Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 6 de febrero de 2011

Excelente comentario sobre Carlos Andrés Pérez





YO SIGO ACUSANDO NOS INVITA A TRABAJAR POR LA REINVENCIÓN

DE LA POLÍTICA Y DE LOS PARTIDOS


"O sentimos emociones, o vivimos como un palo de escoba. Debemos ver y respetar la naturaleza humana. Hay grandes niveles irracionales e instintivos en cada ser que son difíciles de aceptar." (El Nacional)

UN LIBRO IMPRESIONANTE

Ante todo quisiera agradecerle a Agustín Blanco Muñoz el honor que me confiere al llamarme para que ayude a presentar este libro. Hay tres presentadores y un volumen de casi setecientas páginas.

Por mucho tiempo hemos estado vinculados a la Cátedra ‘Pío Tamayo’ Y se me hizo el honor de sumarme a su lista de autores publicados. En su colección Los Recados del sol, fue editado mi trabajo Éramos felices , allá en los días de las Jornadas de los No Descubiertos.

Realmente este libro Yo sigo acusando, habla Carlos Andrés Pérez es impresionante, como han sido todos los que corresponden a esta colección Testimonios Violentos de Agustín.

En otra ocasión me correspondió presentar el libro de entrevistas con Gumersindo Rodríguez. Entonces subrayé que el entrevistado dos años antes del 27F-89 lo había pronosticado con lujo de detalles, gracias a la metodología y análisis utilizada por ABM.

CAP EN TRES ETAPAS

Estamos ante una obra que se desarrolla a lo largo de tres décadas. Y vemos un Carlos Andrés Pérez, que va cambiando, a lo largo de lo que señalaría como tres etapas.



Una primera es el CAP que describe la gestación de la democracia venezolana, partiendo de su juicio sobre el 18 de octubre del 45, para llegar al 23 de enero y detenerse en el proceso de formación de los partidos políticos que hicieron vida en el Pacto de Punto Fijo, y fortalecieron la imagen de aquella democracia naciente.



Cuando pensamos en la segunda etapa, las entrevistas del año 95 y 96 conseguimos un CAP que está reflexionando sobre la base, quizás, del cuestionamiento de que había sido objeto a raíz de su defenestración, como lo recordaba el Doctor Lombardi.

Y esto empieza a apuntar hacia un proceso crítico de la política, hacia una descripción del desgaste del modelo democrático que se había implantado, esencialmente a partir del 23 de enero con los partidos políticos que hacían vida en Venezuela.

EL CASCARÓN VACÍO DE ACCIÓN DEMOCRÁTICA

Y empieza a apuntar hacia el desgaste y agotamiento de lo que CAP termina llamando el cascaron vacío de Acción Democrática. Es una modificación radical de su apreciación acerca del desarrollo de la política en Venezuela, pero, a mi juicio, con una adición por parte de Pérez: cerraba la instauración de nuevos modelos de reconocimiento de la realidad.

Uno puede interpretar un cambio en el modelo de esa democracia que había desarrollado el país, a través de sus partidos políticos, porque no tenía otra manera de pensarla. Se seguía considerando la política del mismo modo que se le acribillaba.

SUBESTIMÓ A CHÁVEZ

En mi opinión, CAP no entendió el fenómeno Chávez, lo subestima en las entrevistas que le hizo Agustín, y lo desechó sin ningún recurso a la interpretación y el análisis político de lo que estaba sucediendo. No entendió lo que estaba pasando en Venezuela.

Desechó y subestimó de plano el proceso constituyente en Venezuela, sin darse cuenta que ese proceso estaba detrás de una nueva emergencia de poder. Y no entendió qué significaba la abstención.

Y además pensó que el abstencionismo, que se hizo casi militante en esas décadas, era una censura a los partidos políticos. Era un no estar con el gobierno ni con la oposición. No se dio cuenta de lo que estaba pasando en la base de la voluntad política de la sociedad venezolana.

Eso hay que captarlo para poder entender el epílogo. Hace unos meses apenas, él se da cuenta de que todo aquello estaba absolutamente gastado y no sabía cómo interpretarlo.

No entendía que había pasado con los partidos políticos, hoy Alfaro Ucero es un caudillo decadente, vio en Caldera un presidente de la ruina del país, vio a un Copei disminuyéndose. No supo entender lo que sucedió el 04F con el golpe de Estado.

No entendió lo que significó ese triunfo minúsculo en la primera elección de Arias Cárdenas en Maracaibo, no entendió jamás lo que podía significar el proceso de la elección del año 95 y por supuesto no tuvo palabras para explicar lo que pasó en 1998.

