Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 27 de febrero de 2011

Valencia se reivindica. Ya es hora de demostrar nuestra teoría sobre su capitalidad energética en Venezuela Parte I



Alejandro Feo la Cruz, María Eugenia de Feo la Cruz, Antonio Ecarri, María Luisa Maldonado y Ricardo Maldonado.






Hay que observar que el libro que se bautiza es AL FIN
UNA BIOGRAFIA DE MIGUEL PEÑA. ícono valenciano
desprestigiado por años en la Historia de Venezuela por
su liderazgo en La Cosiata y en el nacimiento de Venezuela
como NACION LIBRE desprendida de la Gran Colombia.
Ese juicio lo lleva el Teniente Coronel Hugo Chávez al máximo
iniciando su MVR200 en Valencia pero despreciándola en sus
discursos, por ese detalle histórico cuyo ciclo de referencia se
acabó junto con el suyo, surgiendo el verdadero:
"VALENCIA DONDE NACIO VENEZUELA".
Paralelo a eso surge la cualidad energética de la ciudad,
femenino además de la Nación, por la energía de los
arawacos y sus diosas del lago de Tacarigua, sello que hay que
descongestionar para que irradie libre y se integre el país
con su masculino
que Chávez, militar guiado por una anquilosada ideología
y machismo decadente, pretendió imponer durante el
tiempo cósmico
que le tocaba sin poder hacerlo, pues equivocó su misión
de vida,
por sucumbir a su sombra que es la proyección de la del
inconsciente colectivo nacional.
Tocamos fondo y debe emerge un país cónsono con
los tiempos, que
se le estrellan en la cara al comenzar los gritos de liberación
en lo más increíble: los países árabes, cayendo uno a uno
sus modelos de gobernante, siendo el más sangriento
Ghadaffi...Hasta Cuba se abre al cambio después que el
senil asesino psicópata que la gobernó y Maestro de una
transnochaada espiritualidad se convierte en el
Padre de Chávez pero con 50 años de retraso para el país
y los planes que él perseguía cumplir con nosotros, los
venezolanos.
Sale Miguel Peña reinvindicado, y en la Casa del Páez educado
odiado también por Chávez por las mismas razones que Peña,
que Primer Presidente de la República libre de Venezuela
vive en Valencia, capital de esa nueva nación, escogida como tal
libremente y por merecimiento, no por intereses coloniales,
se hace una cena donde las fuerzas vivas de la región celebran
bajo convocatoria de la Sociedad de Amigos de Valencia,
otrora fundación para defender los intereses de la región
con grandes logros en décadas anteriores.

Los tiempos llegan y Valencia poco a poco recupera lo que
le corresponde y está llamada a ser en la Nueva Venezuela.
No fue casual que el Primer Gobernador de Carabobo
electo por votación



popular que arrasó con viejos partidos fuera el baluarte de la
descentralización que


el hombre viejo en su agonía quiere
volver a imponer con los terribles y evidentes resultados



El Carabobeño 24 febrero 2011

Antonio Ecarri Bolívar || Apoteosis de Miguel Peña

Apoteosis de Miguel Peña

El pasado martes 15, de este mismo mes, se llevó a efecto el acto de bautizo de la última entrega (127) de la Biblioteca Biográfica Venezolana que publica la CA Editora de El Nacional y ésta vez se trató de la biografía del prócer valenciano Miguel Peña, bajo los auspicios de la Universidad de Carabobo y el diario El Nacional.

El acto se desarrolló en los salones de la Galería Universitaria Braulio Salazar de Valencia. La presentación estuvo a cargo del miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Venezuela Don Luis Cubillán Fonseca en discurso memorable. Fue todo un acontecimiento social.

Ciertamente, los salones de la Galería estuvieron a reventar con la cantidad de gente de todos los sectores sociales que integran nuestro estado. Allí se dieron cita los descendientes de nuestro Prócer: Carlos, Pedro e Ivette Maldonado Peña y el Dr. Jesús Ganem Arenas, así como líderes sociales de la Parroquia Miguel Peña, la más populosa de Valencia.

También prestigiaron el acto con su presencia: el Arzobispo de Valencia Monseñor Reinaldo del Prete y el Padre Pedro De Freitas en representación del clero carabobeño. De Caracas vinieron especialmente a este acto el Presidente Editor del diario El Nacional Miguel Henrique Otero Castillo y el Director de la Biblioteca Biográfica venezolana Simón Alberto Consalvi, el Alcalde Mayor de la ciudad de Caracas Antonio Ledezma y el Diputado al Parlamento Latinoamericano Henry Ramos Allup. Dos líderes fundamentales de Carabobo también estuvieron presentes: el gobernador del estado Henrique Fernando Salas Feo y el Alcalde de Naguanagua Alejandro Feo La Cruz Betancourt.

Muy significativo fue que la rectora magnífica de la Universidad de Carabobo Profesora Jessy Divo de Romero se hiciera acompañar a este acto con el Vicerrector Académico Profesor Ulises Rojas y por los ex rectores Aníbal Rueda, Ricardo Maldonado, María Luisa de Maldonado y Elis Simón Mercado Matute.

Los ex rectores Pablo Bolaños y José Luis Bonnemaison se excusaron por quebrantos momentáneos de salud. Así mismo acompañaron a la Rectora destacados profesores de nuestra Alma Mater. También se excusó, en extensa misiva, el primer Gobernador electo de Carabobo Henrique Salas Römer por quebrantos de salud.

