Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 20 de mayo de 2012

Por el Papa Benedicto XVI coincidencialmente hoy Día de la Ascensión de Jesucristo a la casa del Padre

Lectura Tangente
Notitarde 19-05-12 | 



Mensaje del Papa Benedicto XVI"Silencio y palabra: 
Camino de evangelización" 

"Silencio y palabra: Camino 

de evangelización"

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La celebración de las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales propuesta
por el Papa Juan Pablo II en el año 1967 genera un momento propicio para agradecer
a Dios por los profesionales de la comunicación del mundo entero y de Venezuela
especialmente. Que día tras día ejercen su importante rol en medio de la sociedad a
sabiendas de los riesgos de su labor.
Queridos hermanos y hermanas:
Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012,
deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso
humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy
es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el
silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse,
alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía
entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente,
la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o
porque, por el contrario,
crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente,
la comunicación  adquiere valor y significado.
El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras
con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor
a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor
claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos.
Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí
misma; y a nosotros no permanecer aferrados solo a nuestras palabras o ideas, sin
una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se
hace posible una relación humana más plena. En el silencio, por ejemplo, se
acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman:
la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan
la persona.

En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente
en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por
tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la
capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las
relaciones. Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio
se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial.


Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones
que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes;
esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando
un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un
ambiente propicio, casi una especie de "ecosistema" que sepa equilibrar silencio,
palabra, imágenes y sonidos.
Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en
busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son el punto
de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias,
informaciones y respuestas. En nuestros días, la Red se está transformando cada vez
más en el lugar de las preguntas y de las respuestas; más aún, a menudo el hombre
contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha
planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer
el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos,
para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes.
Sin embargo, en el complejo y variado mundo de la comunicación emerge la
preocupación de muchos hacia las preguntas últimas de la existencia humana:
¿quién soy yo?, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar?
Es importante acoger a las personas que se formulan estas preguntas, abriendo
la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también
de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente
que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más
recóndito de sí mismo y abrirse al camino de respuesta que Dios ha escrito en el
corazón humano.
En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano
siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y
esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo
y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos
buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo, sobre todo en nuestro
tiempo en el que "cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten
a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales" (Mensaje para la
Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2011)
Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales
que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica
interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración,
meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes,
a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos
profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende
que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios
privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y
con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica
habla también sin palabras: "Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla
por medio de su silencio. El silencio de Dios, la experiencia de la lejanía del Omnipotente
y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada…
El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes. En esos momentos de
oscuridad, habla en el misterio de su silencio" (Exhort. ap.Verbum Domini, 21).
En el silencio de la cruz habla la elocuencia del amor de Dios vivido hasta el don
supremo. Después de la muerte de Cristo, la tierra permanece en silencio y
en el Sábado Santo, cuando "el Rey está durmiendo y el Dios hecho hombre
despierta a los que dormían desde hace siglos" (cf. Oficio de Lecturas del Sábado
Santo), resuena la voz de Dios colmada de amor por la humanidad.
Si Dios habla al hombre también en el silencio, el hombre igualmente descubre en el
silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. "Necesitamos el silencio que se
transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así nos
permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora" (Homilía
durante la misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, 6 de o
ctubre 2006). Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre
inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta
contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad
imperiosa de "comunicar aquello que hemos visto y oído", para que todos estemos
en comunión con Dios (cf. 1 Jn 1,3). La contemplación silenciosa nos sumerge
en la fuente del Amor, que nos conduce hacia nuestro prójimo, para sentir su dolor
y ofrecer la luz de Cristo, su Mensaje de vida, su don de amor total que salva.
En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra
eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de
salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la
humanidad. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la Revelación divina se lleva
a cabo con "hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras
 realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina
y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman
las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas" (Dei Verbum, 2). Y este plan de
salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda
la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre y con su Cruz
y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad
de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra
en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano.
Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el
que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos
de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz.
Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a
contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los
agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e
integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio
de Cristo en el mundo contemporáneo. A María, cuyo silencio "escucha y hace
florecer la Palabra" (Oración para el ágora de los jóvenes italianos en Loreto,
1-2 de septiembre 2007), confío toda la obra de evangelización que la Iglesia
realiza a través de los medios de comunicación social.
Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales