Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 29 de octubre de 2016

EL PLAN MAESTRO... IRÁN... EL ALBA... LAS FARC y el TERROR NUCLEAR EN SUDAMÉRICA

Tomado del blog "Armonicos de Conciencia"

martes, 10 de junio de 2014


EL PLAN MAESTRO... IRÁN... EL ALBA... LAS FARC y el TERROR NUCLEAR EN SUDAMÉRICA



EL PLAN MAESTRO... IRÁN... EL ALBA, LAS FARC y el TERROR NUCLEAR

Por Omar Bula Escobar
Diciembre 2013

Nota Gloria: Reproduzco a continuación la introducción del libro El Plan Maestro de Omar Bula, donde se explica en detalle los peligros que estamos corriendo todos los colombianos al creer en la pantomima de unos "DIÁLOGOS DE PAX", mientras ellos se arman hasta los dientes en contra de Colombia y muy posiblemente, de toda Sudamérica... ¿Tendrá algo que ver la incidencia del FORO DE SAO PAULO, en todo esto? 

La cacofonía que provoca la suma de gritos y opiniones discordes de expresidentes, partidos, congresistas, empresarios, periodistas y la sociedad civil en relación con el Proceso de Paz con las FARC, es ensordecedora, turbadora y patética. Las razones de este patetismo no se limitan a la plétora de argumentos –algunos más válidos que otros- que apoyan o desvirtúan los esfuerzos del Gobierno de turno para alcanzar la paz. Éstas residen por fuera de los confines de nuestro país y de nuestro subcontinente y se alimentan del provincialismo con el cual Gobiernos sucesivos se han ocupado de nuestros asuntos internacionales.

La ignorancia de los verdaderos alcances de la globalización política se perfila como el mal más perjudicial que acecha a Colombia en el siglo XXI. La óptica esencialmente localista de nuestro razonamiento político permite el avance lento, sigiloso y certero de un futuro -no muy lejano- en el que el país se verá expuesto a niveles de inestabilidad y violencia sin precedente. A Colombia, que cree haber visto todas las expresiones más extremas de la violencia -sea a raíz de la lucha política o del azote del terrorismo y el narcotráfico– le espera aún más. Mucho más.

En palabras de Xunzi, gran filósofo de la antigua China y revolucionario del racionalismo de Confucio: “Para lograr entender adecuadamente el gran panorama, todos deberían temer el nublarse y obsesionarse con tan solo una pequeña parte de la verdad”. La obsesión de cada quien por ser dueño de la razón está empañando el cristal que encubre un fenómeno de dimensiones muchísimo mayores y pocos logran conectar los puntos que revelan el engendro monstruoso que se nos aproxima.

Mientras nos arrancamos los cabellos los unos a los otros aquí en casa y desperdiciamos de manera fatídica lo poco que nos queda del invaluable tesoro de poder opinar con libertad, países exóticos y lejanos con propósitos globalizantes y nefastos dan grandes pasos con sigilo y silencio y se alojan en las entrañas mismas de nuestra América Latina. Ese posicionamiento lo acompañan temibles y amenazadoras alianzas transnacionales que incluyen países reconocidos por su apoyo al crimen y al terror, organizaciones terroristas internacionales, carteles de narcotráfico y otros actores del submundo criminal global. Y en cuanto esto ocurre, Colombia -producto de su ingenuidad e irreflexión- se está dejando emplazar de manera incauta y cándida en medio de –probablemente– el mayor conflicto internacional del siglo XXI.

Nos enteramos, por lo general con cierto asombro, sobre las relaciones de Venezuela con la República Islámica de Irán, sobre las relaciones de las FARC con el temible grupo extremista islámico Al Qaeda, sobre la transferencia de tecnología nuclear a países vecinos a través del Canal de Panamá o sobre la creciente presencia de grupos extremistas islámicos en la región. Asimismo, intentamos seguir de cerca asuntos como las espinosas relaciones de Venezuela con los EEUU, la dolorosa pérdida de mar en el Caribe y la eterna lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Rara vez, sin embargo, tomamos la distancia necesaria para unir los puntos y armar el rompecabezas de la monstruosa calamidad que se nos viene encima. Una serie de eventos concurrentes y aparentemente desconectados pasa por el frente de nuestras narices conformando de manera paulatina e inequívoca la peor amenaza que Colombia jamás haya conocido.

