martes, 26 de julio de 2011

26 de julio: Asalto al cuartel Moncada y en el de 1980, la ex guerrillera de la Sierra Maestra, Haydeé Santamaría, utilizó también su 45 para suidarse

Asalto al cuartel Moncada

El Asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, fue parte de una acción armada realizada el 26 de julio de 1953 con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista, realizada por un grupo de hombres y mujeres de la juventud del Partido Ortodoxo al mando del abogado Fidel Castro. El movimiento se completó con el ataque al cuartel «Carlos Manuel de Céspedes», de Bayamo y fue rápidamente derrotado. Durante el juicio a los atacantes, Fidel Castro se haría conocido en todo el país al autodefenderse poniendo en evidencia las torturas ejecutadas por el gobierno al punto que se lo declaró enfermo para evitar su presencia en el juicio. A pesar de ello presentó su alegato por escrito, documento histórico que se hizo conocido como La Historia me absolverá.


Introducción

El cuartel Moncada, en el año 1953 era la sede del regimiento número 1 de la «Antonio Maceo» en la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la provincia oriental. Por su importancia, el Moncada era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres. Su lejanía de La Habana dificultaba el envío de ayuda al Ejército Oriental. Además, Santiago se hallaba situada en la costa sur, junto al mar, y rodeada de montañas.

Por todas esas condiciones el 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes cubanos, con ideas revolucionarias y llenos de ansias de librar a Cuba de la represión a que estaba sometida desde el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, liderados por el joven abogado Fidel Castro decidieron atacar este cuartel. Una vez tomado el Moncada las condiciones que presentaba la ciudad le facilitaba a los rebeldes la defensa de la misma cuando fuera tomada, y el rápido inicio de la lucha guerrillera si había que abandonarla. A eso se unía un elemento histórico: en Oriente se habían iniciado las tres guerras independentistas en el siglo pasado que se habían librado en Cuba, allí se produjeron insurrecciones populares en varios momentos del período republicano —incluso durante la Revolución de 1933—, sus montañas eran conocidas por la resistencia armada de los campesinos frente a los latifundistas, y su pueblo se caracterizó siempre por un espíritu de rebeldía, debido a lo cual ese territorio era llamado «el Oriente indómito». Una vez dueños del Moncada, los revolucionarios tomarían las estaciones de la Policía Nacional, la Policía Marítima y la Marina de Guerra, así como una radioemisora, a fin de darle a conocer al pueblo sus objetivos y llamarlo a incorporarse a la lucha. En la concepción de Fidel, la insurrección armada era inseparable de la movilización de las masas populares.

Para apoyar la acción del «Moncada» se decidió tomar simultáneamente el cuartel «Carlos Manuel de Céspedes», de Bayamo, ciudad situada en el centro de la provincia de Oriente y que constituía un importante nudo de comunicaciones terrestres. Esta acción comprendía la voladura de los puentes sobre el río Cauto, a fin de impedir o dificultar la llegada de refuerzos por tierra para las tropas de Santiago.

Preparativos

El plan se elaboró en absoluto secreto. Además de Fidel, solamente lo conocían dos compañeros de la dirección del movimiento y su responsable en Santiago de Cuba, Los demás sabían que se iba a realizar un combate decisivo, pero ignoraban cual era exactamente éste. La misma preocupación se tuvo al estructurar el movimiento: se hizo en forma celular y se observaban estrictamente las normas de seguridad que exigía su carácter clandestino, Tenía dos Comités de Dirección: uno militar, al mando de Fidel, y otro civil, dirigido por Abel Santamaría. Además, se trataba de una organización selectiva. Por orientaciones de Fidel, sus miembros se reclutaron entre las clases y sectores humildes de la población: obreros, campesinos, empleados, profesionales modestos. Eran hombres y mujeres preferentemente jóvenes, ajenos a toda ambición, no infectados por el anticomunismo ni por las lacras y vicios de la política tradicional. A principios de 1953, el movimiento contaba aproximadamente con 1 200 miembros.