Los periodistas amigos tampoco faltaron, estaban todos. Fue también relevante la presencia de dos campeones de la resistencia valenciana contra el totalitarismo y la corrupción: Noé Mujica y Gladis Valentiner.

Como es imposible mencionar a todos los que allí estuvieron, acompañándonos en este acto de reafirmación histórica y universitaria, sin cometer injusticias, me permito agradecerle a todos y cada uno de esos entrañables amigos su asistencia, pues con su presencia lograron el sortilegio de convertir el sencillo acto de bautizo de un libro, en una apoteosis para el regreso de Miguel Peña a la memoria histórica de Valencia y Venezuela.

Allí, en nuestro turno en la palabra dijimos, entre otras cosas que (...) “La importancia de escribir sobre Miguel Peña estriba, entre otras muchas razones, en recordar a líderes civiles intencionalmente olvidados por gente que se encuentra circunstancialmente en el poder, quienes pretenden emular la inveterada costumbre de los regímenes totalitarios, según la cual, lo que ocurrió en la historia es lo que le conviene al régimen y todo lo que no lo hace es tergiversado o, simplemente, no existe.

Todavía está fresco el recuerdo de la historiografía soviética, donde, por ejemplo, León Trotsky, alter ego de Lenin durante tanto tiempo, desapareciera de los libros que se publicaban en la URSS y fuese borrado de las miles de fotos que en vida se tomó al lado de Lenin, Kamenev, Zinoviev, Stalin y demás jerarcas del aparatchik comunista. Al convertirse en disidente... dejó de existir, simplemente”.

Y para finalizar hice una propuesta: “(...) El balance de la vida y obra de este gran valenciano lo hará la posteridad, pero como quien escribió este trabajo no es sino un historiador aficionado, se nos debe permitir la licencia de no ser tan objetivo e imparcial como un científico social a quien se le exige inflexible rigurosidad analítica.

La licencia me permite, entonces, proclamarme como admirador incondicional de uno de nuestros más importantes héroes civiles y proponer que como con el culto oficial a Bolívar no han quedado calles, ni plazas, ni Municipios, ni República sin su nombre, démosle los carabobeños a Miguel Peña la satisfacción perpetua, como un homenaje sencillo y popular, de colocar una foto suya en cada escuela, de cada barrio, de la Parroquia que lleva su nombre, con la trascripción íntegra del discurso que pronunció el 4 de julio de 1811 y que nos dio la independencia desde el día siguiente hasta nuestros días.

Este aporte trata de reivindicar a los venezolanos en general y a los valencianos, en particular, con la memoria de Miguel Peña, uno de los más grandes próceres civiles de nuestra historia, para poderle hacer justicia a él y a uno de sus biógrafos, Don Ramón Azpúrua, quien en 1877 hizo un comentario que nos causa vergüenza: “Hasta hoy no se ha hecho demostración alguna de gratitud nacional a la memoria del renombrado hijo de Valencia, del esforzado servidor de la Independencia sud-americana. Cuanta ingratitud de los pueblos ¡...cuanta indolencia de los valencianos...!



NOTA: Ni tanto, Antonio Ecarri recuerde esta ponencia...

La Sociedad Cultural de Venezuela entre los siglos XVIII y XIX, Ponencia Bolivariana - Mayo 1997


INTRODUCCIÓN

La vida cultural venezolana durante los siglos XVIII y XIX forjada en una sociedad cuyos preceptos morales y educativos per­tenecían más a la edad media que a la época contemporánea. Este retraso cultural «os viene por vía expedita desde que España quiso trasladar o copiar su sociedad decadente sobre las vírgenes comu­nidades indígenas. No se trata en esta ponencia reeditar la vieja polémica entre la leyenda negra y la leyenda dorada, pero, si hace­rnos un balance al respecto y en cuanto al aspecto cultural se refie­re, podemos llegar objetivamente a la conclusión de que la influen­cia hispana en la sociedad venezolana, la excesiva religiosidad y el carácter despótico que se impuso como un sello a la colonización llenó de oscurantismo y de regresión a la población, al mismo tiempo que frenó todo intento creativo de desarrollo cultural que estuviese a tono con las nuevas corrientes y doctrinas que se asimilaban en el resto del mundo. El arte en Venezuela estuvo en pañales, se inició un movi­miento artístico después de la instalación de la Compañía Guipuzcoana en 1730. En las bodegas de sus barcos llegaron las primeras partituras de música sacra para que el Padre Sojo fundara su escuela en 1770, los primeros pianos llegaron a Caracas 26 años después (en 1796). La pintura fue generalmente anónima y religio­sa, sólo sobresale el pintor Juan Pedro López, con el grito de inde­pendencia vendrían Juan Lovera, iniciador de la pintura histórica, Martín Tovar y Tovar, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena.

La gesta independentista irrumpe contra el modelo cultural establecido por España. Se revela el espíritu creador y la temática se vuelve más pagana, los temas históricos van a sustituir a los religiosos. No obstante las guerras civiles internas en las que estu­vo inmerso el país, la cultura en general logró un repunte impor­tante que va a ser consolidado con e! decreto de la instrucción pú­blica gratuita en el último tercio de! siglo XIX.

