Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 15 de mayo de 2015

Del 13 al 24 de mayo tendrá lugar en Francia el certamen fílmico más importante del mundo, en el que las propuestas internacionales del cine de vanguardia se jugarán su prestigio y reconocimiento. Sin embargo, en casi siete décadas, muchos momentos de glamour, polémica y excesos ocurridos alrededor de esta cita han sido tan o más protagónicos que lo que se proyecta en las pantallas. Acá un breve acercamiento

La juguetona decadencia del Festival de Cannes

Del 13 al 24 de mayo tendrá lugar en Francia el certamen fílmico más importante del mundo, en el que las propuestas internacionales del cine de vanguardia se jugarán su prestigio y reconocimiento. Sin embargo, en casi siete décadas, muchos momentos de glamour, polémica y excesos ocurridos alrededor de esta cita han sido tan o más protagónicos que lo que se proyecta en las pantallas. Acá un breve acercamiento.

por EFRAÍN CASTILLO. ILUSTRACIÓN: ALEXANDRA GUEVARA por , EFRAÍN CASTILLO  |  imagen: ALEXANDRA GUEVARA | DOMINGO ESTAMPAS 10 DE MAYO DE 2015
(Imagen: ALEXANDRA GUEVARA)
Lo dijo el cineasta francés Jean-Luc Godard: "El cine es el fraude más hermoso del mundo", como recordando que aunque parece un espejo de la realidad, tan solo es una manifestación artística ilusoria producto de una visión limitada de su autor y del tiempo en que tiene lugar.

Con esta definición, parece lógico que el cine siempre necesite hacer magia dentro y fuera de la pantalla para mantener su aura de encanto y seguir convocando multitudes a las salas.

El Festival de Cannes podría traducirse como uno de esos grandes efectos especiales de majestuosidad. Junto al Oscar y las justas de Venecia y Berlín, es la premiación más cotizada del gremio y cada mayo convoca a la realeza del séptimo arte, haciendo que sus ganadores ingresen a la llamada crème de la crème y consigan el reconocimiento de sus colegas.

Pero con su ilusión de glamour y buena vida, esta competencia también atrae por igual a millonarios, socialités, aspirantes a estrellas y hasta prostitutas de alto nivel que durante esos días se pasean por la pequeña localidad costera del Sur de Francia para respirar sus aires y conseguir algo de promoción, prestigio, buenos negocios o, al menos, 15 segundos de fama.

Desde la primera edición de este evento, celebrada en 1946, aquella máxima de ver y dejarse ver se ha vuelto ley irrefutable durante los 12 días de la justa cinematográfica a la que asisten casi 5.000 periodistas y fotógrafos de todo el mundo, ante quienes ganar atención es tan prioritario como lo es para los realizadores convencer a los miembros del jurado.

"La necesidad de conseguir atención es tan feroz en Cannes que no puedes distinguir a los cazadores de las presas", escribía un periodista de la revista Life en una crónica de 1962, dejando claro que muchas de las noticias memorables se generaban no solo en el Palais Des Festivals donde se proyectan las cintas, sino también en las alfombras rojas, las lujosas fiestas, los yates encallados en el mar o en las arenas de su balneario.

En 1953, una joven actriz francesa de 18 años llamada Brigitte Bardot (para entonces conocida por papeles menores en su país y que ni siquiera contaba con ninguna película proyectada en el festival) inauguraría este anecdotario cuando se volvió la reina de la prensa al posar "casualmente" en La Promenade de La Croisette -el popular bulevar costero de la ciudad- usando un pequeño bikini.

Lo que puede resultar hoy un lugar común, para entonces constituyó un escandalazo irresistible, pues la prenda había sido inventada apenas seis años antes y su uso todavía era considerado vulgar. Con la "jugada" publicitaria, Bardot no solo impulsó el bikini como un ícono de moda y liberación femenina sino que también se elevó ella misma a la categoría de estrella internacional, convirtiéndose en una de las representantes clásicas del espíritu "de vanguardia" de Cannes y uno de los símbolos sexuales del cine de las próximas dos décadas.

De hecho, para 1956, cuando volvió al festival a promover la cinta Y Dios creó a la mujer (en la que, por supuesto, también aparecía en bikini), se paseó por el mismo balneario con un vestido campestre. El mito Bardot había sido creado y llamar la atención con poca ropa no era necesario... al menos fuera de la pantalla.

