Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 27 de mayo de 2012

El proceso del desarrollo histórico de los países de Hispanoamérica, en oposición a la América anglosajona, es radicalmente diferente


El Carabobeño 25 mayo 2012

Alfonso Betancourt || 

Desde el Meridiano 68

Países de hueca palabrería
El proceso del desarrollo histórico de los países de Hispanoamérica, en oposición a la América anglosajona, es radicalmente diferente. En aquellos una serie de valores consustanciados con una España que estuvo a la deriva, al empezar los tiempos modernos, de la filosofía experimental y científica que envolvía a la Europa que engranaba, según el catolicismo, en las herejías luterana y calvinista, con marcada influencia en las corrientes utilitarias del capitalismo, dibujó una imagen de los mismos de signo opuesto a los colonizados por Inglaterra, pues esta encuadraba en la corriente histórica del momento, mientras España torcía hacia un rumbo distinto o quedaba anclada, en muchos aspectos, en la supervivencia de un Medievo en proceso de agonía ante la Europa que despertaba hacia la modernidad.
Aquí radica una de las causas fundamentales para entender el comportamiento, el hacer y el pensar, que tan distintos son en los habitantes de las dos Américas: la hispana y la inglesa. Los pobladores de ésta, desde los primeros momentos, supieron conjugar en el pensar y en el actuar la mente y las manos para emprender el nacimiento de lo que sería la futura potencia norteamericana, a la vez que fueron sentando, dentro de un racionalismo de tolerancia y libertad, los fundamentos de su democracia, tan admirada y ambicionada por los que vivimos al sur del Río Grande, pero sin que, hasta el presente, hayamos abierto caminos para hacernos acreedores a un modo de vivir sino semejante -cosa imposible a la vez que repudiable- por lo menos parecido en la eficiencia y con el rasgo vital de nuestro pueblo a fin de mantener la identidad. Los habitantes de la América nos dimos más al uso de la mente y la palabra para resolver los problemas, y si la mano fue empleada fue para defender fanatismos, empuñar las armas, mantener la dignidad y el orgullo con desprecio al trabajo, pues este habría de ser hecho por gentes a quienes se les consideraba inferiores y, en fin, una serie de prejuicios que moldea nuestra conducta, carácter y personalidad que está muy lejos del quehacer de los vecinos del norte. Todos estos factores son los que vienen señalando el destino oscuro de Hispanoamérica tan preñado de problemas, como es el caso típico de Venezuela, que, pese a su riqueza, aún no ha encontrado un asidero para fijar las metas de un auténtico desarrollo que atienda a lo material y espiritual de sus pobladores y donde el hacer, siempre el hacer, obedezca estos objetivos y no a la palabra, hueca y abundosa de que tanto hemos hecho y hacemos gala. Porque de algo debemos de estar muy cierto, las revoluciones de nuestros países se han quedado en la hermosura de los proyectos, en la grandilocuencia de los oradores y en el interminable discursear de nuestros políticos. Acaso si la excepción vaya sobre Bolívar y unos poquísimos libertadores que estuvieron a la altura de su tiempo pero sin que éste, y los intereses creados, les hubieran permitido convertir en realidades sus proyectos. De ahí que la revolución de Bolívar, con las adaptaciones que la época actual reclama, siga vigente. Entre tanto, lo estamos viendo, por la geografía de Hispanoamérica se sigue alimentando con palabras, con hueca palabrería, el hambre y deseo de los pueblos de apuntalar un destino mejor. Congresos, asambleas, foros, estudios, comisiones a granel, políticos, politiqueros y toda la fauna de los que viven aferrados a la ubre del Estado, nos tienen hartos. Las estructuras siguen iguales; apenas si ligeros paños tibios para mantener la clientela electoral y evitar la completa erupción del volcán social que se vislumbra, es lo que se hace. El signo de los tiempos es hacer, pero hacer en función de las mayorías; no con soluciones engañosas de los problemas individuales o de intereses de grupos privilegiados, sino con cambios de estructuras creadoras de bienestar colectivo.