
“Montado sobre el buey, vuelvo a mi hogar.
Estoy sereno. El buey también puede descansar.
El alba ha llegado.
En este dulce reposo, en mi cabaña, dejo a un lado el látigo y la soga.”
Comentario:
Todo está sometido a una única y misma ley; somos nosotros los que hacemos del buey una realidad temporal.
Pero es como la relación entre el conejo y la trampa, los peces y la red. O como el oro y la escoria,
o la luna que asoma a través de la nube. Un sendero de clara luz viaja por el tiempo sin fin.
Todas las enseñanzas desvelan una Realidad Única. El buey es un símbolo.
¿Quién se preocupa del lazo cuando se tiene la liebre? ¿Qué importa la red cuando se tiene el pez?
La luna se eleva por encima de las nubes. Ahora brilla, penetrante y serena, la verdadera Luz, la de antes de la creación…
La mente es como un río. Su fin es siempre el océano.
Domar la mente es dejar de luchar contra la mente.
Cuando la lucha cesa, la mente se vuelve apacible y fluye siguiendo su propia naturaleza.
Ahora comprendes que tu mente egoica, esa con la que te identificabas y que te identificaba,
no es más que una manifestación de la Mente Única de la que ha surgido.
Y de la misma manera que el niño regresa siempre al seno de su madre, tu mente egoica, cuando dejas de luchar contra ella, tiende por propia naturaleza a regresar al seno de la Mente Única. Entonces desaparece.
La actividad del río desaparece en la calma abismal del océano.
Los pensamientos, las sensaciones, los recuerdos, se disuelven como burbujas de jabón en la vasta inmensidad del cielo azul.
Ahora eres un vasto cielo ilimitado y, aunque eventualmente vuelvan a surgir pensamientos, recuerdos y sensaciones,
ya no pierdes la conciencia de ser cielo ilimitado porque has alcanzado el punto de no retorno.
En un momento dado lo olvidamos todo y nos quedamos solos y sin memoria. Sólo Conciencia.
Las nubes ya no ocultan la luna llena.
Aquí estás ahora. La verdadera luz brilla penetrándolo todo.
Has encontrado la Fuente de la Creación de la que surgen todas las formas creadas.
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