificar
su eternización en el poder invocando la voluntad de Dios o
en su defecto la del pueblo, que según y que es su voz, que
adecuadamente sobornado sirve de pedestal, pero a la vez
de guadaña como lo están demostrando los movimientos
subversivos de los pueblos árabes. ¡Ay del que en pueblo fíe!,
reza un antigua axioma: Gadafi murió sin comprender por
qué el pueblo libio que lo adoraba se había levantado en su
contra, aunque algo debió entrever por la ausencia de agua
y luz en su ciudad natal, donde buscó refugio. Es que así
son de patéticos estos minúsculos seres endiosados por la
ignorancia y la codicia y sustentados por su absoluta falta
de escrúpulos, cuando el destino inexorable los alcanza.
Pero debemos asumir con la convicción de la evolución,
que a todo Gadafi no debe llegarle su turba sino su juicio,
en impecable ejercicio del debido proceso que niegan a sus
víctimas. De lo contrario, en esta brutal práctica del ojo por ojo,
llegaremos a ser, como lo anunciara algún lúcido humanista
en similar momento histórico, un mundo de ciegos.