En efecto, la aparente desconexión entre todos estos hechos no es tal. Bien al contrario, existe una correlación patente y real desde el punto de vista de la geopolítica global. De manera reservada e infame naciones lejanas de credos y culturas foráneas incurren e inciden más y más en la vida de cada uno de los colombianos. Estados distantes, bien acuartelados a bordo de la globalización subterránea, están forjando alianzas antes inconcebibles con la roña política y con la todopoderosa hampa del subcontinente y del país. Sus intenciones -como veremos más adelante- no solo son muy serias sino que además su cometido es ineluctable, inaplazable e ineludible. En cuanto a los medios para lograrlo, estos son a la vez desmedidos y siniestros.
Se gesta así el “Plan Maestro”: una sombría maquinación internacional que se organiza desde hace algunos años con designios verdaderamente macabros y cuyo objetivo mayor es el de nivelar el terreno de batalla entre los EEUU y sus principales antagonistas, mediante la implantación del arma nuclear en territorio latinoamericano. Los principales integrantes de esta confabulación son la República Islámica de Irán, Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia y, en lo que concierne a Colombia, las FARC. No es difícil imaginar las consecuencias de una Venezuela Nuclear y unas FARC disponiendo de su absoluto respaldo.
‘Si lo único que se posee es un martillo, se tiende a ver todo problema como una puntilla’ Abraham Maslow.
En la tentativa de definir una estructura adecuada para revelar la monstruosa silueta del Plan Maestro, tsunami amordazado que se nos acerca de forma silente e inadvertida, juzgué indicado extenderle dos amables invitaciones al lector. La primera es la de invitarle a armar un rompecabezas. Se trata de un rompecabezas sencillo, de pocas piezas y como la mayoría de los acertijos, de gran elocuencia una vez haya sido concluido. Lamentablemente nuestro rompecabezas no cuenta con un dibujo de referencia en el cual sea posible ver de antemano los picos nevados de los hermosísimos y forasteros Alpes europeos, acompañados de un reflejante lago lleno de blanquísimos y diáfanos cisnes. Decidí entonces que era mejor dejarle esta tarea al lector y permitir así que ésta o éste ilustren su propia estampa, con tonalidades y matices propios. Lo que sí puedo asegurarles de antemano es que la obra final no tendrá nada de diáfano.

La segunda invitación consiste en viajar en un globo aerostático a altitudes antes impensadas con la mera intención de observar la realidad de nuestra Colombia de manera más despejada y lejos de la algarabía local que parece no hacer más que confundir e impedir que veamos el alarmante y peligrosísimo más allá. Convido entonces al lector a embarcarse en una gran excursión que lo transportará a países exóticos, polvorientos y lejanos que en apariencia tienen muy poco o nada que ver con el nuestro. Territorios tan, tan distantes, que a duras penas sabemos ubicarlos en un mapa y cuyas costumbres muchas veces consideramos remotas, arcaicas, fanáticas e inconcebibles. Países que aunque pocos nos percatemos están ya conspirando y maniobrando entre y contra nosotros con la ayuda traicionera y pérfida de aquellos con los que queremos realizar nuestra anhelada paz.
Cuando nuestro globo alcance la elevación indicada el lector podrá distinguir de manera manifiesta y patente la escabrosa red que opera en los confines del submundo criminal transnacional y el andamiaje que se construye para la ejecución del Plan Maestro. Esta red patibularia, cuyo común denominador es el antiamericanismo, actúa en concierto y en función de metas de largo alcance tanto en el tiempo como en el espacio. Y en cuanto lo que prima es la lucha antiimperialista, cada uno de los secuaces del siniestro plan pretende obtener dividendos afines con sus propios objetivos “supremos”.

Desde los cielos veremos cómo los países de América Latina se inscriben en una carrera armamentista sin precedente con la primicia de la llegada del arma nuclear a la región. Brasil se hace a un submarino nuclear, Venezuela construye bases de misiles con la ayuda de Irán y Cuba y buques fantasmas norcoreanos transitan por el Caribe y por el Canal de Panamá. Ecuador invita a los iraníes a custodiar su frontera norte con Colombia y Nicaragua logra victorias estratégicas en el Caribe.

En cuanto todo esto ocurre, organizaciones terroristas islámicas como Hezbollah y Al Qaeda se implantan en nuestra región, se involucran en el tráfico de drogas y se alían a grupos narcoterroristas como los carteles mejicanos y las FARC. Con células esparcidas por todo el subcontinente desde hace décadas, estos grupos han logrado avances considerables en su campaña proselitista islámica habiendo convertido incluso a algunos de nuestros propios indígenas Wayuu.

