Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 18 de mayo de 2012

La caída es, pues, un elemento fundamental del personaje del tirano


El tirano como personaje

MARIANO NAVA CONTRERAS |  EL UNIVERSAL
viernes 18 de mayo de 2012  04:10 PM
Uno de los personajes que más ha intrigado a la literatura de todos los tiempos es el del tirano. Eso de que una persona común se convierta en el hombre más poderoso no ha dejado de despertar el interés de los escritores de todas las épocas. El hecho de que alguien pueda hacerse con todo el poder, los efectos corruptores que el poder ilimitado ejerce sobre la mente humana y las razones por las que un pueblo decide dejar su libertad a merced de los caprichos de un solo hombre tienen que, por lo menos, provocar una profunda curiosidad. Cuenta la leyenda que en un célebre viaje en tren dos de los más importantes escritores latinoamericanos se pusieron de acuerdo para escribir acerca de las perversiones del poder en Latinoamérica. De este compromiso nacieron novelas icónicas como El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez, o La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa. Sin embargo, la atracción por el fenómeno del poder ha estado siempre en nuestras letras, desde El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias y mucho antes, hasta La fiesta del chivo, pasando por El general en su laberinto.

Para la literatura, el tirano más famoso de todos los tiempos es Edipo. La célebre historia del hombre que sin saberlo mata a su padre y se casa con su madre para reinar sobre la gran ciudad de Tebas ha suscitado profundas reflexiones desde la antigüedad hasta nuestros días. Edipo, que no sabe que el hombre a quien mató y la mujer a la que desposó son en realidad su padre y su madre, lanza una maldición contra aquel que hubiera cometido tan horrendos crímenes. Al final, cuando se conoce la verdad, se saca los ojos por vergüenza y se exilia de su patria, víctima de su propia maldición, para terminar su vida como mendigo y vagabundo. Edipo ha quedado para la literatura como el símbolo de cómo se puede pasar de la apoteosis del poder a la más miserable de las desgracias, de cómo una vida es suficiente para mostrarnos que el poder es efímero, que la condición humana es limitada y que no es lícito desafiar algunas fuerzas que no dominamos. Edipo nos muestra cómo algunos en su soberbia no son capaces de ver las desgracias que ellos mismos se atraen, pues como dice un hermoso verso, "los dioses ciegan a quienes quieren perder".

La caída es, pues, un elemento fundamental del personaje del tirano. Representa la idea de cómo al final el hombre más poderoso no es capaz de escapar a las miserias propias de su condición humana: la desgracia, la enfermedad, la muerte. Se trata de un espectáculo que al parecer nunca nos cansaremos de contemplar. El tirano encarna los dos extremos en que se mueve la vida del hombre: la apoteosis y la miseria. Ya algunos como Leo Strauss han notado que la tiranía nace en la sociedad a partir de perversos desequilibrios. Extremas circunstancias que generan extremas respuestas. Sólo una descomposición desmedida del tejido social e institucional puede propiciar una aberración política del tamaño de la tiranía, y mientras más alta es la gloria, más profunda la caída.

Por lo demás, ya muchos han hablado de las complejas relaciones que existen entre la realidad y la ficción. De cómo muchas veces la literatura se parece demasiado a la vida y viceversa, la vida a la literatura. No debe extrañarnos, puesto que en realidad la vida, muchas veces, se inspira en la literatura, y la literatura siempre, siempre, se nutre de la vida.

marianonava@gmail.com