Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 29 de octubre de 2011

"No queremos realidades, queremos ilusiones". Esa es la cultura populista que tiene el continente.

PLINIO APULEYO MENDOZA, AUTOR DE "ENTRE DOS AGUAS"

"El periodismo se come a los escritores"

"El socialismo tiene unos propósitos lindísimos, pero no bastan los propósitos, sino la realidad"

El escritor colombiano presentará hoy (a las 11:00 am) su más reciente novela en la Librería Kalathos NICOLA ROCCO
DANIEL FERMÍN , PLINIO APULEYO MENDOZA , ESCRITOR COLOMBIANO | EL UNIVERSAL
sábado 29 de octubre de 2011 12:00 AM

El nombre de Plinio Apuleyo Mendoza (Boyacá, 1932) suena a viejo. El colombiano, conocido por su amistad con Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, tiene tanta experiencia como anécdotas. Vino a Venezuela a presentar su última novela, Entre dos aguas, que narra la historia de Martín, un periodista con alma de poeta que se ve obligado a viajar de Europa a su Colombia natal para investigar sobre el supuesto homicidio de su hermano capitán del ejército de su país.

-La llamada narcoliteratura, que trata en Entre dos aguas, se ha hecho común en Latinoamérica. Como que es un género que cada vez más nos representa...

-A mí me preocupa. Uno de los fenómenos de la literatura latinoamericana, cuando apareció el boom, es que dejó de ser una literatura marginal. La convirtió en literatura universal. Y ahora la realidad tan fuerte que vivimos nos obliga a los escritores a tratarla. Pero nos confina. Porque el lector europeo siente eso muy ajeno a su vida. Es un mundo distinto. En el caso de mi novela, lo pensé para no quedar confinado en eso. De ahí que el personaje principal es un personaje que siempre vivió en Europa y que en un momento dado tiene que venir por la muerte de su hermano para ver qué ha pasado. El ojo suyo es el ojo de un europeo. Es una tentativa para quebrar ese aislamiento que produce esa literatura.

-¿ Y cómo ve un latino desde fuera su propio país?

-Mirado desde lejos, uno ve que es un país amenazado. El narcotráfico ha sido terrible como realidad. En Colombia, la guerrilla, financieramente, es independiente. Hay países con muy buenos presidentes, pero con mucha violencia. La corrupción nos inquieta mucho. Pero es el país de uno.

-Ya ha dicho que la legalización de la droga disminuiría los problemas, ¿cree que esa sería la solución?

-Sería ideal. La legalización es indispensable. Hay 170 millones de consumidores de coca. Si se legaliza, como el licor, las mafias bajarían. La mejor solución sería esa, pero muy difícil que la aprueben. Que dejara de ser el negocio que es.

-Usted ha hecho periodismo y literatura. Como que navega entre dos aguas.

-Sí. Primero, pienso que el periodismo puede ser un gran enemigo de la literatura. Porque se lo come. Y fatalmente es el modus vivendi de un escritor. Un escritor no puede aspirar a vivir de sus libros. Es muy difícil. Se necesita ser un García Márquez o un Vargas Llosa. Y aún así, yo conviví 20 años con el "Gabo" antes de que fuera famoso y vi todos los apuros que pasó en París. Hasta me lo traje a Venezuela a trabajar. El llegaba a la casa a las 10:00 de la noche y se ponía a trabajar en su novela hasta las 2:00 de la mañana. Maravilloso, pero es una disciplina excepcional. Conozco muy buenos escritores que se los come el periodismo. Ahora, pienso que el periodismo también puede ser un genero literario. Hay muchos escritores que lo han demostrado. Depende de cómo se trate.

-Entonces, ¿qué debe hacer un periodista joven con aspiraciones a escritor?

-Hambre, mucha hambre. Uno que me dio una lección extraordinaria en ese sentido fue Julio Cortazar. Él me dijo que llegó a París y vivía de envolver libros, porque eso ocupaba las manos pero no la cabeza. Ese consejo es terrible, pero buenísimo. Hay que buscar una cosa que no le absorba tanto tiempo o la cabeza. El periodismo se come a mucho escritor, pero de algo hay que vivir.

-A veces la literatura explica mejor la realidad que el propio periodismo.

-Yo estoy seguro que sí. Es que no bastan simplemente los hechos, sino hacer vivir los hechos. Y el periodismo no los hace vivir. Hombre, me acuerdo que me llevaron de profesor en El Tiempo. Oí una noticia cualquiera: tantos muertos y tantos heridos fue el saldo de un ataque a la población tal. Y eso era como una formulita que repetían. Si yo vivo eso no se lo contaría así a mi mamá. La literatura va más lejos porque hace vivir lo que sucede.

-¿Entonces, qué batallas debe librar el periodismo?

-Varias: Perdió su prioridad informativa. Todas las noticias que uno ve en el periódico ya la pudo haber visto por televisión, radio o Internet. El periodismo escrito, si se limita a una función informativa, está condenado a desaparecer. Qué han hecho en Europa: análisis e investigación. No sólo decir qué pasó. Ese papel no lo cumple el periodismo latino. Es una manera de darle nueva vida.

-Paso a otra cosa: ¿El socialismo no funciona?

-Claro que no funciona. Miren la realidad. A mí me preguntaron una vez en Venezuela: 'Qué opina del socialismo', el del siglo XX, todavía no estaba el del siglo XXI. El del siglo XX produjo 100 millones de muertos, no sé qué necesidad hay de revivir semejante experiencia. Hay que mirar la realidad, no los propósitos. El socialismo tiene unos propósitos lindísimos, pero no bastan los propósitos, sino la realidad.

-¿Parece que Latinoamérica vive de ilusiones?

-Una vez, en Lima, vi un letrero que no lo olvidaré nunca: "No queremos realidades, queremos ilusiones". Esa es la cultura populista que tiene el continente. El populismo tiene ese sustento: vender ilusiones, no afrontar realidades. Y la realidad aplasta todas las ilusiones que crea ese populismo.

dfermin@eluniversal.com