Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

martes, 21 de mayo de 2013

Robert Scholl y sus hijos Sofía y Hans asesinados durante el nazismo en Alemania pertenecieron desde 1937, al Movimiento Católico de Juventudes Alemanas, antagónico al de las Juventudes Hitlerianas...En Venezuela también muchos jóvenes fuimos formados en el pensamiento humanista cristiano, poco conocido porque estábamos entre los rimbombantes comunistas e izquierdistas caviar y los socialdemócratas que cubrían todos los espacios, mientras nosotros creíamos y creemos en el diálogo imprescindible en la democracia y para que haya libertad.


Esta ha sido la realidad vivida en

Venezuela: La dura caída

Venezuela ha de respetar los valores que le dieron grandeza: libertad, tolerancia y civismo

MICHAEL ROWAN |  EL UNIVERSAL
martes 21 de mayo de 2013  12:00 AM
Dicen que mientras más alto se está, más fuerte es la caída. Eso pasó con Venezuela. En la década de los sesenta, Venezuela era grande en verdad: más rica que Singapur, Corea del Sur, España y cualquier país del continente americano, salvo Estados Unidos y Canadá. Ninguna nación latinoamericana había progresado como la maravillosa Venezuela, la primera democracia en la región. Se anunciaba como el primer país latinoamericano a punto de pasar a formar parte del mundo rico.

Luego, sin embargo, todo se derrumbó. En la década de los setenta, simultáneamente con la nacionalización de la industria petrolera, el país comenzó a trastabillar. La inflación y la corrupción mancaron la prosperidad. La inequidad, la peor enfermedad del continente, se agravó. La productividad se desplomó desde 1976 hasta el presente, salvo, irónicamente, en los dos años de la reforma que terminaron con el intento de golpe de 1992 contra un presidente electo por la vía democrática.

En una señal de lo fuerte que ha sido la caída, el presidente impopular que escapó al magnicidio fue enjuiciado y destituido poco después, a la vez que el magnicida en potencia se convertía en un héroe popular y en 1998 fue electo presidente. Fueron días desesperados, pero lo peor, mucho peor, estaba por venir.

En los 14 años que siguieron, un billón de dólares pasó por las manos del nuevo gobierno utópico, con bellas ensoñaciones que nunca se hicieron realidad. A Venezuela le prometieron que pondrían punto final a la inequidad, la pobreza, la violencia y la corrupción. No obstante, el billón de dólares, más dinero del que dispusieron todos los presidentes juntos desde 1958, no bastó para dar el viraje. De hecho, todo se puso peor, increíblemente peor. En casi todas las clasificaciones, desde la pobreza, pasando por la corrupción y la dictadura, hasta la seguridad, Venezuela está metida ahora en el saco de los casos perdidos y los Estados fallidos. Las cifras falsas, por muchas que sean, no pueden cambiar los datos de vida y muerte en Venezuela.

Para recuperarse, Venezuela ha de respetar los valores que le dieron grandeza en primera instancia: libertad, tolerancia y civismo. Hasta con los dictadores era mejor de lo que es hoy en día. Venezuela, es hora de reemprender la senda.

michaelrowan22@gmail.com

Traducción: Conchita Delgado

COMO EN LA ALEMANIA NAZI SIEMPRE EXISTIERON MOVIMIENTOS
QUE VAN CONTRA LA DICTADURA IMPUESTA, QUE EN MI CASO
COMO EL DE TANTOS EN VENEZUELA, DEFENDÍAMOS NUESTROS 
PRINCIPIOS BASADOS
EN EL PENSAMIENTO HUMANISTA CRISTIANO

La Rosa Blanca

Merece un sitial de honor en el oscuro panorama de la II Guerra Mundial

REBECA PERLI |  EL UNIVERSAL
martes 21 de mayo de 2013  12:00 AM
Sus cabezas caerán también. Estas fueron las últimas palabras de Sofía Scholl, antes de ser llevada a la guillotina el 22 de febrero de 1943. Tenía 21 años y el motivo de su asesinato fue su lucha contra el nazismo. Su hermano Hans fue ejecutado el mismo día, por la misma causa y de la misma forma que ella. Ambos eran miembros de La Rosa Blanca, una organización clandestina alemana, en cuyo seno se imprimían y difundían panfletos que exhortaban a la rebelión contra el oprobioso régimen nazi.

Desde muy joven Sofía tuvo inquietudes intelectuales que la llevaron a reflexionar sobre temas tan profundos como Filosofía y Teología. Ella y su hermano estaban muy claros en sus objetivos, pues habían sentido en carne propia las garras del nazismo: en 1937, varios miembros de su familia habían sido arrestados por participar en el Movimiento Católico de Juventudes Alemanas, antagónico al de las Juventudes Hitlerianas y, en 1942, el padre de los jóvenes había sufrido los rigores de la cárcel por haber hecho un comentario crítico sobre Hitler, lo cual marcó poderosamente a Sofía. Sin embargo, los valores de la familia permanecieron incólumes. "Lo que quiero para ustedes es vivir con rectitud y libertad de espíritu, sin importar lo difícil que esto resulte", había dicho Robert Scholl a sus hijos.

Además de Sofía y Hans pertenecían a esta organización varios jóvenes universitarios y un profesor, Karl Huber, quienes comprendieron la gravedad del camino por el que llevaba Hitler a su país. Eventualmente, los activistas más prominentes fueron también decapitados.