El Plan Maestro vincula a las FARC y otros grupos narcoterroristas del subcontinente con los grupos extremistas del terror islámico de Oriente Medio y se apoya en los Gobiernos de varios países de la región con base en el cometido común de oponerse a los EEUU a partir de su propio “patio trasero”. Al mando de esta siniestra alianza están Cuba, Venezuela y la República Islámica de Irán y en el trasfondo yace el arma suprema: la bomba nuclear.

Colombia, como principal aliado de EEUU en la región, hasta el punto de haber sido llamado el Israel de América Latina, constituye sin lugar a dudas un gran obstáculo para esta temible conspiración. A Colombia es necesario neutralizarlo en el momento indicado y nadie mejor para hacerlo que las FARC, un movimiento armado bien implantado ya a través de todo el territorio nacional que cuenta con el firme respaldo de los cerebros principales del funesto y ominoso Plan Maestro.

Para las FARC ya no se trata tan solo de aprovechar este nuevo Proceso de Paz para rearmarse o para facilitar el tráfico de drogas, armas, minerales ilegales y otros. El propósito fundamental de las FARC es el de “hacer tiempo” para permitir la gestación del Plan Maestro del cual, como veremos, éstas constituyen un importantísimo eslabón. Y si de esto se trata, todo indica que lo están logrando.

En efecto, más que un obstáculo, nuestro país parece haberse constituido en una especie de aliado involuntario. Las consecuencias del Proceso de Paz, del triunfalismo infundado y de la ambigüedad de la política exterior del Gobierno Santos están entregando de manera atolondrada a Colombia a los propósitos de la temible maquinación y constituyen al país -de manera lenta e inadvertida- en parte integrante del escabroso esquema. A través de su política de buena vecindad a cualquier costo y de graves deslices internacionales como el de la histórica pérdida de mar en el Caribe, Colombia se entrega en bandeja de plata a los planes políticos y estratégicos del siniestro complot.

En este contexto es difícil imaginar una mejor oportunidad que la que le ofrece el Proceso de Paz del Gobierno Santos a las FARC para distraer a Colombia. Con la desfachatez y la ignominia que caracteriza a la organización narcoterrorista, ésta disfruta de la gran oportunidad que le ofrecen las negociaciones de La Habana para aportar su tributo inicial al Plan Maestro. Los negociadores insisten en que no deben existir límites de tiempo para lograr la paz y dilatan al máximo los diálogos mientras instigan otras artimañas de distracción como el paro minero y el Catatumbo. A la luz del Plan Maestro este nuevo Proceso de Paz no solo constituye un esfuerzo peligroso y desatinado sino además uno de irreparable perjuicio para el futuro del país.

Para amenizar un tanto nuestra travesía me permitiré realizar algunas escalas en lugares de interés general y me detendré en algunos personajes distinguidos. Todo lo demás queda por cuenta del pasajero. De lo que no me queda duda de antemano es que el Plan Maestro ya está en obra y de que es propicio saber que el grupo élite de la siniestra globalización subterránea no respeta credo ni moral alguna. Por el contrario, éste enaltece aún más al ilustre y pródigamente citado Niccolò di Bernardo dei Machiavelli en lo que a medios y fines respecta. Ahora todo vale, sin excepción.


GLOBALIZACIÓN E INFRAMUNDO - TERRORISMO INTERNACIONAL Y AMÉRICA LATINA

2. GLOBALIZACIÓN E INFRAMUNDO


Como todo nuevo fenómeno global que irrumpe en el orden social, político, económico y cultural de la humanidad, la globalización ha sido sujeto de gran controversia en cuanto a sus bondades y desventajas. Algunos elogian su contribución en lo que respecta la integración global de los mercados internacionales, el aumento de la competencia internacional, la disminución de costos de producción y la propagación tecnológica global. Otros, por el contrario, critican la promoción de una mayor desigualdad entre los países desarrollados y los países en vía de desarrollo y la exclusión de las clases menos favorecidas de la población las cuales difícilmente acceden a sus beneficios. Estos últimos hacen referencia a la concentración del capital global en los países ricos en relación con lo cual no se equivocan. Hoy por hoy, más del 75% del comercio mundial y de las inversiones internacionales de capitales se concentran en las economías de EEUU, la Unión Europea y Japón, marginando gran parte del mundo en desarrollo de los beneficios inherentes al mejoramiento de flujos de mercancías y capitales que ofrecen los nuevos mercados interconectados.

