Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 31 de julio de 2011

Batalla por la vida... ¿de quién?

El paciente barinés
JUAN CARLOS APITZ | EL UNIVERSAL
domingo 31 de julio de 2011 04:28 PM

La película británica de 1996, "El paciente inglés", dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Ralph Fiennes y Juliette Binoche, cuenta la historia de Count Almásy, un cartógrafo húngaro contratado por la Royal Geographical Society para trazar un mapa de los vastos terrenos del desierto del Sahara junto con muchos otros prominentes exploradores. Estando herido, Almásy viaja en una caravana por una carretera de Italia, pero su estado es tan grave que se tiene que quedar en un monasterio deshabitado y semiderruido, donde se encarga de cuidarlo Hana, una enfermera canadiense. Para ese paciente terminal sólo sus dosis de morfina lo mantenían alejado del dolor extremo de su angustioso presente y de su trágico pasado. En cambio, en Venezuela el moderno Prometeo de Sabaneta niega su condición terminal sin necesidad de alcaloide alguno, es decir, estamos ante un severo caso de denial o negación psicológica de la realidad.

Primeramente, la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. Se rechazan aquellos aspectos de la realidad que se consideran desagradables. El individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo negándose a reconocer algunos aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas que son evidentes para los demás.

Es un mecanismo de defensa relativamente simple, es negarse a creer que el acontecimiento amenazante o aversivo ocurrió o que la condición existe. Un ejemplo es la madre que se niega a admitir que su hijo murió en combate y sigue actuando como si estuviera vivo. Son habituales estos mecanismos defensivos en bebedores, drogadictos o en anoréxicos que niegan el tener algún problema.

La negación -decía Sigmund Freíd- es una forma de protegerse de realidades desagradables con las que uno prefiere no lidiar. Mecanismo de defensa, lo llamaba. En general suele negarse rechazando o ignorando los hechos empíricos o la evidencia incuestionable que acreditan que lo negado existe; minimizando la importancia de aquello que está sucediendo; aceptando los hechos empíricos y la evidencia incuestionable, sin minimizar su importancia, pero adjudicándole la responsabilidad de su existencia, y su solución, a alguien más.

Uno de los mecanismos de defensa más comunes del ser humano es la negación de la realidad, o sea, no reconocer una realidad dolorosa o amenazadora. Cuando esa negación traspasa el caso individual y adquiere mayores dimensiones, como la del gobierno de una sociedad, asistimos a un engaño generalizado. Se sustituye así la realidad por una ficción encaminada a metas electoralistas.

Finalmente, cuando se le dice al país: "Fui sometido a estudios (...) y debo decirles que no se detectó la presencia de células malignas en ninguna parte de mi cuerpo", se cumple aquella expresión lapidaria: "La esperanza es una negación de la realidad, es la zanahoria que se agita ante el caballo de tiro para que este siga avanzando, luchando en vano por alcanzarla".

www.juancarlosapitz.com
justiciapitz@hotmail.com
Twitter: @justiciapitz

El honor de la Fuerza Armada
FERNANDO OCHOA ANTICH | EL UNIVERSAL
domingo 31 de julio de 2011 04:41 PM

Los duros comentarios que, con toda razón, han surgido en la opinión pública nacional e internacional, como consecuencia de la fotografía de los cadetes de la Escuela Naval que, al asistir a una parada a rendirle honores militares al presidente de la República, terminaron arrodillados frente a la figura omnipotente de Hugo Chávez, exige una explicación. La crítica es más que justificada. No importa que los militares nos hayamos dado cuenta que lo que ocurrió fue que Hugo Chávez, con su complejo de militar frustrado, les ordenó sentarse a escuchar una de esa filípicas intrascendentes que siempre nos ofrece por los medios de comunicación. El uniforme blanco que portaban les impedía sentarse y tuvieron que colocarse en una posición que parecía de rodillas...

Lo doloroso es que en el mundo se tiene, en este momento, la impresión de que los militares venezolanos son indignos de portar un uniforme ya que se arrodillan ante el jefe del Estado. Esta nota que, por lealtad a los jóvenes cadetes, escribo no tendrá la suficiente difusión para disminuir el impacto negativo creado por la fotografía. La pregunta que deben hacerse los venezolanos es si detrás de tan absurda situación no se ocultan intereses políticos. No fue un hecho casual lo que ocurrió. La semana anterior vimos el espectáculo representado por los oficiales y soldados de la Guardia de Honor. La impresión que todos tuvimos era que Hugo Chávez pasaría varios meses en un complejo tratamiento de salud. Sin mayor explicación a la semana siguiente estaba en Venezuela.