AÚN ESTAMOS PAGANDO EL PRECIO DE SER

CONSECUENTES CON LA INSTITUCIONALIDAD DEMOCRÁTICA

De allí en adelante entra en un silencio hasta el 2010. Y dice cuestiones interesantes en las que debemos detenernos: aún estamos pagando el precio de ser consecuentes con la institucionalidad democrática y esa es una afirmación terrible.

Ramón Escobar Salom. Fiscal General de Ve-

nezuela que llevó a juicio a CAP

Él básicamente aceptó el veredicto de la Corte Suprema de Justicia sin haber oído la conseja que eso no lo debía hacer porque si seguía ese camino de la defenestración, estaría en peligro la democracia.

Y repite, aún estamos pagando el precio de ser consecuentes con la institucionalidad democrática Y lo está diciendo en junio-julio de 2010 hace unos meses apenas.

LOS REVOLUCIONARIOS DE HOY NACIERON DE

NUESTROS ERRORES

Los revolucionarios de hoy nacieron de nuestros errores. Ya con el segundo gobierno del presidente Caldera empezamos a pagarla y hoy la seguimos pagando, con todos esos desbarajustes que ha llevado el país a la peor de las situaciones y el reconocimiento de las culpas de aquel proceso que había exaltado. Luego nos repite: no contamos con partidos políticos sino con cascarones vacíos.

CAP ansía que se reinvente la política y que así se reinventen los partidos, sin lo cual no es posible reinventar la democracia, pero no puede pensarla y no la puede pensar porque está dentro de un solo modelo.

REINVENTAR LA DEMOCRACIA ES UN

PROCESO MUY COMPLEJO

Reinventar la democracia como quiso CAP, sin saber qué iba a pasar, es un proceso muy complejo. Porque repensar la política en términos críticos, renunciar a esa estructura, al concepto de poder y al manejo del poder de los partidos políticos que tenemos para rescatar lo que él piensa que se debe rescatar, no puede hacerse mirando el modelo del 23 de enero.

Ese rescate tiene que ser buscando otros valores que son totalmente distintos a aquellos que dieron lugar a su mejor recurso, aquél que señaló a Agustín en las entrevistas de los años 79.

CAP TOMÓ LA CICUTA Y LUEGO SE ARREPINTIÓ

DE HABERLA TOMADO

La muerte de Sócrates bebiendo la cicuta

Bien, pero CAP tomó lo cicuta, murió desde su punto de vista democrático, luego se arrepiente de haber tomado el camino de la cicuta, cuestiona aquella democracia, cuestiona aquellos partidos políticos, pero ya no tenía en la mente competencia para reinventar esa política.

Y yo creo que este libro de alguna manera nos invita a tomar esas reflexiones y tratar de iniciar ese proceso de reinvención de la política y de los partidos para realmente tener una democracia reinstitucionalizada y reinventada.

UNA LECCIÓN PARA LOS QUE HOY MILITAN EN

EL GOBIERNO Y EN LA OPOSICIÓN

Esto es una gran lección para los que hoy militan en el gobierno y para los que hoy militan en la oposición. Porque de lo contrario la salida sí va a ser violenta.

La salida no va a ser de un diálogo constructivo sino de distintos modelos y de nuevas visiones.

Y yo creo que estos políticos desgastados ya por el mismo peso de aquél modelo, también desgastado, no están entendiendo hoy al pueblo, no están entendiendo a los jóvenes que están creciendo bajo nuevos conceptos de país, de sociedad, de democracia y de la política.

Felicitaciones Agustín, este es un gran libro para entender lo que aquí ocurre y nos da un buen motivo para promover unos cuantos debates. Muchas gracias


JESÚS ESPARZA BRACHO

Rector de la


Universidad Rafael Urdaneta

30 de noviembre del 2010


Pero para completar este testimonio directo logrado por las entrevistas

no puedo obviar que para tener una idea completa de lo sucedido en

Venezuela para que surgiera Hugo Rafael Chávez, hay que leer


de la periodista

Mirtha Rivero



SÁBADO, DICIEMBRE 25, 2010

La rebelión de los náufragos o la culpa de todos

Andrés Corelli: “La rebelión de los náufragos” o la culpa de todoInevitablemente, leyendo el reciente y extraordinario libro, por lo bien escrito y documentado de Mirtha Rivero “La rebelión de los Náufragos” volvemos a la conclusión de que Carlos Andrés Pérez, que recientemente cumpliera 88 años, no sólo fue un controversial, visionario y emblemático Presidente que pretendió la modernización del país, su sistema político y económico sino una víctima fatal de la miopía del liderazgo de entonces, de un factoring político que le cobro un cúmulo de facturas no prescritas que fueron emitidas desde el año 1945, entre otros, por el inefable escritor Uslar Pietri, que se convirtió en el presidente y ductor de esa oscura sociedad en comandita denominada “Los Notables” cuyo aporte de constitución fueron añejos odios y rencores antiadecos y antiperecesistas, éstos últimos cosechados desde el propio partido, de su partido, del partido de gobierno, de la AD ortodoxa y viejoguardista.




