Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 29 de abril de 2012

Fernando Botero

El Carabobeño 28 de abril 2012

Botero, 80 años de arte

 Juan E. Agudelo Restrepo
Fernando Botero es protagonista, este año, de exposiciones en todo el mundo, en países como Austria, Chile, Italia, México, donde se exhibe la más grande retrospectiva de su obra, y Colombia, con el “Viacrucis”.
En la celebración de sus 80 años, Fernando Botero, el artista que llegó a la cima del mundo artístico, como ningún otro latinoamericano, habló de su vida y de su obra.
-¿Cuando usted se fue de Medellín se imaginó que tendría el éxito que tiene hoy?
“No... si yo era el bobo del pueblo, porque querer ser artista en Medellín era ser el bobo del pueblo, pero a mí me gustaba mucho pintar.
Yo terminé el bachillerato y dije: ‘No estudio más, yo quiero ser pintor’, y mi mamá me dijo: ‘Bueno, se va a morir de hambre, pero si quiere ser pintor, sea pintor’. Aunque yo ya llevaba varios años pintando. Yo había participado en el año 47 en el Salón de Tejicóndor, pero con un cuadro horrendo.
- Pero, además de querer ser artista, que en Medellín ya era una cosa mal vista, ¿cómo fue querer ser artista figurativo en el siglo XX?
-No sé, nunca se me pasó por la cabeza ser abstracto. Además, pienso que el arte abstracto es muy bonito, muy decorativo, pero le falta algo. La pintura figurativa tiene el color, tiene la composición, tiene el dibujo, y además dice algo. El arte siempre es un equilibrio entre los valores expresivos y los valores decorativos, ese equilibrio es muy importante.
Los cuadros del arte abstracto son lindísimos, pero les falta algo, en el sentido de que el gran arte dice algo más allá de eso”.
Cuando yo llegué a Italia a estudiar frescos, el profesor nos dijo: ‘Se mezcla la cal con la arena y lo ponen ahí y pintan’, y no volví a verlo. Por eso yo me considero autodidacta, en Europa iba a la escuela porque allá había calefacción, pero no enseñaba nadie. Yo aprendí a pintar pintando, mirando museos y leyendo”.
-¿Cuáles eran los pintores que más le gustaban en esa época?
-Los pintores del 1400 italiano, esos eran mis favoritos, y siguen siéndolo: Piero Della Francesca, Mantegna, Masaccio, Paulo Uccello, todos esos.
Además, porque todos tienen un aire muy contemporáneo por el colorido tan extraordinario, como los cabellos azules que pintó Paulo Uccello, por ejemplo. Él se dejaba ir e iba poniendo los colores, y ahí no se podía poner ni rosado ni amarillo, ¡era azul lo que tocaba ponerle!, es que hay que poner el color que pide la pintura, no se puede poner uno con remilgos (risas)”.
-¿Cuáles fueron los momentos de su vida que marcaron su obra?
-Desde el punto de vista de mi carrera, cuando fui descubierto por los alemanes, que me invitaron a hacer varias exposiciones en museos europeos, y eso fue un antes y un después en mi carrera.
Para mi mundo del arte, fue con la famosa mandolina, que cuando le hice el huequito chiquito tomó esas proporciones, y me di cuenta que para lograr una explosión de monumentalidad y de fuerza y de plasticidad, tenía que hacer los detalles pequeños y la forma exterior generosa. Ese contraste entre la pequeñez del detalle y la amplitud del dibujo creaba una superdimensión que no había visto en la pintura. Yo antes hacía el volumen de una forma tradicional, y esa mandolina fue una revolución”.
-¿Cómo fue pasar de ser un artista desconocido en ciudades como Nueva York o Florencia a vender tanto y lograr tanta fama?
-Yo llegué con 200 dólares en el bolsillo a Nueva York, más pobre que... Yo no sé cómo hice para sobrevivir. Llegué a tener tres dólares en el bolsillo. Vendía los dibujos a diez dólares cada uno.
Yo no tenía galería que me representara, porque como yo era figurativo, en esa época solo querían arte abstracto, entonces no me determinaban. Y yo decía que era pintor figurativo y me miraban como si fuera leproso. Terrible, un desprecio infinito.
Después de que hice esas exposiciones en Alemania, que tuvieron mucho éxito y se habló mucho de eso, los más grandes galeristas en París, en Londres, en Nueva York, en Suiza, que ni sabían que yo existía, empezaron a llamar por teléfono diciendo que querían trabajar conmigo, y empecé a ganar mucho más, y los coleccionistas querían tener no uno, sino dos o tres cuadros míos, y los precios se dispararon”.  
--¿Cuáles son los temas sobre los que siempre ha preferido pintar? 
-Lo que pasa es que en el arte hay unos temas que han tocado todos los pintores, entonces es el desnudo femenino, la naturaleza muerta, paisajes, grupos de personajes, los temas bíblicos y los temas mitológicos. Estos temas son constantes, los pintores siempre se enfrentan a ellos. Y eso es importante porque el arte siempre será decir lo mismo pero de una forma distinta, así es como se prueba la personalidad y la originalidad.
Y eso se nota sobre todo en la escultura, porque ahí los temas siempre son los mismos: la figura humana o la figura animal.
Yo tengo algo que he llamado la prueba de la naranja: la naranja es la forma más simple de la naturaleza, que es redonda, y todos los grandes pintores han logrado hacer esa misma naranja en una forma distinta. El que logre hacer que uno diga: ‘Esta naranja la hizo Velázquez, o la hizo Giotto’, es un gran artista”.
-Su obra se basa en el uso exagerado del volumen, pero ¿qué piensa cuando una persona le dice que usted pinta gordos?
“Yo le explico a todo el mundo que yo pintó todo volumétrico, y que no he pintado una gorda en mi vida. Aunque sí he pintado una mujer gorda, fue en la serie del “Circo”, en una escena en que está la mujer gorda, porque en los circos siempre hay una mujer gorda, y la hice para que se vea la diferencia entre una gorda de verdad y las gordas que piensan que yo hago, que no son gordas sino volumétricas. Esa es la única gorda que yo he pintado en mi vida”. (elmundo.com) 19-4-12
Lectura Tangente

En mi Taller de Ética, la discusión estalla amistosa. Una bella e inteligente mujer más 
un caballero serísimo reaccionan contra un planteamiento mío: "¿Cómo va usted a decirnos 
que por querer ser cortés con alguien que acaba de decirle que le fascina una pintura, 
usted, que la considera una estafa, le va a decir –solo por cortesía, repito– que a usted 
también le fascinó? ¿Cree usted, profesor Gómez, que semejante mentira tenga 
algún sentido? ¿No le parece que es simplemente absurda esa manera suya de entender 
la cortesía y de paso la Moral? ¿No habíamos quedado, porque usted mismo lo dijo, 
que una de las características esenciales de la Ética es –obviamente– el ser consistentes, 
con lo que uno cree?"
"Y tampoco nos venga usted, profesor, conque uno puede fácilmente cambiar 
de opinión, cuando se trata del arte No-Realista, abstracto, impresionista, expresionista, 
cubista, puntillista, etc. Me temo, con todo respeto Dr. Gómez, que está usted 
haciéndose trampas a usted mismo: Porque por un lado nos habla de "Cambiar de 
Opinión" y por el otro nos dice que, aun ratificando que la pintura no le gustó, aun 
considerando que es una estafa –es decir, aun sin cambiar de opinión– podría usted decirle 
a esa persona que también a usted le fascinó la obra. ¿Quién lo entiende, mi respetado 
profe? ¿Cómo nos va usted a decir que no está siendo moralmente inconsistente? 
Somos todo oídos en espera de sus aclaratorias".
"Bueno, miren, éste, yo ¿cómo explicarles? ¿No tenían nada más sencillo?". Y, 
ciertamente, me llevó unos minutos antes de recuperarme de esa andanada. Los 
felicito mí querida señora y señor, por la agudeza, contundencia y, sobre todo, por 
el profundo respeto con el que logran decir cosas tan duras. No es fácil espetarle a 
alguien –con esa delicadeza con la que ustedes lo hicieron– que se está 
haciendo trampas a sí mismo. Pero, en fin, veamos cómo me parapeteo ante 
sus argumentos.
Empecemos precisamente por eso de la autotrampa: En las profundidades de 
nuestro Espíritu no hay ninguna Realidad, ningún Ser, sino que somos, como 
nos enseño Heidegger, una "Pura posibilidad de Ser". En esas profundidades no existe 
"en Realidad" ninguna diferencia entre "Cambiar de Opinión" y decir algo contrario a lo 
que se siente, ¡¡porque no se siente nada definido!! Porque mientras más profundo 
vamos en ese "inmenso infinito" –en esa Nada Abismal– menos opiniones 
definidas, menos criterios rígidos, tenemos. Porque en esos infinitos insondables 
todos nuestros conceptos, prejuicios, valores y esquemas lógicos se disuelven y se 
refunden, precisamente, en una Nada.
¡¡Y ya no hay, en esos niveles del Espíritu, realidades objetivas que se nos 
impongan!! Sino que somos nosotros los que ponemos, creamos o nos imponemos 
lo que queremos sentir. Para decirlo con un ejemplo distinto de la Estética, pero 
más poderoso que ella: podemos sin la menor duda, decirle "te aprecio" y aun 
"te quiero" a alguien por el que hasta ese instante sentíamos un gran rechazo. 
Porque uno puede imponerse el cariño por los demás… ¡¡Sin ser inconsistente, 
ni cambiar de opinión!! Ya sé que no es fácil aceptarlo, pero "denle vueltas" y 
a lo mejor se topan con esa "Realidad" profundamente inescrutable en la que uno 
puede imponerse sus sentimientos. Y tal vez descubran también que si 
podemos ser perfectamente consistentes cambiando nuestros sentimientos, 
con mucha más razón podemos serlo cambiando nuestros juicios estéticos, 
imponiéndonos que nos guste cualquiera de esas estafas –un pedazo de hierro retorcido, 
por ejemplo– en las que algunos artistas incurren.
E-mail: gomezemeterio@gmail.com
http://emeteriogomez.wordpress.com

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