Las armas, los uniformes y los recursos necesarios para la lucha se obtuvieron sin recurrir a la ayuda de personas acaudaladas ni de políticos corrompidos. Su adquisición fue posible fundamentalmente por la voluntad y el sacrificio personal de los propios combatientes. Un joven vendió su empleo y aportó $300.00 «para la causa»; otro liquidó los aparatos de su estudio fotográfico, con los que se ganaba la vida; otro más empeñó su sueldo de varios meses y fue preciso prohibirle que se deshiciera también de los muebles de su casa; éste vendió su laboratorio de productos farmacéuticos; aquel entregó sus ahorros de más de cinco años, y así se sucedieron los casos de abnegación y generosidad1

Con esos recursos se adquirieron 165 armas, principalmente fusiles calibre 22 y escopetas de caza. Se iniciaron los entrenamientos y prácticas de tiro que tuvieron lugar en la Universidad de La Habana, el Club de Cazadores del Cerro y distintos sitios en las provincias de La Habana y Pinar del Río. Para asegurar la acción se alquiló una pequeña finca de recreo, la granjita «Siboney», situada en las afueras de Santiago de Cuba, con el supuesto fin de dedicarla a la cría de pollos. En ella se situaron las armas, los uniformes y los automóviles que se utilizarían en el ataque, y allí se concentrarían los combatientes en el momento oportuno..

Se escogió para la acción, el 26 de julio por ser domingo de carnaval, fiesta a la que tradicionalmente asistían personas de diferentes puntos de la isla, por lo cual la presencia de jóvenes de otras provincias no causaría extrañeza.

La acción

En la madrugada de ese día, 135 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército y dirigidos por Fidel, precisaban el plan de ataque. Se organizaron en tres grupos, el primero de los cuales, con Fidel al frente, atacaría la fortaleza. Los otros dos grupos, mandados respectivamente por Abel Santamaría —segundo jefe del movimiento— y Raúl Castro, tratarían de tomar dos importantes edificios contiguos al cuartel: el Hospital Civil, donde se atendería a los heridos, y el Palacio de Justicia, donde radicaba la Audiencia, desde cuya azotea apoyarían la acción principal.

Cuando todos estuvieron listos, se le dio lectura al «Manifiesto del Moncada», redactado por el joven poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel. En él se caracteriza el ataque al Moncada como la continuación de la lucha histórica por la plena independencia y la libertad de la patria, se plasman los principios revolucionarios y los objetivos del movimiento, y se hace un llamado a la dignidad y la vergüenza del pueblo cubano. Gómez García leyó sus versos «Ya estamos en combate» y Fidel les dirigió esta brevísima exhortación:

"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertado o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad.2

De los 135 revolucionarios, 131 dieron el paso al frente. Los cuatro arrepentidos recibieron la orden de regresar a sus puntos de origen, y poco después de las 4:00 de la madrugada, todos comenzaron a salir en los autos hacia Santiago. Los grupos dirigidos por Abel y Raúl cumplieron su objetivo: la toma del Hospital Civil y la Audiencia. El grupo principal, dirigido por Fidel, llegó según lo previsto hasta una de las postas, la No. 3, la desarmó y traspuso la garita. Pero una patrulla de recorrido que llegó inesperadamente, y un sargento que apareció de improviso por una calle lateral, provocaron un tiroteo prematuro que alertó a la tropa y permitió que se movilizara rápidamente el campamento. La sorpresa, factor decisivo del éxito, no se había logrado. La lucha se entabló fuera del cuartel y se prolongó en un combate de posiciones.

Los asaltantes se hallaban en total desventaja frente a un enemigo superior en armas y en hombres, atrincherado dentro de aquella fortaleza. Otro elemento adverso, también accidental, fue que los atacantes no pudieron contar con varios automóviles donde iban las mejores armas, pues sus ocupantes se extraviaron antes de llegar al Moncada en una ciudad que no conocían. Comprendiendo que continuar la lucha en esas condiciones era un suicidio colectivo, Fidel ordenó la retirada.

Al mismo tiempo que esto ocurría en Santiago, 28 revolucionarios asaltaban al cuartel de Bayamo, operación que también fracasó.

Sucesos después del Asalto

Inmediatamente después de estos hechos, la dictadura reaccionó con una brutal represión. Batista decretó el estado de sitio en Santiago de Cuba y la suspensión de las garantías constitucionales en todo el territorio nacional; clausuró el periódico «Noticias de Hoy», órgano del Partido Socialista Popular, y aplicó la censura a la prensa y la radio de todo el país. Creaba así las condiciones para lanzar a los cuerpos represivos con violencia y sin riesgo de publicidad contra la rebeldía popular.

En relación con los asaltantes del Moncada, ordenó que se asesinara a diez revolucionarios por cada soldado muerto en combate[cita requerida]. Excepto unos pocos combatientes que pudieron escapar ayudados por el pueblo, casi todos los demás fueron capturados y gran parte de ellos asesinados en los días sucesivos. Sólo seis asaltantes de los dos cuarteles habían perecido en la lucha; pero las fuerzas represivas del régimen asesinaron a 55, y a dos personas ajenas a los acontecimientos. Además, a diferencia del trato humano dado por los revolucionarios a los militares que cayeron en su poder, los asaltantes prisioneros fueron torturados antes de ser ultimados, y después se les presentó como caídos en combate[cita requerida].

Más tarde, ante el tribunal que lo juzgaba, Fidel Castro denunciaría el crimen:

No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros".3

Los crímenes cometidos en esos días por el régimen los denunció Fidel Castro en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá.

El Cuartel Moncada en la actualidad

Después del triunfo de la revolución el Moncada fue convertido en una ciudad escolar que tomó el nombre de "Ciudad Escolar 26 de julio" y un espacio de ella se dedicó a un museo sobre los hechos relacionados con el asalto.

Referencias

  1. La historia me absolverá, Fidel Castro, disponible en [1]
  2. La elocuencia en "La historia me absolverá", artículo en la web de La Giribilla, fragmento del capítulo VI de Ese sol del mundo moral, La Habana, Ediciones Unión, 2002, pp. 180-195.
  3. Ibid.

Enlaces externos

Bibliografía

Libro Historia de Cuba

Coordenadas: 20°1′35″N 75°49′9″W


Marcelo Da Risa:

No se suicido Haydee Santamaria un 26 de julio? No estaba totalmente
desencantada de la revolucion al hacerlo?

Gracias por publicar este articulo y por publicar algo de Haydee. Todos
los que siguen a tiranos mueren desencantados, algunos mas que otros y
algunos por sus propias manos.

Lean este articulo para que vean como han terminado tantos que dieron
todo por Fidel y por una ideologia intrinsicamente diabolica.

La última puerta

Desde Cuba por Tania Diaz Castro

LA HABANA, Cuba - Mayo 11 ( http://www.cubanet.org ) - Si el suicidio es,
sobre todo, el desenlace de un repentino sentimiento de frustración y
de un fuerte estado depresivo ante el fracaso, ¿por qué entonces
personas vinculadas a la nomenclatura castrista han preferido la muerte
a seguir siendo fieles cumplidores de sus postulados?

Las organizaciones políticas del país analizaron hace cuatro años el
"Código de ética de los cuadros del estado cubano", que trata sobre
los mismos argumentos que ha esgrimido el régimen a lo largo de sus 46
años de mandato: "predicar con el ejemplo personal con una actitud
exigente hacia sí mismo; ser estricto cumplidor de los compromisos y
de la palabra empleada; combatir la apatía, la indolencia, el
pesimismo; entregarse por entero y con amor al desempeño cabal de la
responsabilidad encomendada; ser fiel a los principios que entraña la
Patria, la Revolución y el Socialismo", etc.

Algo que contradice lo planteado en este código comunista es el
historial de suicidios de la Cuba revolucionaria en las últimas cuatro
décadas. Según datos recientes de la Organización Mundial de la
Salud (OMS), la isla del doctor Castro es el país latinoamericano con
mayor índice de suicidios.

Todo comenzó en los primeros días de marzo de 1959. El comandante del
ejército rebelde Félix Lugerio Pena, como presidente del tribunal
militar, absolvió a numerosos oficiales de la aviación batistiana.
Fidel Castro, en desacuerdo, ordenó un segundo juicio para que fueran
condenados a treinta años de cárcel, y el comandante Pena se privó
de la vida.

Le sigue Raúl Chirino, un revolucionario que tras sostener una
entrevista con Fidel Castro se suicidó en un dispensario médico.

Otro héroe de la Sierra Maestra, y luego un alto jefe del Ministerio
del Interior (MININT), el comandante Eddy Suñol, se suicidó con su
pistola calibre 45 sin que se conocieran las razones.

El 8 de diciembre de 1964, después de sostener en su despacho una
conversación telefónica con Fidel Castro, el comandante Augusto
Martínez Sánchez se disparó en el pecho con su pistola. Quedó vivo,
pero separado de su cargo como ministro de Trabajo, y para siempre de
la vida pública.

En otro despacho, esta vez el de Raúl Castro, segundo jefe de
gobierno, se disparó en la sien con su pistola 45 su cuñada, Nilsa
Espín. Comentarios callejeros decían que se trataba de un doble
suicidio, pues ese mismo día, pero en la provincia Pinar del río, se
había privado de la vida el esposo de Nilsa. Ambos habían combatido
en la Sierra junto a Fidel Castro.

En 1971 se mató de un balazo en el corazón el joven funcionario
Javier de Varona. Regresaba de la cárcel, donde había estado bajo
investigación por haber participado en la redacción de un análisis
sobre la situación nacional, sobre el fracaso de la zafra de los diez
millones y los errores del máximo líder en relación con la misma.

En esa década del setenta otro alto funcionario del régimen a
principios de la revolución, hijo del mártir Menelao Mora, muy
querido y admirado por sus amigos, Alberto Mora, no pudo soportar la
humillación de ser enviado a una granja de castigo, donde lo
encontraron muerto y vestido de militar. Unos meses antes había salido
en defensa de su amigo, el poeta Heberto Padilla, cuando éste fue
obligado a una autocrítica pública en la Unión de Escritores.
Durante varios años ocupó el cargo de ministro de Comercio Exterior.

Unos años después, el 26 de julio de 1980, la ex guerrillera de la
Sierra Maestra, Haydeé Santamaría, utilizó también su 45 para
morir. En esos momentos era la presidenta de "Casa de las Américas" y
gozaba de la confianza de Fidel Castro. Tres años después, el 23 de
junio de 1983, y según se comenta, luego de una fuerte discusión con
el comandante Ramiro Valdés, el doctor Osvaldo Dorticós Torrado se
privó de la vida, siendo ministro de Justicia. De 1959 a 1976
desempeñó el cargo de presidente de la república.

Jesús Manuel Suárez Estrada era hombre de confianza en el Comité
Central del Partido Comunista de Cuba, donde laboró largos años. Una
tarde tomó su auto para dirigirse al parque Lenin, en las afueras de
la ciudad. Allí se ahorcó de un árbol. En su juventud publicó un
interesante libro de versos. En su pueblo natal, Santa Clara, fuimos
amigos. Ni siquiera su familia supo la razón del suicidio.

Tras el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa y otros oficiales, en
julio de 1989, dos coroneles del Ministerio del Interior decidieron
suicidarse: Rafael Álvarez Cueto, jefe de Finanzas, y Enrique Sicard,
jefe de Inteligencia.

En 1994, por razones aún desconocidas, Jorge Enrique Mendoza, director
del periódico Granma durante años, intentó suicidarse de un disparo.
Poco después falleció de un infarto cardíaco.


En Venezuela, el antiguo director de la revista Bohemia, la de mayor
circulación en Cuba, Miguel Ángel Quevedo, se suicidaba. En la etapa
insurreccional apoyó a Fidel Castro. En julio de 1960 Quevedo pidió
asilo en la embajada venezolana en La Habana. En su carta de despedida
escribió: "Me mato porque Fidel Castro me engañó".

o


Dos chilenas muy conocidas, Beatriz, hija del ex presidente Salvador
Allende, y Laura, hermana de Allende, que gozaban de la protección del
régimen castrista, decidieron despedirse para siempre de los
amaneceres del trópico. Beatriz, con su arma, en la elegante
residencia de Miramar que le fue cedida por el gobierno cubano, y Laura
lanzándose del piso 16 del apartamento donde vivía en la barriada del
Vedado.

Por esas peculiaridades de la historia terminamos esta crónica
recordando a otro comunista cubano que se suicidó en 1911 junto a su
esposa Laura, hija de Carlos Marx. Me refiero a Pablo Lafargue, mulato
nacido en Santiago de Cuba y convertido desde su juventud en un
incondicional del comunismo. Un poco antes de su pacto suicida se
había publicado su libro "El determinismo económico en Carlos Marx".

Muchas de estas personas seguramente dejaron una nota antes de morir.
Conociendo al régimen castrista como lo conozco, pienso que fueron
echadas al fuego porque su pecado fue no poder abrir su última puerta.

De todas formas termino con el pensamiento del filósofo alemán
Schopenhauer, porque le viene como anillo al dedo a tan triste
historia: "Cuando los terrores de la vida sobrepasan el terror de la
muerte el hombre pone fin a sus días".





Chávez envía saludo por aniversario del Asalto a Moncada

La carta enviada por el presidente Hugo Chávez fue leída ante una multitud de cubanos congregados en la Plaza de la Revolución Máximo Gómez.

EL UNIVERSAL
martes 26 de julio de 2011 10:58 AM

Caracas.- El presidente Hugo Chávez envió un mensaje de reconocimiento a la "gesta paradigmática" del pueblo cubano y sus líderes que este martes conmemoran el 58 aniversario del Asalto a los cuarteles Moncada y Céspedes.

"En realidad y en verdad, Raúl, ustedes dieron un asalto al porvenir", dice el mandatario venezolano en la carta dirigida al presidente cubano Raúl Castro que leída ante una multitud de ciudadanos congregados en la Plaza de la Revolución Máximo Gómez, de la ciudad de Ciego de Ávila.

"El 26 de julio de 1953, literal y metafóricamente, se consumó un asalto, una irrupción de pura cubanía en la que, en pleno centenario del natalicio del apóstol, el honor de todo un pueblo encarnado en la pasión y el coraje de aquel grupo de jóvenes decidió abrirse paso y levantar las armas con el supremo propósito de torcer los tiempos oscuros del oprobio y vislumbrar el horizonte franco de la grandeza patria".

Chávez afirmó que las aspiraciones de José Martí se han encarnado en la colectividad cubana y en el resto de Nuestra América, indicó AVN.

El presidente venezolano recordó cuando el líder revolucionario, Fidel Castro, dijo "el Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias".

El 26 de Julio fue declarado por la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba como el Día de la Rebeldía Nacional.

"Nosotros venimos también de convertir reveses en victorias. Allí está el 4 de febrero de 1992 para corroborarlo. Lo mismo aconteció con la gesta heroica de nuestros libertadores y libertadoras, cuyo primer desenlace fue aparentemente el del fracaso, pero que se ha convertido hoy en el despertar victorioso de la Patria Grande, en el multiplicado anuncio, como bien dice Rafael Correa, de un cambio de época con nuestros pueblos como protagonistas del más grande de los destinos".