LA SIESTA DE TRES SIGLOS

La vida apacible y taciturna apenas era interrumpida por los tañidos de las campanas que desde ¡o alto de su vetusto estuche de piedra señoreaban como símbolo de dominio colonial, en el recinto eclesiástico se dejaba oír el murmullo de las oraciones, por las ca­lles, escasos transeúntes expandían sus pulmones para aspirar los olores floridos que bajaban de las verduzcas colinas traídos por las brisas del Catuche y del Caruata por el norte, del naciente venía el Anauco deslizándose muy lentamente y, por el sur, monopolizando los inquietos cristales se impone el Guaire. Así era la dulce paz aldeana del Valle de Caracas. Esta descripción de la ciudad de Caracas de principios de siglo XVIII pudiera ser entendida como la expresión genuina de lo que significaba toda la provincia de Venezuela. Para entonces, Ca­racas era la expresión de la venezolanidad culturalmente hablan­do. Fuera de Caracas, solo un puñado de modestos centros urbanos mantenían una incipiente actividad cultural, en otros, ni escuelas de primeras letras había.

La sociedad cultural que imperó en Venezuela durante la época colonial estuvo impregnada excesivamente de la religión ca­tólica, atrás quedaron las extinguidas culturas indígenas, cuyos vestigios apenas se van a manifestar en algunas danzas, léxicos, orfebrería, cestería, gastronomía, etc., que por su discreción van a sobrevivir a la destrucción del hombre blanco. Esta destrucción de los elementos indígenas tuvo su mayor énfasis en los pueblos de alta cultura, en centro América con Los Mayas, en México con los Aztecas y en la Sierra Andina con los Incas. La idea fundamental de la realeza española era la de borrar toda huella americanista en sus dominios, como lo intentó también con la cultura bantú prove­niente de la África negra, tres afluentes culturales se unificaron para formar una amalgama de credos, costumbres e idiosincrasia pero en forma desigual.

Una cultura se va a imponer a las otras. El hombre blanco establece su hegemonía, se va a institucionalizar una cultura para la dominación hispana.

La corona española concebía el proceso colonizador como un trasplante de su sociedad a tierras americanas, o lo que es lo mismo, hacer de las colonias americanas una miniatura (a imagen y semejanza) de la sociedad española. Con los conquistadores y colonizadores llegaron a Venezuela las decadentes instituciones feudales y con ellas se transferían también las concepciones ¡nedie-vales sobre el hombre que sostenían la superioridad del blanco es­pañol sobre los demás grupos humanos sometidos, de allí la crea­ción de una sociedad desigual, elitesca, llena de prejuicios y vicios, donde los privilegios eran para ellos y para los demás la servidum­bre. Estos preceptos medievales contemplaban una obediencia ciega al rey cuyo poder consideraban que emanaba de Dios, su reli­gión era excluyente, dogmática, intolerante, profundamente vene­rada, absolvente de sus actos y omnipresente en todo su bagaje cul­tural. El criterio que poseían del trabajo sería en la actualidad su­mamente ridículo. Odiaban el trabajo físico y científico. Estimaban que los oficios técnicos, los trabajos agrícolas, artesanales, etc., no eran dignos de ellos por su condición de hidalgos o nobles. Solo se preocupaban por educarse en el arte militar, en la religión y en las leyes. Veamos lo que nos dice el

File:Miguel Jose Sanz.jpg




Lie. Miguel José Sanz: "Materialmente no hay persona distinguida que no pretenda ser militar, aun­que carezca de todas las nociones preliminares e indispensables a ese noble ejercicio, ni nadie blanco o blanqueado, que no quiera ser abogado, sacerdote o monje y aquellos que no puedan llevar tan lejos sus pretensiones, aspiran por lo menos a ser notarios, escriba­nos, suplentes de sacristán, o pertenecer a alguna comunidad reli­giosa, en calidad de lego, pupilo o recogido, de manera que los campos se hallan desiertos y su fertilidad testimonia contra nuestra negligencia. Se desdeña la agricultura. Quiere cada cual ser Señor o vivir en el ocio, entregado a los feos vicios de la lujuria, el juego, la intriga y la calumnia".



Por su parte Arístides Rojas refiere: "El señorío de Caracas prefería para sus hijos, antes que un título científico, un grado mi­litar... Hubo abundancia de teólogos y de filósofos, en tanto que los barberos desempeñaban el cargo de cirujanos y los hierbateros el de médico y pasaban como insignes arquitectos, científicos y alarifes". La educación llevaba el sello de la iglesia católica, la religión regía toda la vida social y la enseñanza se restringía a materias de la misma índole: gramática latina (sin conocer antes la gramática cas­tellana), la filosofía aristotélica, el derecho civil y canónigo y teo­logía moral y dogmática. Además de este carácter eclesiástico, a la educación solo tenían derecho los blancos y sus descendientes, la educación no llegaba al pueblo, no fue sino hasta comienzos del siglo XIX cuando se logró un permiso del Cabildo de Caracas para la creación de una escuela donde pudieran educarse los que no fue­ran blancos.

A partir de 1725 se crea la "Real y Pontificia Universidad de Caracas por conversión del antiguo seminario de Santa Rosa de Lima. Esta casa de estudios estaba bajo la autoridad del Obispo y en ella se mantuvo él mismo pensum religioso de su antecesora. Es la Universidad un antro de ideas conservadoras, opuestas a todo progreso o idea civilizatoria. E incluso, entrada la primera década del siglo XIX, un poco antes de la declaración de la independencia, se sostenía el siguiente criterio: "La autoridad de los reyes es deri­vada del cielo, las personas de los reyes, aún siendo tiranos, son inviolables, y debe siempre respetárseles y obedecérseles."(1) En la Universidad solo pareciera existir la voz iluminada del padre Baltazar Matrero.