Por su valerosa postura y su inquebrantable adhesión a la justicia, La Rosa Blanca merece un sitial de honor en el oscuro panorama de la II Guerra Mundial. 

russoper@gmail.com

HE AQUI LA VOZ DE UNO DE NUESTROS VOCEROS, QUE EXPLICA MUY BIEN
LO QUE SENTIMOS MUCHOS QUE NO NOS IDENTIFICAMOS NI CON CHAVISTAS
NI CON SOCIALDEMOCRATAS...


Diálogo de fariseos y retórica revolucionaria

El autoritarismo, por principio, excluye y se niega al diálogo, que no sea bajo simulación

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ASDRÚBAL AGUIAR |  EL UNIVERSAL
martes 21 de mayo de 2013  12:00 AM
La urgencia del diálogo nadie la discute, menos su carácter imprescindible para quienes creemos en la democracia y amamos la libertad.

Desde la perspectiva del pensamiento humanista cristiano, el reconocimiento de la igual dignidad de los otros signa las ideas del pluralismo y la convivencia pacífica, como soportes de una verdadera democracia.

Algunos actores de la oposición, apreciando lo dividida e irreconciliable que se muestra Venezuela, hablan de diálogo, se refieren a sus actores necesarios -Nicolás Maduro y Henrique Capriles- y les piden conducir la agenda del entendimiento dentro del respeto a la Constitución. Hasta aquí, desde el punto de vista de los principios, la cuestión se presenta libre de sospechas.

Pero el caso, a todas luces, es que Maduro acusa como su único e inmediato interés superar la deriva de su ilegitimidad, que corre como río sin madre, y (2) sortear, sin disposición a un cambio sincero de rumbo, las gravosas condiciones de la herencia política que recibe del finado Hugo Chávez y que se traduce en improductividad, inflación, corrupción, narcotráfico, pobreza, violencia social sostenidas, en suma, ingobernabilidad.

El diálogo, para Nicolás y su entorno, como fieles discípulos que son o tontos útiles que han sido del credo marxista cubano, no tiene otro significado que el de la táctica dilatoria. Buscan superar su desahucio al saberse gobernantes de utilería y dependientes, bajo condiciones, de la sargentería y los colonizadores quienes les sostienen.

El valor del diálogo, en democracia, tiene otra connotación. No por azar, la ética democrática predica medios legítimos para fines legítimos y repugna a quienes usan de la democracia para luego vaciarla de contenido.

En síntesis, no basta predicar el diálogo necesario si a la par no se reclama de algo más y algo previo a la determinación de las cuestiones muy importantes y hasta urgentes que lo demanden. No hay diálogo posible y honesto entre quienes tienen idiomas distintos y para quienes, asimismo, las palabras, en apariencia comunes, significan cosas muy diferentes. De modo que lo primero que cabe es restablecer en Venezuela el valor político y jurídico de la palabra, para lo cual no basta disponer de una Constitución común. A falta de ello lo que cabe esperar es la retórica y nada más.

Si algún éxito ominoso cabe atribuirle a la experiencia que nos lega el último caudillo de nuestro siglo XX, fallecido en pleno siglo XXI, fue su astuta capacidad para separar a los venezolanos confundiéndonos el lenguaje, transformándonos en una Torre de Babel. Fascismo, golpismo, oligarquía, corrupción, democracia, imperialismo, no significan lo mismo para los unos y para los otros, para los comunistas y para los demócratas.

Mientras Maduro hace retórica y acaso conversa con uno que otro opositor a conveniencia, como en el caso de Lorenzo Mendoza, lejos se encuentra de aquél el ánimo para exponer sus ideas y afectos o desafectos, para intercambiar posturas y encontrar acuerdos, aceptando la validez de las posturas de sus interlocutores y abriendo espacio, incluso, para cambiar las suyas, tanto como puedan hacerlo sus adversarios.

El autoritarismo, por principio, excluye y se niega al diálogo, que no sea bajo simulación. Prefiere apelar a la retórica, justamente, por cuanto su interés es persuadir y convencer a todos de su credo, mediante una manipulación de la opinión. El diálogo genuino busca la verdad sin prejuicios. Es medio y finalidad, a la vez, nunca estratagema o circunstancia.

La cuestión de fondo es, justamente, esa que no entienden quienes hoy promueven el diálogo para superar las dificultades de momento y lo hacen hasta de buena fe. Obvian lo elemental. No hay diálogo sino dentro de la democracia y con apego a su moralidad, sean cuales fueren las cosmovisiones particulares de sus actores.

Maduro es, en esencia y por vocación, el heredero y guardián de la memoria de un dictador, a quien busca salvar e imponer más allá de los tiempos y, a su vez, le rinde culto al totalitarismo de inspiración comunista. Sus adversarios, es mi caso, creemos en el dogma de la democracia. Somos agua y aceite, y quizás algunos demócratas puedan conversar con él, pero nunca podrán avenirse con él salvo renunciando a lo que son.

En síntesis, lo que cabe es la resistencia democrática y, acaso, la conversación -bajo presión, pero nunca mediante diálogo- con el carcelero del momento. Es legítimo pedirle que alivie nuestras penurias dentro de la penitenciaría que llaman Socialismo del Siglo XXI, que nos mantiene tras las rejas a todos, a nuestros derechos humanos, y al mismo Estado de Derecho.

correo austral@gmail.com