Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 14 de abril de 2013

Las épocas no se acaban en un santiamén, como el tiempo común de los mortales que se mide todos los días a través del reloj personal de los apuros y los compromisos.


El fin de la "cuarta república"

La van a enterrar aquellos líderes que apenas se perfilaban tiempo atrás como figuras públicas

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ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 14 de abril de 2013  12:00 AM
Las épocas no se acaban en un santiamén, como el tiempo común de los mortales que se mide todos los días a través del reloj personal de los apuros y los compromisos. No es cuestión de esperar el domingo desde el sábado para reconocer la existencia de un lapso distinto del que se vivía en la víspera. El sábado podemos pensar en las diligencias del día siguiente, en las obligaciones y en los placeres pendientes de cada cual, pero jamás en la aparición de un proceso distinto de veras que nos obligará a una conducta diametralmente diversa, desde el punto de vista colectivo. Son dos maneras distintas de sen- tir el movimiento del almanaque y de calcular la evolución de las contingencias de la vida, capaces de provocar confusión y frustración cuando se confía en el advenimiento de horas doradas desde la pesadez de la oscurana. Pero las épocas tampoco son uniformes, como para presentarlas como productos de una sola causa ni como exhibición de un tipo determinado de rasgos que predominan en su seno para darle una fisonomía unicolor y monocorde. Se caracterizan por una heterogeneidad desde la cual se estiran y revuelven sus ingredientes para no desaparecer, o para marchar con lentitud hacia el cementerio. 

Se señala lo anterior con el propósito de llamar la atención sobre la falacia de la división cronológica de nuestros días, hecha por la "revolución bolivariana" para anunciar la regeneración de la sociedad a partir del advenimiento de Hugo Chávez y el lavatorio de los pecados anteriores de la política; pero también para que no pensemos que hoy, pase lo que pase en la contienda electoral, se producirá una metamorfosis de trascendencia. Presenciaremos anuncio de tiempos distintos, sin duda, pero apenas el anuncio. La idea que se sugiere a continuación pretende aproximarse a un mejor entendimiento del asunto. 

La política venezolana vive situaciones de declive desde la primera administración de CAP, que se profundizan en adelante hasta el punto de provocar una crisis capaz de invitar a la búsqueda de salidas perentorias. ¿Cómo se manifiesta esa crisis? A través de numerosos fenómenos que no se pueden abarcar en el aprieto de un artículo de prensa, pero entre los que destacan: la disminución progresiva de la influencia de los partidos, el crecimiento de la desconfianza hacia los líderes de los partidos, la escasez de figuras capaces de convertirse en imanes para las mayorías, la ineficacia de los tribunales ante célebres casos de corrupción administrativa, el crecimiento de la antipolítica fomentada por factores periféricos que pretenden una mayor tajada del pastel, entre ellos los propietarios de los medios de comunicación; y la impunidad ante la acción de factores de desestabilización que cuentan con la complicidad de algunos de los elementos señalados, pero también con la simpatía de amplios sectores cautivos de una desesperanza fundada. La reunión de todos los factores provoca el ascenso de protagonistas del mismo proceso de descomposición que han crecido en su seno, pero que no han tenido notoriedad, y de voces también pertenecientes a la misma atmósfera que no se han distinguido por la potencia de su luz, sino solo por una distancia relativa frente a los hechos de mayor significación. Son ellos los ganadores de la partida, sin que su ganancia signifique, bajo ningún respecto, el nacimiento de un proceso histórico realmente novedoso y distinto. 

En consecuencia, los factores que ascienden con Chávez a la cabeza son criaturas del mismo fenómeno, hijos de la misma paternidad, caimanes del mismo caño auxiliados por el maquillaje de un supuesto debut ante la sociedad. La sociedad agobiada y deseosa de un salvavidas se figura que son un hallazgo, pero el paso del tiempo los descubre como lo que son de veras: gente cuajada en el pasado que ha buscado a duras penas la manera de sobrevivir. Viven una estelaridad que se les había escamoteado, junto con protagonistas del establecimiento cuyos atributos personales permitieron la alternativa de una permanencia bien ganada, pero son más el pasado que el futuro. De allí que se les haya visto el tramojo en los tres lustros últimos, debido a la exhibición de un conjunto de limitaciones -las limitaciones de la "cuarta"- que no pueden ocultar y que se comprueban a través de la observación de cómo ascienden los mediocres de solemnidad mientras se han desgastado o han desaparecido aquellos que prometían sorpresas gratas. Si el análisis tiene sentido, no estamos ahora sino ante la posibilidad de que, por fin, pero sin saber exactamente cuándo, se termine por fin esa inefable "cuarta república" cuya muerte se había anunciado antes de tiempo. ¿Quiénes la van a enterrar, junto con la sociedad que merece la oportunidad que perdió por enamorarse de los galanes inadecuados? Aquellos líderes que, por motivos cronológicos, porque todavía no les tocaba el turno, apenas se perfilaban entonces como figuras públicas. 

Ahora han crecido y están en la cresta de la ola, dispuestos a rematar la faena de la desaparición de una época histórica, dispuestos a preparar un volapié que no tiene hora precisa, que no depende del reloj habitual que usamos a diario, pero que llegará, ahora sí más temprano que tarde, cuando presenciemos y festejemos el arrastre del toro que poco a poco ha perdido su fortaleza y su fiereza. Cuando les llega la hora, por cierto, los toros, incluyendo a los más difíciles y mañosos, se ponen ellos solos en suerte y salen sin remedio para el matadero. 

eliaspinoitu@hotmail.com