Tampoco podemos olvidar la forma en que se desarrolló el desfile militar en conmemoración del bicentenario de nuestra independencia. No me refiero solamente a lo exagerado del acto protocolar ni a lo rimbombante de los uniformes que portaron los oficiales y soldados que desfilaron. Fue la manera de dar el parte militar. Es verdad, que Hugo Chávez, enfermo como se encuentra, no podía estar en un acto tan largo y agotador. También puede explicarse que en el momento de iniciarse el desfile el presidente de la República, desde el palacio presidencial, dirija un corto mensaje a los venezolanos y a los soldados que van a desfilar, pero dar permiso para iniciar un acto militar por televisión es una curiosidad que pasará a formar parte del libro de los récord Guinness.

No logro explicarme las razones por las cuales el ministro de la Defensa y el Alto Mando Militar, acompañado por el vicepresidente de la República, como autoridad civil, y los presidentes invitados, no podía presidir el desfile militar. El absurdo, que no estuviera ninguna autoridad militar presidiendo el acto, trajo por consecuencia que el general de división Carlos Alcalá Cordones, al ir a pedir permiso para concluir el desfile se dirigió al pueblo presente y no a ninguna autoridad militar, ya que el Alto Mando Militar permanecía en Miraflores. En realidad, son demasiadas casualidades juntas para imaginarse que ellas han ocurrido sin previa planificación. He reflexionado sobre estas circunstancias y no he podido encontrarle una lógica respuesta.

Hugo Chávez no da puntada sin dedal. Esa es una verdad como un templo. Además, su falta de escrúpulos le permite actuar con mucha libertad. Me he convencido, y creo que con razón, que el problema al cual no le encuentra solución Hugo Chávez surgió cuando equivocadamente se presentó ante los venezolanos por televisión, desde Cuba, con un aspecto de gran debilidad, pálido y con varios kilos de menos, sorprendiendo a todos al leer el mensaje, como si realmente estuviese en un estado de gravedad casi irreversible. Los expertos de opinión deben haberle dicho que al presentarse de esa forma tocaría la fibra sentimental y humana de nuestro pueblo, que reaccionaría de inmediato fortaleciendo de esa manera los debilitados lazos afectivos con Hugo Chávez.

La luz de alerta se prendió de inmediato. Los diarios sondeos de opinión que realiza el gobierno señalaron lo contrario. No sólo no se había fortalecido la popularidad, sino que mostraba una tendencia al debilitamiento. Para colmo, empezaron los enfrentamientos internos en el PSUV. Había que reaccionar de inmediato. Aún poniendo en riesgo su vida, tuvo que venir a enfrentar personalmente la situación. En definitiva, el régimen no acepta otro liderazgo. En ese juego, también ha querido mostrar su autoridad sobre la Fuerza Armada. Esa fue la razón de la visita a la Academia Militar y las órdenes que impartió a los cadetes ese día. También la filípica del aeropuerto a los cadetes de la Escuela Naval. Dolosamente, comprometió el honor de la Fuerza Armada.

fochoaantich@gmail.com

Batalla por la vida... ¿de quién?

La epopeya está anunciada en tiempos de debacle. Como el discurso del Führer antes de caer...

MARTA COLOMINA | EL UNIVERSAL
domingo 31 de julio de 2011 12:00 AM

Hola, buenos días mi Amada Patria! 27 de julio y aquí voy, casi llegando ya a mis 57 años! Iniciando una nueva vida, un nuevo retorno! Vivir viviendo!". El texto es uno de los muchos saludos enviados por Hugo Chávez a través de su Twitter, repetidos en sus apariciones televisivas y en el "divinizado" culto a la personalidad difundido en cadena nacional por el Minci, donde se describe una Venezuela próspera, segura y feliz, gracias a la acción de un superhombre que ha sido capaz de salir triunfante de la muerte, estar ganando la batalla por la vida y seguir en el poder "hasta más allá del 2031".

