Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 1 de septiembre de 2012

En Latinoamérica y en Venezuela son pocos los que, con derecho, han entrado a la historia, y algunos de ellos no lo merecen.

Rayma

Entrar en la historia

¿Es trascender el propósito que el gobernante tiene o debería tener antes y durante su gobierno?

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ARMANDO SCANNONE |  EL UNIVERSAL
sábado 1 de septiembre de 2012  12:00 AM
Al hombre común le basta, que sus familiares que le sobreviven, lo recuerden con cariño y reconocimiento. Los gobernantes, deberían aspirar mucho más, entrar en la historia de su país, para el reconocimiento de las generaciones siguientes.

Me pregunto: ¿Es ese el propósito, trascender, que el gobernante tiene o debería tener, antes y durante su liderazgo o gobierno? ¿Serían su actuación y sus obras, consecuencia de su idea premeditada de entrar en la historia? Quizás los grandes hombres, que no fueron gobernantes, Aristóteles por ejemplo, no pensaron en eso. Respondían al ejercicio de una voluntad y vocación y, en algunos casos, Alexander Fleming, por ejemplo, además, en lo que podría hacer por la humanidad.

Cuando me refiero a entrar en la historia, no me refiero a quienes, por el rigor de la historia, se les dedican, a posteriori, una media docena de palabras, para confirmar que existió. Al contrario, ese sería el rechazo de la historia.

Los que entran en la historia son héroes o benefactores de la humanidad, pero personajes, como Hitler, figura predominante en la historia reciente de Alemania y del mundo, no tendrá finalmente relevancia en la historia, será vergüenza y detestado, y su figuración será cada día menor, permaneciendo quizás, y rechazadas, sus horribles acciones. Mussolini, ya casi no interesa en la historia de Italia.

En Latinoamérica y en Venezuela son pocos los que, con derecho, han entrado a la historia, y algunos de ellos no lo merecen. Los gobernantes mandaron casi siempre con narcisismo, para darse gusto de mandar y ser adulados, creo más bien, que nunca pensaron en la historia, y muy pocos se interesaron por el bien del país o por la humanidad. Se podría decir, que nuestros gobernantes buscaron el goce momentáneo, no el goce de lo bien cosechado, en el futuro, hasta la muerte. Quizás por lo poco que valían. Debo hacer la excepción de cinco presidentes que actuaron últimamente, de estilo y valía muy diferentes, pero que sí pensaron en el país y ejercieron honestamente sus diferentes liderazgos: Rómulo Betancourt, como líder y como gobernante, único en nuestra historia, fundador de la República como tal, Raúl Leoni, Eleazar López, Isaías Medina y C.A. Pérez.

Por otra parte, si hiciéramos el ejercicio de imaginar, lo que pensarían antes de morir, algunos de los tantos dictadores que hemos sufrido, podríamos pensar que sería algo como: "Fui dueño del país, hice lo que me dio la gana, pero no pude lograr el favor del pueblo. Fracasé". Lo que nos llevaría a volver a preguntarnos, en el caso específico de los dictadores, lo que me preguntaba antes, pero ahora con otro objetivo, y en situaciones diferentes, el de la grandeza o pequeñez del ser humano. ¿Es trascender, el propósito que el gobernante tiene o debería tener, antes y durante su liderazgo o gobierno? ¿Serían su actuación y sus obras, consecuencia de su idea premeditada de entrar en la historia? Me viene a la mente: ¿Cómo recordará la historia al gobernante que arruinó un país? 

ascannone@gmail.com

"Dos rostros de un país"

ROSALÍA MOROS DE BORREGALES |  EL UNIVERSAL
sábado 1 de septiembre de 2012  12:00 AM
El ser humano actual no se caracteriza precisamente por acciones de bien. La violencia es el rostro visible en la mayoría de las noticias cada día, y muy lamentablemente nuestro país no escapa a esta realidad; por el contrario, hemos ido en aumento, hasta el punto que hoy su exacerbación, por un lado nos asombra y produce miedo, y por el otro, pareciera que ha convertido a muchos en seres con corazón de piedra y mentes completamente cauterizadas. La practica constante de la mentira y el mal en todas sus facetas ha logrado que muchos sean incapaces de conmoverse ante la desgracia.  Quienes tienen en sus manos la responsabilidad y el deber de sacarnos de las llamas, han escogido el camino de la autojustificación.

No importa la magnitud de los hechos, lo importante es mostrar una imagen de bien aunque lo que subyace en el interior es más engaño. Mientras muchas naciones del mundo reportan la gravedad de los daños ocurridos en Amuay y sus gobiernos envían cartas de condolencia por las víctimas de tal acontecimiento, las autoridades más importantes de nuestro país y, los medios que las promueven sin restricción, se han dedicado a lavarle la cara a la desidia. Si bien es cierto que  los accidentes ocurren, esa actitud de defensa vehemente nos muestra un profundo egoísmo que revela quien está primero y por encima de todo el dolor que embarga a nuestra nación. Sin duda, una actitud que los mantiene anclados en las profundidades de la mezquindad.

A la par, podemos observar el esfuerzo titánico de los cuerpos de bomberos, defensa civil, médicos, enfermeras y todos los que han sido movidos a ofrecer su ayuda. Testimonios de familiares de las víctimas y de sobrevivientes nos revelan no solo el profundo dolor y desolación causados por el fuego, sino la profunda bondad en los corazones de muchas personas que han arriesgado sus vidas en el rescate de otros. Aquellos que han asumido sus responsabilidades y han preferido hablar con sus acciones; aquellos que han entendido que no es el momento de culpas, aunque los responsables inexorablemente deben ser entregados a la justicia. Aquellos que se han entregado a sí mismos en el servicio por sus conterráneos.

Dos caras de un país develadas en un escenario pintado por los diferentes matices del rojo. El rojo vibrante del implacable fuego, el rojo oscurecido de la sangre derramada, el rojo rutilante de los corazones que salvan vidas, y el rojo desteñido de una revolución que al igual que el fuego ha generado una inmensa destrucción. Dos caras perfectamente identificables, dos actitudes opuestas que muestran los extremos del ser humano. Un gran país que lucha y se esfuerza con cada aliento de su ser, y un pequeño grupo que afianzado en el poder pretende continuar subyugándonos bajo la mano del odio.

Un hecho tan terrible como el de Amuay nos muestra que el dolor irremediablemente nos tocará a todos en algún momento. Que las tragedias pueden unirnos como hermanos o separarnos como enemigos irreconciliables. Es una decisión personal continuar en esta absurda profundización del odio, o levantar la bandera de la bondad y de su mano ser guiados para luchar por los intereses de un gran país que a gritos nos pide que lo rescatemos.

"La bondad es el arma más formidable del ser humano".

Marco Antonio Moros Ghersi

rosymoros@gmail.com

http://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com

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