Una sociedad donde participaron como accionistas viejos dirigentes frustados cuya amargura por perder el tren de la figuración y de acceso al poder hizo de CAP el comodín de sus odios, lideres políticos que fueron desplazados por la lucha interna de una partido que oscilo entre el sectarismo de un gobierno extremadamente adeco y mediocre, que llevo a “arrastrar los pies” ante la historia que los avasallaba y que no estuvo a la altura de enfrentar con liderazgo responsable los cambios que exigía el país para hacer frente a los reclamos de una sociedad cómoda y “free rider” acostumbrada a recibir sin mérito alguno la redistribución petrolera como mana que brotaba del cielo, tal cual el pasaje bíblico contenido en las Santas Escrituras.


Una clase dirigente anquilosada y reaccionaria a los cambios políticos propulsados por CAP en su campaña y en su gobierno, que pretendieron gozar de una renta vitalicia por el solo hecho de haber sufrido cárcel, ostracismo y persecución (lo cual hay que agradecer eternamente, reconocer su rol vital y esencial contra la dictadura perezjimenista, que contrasta con el que desempeñan tanto firifiri que hace política mediática, que no ha oído tres tiros y sufrido cárcel y persecución cuando ya están rellenando el formato de perseguido políticos en Miami o paseando por las tierras incas su condición de sufridos refugiados).


Un sociedad de cómplices notables que no les importó hacer naufragar el país, las instituciones democráticas y el régimen de libertades que sobre ellas se construyó, tan sólo por ver satisfecho su deseo de venganza, alimentado en la crítica sin sentido, en el anclaje del retroceso histórico y del freno a la modernización de una todavía incipiente democracia, pero con un acusado envejecimiento, muda ante los cambios operados en el mundo, mocha para hacer frente a los enemigos de siempre enquistados en un radicalismo ultrozo y trasnochado que permeó los cuarteles y alimentó el militarismo retrogrado de siempre, que frustraron generaciones de políticos con preparación y formación suficiente para convertirse en agentes del cambio pacifico y no traumático, con propuestas serias capaces de enrumbar al país por el sendero del desarrollo y hacer frente a los peligros inminentes que atentaban contra la democracia (pobreza, corrupción, un modelo económico desvencijado, un Estado paquidérmico ineficiente, una sociedad parasitaria y adicta a la perversa droga de la renta petrolera, que vio, favoreció, disfruto y se beneficio de la corrupción para luego bajo los estertores propios de los efectos posteriores de la alucinación prostituirse en el afán de seguir drogándose con la renta petrolera, como de meretriz adicta someterse así a los deseos y perversidad de un explotador y trata de blancas, lo que política y electoralmente se tradujo en la entrega al Teniente Coronel de Sabaneta, hoy aspirante a sustituir el “Barbazas del Caribe” en su monomanía fija y enfermiza de sumir a Venezuela en un “corralón” de miseria, atraso y corrupción so pretexto de instaurar un socialismo del siglo XXI como transición inevitable al comunismo.


Una sociedad en comandita por acciones de odios y rencores donde participaron empresarios, dueños de medios, políticos, intelectuales, jerarcas de la Iglesia, algunos perseguidos y aplastados por el régimen que recorren cual lloronas de cuentos de terror de los llanos escenerarios diversos reclamando sus derechos pisoteados y dignidad mancillada, que en la época de Pérez y en su deseos de figuración, cobro o pase de factura poco les importó someter al país a una postración antihistórica, en encallejonarlo como de reses que llevan al matadero se tratara, a una aventura militarista y populista que hoy la regimenta y hunde en pobreza, frustración y oprobio a la nación.


Fueron los mismos accionistas que llevaron como directores de la sociedad a tipos de la calaña de José Vicente Rangel, de empresarios inescrupulosos – afortunadamente los menos-, de facinerosos disfrazados de políticos de avanzada, de aventureros en busca de poder y riqueza fácil, de los eternos frustrados y resentidos de la izquierda totalitaria, quienes empuñando la daga de la traición los entregaron al circo de la historia, en que Venezuela se ha convertido.