Otra actriz franco-italiana poco conocida (Simone Silva) le siguió los pasos a Bardot y en 1954 protagonizó una "espontánea" sesión fotográfica junto al consagrado actor estadounidense Robert Mitchum en la que "repentinamente" perdió el sostén y mostró los senos. Según reseñan varios medios, Silva quería entrar al mundo de las celebridades a como diera lugar y, aunque fue expulsada del festival por los organizadores, al menos el gesto logró que sus imágenes recorrieran el mundo: "Pensé que ayudaría a mi carrera -dijo en una entrevista citada por el portal IMDb. Quería llegar a Hollywood, Marilyn se hizo famosa después de posar desnuda en un calendario".

Lamentablemente para Silva, la fama resultó efímera, nunca consiguió un papel importante y tres años después apareció muerta en Inglaterra en circunstancias poco conocidas.

La alfombra roja del festival (o "la subida de las escalinatas" al Palacio de eventos, como le llaman los organizadores) también ha sido lugar predilecto para dejar huellas en la historia de este certamen. Madonna, una experta en el arte de la autopromoción, supo aprovecharlo en 1991, durante la première del documental En la cama con Madonna. Justo antes de entrar a la sala, la intérprete dejó caer su abrigo rosado y quedó a la vista de los fotógrafos su traje-ropa interior de Jean Paul Gaultier con sostén cónico, panties y liguero, el cual desafió los conceptos de elegancia propios del evento. El diario inglés The Guardian lo calificó como uno de los 10 momentos más memorables en la historia de Cannes y la atención generada dio un gran impulso a la película, que terminó siendo un éxito de taquilla y de crítica.

Pero el espíritu provocador no ha sido exclusivo de las mujeres. Hace tan solo ocho años, en 2007, el actor y comediante inglés Sacha Baron Cohen hizo lo propio cuando se paseó entre los bañistas de Cannes (y se ganó los flashes fotográficos) con un particular mankini o traje de baño que dejaba al aire su trasero y casi todo su cuerpo. Baron promocionaba así su película Borat, una comedia caricaturesca cuyo argumento precisamente giraba en torno a los intentos de un presentador de TV por lograr la fama con métodos tan ridículos como reales en el mundo del entretenimiento.

Como él, otro comediante, Jerry Seinfeld, apeló ese mismo año a la excentricidad para promocionar su película animada Bee Movie. El estadounidense se lanzó desde el techo del Hotel Carlton a través de una guaya enfundado en el disfraz de su personaje de abeja regordeta y amarilla, todo para clavar el aguijón en la prensa y darle vuelo a la cinta, presentada fuera de competencia. "Cuando salté de ese techo sé que me veía ridículo -dijo el actor. Pero este es mi negocio: humillarme a mí mismo".

Una humillación que algunas estrellas sufren, pero involuntariamente, por no saber entender la dinámica mediática en Cannes. Así le ocurrió al actor estadounidense Paul Newman en 1975, cuando se encontraba en el pináculo de su carrera. "A su llegada, Newman se negó a posar para los fotógrafos. En la noche, durante su paso por 'la subida de las escalinatas', los fotógrafos bajaron sus cámaras en señal de protesta. Más tarde Newman admitió que esa fue la lección más importante que había aprendido en la vida", reseña el portalwww.cannes.com.

Oda al derroche y la buena vida
No es casualidad que el Festival de Cannes también sea una feria de vanidades y opulencia. Con un presupuesto anual de 20 millones de euros, debe ajustarse a la lujosa realidad de la ciudad de poco más de 70.000 habitantes que le sirve de sede, la cual forma parte de la "costa azul", enclave exclusivo en el que también se ubican Niza, Saint- Tropez y Mónaco, donde el metro cuadrado está valorado, según France Today, en más de 41.000 dólares, bañarse en la playa puede costar 20 euros y los grandes potentados del mundo tienen residencias de veraneo o van a disfrutar de un escape a sus muy ocupadas vidas.

Por eso, desde que la competencia vio luz a mitad del siglo pasado, son tradicionales -y también imprescindibles- los banquetes que patrocinadores, directores y productores realizan en majestuosos hoteles cinco estrellas como el Martínez, el Majestic Barrière o el Carlton -ubicados en el corazón de la línea de playa- y en los que se dan cita desde artistas y celebridades del mundo del entretenimiento hasta hombres y mujeres de negocio, jeques y representantes de las monarquías.

