lunes, 9 de mayo de 2011

Jesus Rosas Marcano falleció en Caracas en plena primavera , el día 7 de mayo del año 2001.

admiradores de Jesus rosas marcano
Nació en La Asunción, Estado Nueva Esparta, el 5 de enero de 1930, sus padres fueron Isidra Marcano de Rosas y Juan Baustista Rosas. Tuvo tres hijos: Serenella, Jacqueline y Rudolf, con su esposa Dora Fluger. De sus 71 años de vida dedicó más de 50 a la docencia y más de 40 al ejercicio del periodismo, y en los últimos 20 años desarrolló un reconocido trajo en la canción popular.

Maestro y periodista estrechamente ligado al sentimiento y creatividad de los niños. Ungido por el aura de la Epifanía, nació en La Ciudad de La Asunción un 5 de enero, en vísperas del Día de Los Reyes del año 1.931. Como poeta de la infantilidad y del amor, falleció en Caracas en plena primavera , el día 7 de mayo del año 2001.

Asumió el magisterio y el periodismo, con abnegada entrega. Su gran pasión era crear y mantener vínculos de comunicación trascendente entre todos los seres. En este propósito, la poesía será su medio más apropiado para acortar distancias entre los niños. Con ellos cultivó y resaltó valores que ennoblecieron aún más, su condición humana:

“Con mis enemigos parto el pan
Y con mis amigos el dolor.
Nunca guardo odios en mi corazón
Y alegro al que sufre con una canción”

Pocas veces se armonizan recíprocamente tan bien, el periodismo, la poesía y el magisterio, en una misma persona, como en el caso de Jesús Rosas Marcano. En él, estas facultades parecen haber permanecido siempre juntas. Aun cuando aparentemente se muestren distintas en sus formas y fines, no obstante mantienen una alta identidad en sus valores pedagógicos. Son recíprocamente constructivas cuando se proponen resaltar aquellos objetivos éticos, morales y humanos, esenciales para construir toda sociedad. Tienen de común el estímulo pedagógico para la formación del ser humano, que es la esencia de toda actividad docente. De igual modo, el de la orientación y superación de toda colectividad, que viene a ser nutriente fundamental de un periodismo bien ejercido y fuerza vivencial de toda concepción lírica bien sentida. Jesús Rosas Marcano fue un maestro de fecunda creatividad en todo cuanto tuviera que ver con el uso de la palabra: ya en el verso, en la lección o en la información. Trascendió más aún en su rol de educador, al magnificar las pródigas bondades de su magisterio, dedicándose a ensayar, practicar, estudiar y profundizar el ejercicio del periodismo escolar, como una función inherente al quehacer pedagógico. En él, tanto el magisterio como el periodismo, fueron dos caudalosas vertientes de amorosa pasión creativa, que confluyeron positivamente en ese trascendente mundo imaginativo de su poesía. Fue tan profundo e intenso el ímpetu de su creatividad, que en la indetenible velocidad de su pensamiento, siempre llegó a alcanzar la más nítida expresión de la grandeza lírica. Así se explica su estrecha e íntima afinidad con la forma de crear, de pensar y de comunicarse con los niños, razón por la cual a ellos estuvieron dirigidas siempre, sus más perdurables composiciones poéticas:

"Es que uno aqui en la escuela
por más que la dibuja,
la copia en el cuaderno
y en los libros la estudia,
no sabe cómo son los moldecitos
que envarillan la lluvia"

Por acertada y oportuna, como descripción reafirmadora de su naturaleza humana, vayan las palabras de Miguel Otero Silva cuando, al tratar de precisar la originalidad que como escritor tiene este hombre, sentenció: “Mi amigo Jesús Rosas Marcano escribe, con la más difícil facilidad del mundo, versos para niños de todas las edades. No se pone escafandra para llegar hasta la pura esencia del mensaje. Tiene enclavada en el corazón una brújula llamada José Martí.”

Y es que Jesús Rosas Marcano, igual que Aquiles Nazoa, mantuvo siempre una densa emoción expresiva de la palabra, en la sabia cercanía que guardó su poesía, con el lenguaje mágico y la capacidad imaginativa de los niños. Rosas Marcano fue un hombre cuyo hacer físico e intelectual estuvo regido en todo momento, por la más pura esencialidad de los valores. No por azar cursó primero la carrera del magisterio, profesión en la cual se desempeñó con apasionado fervor, hasta llegar, a través de su ejercicio, al corazón de los niños, tanto para sentirse en igual nota de correspondencia con ellos, como para recrearse en ese misterioso mundo de magia y de sabiduría que encierra la mente infantil.

