Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 1 de agosto de 2011

Dios mio volvimos a ese encuentro de la sombra humana que hay que integrar y parece que en pleno siglo XXI despierta con más fuerza

Las notas que he escrito a mis formadores en
espiritualidad ha sido un reclamo porque en nadie veo
que se hable de lo divino, siempre politica, ideología,
materialidad...
Es imperdonable que un presidente que se dice amante de
su pueblo entregue como petain, lord chamberlain, y
tantos que han puesto en manos ajenas las columnas
vertebrales de sus compatriotas por miedo o una ideologia
sin pensar en las consecuencias para su alma. tal es el
caso de chavez quien ha dado al g2 cubano, a fidel castro
el sistema de identificacion, el documento nacional del
ciudadano que desde 1994 poseemos los venezolanos,
incluso como medida estrategica. es la estrella de david
amarilla cosida al uniforme de rayas que en los campos de
concentracion identificaban a los no gentes.



01-08-11 | Opinion

Maldad patológica y maldad ideológica

Por Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en Cuba, es periodista, escritor. Su último libro se titula La mujer del Coronel(Alfaguara, 2011)


La defensa del noruego Andres Breivik girará en torno a su presunta locura. El abogado defensor intentará persuadir a los jueces con un razonamiento muy extendido: ¿quién, que no esté absolutamente loco, es capaz de organizar semejante carnicería entre un grupo de inocentes? A lo que tal vez agregue un elemento adicional que reforzaría su tesis: el señor Breivik tomó alguna droga antes de cometer sus asesinatos. Esos psicotrópicos afectaron su conducta.

Ignoro si la justicia noruega aceptará esos argumentos. Espero que no los tomen en cuenta. Son producto de la interesada confusión entre la maldad patológica y la maldad ideológica. La maldad patológica deriva, en efecto, de un trastorno de la racionalidad. El loco oye voces, a veces acompañadas de visiones, que le piden que mate. Él se limita a obedecer esas órdenes. Usualmente, a ese tipo de demente lo clasifican como esquizofrénico. Es posible, incluso, que las voces y las visiones tengan un componente positivo: Juana de Arco, entre otros muchos "visionarios", probablemente era una esquizofrénica que militó en una causa noble.

El malvado ideológico es otra cosa. Es alguien que puede hacer daño sin ningún freno moral porque sus creencias y valores lo autorizan para ello. Hitler no era un loco. Era un malvado ideológico convencido de que debía exterminar a los judíos, a los gitanos, a los Testigos de Jehová o a los homosexuales porque eran seres dañinos para la especie. Lenin, Stalin o Mao eran también malvados ideológicos. Para ellos el asesinato en masa de los "enemigos de clase" no constituía un crimen sino una necesaria obra de limpieza revolucionaria que se ajustaba al catecismo marxista y a la dictadura del proletariado.

Cuando Hugo Chávez, en 1992, ataca la mansión presidencial y provoca centenares de muertos en las calles de Caracas, o cuando le escribe una carta de solidaridad a Carlos Ilich Ramírez, el despiadado "Chacal" autor de innumerables crímenes, no es víctima de una distorsión de la realidad, sino de un juicio ético pervertido por la ideología. La muerte violenta de sus adversarios, simplemente, le parece justificable. Por eso no tiene inconveniente en abrazar a Ahmadineyad, el tirano iraní que afila la espada nuclear para acabar con los israelíes.

Incluso los matarifes de las bandas de narcotraficantes son malvados ideológicos. Sus abominables acciones no derivan de creencias políticas, sino de intereses y valores tribales que generan sus códigos de comportamiento: para ellos decapitar inmigrantes o extorsionar a los trabajadores es legítimo porque les genera dinero y les gana el respeto de la banda a la que pertenecen y el terror de la sociedad sobre la que imperan.

En realidad, los malvados patológicos son muy pocos. La fauna que abunda es la de los malvados ideológicos. Como nos reveló el premio Nobel Konrad Lorenz en Sobre la agresión, los seres humanos carecen de frenos instintivos que les impiden hacerles daño a sus congéneres, horrible descubrimiento al que acaso no fue ajena su propia y lamentable militancia en el partido nazi, hecho del que se arrepintió en su momento.

Prácticamente, cualquier ser humano "normal" puede torturar cruelmente o asesinar a otra persona si sus ideas, creencias, intereses, valores y atmósfera social así lo demandan. Siempre recuerdo la sorpresa que me causó saber que cerca de mi casa en La Habana vieja, hace ya muchas décadas, existía una siniestra edificación del siglo XIX, "el azotadero", a donde las personas honorables llevaban a sus esclavos desobedientes para que los desollaran a palos. Generalmente, acudían a ese sitio tras escuchar misa en la hermosa Iglesia del Ángel.

No hay que dejarse confundir con los malvados ideológicos. Hay que castigarlos con la severidad que permita la ley y con el desprecio público por sus actos. Y hay que comprender que la única correa capaz de sujetar al feroz animal que duerme en el corazón de nuestra especie son las instituciones surgidas de la Ilustración para proteger los derechos individuales y para limitar y fragmentar la autoridad de quienes ejercen el poder. Sólo estamos a salvo del zarpazo de los otros cuando nos contenemos todos con la camisa de fuerza de la institucionalidad proporcionada por la democracia liberal. Fuera de ese marco comienza la selva.