Paulatinamente fueron surgiendo escuelas de primeras le­tras en las ciudades más importantes del país. En Cumaná, la se­gunda ciudad en importancia después de Caracas, no hubo escuelas elementales sino hasta 1759 que instruía en gramática latina a los que se iban a iniciar en el sacerdocio, después de 20 años se incor­poraron la cátedra de filosofía y teología moral. En Mérida se creó un seminario, pero cuando los vecinos pidieron que se convirtiera en una Universidad, las autoridades españolas les respondieron así: No se puede "porque su majestad no consideraba conveniente el que se hiciese general la ilustración en América."

Las manifestaciones artísticas también giraban en torno a la religión. El objetivo de la instrucción musical, por ejemplo, con­sistía en preparar los estudiantes para los cantos de liturgia católi­ca en la iglesia. Kl arte musical empieza propiamente dicho con el Padre Pedro Sujo y Juan Manuel Olivares en la segunda mitad del siglo XVIII (1770). De la escuela de estos maestros salieron Cayetano Carreño, José Ángel Lamas (Popule meus), Lino Gallar­do, Juan José Landaeta (Gloria al Bravo Pueblo).

Después del establecimiento de la Compañía Guipuzcoana se produce un impulso a la economía del país y a las artes. La pin­tura se mantuvo fundamentalmente anónima y religiosa. Sobresa­lían los frescos pintados directamente a la pared con imágenes de santos y pasajes bíblicos. En el transcurso del proceso independentista la pintura derivó en alegórica a las batallas y actos patrióticos. La arquitectura colonial se caracterizó por las cons­trucciones militares destinadas a la defensa del territorio (ftiertes, castillos, etc.), construcciones religiosas (catedrales, iglesias) y las grandes casonas coloniales de origen civil.

IDEAS LEVANTISCAS

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII Comienza la sociedad venezolana a permeabilizarse con ideas refrescantes que traen los vientos europeos. Algunos venezolanos se educaron en el exterior o se formaron mediante la introducción clandestina de li­bros y escritos "subversivos" que se distribuían secretamente en las aulas universitarias y en las tertulias nocturnas frente a una husmeante taza de cacao. Esta osadía de leer libros prohibidos por el régimen español se pagaba muchas veces con la muerte. De esta comenzaron a llegar las ideas republicanas y liberales a ¡as mentes ávidas de nuevas doctrinas, se hicieron familiares los nombres de Reynal, Voltaire, Descartes, Rousseau, Montesquieu y otros filóso­fos como Locke. Esas modernas corrientes filosóficas iban a pene­trar en aquella sociedad cerrada y dogmática.

La imprenta tardó demasiado en llegar a Venezuela. En otras colonias españolas se usaba el medio impreso desde tiempos remo­tos. México en 1539, Guatemala en 1560, Lima en 1584, Bogotá en 1620. En Venezuela llegó a finales del período colonial, en 1808. Con esta imprenta introducida desde Trinidad por los ingleses Mateo Gallegher y Jaime Lamb (se dice que era la misma que utilizó Mi­randa en sus invasiones) se publicó el primer periódico de Venezuela "La Gaceta de Cacaras" en 1808. Otra imprenta llegaría 16 años más tarde, en 1824, financiada por Domingo Navas Spínola y en la cual se reedita la "Historia de la colonización y población de Venezuela por Oviedo y Baños.

Eufóricos por los acontecimientos del 19 de abril de 1810, contingentes de patriotas que se habían sacudido de las tinieblas y de la ignominia dieron rienda suelta a su genio e intelecto dormido por largos años. Las plazas públicas estaban de fiesta, se oía la música guerrera. Los versos de Andrés Bello (autor de la primera canción patriótica: "caraqueños otra época empieza") eran canta­dos por Carreño, Vicente Salías improvisó el "Gloria al Bravo Pue­blo". "Gallardo hacía resonar la calle con su marsellesa venezola­na".

Todo este desbocamiento de las inquietudes artísticas de los vene­zolano van a seguir su cauce hasta formarse capas de la sociedad notablemente cultas e instruidas en libros franceses que desde mu­cho antes del grito de independencia habían adquirido de contra­bandos. En la viejas casonas mantuanas se irradiaba cultura, nu­merosos anaqueles repletos de libros de doctrinas revolucionarias que habían sorprendido al sabio Humboldt a principios del siglo XIX.

Este proceso culturizante que pudo haber abarcado a las ca­pas inferiores de la población, es decir, al pueblo llano, quedó trun­cado por el huracán de la guerra de independencia: "Al desatarse la tormenta de la guerra en 1811, Caracas era un crisol intelectual cuyas manifestaciones comenzaban a revolucionar rápidamente, e incluso brillantemente, hacia un estilo que no habría tardado en hacer de la Capitanía uno de los mejores centros de cultura del continente". "'De Venezuela salieron los ejércitos patriotas a darle la libertad a los andes meridionales, la guerra de exterminio costó al país en lapso de 10 años 300 mil vidas, su población bajó consi­derablemente, mientras que Bogotá y Quito con mejores condicio­nes económicas y con menos pérdida de vida logró desarrollar su educación y su arte.