Fue en una de esas fiestas en las que, en 1955, la actriz estadounidense Grace Kelly -quien había acudido a Cannes para promover la película The Country Girl por la que después se ganó su único Oscar como Mejor Actriz- conoció al príncipe Raniero de Mónaco, con quien comenzó un romance de cuento de hadas y se casó en un fastuoso matrimonio menos de un año después. "La boda tuvo lugar el 22 de abril de 1956, justo la tarde de apertura del festival -apunta el website www. cannes.com. Y la fecha fue escogida para que todas las celebridades presentes en la ceremonia en Mónaco pudieran seguir su viaje a Cannes", ubicado a tan solo unos kilómetros.

Dos años antes el artista Pablo Picasso -un asiduo invitado del festival, pues vivió muchos años en la zona- se rebeló contra la "dictadura de la etiqueta" en estas celebraciones, tal como lo había hecho con las formas en el arte. En 1953, el español se quejó de tener que acudir con rígido esmoquin a una de las proyecciones fílmicas, como lo exigían (y exigen) las normas del festival. Aunque al final sucumbió a las reglas, realizó una particular forma de protesta. "La organización del certamen le llamó la atención. Entonces, el incorregible pintor se puso una pajarita de colores", apuntawww.elconfidencial.com.

Ajena a las formalidades, en 1960 tuvo lugar una de las fiestas más memorables de este festival: la que organizó nada más y nada menos que el director italiano Federico Fellini para promover su película La Dolce Vita, cinta que ese año se llevaría el premio mayor de la justa, la Palma de Oro. El surrealismo y la extravagancia propios de su registro cinematográfico se hicieron presentes en el característico ágape, algo que encajó perfectamente con la atmósfera canense.

"El momento más relajante que puedo recordar fue asistir a esa fiesta -escribió en 2003 el influyente crítico británico de cine Alexander Walker para el diario London Evening Standard. La piscina estaba llena de botellas flotantes de vino italiano y una chica casi desnuda se sumergía en ella para traerte la de tu preferencia. No sé si el arte se servía de ese modo en esos días, pero estoy seguro de que todo el mundo sentía que sí", se lee en www.dailymail.co.uk. 

Ante el embrujo de tanto derroche, muchos hacen lo que sea por estar allí, aun si no han sido invitados. Hace tan solo dos años, en 2013, un impostor se hizo pasar por el surcoreano PSY (intérprete de la canción Gangnam Style, que disfrutaba del estrellato por el éxito en YouTube de su videoclip) para acceder a los lugares más exclusivos y fotografiarse con cuanta celebridad pudiera, algo que para su sorpresa logró sin reparo. "Vestido como su modelo, el falso famoso pasó parte del día en el restaurante del hotel Martínez y la noche en una fiesta en el Carlton, patrocinada por el joyero suizo Chopard", reseñó The Hollywood Reporter, que informó cómo varias estrellas verdaderas cayeron en la picardía del imitador.

A los hoteles y la bahía también llega la prostitución de alto nivel. Los servicios sexuales son un secreto a voces en esa localidad y el festival proporciona una adinerada clientela. Según reseñó en 2013Vanity Fair, decenas de mujeres arriban a la ciudad en busca de "la mejor paga del año" y pueden recibir hasta 40.000 dólares en un día por sus servicios, botín muy apetecible para las redes de trata de blancas, una de las cuales fue desmantelada en 2007 en pleno festival por las autoridades y detrás de la que estaba un agente de modelos libanés bajo órdenes de un hijo del exdictador libio Muammar Gaddafi.

"Cada año durante el festival hay 30 o 40 yates de lujo en la bahía, cada bote pertenece a una persona muy adinerada y en él suele haber por lo menos 10 chicas... Esas mujeres son llamadas las 'damas de yate', y la línea entre las prostitutas profesionales, las actrices de poca monta y modelos que aceptan pago por sexo es a veces muy borrosa", dijo un testigo a la revista.

Lo cierto es con sus luces y sombras, este festival no deja de sorprender con sus rituales de bohemia y sofisticación, ante los cuales parece difícil resistirse, como pasa con un buen filme. Así lo describió la revista Life: "Quizás sea el set. Probablemente sea el set. Tiene que ser el set. Pero solo Cannes logra transmitir una sensación de decadencia juguetona iluminada por el sol mediterráneo, más que por las luces y los flashes. Solo Cannes es Cannes".

efcastillo@eluniversal.com