Fuente: www.elblogdemontaner.com

El fin de Chávez y el gobierno cubano

Por Carlos Alberto Montaner*

(FIRMAS PRESS) La prioridad de los servicios cubanos es apuntalar al chavismo en el poder a cualquier costo. Dan por sentado que Chávez se morirá pronto y hacen planes. Están en estado de alerta y se mueven en esa dirección a toda máquina. Cuando Adán Chávez, el hermano mayor de Hugo, ya al corriente del cáncer que afectaba al Presidente, regresó de Cuba hace unos días y dijo en Caracas, públicamente, que había que pensar en defender a la revolución bolivariana por cualquier vía al margen de las elecciones, estaba describiendo el punto de vista y la desesperada estrategia de La Habana.

Era predecible. Raúl Castro y su hermano tienen buenas razones para temer que Chávez, si se muere, se lleva a la tumba a la revolución cubana. Esos 100,000 barriles diarios de petróleo, y los copiosos subsidios que le concede a la Isla, son el principal sostén de una dictadura asombrosamente improductiva, como no se cansan de denunciar los propios mandamases del régimen. Si se corta ese flujo de recursos la hecatombe sería mayor que la padecida cuando desaparecieron la URSS y su generoso subsidio. Entonces, a principios de los noventa, la capacidad de consumo de los cubanos se contrajo súbitamente en un 40%. Ahora sería peor.

El escenario que Raúl y Fidel temen es probable que suceda: la cúpula chavista, sorprendida por la desaparición del caudillo venezolano, se divide y es barrida en las urnas. Eso es lo que quieren evitar. Todos saben que en ese país no hay nadie en las filas oficialistas que despierte simpatías populares. Chávez no creó un partido sino un coro de sicofantes. Muerto o en medio de una prolongada etapa agónica, simplemente, no tiene sustituto. Por eso Adán comenzó a preparar las condiciones para un escenario violento. Trataran de imponerse por la fuerza y la represión utilizando a los chavistas cercanos al castrismo, más o menos como Moscú, durante la Guerra Fría, dominaba a sus satélites utilizando a los camaradas locales prosoviéticos. Lejos de pactar un acuerdo pacífico con la oposición, van a "radicalizar el proceso", como dicen en la jerga. En ello les va la vida.

El fin de la colaboración entre La Habana y Caracas conlleva otro aspecto muy grave para los Castro. En Venezuela hay unos sesenta mil cooperantes cubanos. Si el chavismo pierde el poder tendrían que repatriarlos rápidamente y temen que un porcentaje grande intente quedarse. Hay planes de contingencia para evacuarlos por cualquier medio en una especie de Dunkerque caribeño si la situación se hace muy crítica, pero antes de llegar a ese punto el gobierno de Raúl Castro hará cualquier cosa por mantener su jugosa colonia.

Los demócratas venezolanos de la oposición, naturalmente, no se cruzarán de brazos. No son idiotas. El mensaje que ya le están susurrando al oído a los diputados chavistas y a los militares con mando de tropa va en la otra dirección: es inútil tratar de convertir el gobierno de Caracas en una dictadura procomunista contra la voluntad del 80% de todos los venezolanos, incluida la mayor parte de los chavistas, como confirman todas las encuestas. Ese intento terminaría en un baño de sangre. No hay chavismo sin Chávez y nadie sabe exactamente qué es la revolución bolivariana más allá de un inmenso desorden que se ha tragado un billón (trillón en inglés) de petrodólares mientras demolía una buena parte del tejido empresarial. Llegó el momento de quitarle la mecha a la bomba de tiempo mediante unos comicios honrados y el compromiso de no pasarle la factura a nadie por los 12 años de chavismo.

Los chavistas -dicen- no pueden ni deben subordinar los intereses venezolanos a la conveniencia de Cuba. Para ellos (por lo menos para los que ya están al habla con sus adversarios) la desaparición del teniente coronel es una oportunidad de consolidar dos grandes fuerzas políticas de centro-derecha y centro-izquierda que, recurriendo a procedimientos democráticos, le den estabilidad al país tras la desaparición de Chávez.

Es probable, en suma, que Cuba no consiga imponer su voluntad en Venezuela, pese a todo el empeño que ponga en el esfuerzo. Cuando Moscú era la metrópolis del mundillo comunista de Centroeuropa, tenía varias divisiones del Ejército Rojo ocupando el territorio de sus satélites y les suministraba petróleo y gas a precios preferenciales a esos países. La relación de Cuba con Venezuela es diferente. Los satélites de la URSS en gran medida eran parásitos económicos de Moscú. Cuba es un parásito de su satélite. Los venezolanos no necesitan para nada a los cubanos. Esa relación de fuerzas acabará prevaleciendo. [©FIRMAS PRESS]

Jul 01 , 2011

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