RESUMEN DE LA PONENCIA

La ponencia fue dividida en dos partes. La primera, la siesta de tres siglos, enfoca en forma genérica la vida apacible de! villo­rrio caraqueño a principios del siglo XVIII, se pasea por el mesti­zaje cultural donde va a prevalecer como elemento donrinante los valores del blanco español, no obstante, vestigios afro-indios se conservarán en un recóndito lugar de la sociedad colonial. Se hace referencia sobre la concepción del medioevo que profesaba la so­ciedad española de entonces, para luego detenerse en el análisis socio-cultural de la vida colonial de nuestro país. En este somero análisis se busca destacar el carácter dogmático de la religión que moldea todas las esferas de la sociedad, su carácter excluyeníe que no tolera otras ideas que no sean las que maneja el clero y el abso­lutismo. El rechazo a las nuevas doctrinas y a los conceptos moder­nos de educación como artificio para mantener al pueblo en las tinieblas y facilitar su dominación.

En la segunda parte, ideas levantiscas, se esboza muy rápi­damente los aires de revolución que traen las nuevas ideas que han podido penetrar el coto cerrado de la cultura colonial. A finales del siglo XVIII Caracas goza de una capa social culta y renovadora que es la misma que va a asumir la dirección o la vanguardia del movi­miento emancipador, tópicos de actualidad en el mundo se discuten en la ciudad capital, la sociedad venezolana pudo revolucionar culturalmente bajo el influjo de estos sectores, pero el tributo que debía pagar nuestro país a la liberación suramericana ha de ser muy grande, los campos de la sierra Andina se regarían con sangre patria, en lugar de la pluma vino el fusil y la luz de la cultura fue el precio que se pagó por la libertad.

BIBLIOGRAFÍA

Arias Amaro Alberto, Historia de Venezuela. Editorial Romor. 174 PP.

Díaz Sánchez Ramón. Guzmán, Elipse de una ambición de Poder. Editoria! Mediterráneo. Madrid, 1975. Tomo I. 301 pp.

González Juan Vicente. José Félix Rivas. Ediciones del Ministerio de Educación. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1988. 170pp.

Grosscors Enrique. Miguel Peña. Editado por la Secretaría de Edu­cación y Cultura del Ejecutivo del Estado Carabobo. Valencia 1979. 195 pp.

Vargas Ponce José y García Alvarez Pablo E. Historia de Venezue­la. Editorial Romor. 158 pp.

Pinceladas en el Tiempo

Este Artículo es Propiedad intelectual de Alexis Coello


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Lectura Tangente

Un evento importante reunió esta semana a destacadas personalidades de la política nacional, y a representantes de las fuerzas vivas de la entidad. Se trató del bautizo del libro "Miguel Peña" del carabobeño y vicepresidente nacional de Acción Democrática, Antonio Ecarri Bolívar.

Con su octava obra, Ecarri Bolívar decidió rendir homenaje al prócer civil "injustamente no biografiado e intencionalmente olvidado", pues como mencionó en su discurso citando a Arturo Uslar: "lamentablemente, la imagen de nuestro pasado generalmente es el resultado de una operación de mutilaciones, preferencias y prejuicios que los historiadores han hecho sobre la historiografía.

Y aludiendo a Manuel Caballero pronunció: "una cosa es maquillar la historia, algo habitual en los regímenes y otra cosa es abolir la historia, un propósito muy particular de los regímenes totalitarios, cuyo fin es dominar no sólo a aparato del Estado, sino a la sociedad y sus conciencias".

En todo caso -siguió- en todos los actos de la vida cultural de hoy, nuestro deber intelectual es desenmascarar a quienes quieren tergiversar nuestro pasado (...) Hay quienes desde el poder se empeñan en tergiversar la historia de tal grado que pretenden presentar a valencianos como Peña, como los perpetradores de crimen de la división de la Gran Colombia.

De ahí que la importancia de este evento radicó no sólo en celebración de la nueva publicación de Ecarri Bolívar, pues el momento se prestó para rendir homenajear a un hombre ilustre que defendió a su patria y tierra natal hasta sus últimos días.

Pero, ¿quién fue este hombre calificado de controversial, polémico, gran valenciano, excelente venezolano, e injustamente acusado de propiciar la división de La Gran Colombia?. Para despejar esta interrogante, fue consultada la obra de Ecarri Bolívar y el miembro de la Academia Nacional de la Historia, Luis Cubillán Fonseca, a quien el autor dedica su nueva publicación.

Una analogía con un tema de interés actual, se desprende de las impresiones tomadas en el evento: "imagina la Gran Colombia, en su capital se decidía todo y el primer movimiento descentralizador lo encabezo Miguel Peña, que no fue para dividir o independizar, sino fortalecer las decisiones dentro de un país nuevo". La pronunció el gobernador Henrique Salas Feo.

Cubillán Fonseca coincide al señalar que "ciertamente, en lo técnico administrativo, primero luchó por separar a Valencia de Caracas, luego por separar a Venezuela de La Gran Colombia, de manera que en las dos amplitudes hay un espíritu descentralizador", esto aún siendo un gran amigo de Simón Bolívar, aunque no compartían las ideas centralistas. De la biografía, se extraen datos algunos datos la información que continuación se presenta.

El hombre

Miguel Francisco Peña Páez nació y murió en Valencia (1770 – 1830) en su casa natal, ubicada en la calle Cantaura de la actual parroquia La Candelaria. Fue el hijo mayor del primer matrimonio de don Ramón Peña y Garmendia, con María Antonia Páez.

