lunes, 14 de mayo de 2012

Creo que el problema carcelario hay que mirarlo como un polvorín fabricado desde el propio Gobierno al ir acumulando expedientes sin dar salida a la cantidad de presos inocente cuyos retardos procesales han producido el hacinamiento en las cárceles. Fui sobrina del capallén de la cárcel de Santa Ana por muchos años, y al preso se le juzgaba y salía o quedaba detenido, ahora no, querido Fausto, en este Gobierno los delincuentes están afuera, como funcionarios o burgueses de nuevo cuño, corruptos, asesinos pues a mansalva quitan a través de sicarios al que piensa distinto a la élite oficial...Los que están dentro de las cárceles del país son gente pobre, el pueblo, a quien la GNB ha dado armas y droga, o venden cuanto servicio gratuito se les debe administrar sin costo alguno al privado de libertad, tanto que hasta para que entren los abogados hay que cancelar una cuota...Nadie se ha preguntado en verdad ¿quién le da armas y poder a los pranes? ¿Quién aupó su surgimiento? El Estado venezolano no es humillado por los presos es esa situación producto del mismo Gobierno que por comodidad y corrupción careve de un Poder Judicial libre y autónomo y de un Ministro de Relaciones interiores que funcione como cuando Hugo Chávez estuvo en Yare, época ejemplarizante de respeto a sus derechos por un gobierno democrático...La lectura que Ud. hace Fausto Masó no es la correcta, analice el Gobierno con seriedad y verá la incapacidad de un Tareck El Aisami que le pasa la papa caliente a la Dra. Iris Varela, y lo que sale es la ineficiencia y falta de decisión del Estado de hacer viable y en corto tiempo los derechos procesales de los privados de libertad, no es el problema como Ud. lo plantea satanizando a los que están en la cárcel, los que están allí son en su mayoria la cuerda fina por donde estalla el conflicto, pues los verdaderos delicuentes están en cargos políticos o disfrutando sus mansiones en paraisos fiscales.


Fausto Masó
El Nacional / ND12 Mayo, 2012

¿Qué fue de los chuzos?


Con nostalgia recordamos el tiempo de los chuzos, armas mortales para los propios presos incapaces de herir a los vecinos de las cárceles. Años atrás, en las requisas encontraban esos cuchillos improvisados, construidos por los reclusos, ahora reemplazados por armas de guerra, lamentable avance del socialismo. Los presos provistos de municiones ilimitadas combaten varios días con la guardia.

Antes, sin duda, violaban los derechos humanos de los presos, ahora violan también los de los vecinos de La Planta. Liberan delincuentes peligrosos para que haya espacio en las cárceles, no cuentan los derechos humanos de las futuras víctimas de los delitos. Combaten la inseguridad con mensajes por televisión que muestran policías uniformados, patrullas nuevas. Es, pues, el primer caso en la historia de un socialismo charlatán, el primer régimen autoritario sin autoridad.
Es fácil decir “exprópiese” por televisión, algo más complicado administrar Agropatria, o las cárceles. El país aguanta con una paciencia infinita.
Agárrense de las manos porque en los próximos meses aumentará la inseguridad; los gobernadores chavistas se quejan en privado de que se ha duplicado a causa de esa legión de violadores, asesinos y rateros que han soltado a la calle.
¿Cómo van a vivir? Iris Valera le costará 1 millón de votos al PSUV en octubre 7.
Algo asombroso está ocurriendo: desde la cárcel de La Planta, la república del crimen le impone su voluntad al Estado, el cual encuentra sólo una respuesta frente al desafío de los presos: liberarlos, lo que está haciendo masivamente.
Ahora se les ha ocurrido esconderlos: enviarlos al interior. Están aplicando las lecciones que aprendieron con la electricidad: pagan un costo político menor si dejan sin luz a Calabozo en vez de Caracas; igual sucede si los disturbios ocurren lejos de la capital.
Los presos mandan en las cárceles y en los alrededores, obligan a los vecinos a abandonar sus viviendas, a las escuelas a cerrar, y saben que mientras más presionen, más disparen, el famoso diálogo con las autoridades oficiales concluirá en la liberación, de una forma u otra, de muchos de ellos. Dicho más claro, los presos están derrotando al Estado venezolano, le han quitado el monopolio de la violencia, imponen sus reglas en una situación tremendamente humillante para las Fuerzas Armadas.
Dialogan con los pranes, no con las madres a cuyos hijos asesinan diariamente por las calles de Caracas. Chávez le dio la espalda a la meritocracia en Pdvsa, la CVG. Pagamos las consecuencias.
Desaparecieron los chuzos, llegaron las armas que matan a cinco kilómetros de distancia.
En este caso, como en tantos otros, el Gobierno quiere cuidar su imagen, acusan a los medios, piden ocultar lo que ocurre en La Planta.
Nuestros presos no son víctimas del capitalismo sino de la incapacidad. En el aeropuerto pegan chapuceramente unas alfombras plásticas en un corredor, y el piso se desnivela.
Igual sucede en La Planta. Gobernar no es hablar de socialismo o de capitalismo.
Cualquier buena intención de Chávez la frustra la ignorancia, sólo lo salva su habilidad para vender ilusiones. Nos hablaron de dignificar a los presos, les cambiaron el nombre: los llaman privados de libertad, emplean una charlatanería ingenua para ocultar su impotencia. Querían proteger los derechos humanos de los que han cometido delitos, violan el de sus víctimas.
Todo esto terminará en tragedia.
Lectura Tangente


