Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 19 de abril de 2013

Hugo Rafael Chávez Frías tenía misión de vida a Venezuela...Gracias a la oscuridad que siempre debe vencer el hombre predestinado, aborta su sueño inicial en 1994 gracias a Fidel Castro, el gran destructor de América Latina. Para que otro líder con misión de vida también en Venezuela, cumpla su encargo cósmico, debe cerrarse un ciclo con todas sus consecuencias...La historia continúa.


Con Maduro la herencia de Chávez se pudrió

JOSÉ DOMINGO BLANCO (MINGO) |  EL UNIVERSAL
viernes 19 de abril de 2013  12:00 AM
¡Ay, Nicolás: ya se te están viendo las costuras! El trajecito del difunto que quisiste adaptar a tu medida se te está descosiendo. Pero eso se veía venir; lo que nunca imaginé es que pasaría tan rápido. Caramba, chico: antes de lo previsto comenzaste a dilapidar la herencia que te dejó tu "padre"; tu mentor, como a veces también lo llamas (aunque, no nos caigamos a cuento: el crédito de tu hechura, se la "debemos" a los Castro).

Estas elecciones pusieron en evidencia muchas cosas. Y una de ellas es que la gente de la que esperabas apoyo –electores heredados, por supuesto, porque tu capacidad de liderazgo quedó, aún más, en entredicho– no reaccionó como esperabas. ¿Sabes por qué? ¿Sabes cuál es tu mayor debilidad? ¡Qué no eres Chávez! Y el pueblo, el que amaba a Chávez, se dio cuenta, a tiempo, que contigo no tienen ganas de bailar el bolero pegado. Eres soso, cansón, mediocre. Tu discurso es de odio y exclusión. Quieres –¡intentas! – parecerte al difunto comandante. Pero, nada, chico. No te sale. Y mira que te he escuchado con atención; porque has hablado bastante en las últimas horas,  como restregándole a quienes te adversamos, tu triunfo chucuto. Imponiendo a la fuerza tu discurso, que no sólo destila odio, sino que intentas endulzar repitiendo mil veces la palabra amor. Ni siquiera así logras engañarnos.

¡Ay, Nicolás, qué mal te veo! Y me da la impresión que no soy el único que te ve de esa manera. Hoy, porque no tuve más remedio, y porque como periodista debo mantenerme informado, he escuchado tus cadenas. No paraste de insultar, de amenazar, de azuzar a tus hordas violentas, de usar las frases prefabricadas que "heredaste" de ese que ahora –y a cada rato– mientas tu "padre" (por cierto: ¿recuerdas como calificó "tu padre" la victoria  pírrica que obtuvo la oposición cuando se hizo el referéndum para modificar la Constitución?).

Eso sí: no te escuché ni una sola idea nueva, de tu autoría. Tampoco te vi intenciones de tender puentes entre los polos en los que claramente está divido el país. No contabilicé las veces que mencionaste a Chávez –que fueron muchas–, pero sí presté atención cuando trataste de hacerle creer a los chavistas que no votaron por ti que traicionaron a tu "padre". Un argumento pobre y miserable, Nicolás. Habráse visto semejante bajeza e inmadurez.

Según Tibisay eres Presidente (¿ilegítimo?). No me consta. Soy de los que opina que, con un final tan reñido y tantas irregularidades, se deben abrir las cajas. Revisar papeleta por papeleta.
Pero, como tampoco aceptas el conteo de los votos, tu actitud me genera suspicacia. Porque, de ser cierto lo que asegura el cuestionado CNE; es decir, que ganaste, resulta que no representas a la mayoría. Quedaste ahí: ras con ras. Capriles te pisó los talones. El resultado, como dicen en el hipismo: es un final de fotografía.

No me quiero imaginar lo que nos viene, porque el horizonte lo veo negro. Es que sólo basta una revisadita a tu "pasantía" como Presidente encargado y queda en evidencia que el traje de estadista, de gerente, no te queda. No has hecho más que equivocarte. Hablas para delante y para atrás. Hoy afirmas, mañana te retractas. O peor: te haces el loco. Y el pueblo, incluso el que obligado te sigue, no es pendejo. Con cada alocución que das, se te ve la costura. Se te rasga más el traje. Ahora dices que este viernes irás a la Asamblea para que te encasqueten la banda presidencial, una que te ganaste sin méritos: disfrazándote como el difunto, valiéndote del difunto, manipulando la imagen del difunto, usando el Cristo del difunto e himnos entonados por el difunto.

Pero el dolor por la muerte de Chávez se está diluyendo, Nicolás; y eso lo pudimos ver el domingo después de las elecciones. El duelo está pasando y le abre la senda a la realidad. Y se puso en evidencia con los votos. El resultado de las elecciones del pasado domingo tiene otra lectura: ¡Que aun ganando, perdiste, Nicolás! Por eso, ya no hablaste más de abrir las cajas. Sabes que el margen que te dio la supuesta victoria es tan, pero tan estrecho que tienes miedo de que los números se reviertan. Me sorprendió que hasta una encuestadora, muy adepta a las causas del chavismo, tuviera que reconocer que tu aceptación como candidato cayó abruptamente en poco más de un mes, pasando de 20% a 8%. Vas en picada; por eso la prisa en proclamarte y juramentarte.  Porque, si sigues hablando, seguirás metiendo la pata, y serán tus compañeros quienes pidan ante el CNE, ante el TSJ, ante quien sea, el reconteo de los votos.

Deja el cuentico del golpe de Estado que te inventaste. Si acaso es cierto que ganaste, no tienes la mayoría. Tu victoria no fue avasallante. Ni aplastante. No hubo avalancha roja. Es sólo la mitad, Nicolás, sólo tienes el apoyo de la mitad de los que el domingo fueron a sufragar. Pero, como ya lo escribí en otro artículo: tu solito te vas a estrellar... ¡qué mal te veo, Nicolás!

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