Necesitado como estaba de alcanzar con suficiente pertinencia y propiedad, el dominio técnico y profesional de la comunicación social, para darle más trascendencia a cuanto iba descubriendo en el pensamiento de los niños, se inició y culminó con éxito en el estudio del periodismo, tanto dentro, como fuera del país y principalmente en Francia, donde se doctoró con la distinción de “Cum Laude” en Metodología de la Investigación en Prensa. Obtenida esta alta calificación académica alcanzó también, del mismo modo, la fortaleza intelectual que le permitiría proyectar, en expresiones de universal comprensión para el sector más humilde de la sociedad, el valioso caudal de imágenes e ideas que en todo momento atesoró en su corazón de maestro, con el fin de ponerlas al alcance del pueblo. Indudablemente, Jesús Rosas Marcano nació para hacer suyo y luego proyectar con la debida propiedad y armoniosa trascendencia, el pensamiento de los niños y el de la gente humilde:

"Oye Tomasa
te regalo mi bandera
la copia en el cuaderno
y cúando muera
no sabe cómo son los moldecitos
lllevala casa por casa"

Se engrandece del mismo modo, cuando demuestra su identificación sentimental con la canción popular, a la cual dio muchas veces música y letra, perennizándola en las interpretaciones de “Un Solo Pueblo”, conjunto que, así como los niños, en la expresión universal de su inocencia, le harán decir algún día, que son para él: “la vida, una luz, un camino…”

Todas las revistas dedicadas a los niños o mensajeras del sentimiento infantil, fueron motivo de su preocupación y celosa guarda: Tricolor, La Ventana Mágica y Onza Tigre y León. Esta última, ahora lo presenta como uno de sus símbolos humanos de mayor identificación con la creatividad y el pensamiento de los niños, porque para ella, en su libro “Siempre Amanece”, escribió la letra que hoy le sirve de himno, con el título de: Canción para Onza, Tigre y León:

Onza, Tigre y León
es ir sin volver,
es la vibración
que me hace leer

Dichosa aventura,
vida y realidad
que une en la lectura
pueblo y libertad
Poesía y cuento,
saber y sentir,
como el alimento
que me hace vivir.

El que lee sabe,
con saber profundo
donde están las llaves
para abrir el mundo


Hablando de ti, poeta

Con un dolor intenso oculto en el alma, vimos como el último ocaso del largo verano que azotó estos pueblos comidos por la sed de despidió navegando en barcos de viento y entre agajes de nubes entre la candela que bebe el horizonte. No podía yo comenzar estas líneas sin hablar de los elementos que siempre amó Jesús Rosas Marcano, y sigo su partida en los resplandores de cada amanecer que se levanta en las sabanas de Guacuco, porque cuesta no nombrar esa mar donde amontonó tantos versos. Donde montaría en el lomo de una ballena para buscar caracoles y caballitos de mar.

No puedo poeta dejar de contar cuando descubriste que el patio de la casa donde naciste es el río que baja de El Copei, y cuando sentías que las primeras lloviznas golpeaban el zinc del rancho de Juan Marta corrías a mirar por la tapia cómo aquella vena de agua crecía te apresurabas a construir barquitos de papel que llegaran al sol y les dabas nombres bonitos con diminutas figuritas pintadas con creyones de cera.

Los cuentos de ti los sabemos todos, porque en cada rama de almendrón están los duendes de tus fantasías, barrigones blancos y negritos tumbados de risa esperando los compases de tu imaginación, construyendo castillos con palitos de guayaba, donde los niños se asomaban por ventanas mágicas vestidas de sueños.

Qué bueno fue conocerte, poeta en todas partes y a cada paso, atesorando la vida, presagiando las rendijas para mirar más allá de nosotros las veinte líneas de lo cotidiano. Qué bueno fue poeta ser tu amigo con esa mirada de quien escarba en nada y encuentra un tesoro repartiéndolo luego a cada cual en pedacitos.