Notitarde12-05-12 |
Rostros del Reverso

La humillante derrota del Estado venezolano

/


Cuando a un Estado le imponen condiciones, cede ante la fuerza bruta, pide dialogar, 
se reconoce incapaz de enfrentar a su enemigo, ha sido derrotado, como ocurre en 
el caso venezolano, con el actual Gobierno, con el agravante que el enemigo 
no ha sido una potencia extranjera, ni un ejército invasor, sino un grupo de violentos 
delincuentes.
Desde la cárcel de La Planta, la República del Crimen le ha impuesto su voluntad 
al propio Estado, el cual encuentra solo una respuesta frente al desafío violento 
de los presos: liberarlos, lo que está haciendo masivamente.
El Estado ha sido derrotado porque desde el primer día cometió un error irreparable, 
perdió la autoridad, le entregó el control de la violencia, la función propia del 
Estado, nada menos que a los presos. Soltar a la calle a asesinos y violadores, 
a los jefes de las cárceles, a los que dirigen la violencia, es en realidad la única 
respuesta práctica del Estado y como, a su vez, los presos conocen la debilidad d
el Gobierno, imponen sus propias reglas en una situación tremendamente humillante 
para las Fuerzas Armadas.
Los gobernadores chavistas ven recrudecerse la violencia y el crimen en sus 
jurisdicciones, 
porque ¿los presos liberados a qué se están dedicando?, si bruscamente han sido 
lanzados a la calle.
Hay un discurso ingenuo que obliga al Estado a cruzarse de brazos. Al considerarse 
un Gobierno revolucionario rechaza utilizar la violencia frente a los que usan 
la violencia. Toma una actitud tan ingenua que lleva a la catástrofe, porque 
los presos en realidad reciben un mensaje de que ellos son los dueños de la 
situación, y tienen al Gobierno en sus manos por las consecuencias políticas 
en Caracas de un evento tan dramático como el ocurrido en La Planta. 
Quizá por ello el Gobierno quiere cerrar La Planta y trasladar los presos al 
interior del país, donde esos escándalos provocarán menos ruido. En otras palabras, 
quieren esconder bajo la alfombra el escándalo. A su vez, los presos más violentos 
saben que fuera de Caracas perderán capacidad para presionar al Gobierno 
y resisten que los saquen de La Planta y utilizan a sus mismos familiares 
como fuerza de choque, buscando provocar escenas que impliquen una violación 
de los derechos humanos, un escándalo internacional.
Chávez es víctima de su discurso de izquierda. De una izquierda tonta porque 
los gobiernos socialistas más extremos o más moderados jamás pierden el 
control de la autoridad, permiten que los presos en sus cárceles impongan condiciones, 
colocan a sus ministros en situaciones ridículas y a los habitantes de la capital en 
peligro. Nunca en la historia de Venezuela han estado armados como 
ahora, en el pasado las requisas encontraban escondidas en lugares de la 
prisión los famosos chuzos, cuchillos caseros, y ocasionalmente algún revolver 
fabricado con algún tubo de forma rudimentaria. Ahora, en cambio, los presos 
disparan con armas de guerra. Armas iguales en poder de fuego que las que 
utiliza el mismo Ejército. Ademá
s, los presos disparan como si poseyeran un arsenal ilimitado, sin temor de 
quedarse sin balas, igual que por las calles los hampones matan a sus enemigos 
disparándoles 20 balazos.
El Gobierno chavista teme aparecer como violador de los derechos humanos, 
lo que reduce los derechos de los victimarios, los delincuentes, y olvida los derechos 
de las víctimas. Así trata con cuidado a los presos violentos, los supone víctimas 
de la sociedad, del capitalismo, no los cree responsables de sus delitos, absuelve 
a violadores, asesinos, ladrones, porque cree que cuando sea superado el 
capitalismo estos hombres se volverán trabajadores honestos.
Los presos en la mayoría de los casos son pobres habitantes de los barrios, pero no 
todos los jóvenes pobres en los barrios caen en la delincuencia ni son sicarios, 
creer que la pobreza es la única causa del delito no explica cómo en países 
mucho más pobres la violencia es mucho menor que en Venezuela.
En resumen, el Estado venezolano ha sido derrotado por un grupo de delincuentes. 
Cae en la trampa de una interpretación errónea de los derechos humanos y 
no comprende que frente al delito solo cabe la acción policial. En momento que 
se violan las leyes y frente a un grupo de malandros armados no cabe más 
que desarmarlos, nunca rendirse frente a ellos, o ponerlos en libertad.
E-mail: fausto.maso@gmail.com
ESTA ES LA VERDAD Y EL FONDO DEL PROBLEMA, FAUSTO