Todos ellos alentaron, incluso antes a la asunción de Pérez al poder en su segunda oportunidad, los sucesos del caracazo, de las intentonas golpistas de, 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992. Todos ellos en alianza perversa y revanchista y resentida entregaron al país en bandeja de plata a este dictadorzuelo afrodescendiente, no por el la tez de su piel pues no somos racistas, sino por la manera de proceder y conducirse en el poder cual dictador africano. Todos ellos, a pesar que hoy lloran y se quejan contribuyeron a su llegada al poder, coadyuvaron a su consolidación y entronización. Élites que, como afirma Moisés Naím en el libro de Mirtha Rivera, probaron ser muy miopes: por estar defendiendo migajas perdieron la torta.


No obstante, también fuimos culpables quienes por omisión no hicimos nada por frenar el desmadre que se avecinaba; por mantenernos dentro de las cómodas burbujas creadas para que evitar el tema de lo público, por reaccionar como alérgicos a los ácaros frente a la dirigencia político pues los asuntos propios del Estado nos aborrecía.


Fuimos culpables de la doble moral, por convertirnos en usufructuarios de una súbita riqueza que como ente social malgastamos, disfrutamos sin importarnos de donde y cómo provenía, que nos erigimos en niños ricos malcriados y prepotentes convirtiéndonos en formadores de una venezolanidad artificiosa, irresponsable, caprichosa y banal.


Fuimos culpables de criticar y no aportar, fuimos cómplices de que la salida perniciosa y traumática de un Presidente elegido democráticamente, pero que lo sacamos a través de un fórceps institucional que hoy nos tare de cabeza. Hoy pagamos todos por nuestros errores como colectivo por habernos entregado a los cánticos reivindicativos y populistas de un enfermo del poder, que nos ha enfermado a todos y que se ha convertido en una pandemia para el mundo libre y democrático.


Somos culpables de permitir por nuestra abulia que la democracia se derrumbara, dimos martillos y herramientas a unos golpistas incompetentes para arribar al poder por las armas pero eficaces para secuestrarlo por las vías democráticas y demoler sus bases de sustentación a fin de que sacarán a relucir viejos esquemas y pretensiones militaristas salpicadas de aforismos, frases huecas panfletarias y recetas mal calcadas de moldes fracasados y obsoletos, que se han eternizado en el poder mediante la mentira, la manipulación y barrer a la disidencia democrática.


Fuimos culpables que a nuestra generación, los nacidos en los años 60 y 70, se nos sacaran de juego, que se nos impidiera acceder a los espacios de poder, de construir un liderazgo renovado y cultor de la optimización de la gerencia pública como ha sucedido, por ejemplo, en el vecino y hermano país: Colombia.

Fuimos culpables por inocentes, por pendejos irredentos de la llegada de Chávez. Lo peor que lo seguimos siendo, por omisión permitimos que este país siga dividido, postrado y en la cola de Latinoamérica. No sabemos poner freno, sino que nos frenen. No somos actores del cambio sino títeres para el retroceso; la carroña para que los buitres depredadores alimenten sus ansías de poder. Estamos como zombies deambulando en franco descomposición por las calles de la historia, como cadáveres insepultos que se empecina en transitar por el boulevard del fracaso y la ignominia como si once años no fueran suficientes.


No quiero ser exponente de una suerte de postura del negativismo sociológico, que se me acuse de practicar el pesimismo militante que desconoce las fuerzas o poderes creadores y libertarios del pueblo venezolano. No pretendo regodearme en la inclinación militarista y en la tendencia cuartelaria de nuestro país, ni resignarme a vivir en pseudemocracia.


Lo que quiero es desahogar mi culpa, llamar la atención sobre lo acontecido en los últimos quince años en el país y tratar de encarar el futuro a partir de los errores del paso reciente.


Mientras tanto, embebido y absorto en la lectura del extraordinario libro de Mirtha Rivero, un “riguroso trabajo de investigación periodística que analiza la trama de acontecimientos que condujeron al juicio político que produjo la separación de Pérez de la Presidencia de la República aquel 20 de mayo de 1993” , seguiré con el ánimo y la frente el alto, y más convencido de que la “hoguera de vanidades” de Caldera, Escobar Salóm, la ortodoxia de AD, los sanguijuela empresarial que vio afectada sus intereses, la rabieta de los próceres del gomecismo y medinismo, el acervo hereditario de odios y vanidades de pocos, nos llevo al infierno que muchos estamos viviendo.


Ojala que al terminar la lectura de “ La rebelión de los náufragos”, no me de por escribir el “Vivencias de venezolano naufrago” por estos quince años de gobiernos calderista y chavista que han hecho de mi existencia una vida ciudadana en la deriva. Y que perdone el Gabo por asaltar “copionamente” y con carencia de creatividad el titulo de una de sus mágicas obras.



http://lapatilla.com/site/2010/10/31/andres-corelli-la-rebelion-de-los-naufragos-o-la-culpa-de-todos/