Desde que Chávez anunciase que tiene cáncer, el discurso público se sustenta casi exclusivamente en el referente de la enfermedad presidencial, convertida en asunto que debe angustiar a todo el país por encima de las escandalosas cifras de criminalidad y corrupción, de las muertes anónimas de los ruleteados en los derruidos hospitales públicos, de la inflación y desabastecimiento crecientes, del inaceptable endeudamiento en medio de una orgía de petrodólares, de los engaños de la insolvente Pdvsa y los apagones que coronan el Vía Crucis nacional. Para convertir su enfermedad en una "epopeya" han ocultado los detalles del supuesto padecimiento presidencial. Por eso no se ha hecho público ningún parte médico, sino las muy legas versiones oficiales: "Fidel me dijo -narra Chávez al llegar a Venezuela después de recibir la supuesta primera sesión de quimioterapia- 'no tienes nada'. No se detectó en ninguna parte, en ningún órgano, ninguna célula maligna que se haya podido escapar del lugar donde estaba el tumor y en el lugar del tumor tampoco". De nuevo el secretismo que no aclara. Así siguen teatralizando el "triunfo" de la batalla por la vida que le permitirá a Chávez urdir el "conjunto de hechos gloriosos en los que intervienen lo sobrenatural y maravilloso, dignos de ser cantados épicamente", como define el DRAE la epopeya. ¡Y pensar que Chávez reclama a los demás que "dejen quieto" su cáncer¡

Toda mentira monstruosa, toda simulación perversa, todo engaño colectivo y hasta la deificación más aberrante se justifican para seguir en el poder. Chávez dijo esta semana: "Tengo razones médicas, científicas, humanas, amorosas, políticas, para mantenerme al frente del Gobierno y de la candidatura con más fuerza que antes--inmejorable en el espíritu, en el ánimo, en el alma, en el cuerpo, respondiendo de manera extraordinaria en todos los sentidos... en lo personal, no he pensado un solo instante en retirarme de la Presidencia... soy el candidato de la revolución y estoy absolutamente seguro que el pueblo me va a reelegir Presidente para el período 2013-19... comenzando la primera década del siglo, hablé de la década del bronce... estaríamos comenzando la década de plata: 2011-2020, y la de oro sería entre 2020 y 2030... estoy resuelto a llegar al 2031". La epopeya, entonces, ya está anunciada en tiempos de debacle. Como el discurso del Führer pocos días antes de su definitiva caída.

La "batalla por la vida" no es una lucha de Chávez contra su cáncer devenido en espectáculo, sino de los millones de víctimas de su gobierno irresponsable. A Chávez no le importa la historia de Freddy Rebolledo, contada por Alberto Barrera Tiszka ("La Salud" EN 24-07-2011). Freddy recibió un disparo en Ocumare del Tuy. Lo llevaron de urgencia al hospital general de la zona. Allí no tenían como atenderlo. Luego a Cúa, con igual suerte. A Charallave y ¡nada!, de modo que corrieron a Caracas, al Hospital de El Llanito. Tampoco. Volaron hasta el Pérez Carreño, de nuevo fue inútil. Luego al Hospital Militar, convencidos de que, por ser militar, tendrían insumos y podrían atenderlo. No lo recibieron. Finalmente -narra ABT- Rebolledo murió al llegar al Hospital Universitario. Tenía 20 años. "¡Siete hospitales después del disparo!, y ya no pudo seguir. No lo mató la bala. Lo mató la salud del Estado venezolano".

"¿Cuántos barriles se necesitan para abrir un quirófano?", se pregunta ABT. Seguro que menos que los muchos regalados por Chávez a Bielorrusia. O que los $22 mil millones a Cuba y otros tantos a Nicaragua. "Es un gran honor aprobar recursos para Cuba (... ) no hay dinero que pueda pagar la felicidad de un pueblo" celebraba estos días en la AN el rojo diputado Faría. Que les pregunten Chávez y a Faría a los padres de Rebolledo y a los otros miles que mueren sin atención médica sobre su felicidad. O a los médicos dispersados violentamente por la PNB con el prohibido gas pimienta mientras reclamaban pacíficamente atención oficial a los hospitales y salarios dignos. O a los enfermeros, también con sueldos miserables. O a los damnificados que viven en caballerizas soñando con viviendas que son y serán una quimera. ¿Batalla por la vida?... ¿La vida de quién?

mcolomina@gmail.com