Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 13 de mayo de 2013

Espero que no amigo Angola...


ENTREVISTA JOSÉ TOMÁS ANGOLA, ESCRITOR

"El odio nos está ganando la pelea"

"Este país empezó a dejar de amar hace rato... y uno lo ve por las calles, la gente se está matando" "El arte debe ser un espacio para guarecernos mientras el edificio se está cayendo"

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Angola acaba de publicar el libro "Esa noche llamada muerte", 40 cuentos sobre el destino inexorable y sus víctimas NICOLA ROCCO
ÁNGEL RICARDO GÓMEZ , JOSÉ TOMÁS ANGOLA , ESCRITOR |  EL UNIVERSAL
lunes 13 de mayo de 2013  12:00 AM
José Tomás Angola (1967) fue uno de los afectados con la salida del aire de RCTV en 2007, pues allí trabajaba como libretista. Como no hay mal que por bien no venga, tuvo que revisarse y reinventarse. "Estuve recuperándome del guayabo pero viajando por el mundo y reenfocándome. Resultó en que tenía que dedicarme con total ahínco y absoluta certeza a la literatura, no sólo a la escritura de ficción, poesía o narrativa, sino de teatro. Me di cuenta de que tenía seis años que no estrenaba una obra mía, venía dedicado a la dirección que no es mi fuerte, y tenía tantas obras en la gaveta que decidí ponerme a trabajar. Así surgió Diálogos de auto, cama y toilet".

La pieza estrena este viernes en el Teatro Santa Fe con un discurso no apto para menores de edad sobre el individuo, la pareja, y la relación entre el sexo y el amor. Tiene su postura sobre los dos últimos conceptos pero advierte que no hay juicio moral en la obra.

-Mientras hay un interés generalizado en los temas trascendentes, como la democracia, la revolución, la igualdad, la justicia, su obra invita a algo más íntimo. ¿Por qué?

-Fíjate que yo también ando con esa preocupación, pero yo siento que el debate político en Venezuela tiene más que ver con la realidad de esta obra que con cualquier otro texto, porque yo cada vez me doy cuenta de que el problema real de este país es un problema afectivo: este país empezó a dejar de amar hace rato. Y no solamente en el ámbito de las relaciones de pareja, donde hay una terrible fractura, sino en el mundo de las relaciones humanas. En Venezuela estamos totalmente lanzados por una ausencia de ese sentimiento y uno lo ve por las calles, la gente se está matando. Esa es una escasez de comprensión humana, la escasez de amor. El odio está campeando ahorita y sentimos que nos está ganando la pelea. 

-¿Intenta subir el discurso de la cartelera caraqueña, para algunos, muy bajo, con minoría de clásicos y teatro de arte?

-Yo no soy tan cruel con el público ni con los hacedores de teatro en Venezuela. Hay gente que pontifica, levanta la mano y dice 'es que aquí se hace puro teatro banal y facilón', y yo creo que de todo tiene que haber en cartelera. Sí lamento que no hayan más propuestas de arte pero entiendo que por la situación económica, por la falta de patrocinios, eso no es viable. A nosotros nos ha costado dos años de producción. Yo creo que estoy haciendo teatro de arte, con visos de muchísima actualidad, de dureza y conexión con lo que nos pasa, pero no es una obra que tiene el concepto comercial de halagar al público. El teatro si es arte no halaga, no es algo hecho para elogiar, acariciar o dejar en el mismo lugar que se sentó al espectador. El teatro tiene que mover y conmover como toda manifestación de arte; ahora, simultáneamente es importante que entretenga, que nutra, que tenga su propuesta estética, que sea un placer, pero todo mezclado, es como una ensalada rusa, tiene que ser agria, amarga, dulce, salada, debe tenerlo todo.

Con ejemplos en la mano

-Yo lamento la visión generalizada de quienes creen que el teatro venezolano está completamente arruinado o llevado a lo comercial. Hay apuestas que se están haciendo muy serias y de mucho nivel: lo que está haciendo Luigi Sciamanna (El gigante de mármol) me parece un trabajo muy serio, muy respetable; lo que está haciendo Contrajuego que es una apuesta muy difícil (Macbeth). Yo sí siento que nosotros como espectadores perdimos la lectura de los clásicos, y no es que no tengamos capacidad de verlos, porque los clásicos son eso porque los puede ver cualquiera, sino que hemos perdido la oportunidad de comprender que ahí hay muchas de las cosas que nosotros necesitamos entender de nuestro momento. Creo que hay espacios para el teatro de arte, lo profundamente cuesta arriba es conseguir los recursos para hacerlo.