Fuiste entonces poeta, el campanario dispuesto a invadir el silencio asuntino para convocar todas las calles y zaguanes a la hechura de la vida con olor a baúles que guardan confesiones condenadas al olvido, y uno sin querer traspasaba los lazos de años caminando el filo de la huida por los techos altos que devolvían la voz de la caña brava, donde las paredes destilaban el barro bueno, donde los tuyos éramos todos y sentías por dentro los pájaros y los peces, y las luces llamando a despertar del trasunto de las cosas.

Ahora poeta, hemos quedado vestidos en la orilla, de los pesares, a solas, pero curiosos de conocer las manías y las locuras de tu corazón que se cayó cansado a instancia de los primeros truenos del invierno. A pesar de todo nos queda la luz del cirio que siempre fuiste para coronar el vuelo de las tortolitas, para echarnos encima de los troncos de los árboles que han quedado íngrimos sin verte por última vez antes de soltar tu espíritu en busca de la montaña encandilada donde las cenizas se vuelven eternas.

Las puertas de estas esquinas consumirán tu ausencia, y se abrirán para la garúa que nos traerá el respiro de la herida que nos ardió con el adiós de tu escritura.


Jesus Rosas Marcano



Jesús Rosas Marcano nació en La Asunción un 5 de enero de 1930. Este fue un margariteño que logró reunir en una sola alma la esencia de la docencia, el periodismo y la poesía, que entregó como legado a los centenares de venezolanos que ayudó a formar, y su pueblo en general.


Cirio, como es también conocido, dedicó 50 años de su vida a la docencia, 40 al ejercicio del periodismo y unos cuantos a la investigación de la comunicación y sus procesos. En los últimos 20 años de su existencia, Rosas Marcano desarrolló un reconocido trabajo en la canción popular.

Su madera docente la pule al graduarse como maestro en la escuela Normal Miguel Antonio Caro, en 1949. Inició su carrera en la Escuela Rural Caurimare, en los Dos Caminos. Más adelante hizo sus estudios universitarios en periodismo, en la Escuela de Comunicación Social de la UCV y escoge la Universidad de La Sorbona en París, para realizar estudios de postgrado.

Esto le permite regresar a la docencia pero ya en el plano universitario donde también se inicia como investigador. En 1960 asume la Cátedra de Historia de Medios de la Escuela que lo formó, la de Comunicación Social de la UCV.

Como periodista inició tareas como reportero en Ultimas Noticias, bajo la dirección de Oscar Yánez. Allí descubre el gusto por los versos humorísticos cuando empieza a escribir bajo el pseudónimo de Ross Mar. Luego vendrá Capilla Ardiente, una columna diaria que duró 20 años con la que firma Cirio; y la Espuma de los Días que firma Hisopo, ambas en el diario El Nacional.

Por los 80 se inicia en el Diario de Caracas donde escribe sus recordadas Veinte Líneas, hasta el final de la primera etapa de este diario. Las páginas del Semanario Quinto Día albergan nuevamente su verso desde 1998. En 1999 es invitado a colaborar en Así es la Noticia donde retomó la Capilla Ardiente y en el diario el Sol de Margarita escribió una página semanal de humor bajo el mote de Pata e’ cabra, lo que le permitió retomar la experiencia vivida como colaborador de El Camaleón (El Nacional).

Dedicado a los “chamos” y a la música

Su trabajo dedicado al periodismo infantil y juvenil vió luz en los diarios La Voz de Catia (Martes Infantil), El Nacional (La Pájara Pinta), El Globo (Glo-Glo), El Diario de Caracas (Presencia Juvenil) y la Revista Ventana Mágica. Esta fue un área que realmente apasionó a este gran hombre de letras ya que la siguió desarrollando hasta el fin de sus días a través de los talleres que dictaba en distintos planteles educativos públicos y privados. Igualmente cultivó la poesía infantil, la cual quedó plasmada en varios poemarios.

Otra de las grandes pasiones de Cirio fue la Canción Popular que como el mismo reconoció “toda Venezuela las canta”. Fue la agrupación Un Solo Pueblo la que popularizó gran parte de sus letras, con temas como “Botaste la bola”, “Nadie ha visto negro como yo”, “Quítame la mano”, “Las campanadas de la Catedral” y la “Marcha de los pendejos”.

Y para afianzar en el ámbito periodístico y académico eso de las tonadas, creó, junto con el profesor José Fernández Freites el semanario “La canción popular” a partir de una materia optativa de la Escuela de Comunicación Social de la UCV.

Fue a principios de este siglo cuando Jesús Rosas Marcano nos deja, con una inmensa sensación de vacío para continuar el sendero que con mucha inteligencia, picardía y humor supo transitar. Lo más seguro es que en el cielo se sigan escribiendo páginas con su verbo incansable y se sigan escuchando las sabías palabras de un ser que nació para aprender y vivió para enseñar.

Florece Rosas Marcano

Del 30 de mayo al 4 de junio la fundación creada en su memoria debutará en la escena cultural con la realización de una cátedra a la usanza de las que “el profe” promoviera desde la Escuela de Comunicación de la UCV. Sus letras serán la materia

Claudia Furiati

LEGADO Serenella Rosas y José Rodríguez rescatan el mundo del “Cirio”
ÁNGEL COLMENARES
ALEGRÍA Su máxima siempre
LUIS VALLENILLA

Son más de setenta las canciones escritas por Jesús Rosas Marcano que han pasado a formar parte del acervo de la fundación creada por su hija Serenella Rosas y el productor cultural José “Enano” Rodríguez. El propósito es mantener viva la obra del periodista, humorista y poeta margariteño fallecido hace un año.

Muchas de estas canciones gozan de la mayor popularidad gracias a la agrupación “Un Sólo Pueblo”, sin embargo pocos saben que la autoría recae sobre el “Chú”, como cariñosamente era llamado Rosas Marcano. Por ejemplo, la primera canción que escribiera para la agrupación venezolana, “Botaste la bola”, resultó todo un hit nacional. Ni se diga de piezas como “La Marcha de los pendejos”, “Quítame la mano”, “Las Campanas de la Catedral” y “Negro como yo”.

Recuerda Serenella que la etapa de escritor de temas musicales de su padre, coincidió con el inicio del Seminario de la Canción Popular, que por más de dos décadas llevó adelante con el profesor “Cheo” Fernández Freites en la Escuela de Comunicación de la UCV.

Sin saberlo, ambos investigadores del cancionero popular latinoamericano, generaron un inédito formato para estudiar la comunicación y la historia de nuestros pueblos.

Armando Manzanero y Silvio Rodríguez fueron algunos de los famosos testigos que desfilaron por este singular espacio.

SERVIDOR MUNDIAL
La Fundación Jesús Rosas Marcano tiene como propósito “ofrecer los servicios que papá daba al mundo”, simplifica Serenella.

Proyectar el Seminario de la Canción Popular fuera del Alma Mater es una de estas tareas y en cada ocasión nutrirán la experiencia musical con otras facetas del recordado “Cirio” (el humor, la docencia, el periodismo).

También está adelantando los contactos para realizar la segunda edición del festival de la Canción de Jesús Rosas Marcano en La Asunción, Margarita, (agosto). Asimismo están organizando la reedición los talleres de periodismo infantil; ofrecer servicios de tutoría para tesis de grado en comunicación social, editar un cancionero y producir un CD con sus aguinaldos y parrandas para este diciembre.

Reconocen que para todo esto se necesitan recursos económicos, pero confían en que la fuerza de convocatoria que siempre tuvo “Chú” les acompañará.

De hecho no escatiman a la hora de dar los créditos a fieles amigos que han sumado su arte a esta noble iniciativa: Graterolacho, Laureano Márquez, Miguel Angel Bosh, Rosa López, Magali Ramírez, Andrea Herrera, Carlos Julio Ramírez, Francisco Pacheco, entre otros.

ESCRIBIR SIN MUSA
Aclara la hija del poeta que, como escritor de décimas Rosas Marcano más que acudir a la musa, siempre se impuso el ejercicio reflexivo, la labor intelectual.

Recuerda una de sus recurrentes frases al respecto: “hay que temer a lo que venga fácil porque puede ser un lugar común”. En otra oportunidad afirmó: “La inspiración no existe. Para crear uno tiene que convocar su corazón, su cerebro, lo que ha leído, el momento”.

De allí la empatía que logró establecer con otro gran poeta y cronista latinoamericano, Tite Curet Alonso, para quien forzar la escritura y apelar a la métrica, permitía aflorar prosas de calidad.

Una de ellas titulada “Lo mejor de Venezuela”, la dedicó a su partner de décimas: “El instinto no es colegio / porque al corazón apela / es función que se desvela / en usted muy campechana / cantando en forma galana / lo mejor de Venezuela”.




Juan José Prieto