CÁRCELES | Cifra sube cuando se calculan otras actividades como droga y extorsión

Los "negocios" en La Planta producen Bs 16 millones anuales

Contenido relacionado
MARÍA ISOLIETT IGLESIAS |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
lunes 14 de mayo de 2012  12:00 AM
Cinco "gobiernos" para 14 áreas. Así se distribuían las líneas de mando en la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal de El Paraíso, conocida como la cárcel de La Planta.

Cada uno de los liderazgos impuso sus leyes y sus negocios, y por tanto cada uno tenía sus ganancias.

Las pugnas internas se daban cuando un "gobierno" quería asumir el liderazgo y el poder de otro. El fin: controlar muchas más áreas y así quedarse con la mayor cantidad de dinero en ganancias: La Planta en un año, podía producir, según un informe del Ministerio de Asuntos Penitenciarios, más de 16 millones de bolívares.

En el caso del retén de El Paraíso, explicaron fuentes de Ministerio de Asuntos Penitenciarios, el cálculo se hizo luego de sumar el dinero que se paga semanal por el derecho a estar en el penal, el que se paga una vez al mes por el derecho a pernocta, el impuesto que se paga para poder vender droga, el derecho a tener una cantina que distribuye insumos básico (comida, cigarrillos, refresco), el hospedaje especial y la vacuna que se paga por protección.

El cálculo se hizo en base a los montos mínimos que se piden por el derecho a cada una de los tópicos anteriores. En la suma no está incluida la producción neta por droga, venta o alquiler de armas, cobro por ejecuciones, secuestros, traslados, telefonía, apuestas y discoteca. Para la fuente del Ministerio de Servicios Penitenciarios, La Planta podía producir 20 millones de bolívares al año.

"Hoy varios de los penales, por no decir que todos, se convirtieron en centro importantes de distribución de droga. Desde esos centros se distribuye droga al sector donde está enclavado el reclusorio. También son centro de extorsiones y 'torre de control' de secuestros", dijo un recluso, refiriéndose a otra de las entradas de dinero.

En el tema de los secuestros y extorsiones, como en el resto de los delitos, hay cómplices afuera, amigos, esposas, hermanos y hasta madres, explicó una fuente del Cicpc. También hay complicidad de personal que trabajan en esas cárceles.

Todo este dinero se invierte. Se usa para comprar armas que solo están en poder del "gobierno", para sobornar autoridades, para comprar droga que será revendida, para comprar alcohol y para organizar fiestas en las que se llegan a despilfarrar 150 mil bolívares.