Nunca se casó, pero estuvo enamorado de una joven aristocrática llamada Hilda, quien era hija del Marqués del Pumar, pero este amor no prosperó porque ella murió. Después, hizo vida marital con "la González de Valencia", luego tuvo tres hijos con la bogotana Josefina Granados y en Trinidad procreó a Ramón, a quien desheredó por razones que esgrimen del testamento.

Estudió en la Universidad Real y Pontificia de Caracas, donde recibió el titulo de abogado o Doctor en Leyes. Trabajó en Trinidad en la transición de ésta de manos españolas a inglesas. "El héroe de mil batallas", diplomático, legislador, defensor de lo venezolano y lo valenciano murió el 8 de febrero de 1833. Así concluye el libro, no sin antes mencionar que los restos Peña están en el Panteón Nacional.

Independencia de Venezuela

Cuando comenzaban a surgir las ideas de independentistas, Peña se sumó a la Junta Patriótica, y el 4 de abril de 1811 pronunció un discurso contundente que definió nuestra historia, pues pedía la inmediata independencia de Venezuela. Esta sería quizá, su primera acción "descentralizadora".

En la primera parte argumenta que, hasta el 19 de abril de 1810, la historia política de Venezuela presentó un "teatro de despotismo con todos sus atributos", en el que la humanidad fue degradada, a lo que suma el monopolio comercial, y la vulneración de los derechos del hombre, ejercido por el "barbarismo" español.

"Seamos independientes: publiquémoslo en el día al mundo entero, levemos la patria al ato rango que ella exige; y si es preciso, para sostenerla, muramos todos y Venezuela, cual otra Sagunto, dará a las generaciones futuras un sublime ejemplo de constancia, de virtud y de heroísmo", finaliza el discurso. Al día siguiente, se declaró la independencia de Venezuela.

Separación de Valencia y Caracas

Valencia sufría la opresión –de 300 años- que mantenía Caracas, al punto que los caraqueños clausuraron el puerto de Borburata para sí crear el puerto de La Guaira e impedir que los valencianos tuvieran acceso al mar, como reseña Cubillán Fonseca.

Por ello, Miguel Peña y Fernando Peñalver consideran la separación de ambas ciudades, pues de ahí "venía la miseria de la provincia". Y comienza una lucha por traerse la capital a la provincia, trabajo que logran al declararse la Ciudad Federal en Valencia, proceso que ocurrió entre 1811 y 1812. Y en 1824, Bolívar aboga ante el Congreso de Nueva Granada para que creara la Provincia de Carabobo, cuyo primer Gobernador fue Fernando Peñalver.

Fin de la Gran Colombia

Con La Cosiata, comienza una gran conspiración en contra de Bolívar para separar a Venezuela de La Gran Colombia, pues económicamente era imposible de mantener, ya que funcionaba en base al centralismo.

Peña conspira activamente con José Antonio Páez para alcanzar la secesión de Venezuela de la Gran Colombia, y "sin ningún pleito, ni guerra", sino con diplomacia, "movió todos los arbitrios para destruir sueño de Bolívar", explica Cubillán Fonseca.

Así, se conforma el Congreso Constituyente en la Casa de la Estrella, cuando Venezuela se separó de la Gran Colombia. En ese momento Valencia vuelve a ser capital de la República, pero ese mismo año Páez es convencido para que regresara a Caracas "con la Capital detrás" , y Valencia pierde definitivamente este título, el 30 de mayo de 1831.

Y de la obra de Ecarri Bolívar se extrae: "cuando al presidente Páez le preguntan, saliendo de Valencia, si Peña o acompañaría dijo en forma de chanza, aunque de mal gusto: "El Dr. Peña es como el gato, que acompaña al amo hasta la puerta".

El jurista

El Dr. Miguel Peña es merecedor del respeto de los juristas venezolanos, pues como mencionó el ex Magistrado Aníbal Rueda, demostró tener una gran formación en esta área, cuyo dominio y prática, formaron parte de las bases de las primeras constituciones y leyes venezolanas.

Cuando Peña regresa a Venezuela –como reseña la biográfia- Bolívar lo está esperando para postularlo como diputado al Congreso de Cúcuta y es de los firmantes de la nueva Constitución de la República de Colombia, instancia que presidió temporalmente.

Más tarde –agrega- el 14 de febrero de 1828, le escribe a Bolívar que acudirá enfermo, a la Convención Ocaña, donde fue convocado por el Libertador para que participara en el Congreso Constituyente que salvaría la integridad territorial de La Gran Colombia y aprobar una nueva Carta Magna. Esto fue quizá, lo último que realizó como político, antes de retirarse hasta morir.

El amigo de Bolívar

Peña acompañó a Bolívar en la creación de La Gran Colombia (1821), participó en la convención de Ocaña (1828), de la que se desprenden señalamientos en su contra por haber "conspirado" en contra del Libertador a su regreso de la Convención de Ocaña, pero como acota Ecarri: "ahí está la carta que dejó Bolívar meses antes de su muerte, pidiéndole encarecidamente a Peña que regrese a la Corte Suprema de Justicia, acepte la embajada colombiana en EE.UU. o que lo acompañe al Consejo de Estado para cogobernar con él".

También fue víctima de quizá el precedente más antiguo de inhabilitación con excusas administrativas, que se desprendió de una acusación por usufructuar un cambio de divisas por un empréstito agrícola, a la que Bolívar encaró con el Decreto de Amnistía, como menciona Ecarri Bolívar.