-Y ahí viene el rol del Estado...

-El arte en algún momento tiene que estar subvencionado por el Estado, es una obligación. Tú no puedes suponer -porque sería una visión completamente del capitalismo salvaje- que el arte debe buscarse a sí mismo los mecanismos de autogestión y ser sustentable, está bien, dilo, eso es Broadway, pero también en Estados Unidos el Estado a través de sus espacios municipales y regionales, tiene espacios que están subvencionados por el Estado porque el arte es una expresión común que no está buscando directa y exclusivamente el beneficio económico. En Venezuela tuvimos un Rajatabla porque hubo un apoyo del Estado, podías estar de acuerdo o no con la compañía, con su director, con su propuesta, con su estética, pero de eso se trata el arte, de que haya disenso, de que haya opiniones contrarias. Quizás en eso tenga culpa el Estado, porque para este Estado toda expresión artística es un arma política y sólo vas a apoyar al arma política que yo puedo cargar en la revolvera para en algún momento sacarla y disparar contra los que estén en contra.

-Mientras tanto pierde el público. Fedosy Santaella decía hace poco: "Un país sin arte es un país que se ve condenado al yate (caso Los Juanes) y al reguetón, un país sin arte es un país sin alma".

-Yo sigo apostando a la diversidad. Creo que debe haber reguetón, pero yo no soy público de reguetón; yo prefiero ir a ver una orquesta de (José Antonio) Abreu, oír a los muchachos tocando Mahler, Brahms, pero debe haber eso. Uno no puede censurar por un simple gusto estético, porque entonces entraríamos en el mismo juego que tiene el Estado, pero sí tenemos que entender que hay que buscar un equilibrio y que es el Estado el que debe generar ese equilibrio, mantener lo que no puede sostenerse por sí mismo.

-El año pasado se cumplieron 20 años del documental Zoológico de Fernando Venturini donde decía: "No veo incongruencia en pensar en una derecha en función a lo social pienso que puede ser un complemento, una vía".

-Y no me equivoqué porque si vamos a ver este es un Gobierno disfrazado de izquierda pero es abiertamente de derecha, incluso en lo económico... No me reconozco allí, yo tenía 20 y tantos años, había un tremendismo y es natural. Sí había una percepción de lento deterioro de ese país que teníamos, había la sensación de que se estaba cayendo la casa...

-¿Hoy ya estamos sobre los escombros?

-Hoy la sensación es que el terremoto está en proceso y el edificio se está derrumbando. Si antes era una cosa casual, ahorita alguien le está dando con una mandarria al edificio y lo está tumbando, pero no hay más nada y ese es el vacío y la desesperanza que existe... Hay un grupo de poder que tiene secuestrada una imagen de país que a ultranza nos quiere imponer al otro, pero este lado, una gran mayoría -que yo sí creo que es muy grande y cada vez superior-tiene otra visión de país, ¿por qué no te sientas conmigo y hablamos?, debemos tener puntos en común. Lo más trágico es que no están logrando imponer su imagen de país y cada vez los mecanismos para tratar de meternos eso en la boca se vuelven más brutales, intimidantes y agresivos. Los espacios de defensa que tenemos los ciudadanos, que no creemos en la violencia, que detestamos la brutalidad, que sistemáticamente le hemos corrido al odio, a la agresión, son los espacios de creación, de pensamiento.

-¿Diríamos entonces que el arte es lo único que se puede hacer mientras el edificio se derrumba?

-El arte es lo que se "debe" hacer. El arte debe ser un espacio para guarecernos mientras el edificio se está cayendo y obviamente por los mecanismos lógicos, legales, a la mano de la racionalidad y expresión pacífica de los ciudadanos deben evitar que ese edificio se termine de demoler.

Twitter: @argomezc