La obra de Ecarri Bolívar merece ser leída, pues "Valencia amó al Dr. Peña, y lo tuvo siempre como un héroe civil", y en palabras del autor: "La foto de nuestro héroe debería estas en todas las escuelas nacionales y estatales.

E-mail: danchi@notitarde.com


27 febrero 2011

Hoy y Después en Valencia


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Alfredo Fermín

Gente glamorosa y elegante llenó el jueves en la noche los corredores de la Casa del General José Antonio Páez para la X Cena de la Amistad organizada por la Sociedad Amigos de Valencia, que preside Subdelia Páez de Sevilla con la acertada cooperación de don Luis Ovalles Urriola.

Esta cena se ha convertido en un encuentro de la auténtica valencianidad, de la gente que quiere a su ciudad y está preocupada por los ingratos momentos en que las circunstancias políticas la mantienen. Son muchas las personas que se abstienen de asistir porque el centro está convertido en una boca de lobo donde reina la inseguridad. Pero los que se atreven a ir pasan ratos memorables porque es revivir a la Valencia gentil y distinguida que se nos ha ido.

Lo más espectacular de este encuentro social es el privilegio de pasar una noche en esta joya de casona colonial que, según los expertos, ha sufrido pocas transformaciones desde que en ella residió con Barbarita Nieves el primer presidente de la República, José Antonio Páez, en 1830.

En ese tiempo el general Páez llamó al mejor pintor de la ciudad, Pedro Castillo, quien años más tarde sería el abuelo del eminente pintor Arturo Michelena, para que recreara pictóricamente las batallas en las cuales había participado en su lucha por la independencia de Venezuela. El salón principal fue decorado con escenas mitológicas muy al gusto de la época y en la parte más alta de las paredes están unos paisajes ovalados que seguramente son de su sobrino Carmelo Fernández.



Ambiente distinguido

Todo ese tesoro pictórico está bien conservado, de tal manera que, con la apropiada luz que tienen las lámparas de la casona, el espectáculo nocturno es auténtico y deslumbrante. Es fácil imaginar que ese ambiente distinguido fue el que disfrutó la alta sociedad valenciana invitada por el primer Presidente de Venezuela quien, con su amada Barbarita, se convirtió en un hombre de gusto refinado que tocaba violín y gustaba de las interpretaciones de arias de óperas, como cuentan cronistas de la época.

Este año la primera autoridad civil del estado, el gobernador Henrique Fernando Salas, y el arzobispo de Valencia, Reinaldo Del Prette, prestigiaron con su presencia esta velada en la que hubo brindis, cena alrededor de mesas bellamente decoradas con flores y briseras y un recital de Rubén Darío acompañado de su guitarra, con sus canciones de siempre, que disfrutaron alrededor de 200 invitados.

Las horas pasaron volando y todos quedamos extremadamente satisfechos de las atenciones y de los gratos momentos, por lo cual reiteramos que el centro de Valencia hay que rescatarlo y la mejor manera es logrando que la gente lo vuelva a frecuentar con la garantía de que habrá iluminación y seguridad como en los cascos históricos de las grandes ciudades. Es un sueño a largo plazo pero, algún día, será realidad porque las próximas generaciones descubrirán el tesoro arquitectónico que, a pesar de tanta destrucción y desidia, aún nos queda.


Por cierto, no sabemos si es por complicidad o por descuido de las autoridades que antiguas fachadas de casonas coloniales están siendo derribadas sin ninguna consideración. La infracción a la ordenanza municipal que protege el patrimonio arquitectónico del centro consiste en que comienzan a construir locales comerciales, de adentro hacia afuera, y cuando la obra está lista, en la noche derriban la fachada. Uno de estos casos ocurrió en la avenida Montes de Oca, entre Libertad y Colombia. Allí están listos para alquilar unos locales, con grotescas santamarías, que evidencian que si esa aberración se hizo con autorización del municipio, no ha debido ser gratuita. Cuando se pasa por allí "huele a guiso". Y lo peor es que ese no es el único caso porque en anteriores administraciones también hubo estas irregularidades con el mismo procedimiento.


Noe Mujica Concejal del Sur de Valencia

Gladys Valentiner, Concejala de valencia y ¿por qué no futura Alcaldesa?
Se lo merece...



El Carabobeño 26 febrero 2011

Décima Cena de la Amistad,una bella tradición con historia

Décima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historiaDécima Cena de la Amistad, una bella tradición con historia


Tiffany Cachutt Florencio / Fotos: Pedro Pinilla / rinst@el-carabobeno.com

La Cena de la Amistad que organiza desde hace diez años la "Sociedad de amigos de Valencia" presidida por Subdelia Páez de Sevilla, se ha convertido en una tradición de la fraternidad valenciana en la que se reúnen personalidades del ámbito social, político y económico de la región con la finalidad de compartir los deseos de protección y cariño hacia nuestra ciudad.



Este año el acostumbrado encuentro en la Casa Páez rindió homenaje al Bicentenario de la Declaración de la Independencia de Venezuela y además obsequió un arreglo floral a la Virgen del Socorro como acción de gracia.

Para dar la bienvenida a los invitados Subdelia ofreció unas calurosas palabras seguidas de un brindis, luego el Gobernador del Estado Carabobo, Henrique Fernando Salas Feo habló sobre el valor de la cena para unir a las familias, y para finalizar Monseñor Reinaldo Del Prette bendijo los alimentos que los invitados degustaron durante la noche.

Un banquete de comida internacional, acompañado con un buen escocés y exquisitos vinos, excelente música de fondo, una elegante decoración y agradable ambiente fue definitivamente lo que significó la recepción en la tradicional Casa Páez que representa parte de nuestra h



María Cora Páez de Topel: “Valencia tiene un futuro que se pierde de vista”


Perteneciente a una distinguida familia carabobeña, esta mujer es luchadora por naturaleza. Desde que nació vive en esta ciudad a la que adora y siempre ha retornado a pesar de las vueltas del destino. Con una reconocida trayectoria en la movida cultural valenciana, esta dama nos cuenta acerca de su vida.

Secretaria de Cultura del Gobierno de Carabobo


María Cora Páez de Topel nació en una Valencia tranquila sin tanto tráfico y sin tanto alboroto. Su infancia transcurrió en una casa ubicada en la Avenida Bolívar con sus áreas verdes y la alegría de sus 10 hermanos. Con el paso del tiempo y el crecimiento de la población valenciana, la familia Páez tuvo que mudarse de aquella casa a causa de la expropiación de terrenos para la primera ampliación de la avenida, hace ya unas cuantas décadas.

De aquellos tiempos recuerda con especial cariño sus viajes con sus hermanas a Caracas a pasar vacaciones en la casa de su tía. “Mi infancia fue muy feliz, porque mi familia era muy grande”.

Conociendo el mundo

La primera oportunidad que tuvo de conocer el mundo fueron aquellos 2 años en los que vivió en Madrid, España, junto a toda su familia. Al finalizar su bachillerato se muda a los Estados Unidos, a Washington específicamente, para realizar un curso de secretariado ejecutivo bilingüe, a pesar de que su sueño era el de estudiar periodismo.

A su regreso a Valencia comienza a trabajar en el departamento de compra de la Ford Motor de Venezuela, pero dura solamente dos años, pues no le gustaba “eso de cumplir horario”.

Así, decide agarrar sus cosas y mudarse a Caracas para estudiar periodismo. En la capital dividía su tiempo entre su trabajo en una empresa petrolera y sus estudios en la Universidad Central de Venezuela. Más tarde, una huelga general universitaria interrumpe sus estudios y resuelve ir a pasarse una temporada en España con sus tíos.

No imaginó que aquel viaje cambiaría sus planes, pues no retomó sus estudios y se casó con su primo León Topel Capriles. A los dos días de haberse casado regresan al país a establecer su residencia en la capital carabobeña.

Atracción por las Artes


Se puede decir que su pasión por el arte le viene de familia. Aún hoy, María Cora Páez de Topel conserva un cuadro para el que modeló siendo una jovencita y que fue pintado por el maestro Braulio Salazar. “Ésta fue una idea de mi madre, ella me compró el vestido que luzco en esa pintura especialmente para eso y fue una oportunidad que mi madre no desperdició porque Braulio ya se estaba dando a conocer”, recuerda.

Su interés por el arte se fue acentuando a medida que leía e iba conociendo un poco más de las corrientes artísticas y de sus diferentes exponentes, además, claro está, de sus múltiples visitas a reconocidos museos y galerías de Europa. No en vano puede hablar con propiedad de diferentes movimientos artísticos y de sus precursores, que en algunos casos, conoce personalmente.

Su trayectoria en el área cultural comprende no sólo ser coleccionista de arte, sino también haber sido presidenta del Ateneo de Valencia durante cuatro años aproximadamente (desde el 74 hasta el 78). Durante su gestión se lograron cosas importantes, a pesar de la crisis por la que esta institución estaba atravesando. Algunas de éstas fueron la organización de cuatro ediciones del Salón Michelena y la publicación, a color, de un libro contentivo de las obras expuestas en él. “Fue una experiencia que disfruté muchísimo”, asegura.

A la par de esto, ha desarrollado durante un buen tiempo la tarea de ser articulista de opinión para el diario “El Carabobeño”. En sus escritos se pasea por temas de actualidad que pueden ir desde cultura hasta política. “Ésa es una tarea que siempre me ha gustado porque disfruto mucho el escribir”. Tanto así, que gracias a su esposo logró la publicación de dos libros, ambos llamados: “Valencia, Venezuela y el Mundo Contemporáneo”.

Su labor le ha sido reconocida por diversos entes en la región, incluso fue nombrada “Miembro numerario de la Academia de la Historia”, distinción que ella recuerda con mucho honor y cariño. Actualmente es vicepresidenta de la Sociedad Amigos de Valencia que tiene como misión exaltar a las personas que han hecho o hacen algo por la ciudad, a través de exposiciones, charlas, entre otras cosas.

“Valencia es una ciudad que tiene un futuro que se pierde de vista”


“Valencia es una ciudad que tiene una gran actividad cultural. Esto se debe a que existen muchas instituciones que velan por ello: el Ateneo, la Asociación de Escritores, la Sociedad Amigos de Valencia, y muchos más”. La señora Páez de Topel considera que ésta es una ciudad que tiene mucho futuro. “Es un lugar al que adoro y no lo cambiaría por nada”. Sólo espera que la situación social que se está viviendo en el país mejore para que se logren muchas más cosas que procuren el bien para todos por igual.

Escrito por Neysa Hurtado
Domingo 13 de Marzo de 2005 a las 3:47 pm ( 2,776 lecturas )