En lo que concierne al Plan Maestro, pocos han descrito de mejor manera que Moisés Naim, exdirector de la prestigiosa revista Foreign Policy, las derivaciones nefastas que acompañan los múltiples beneficios del fenómeno de globalización. Naim hace referencia a lo que algunos han llamado “la cara oscura de la globalización”. En resumen, el comentarista político se refiere al aprovechamiento por parte del submundo criminal global de los nuevos desarrollos tecnológicos y del incremento en la movilidad de bienes y personas, con el propósito de aumentar y extender su influencia de modo transnacional.

Y así es. Mientras que el planeta se globaliza a ritmos imprevistos también lo hace el submundo criminal global. Éste hace uso de los múltiples e increíbles avances tecnológicos para internacionalizarse e integrarse cada vez más. El tráfico de drogas, el contrabando de armas, el lavado de dinero sucio y el tráfico de personas hallaron en ese “lado oscuro de la globalización” las condiciones ideales para crecer y reproducirse de forma libre e impune.

A principios de los años noventa varios grupos criminales comenzaron a adoptar innovaciones tecnológicas que apenas salían al mercado para perpetrar sus actos delictivos y de terror. Codificación electrónica, sistemas infrarrojos, sonares, radares y hasta semisumergibles fueron solo algunas de las tecnologías puestas al servicio del tráfico ilegal de drogas, armas y personas. Más adelante, en los años 2000, se le añadió a la lista de fechorías el crimen cibernético a través del Internet, una de las más recientes actividades criminales de la mafia global, la cual, según expertos en el área de seguridad cibernética, produjo beneficios globales del orden de los US$ 100 billones en 2011.

Los enormes recursos generados por las mafias del inframundo representan una porción cada vez más significativa de las economías de los países de nuestra región y han contribuido a intensificar el imperecedero y endémico azote de la corrupción a todos los niveles de lo público y de lo privado. Esto a su vez ha resultado en un aumento notable del despilfarro de recursos públicos destinados al desarrollo económico y social de nuestras naciones. Algunas veces, como en los casos de Venezuela, Afganistán y Bulgaria, crimen y Estado se confunden y se incorporan en un solo ente híbrido de aparente legalidad y de patente prevaricato.

Las FARC con las cuales pretende negociar el Gobierno Santos están involucradas en cada una de las actividades ilícitas antes mencionadas, mantienen presencia en todos y cada uno de los países de América Latina y constituyen una ficha central en la proliferación y en la evolución del inframundo nacional, regional y mundial.

Cuando del mundo de lo ilícito se trata la información que llegamos a conocer es ínfimamente limitada si se la compara con la que desconocemos. Dada la naturaleza velada y encubierta de las actividades del submundo lo poco que logramos saber acerca de las organizaciones terroristas y criminales que nos asechan no constituye más que la punta de un enorme iceberg de hielo macizo. Cuando se descubre un cargamento de droga, hay entretanto decenas más que logran llegar a su destino. Cuando se halla una caleta con armas, ésta con seguridad hace parte de muchas otras que conforman un temible arsenal. Cuando se descubre un camión relleno de inmigrantes ilegales, vienen tras éste cientos de camiones adicionales que logran burlar la vigilancia de las autoridades fronterizas. Peor aún, cuando sale a la luz pública información relativa a alianzas estratégicas entre Gobiernos hostiles a Colombia, las FARC y grupos terroristas de Oriente Medio -o sobre el armamentismo y los programas nucleares de países vecinos- no es nada difícil imaginar que detrás de toda esta actividad exista un propósito de muchísimo mayor envergadura.

2.1 TERRORISMO INTERNACIONAL

2.1.1 TERRORISMO: LA GRAN AMENAZA DEL SIGLO XXI

Algunos afirman que el terrorismo es la peor amenaza para la seguridad mundial en el Siglo XXI y el tipo de terror más temido de todos es el terror nuclear. El terror como instrumento de poder o de sublevación no es nuevo. Dependiendo de cómo se lo defina, algunos se atreven a ubicar sus inicios varios milenios atrás. El terrorismo por parte del Estado o por parte de grupos insurgentes o al margen de la ley se lo conoce desde finales del Siglo XVIII cuando Francia vivió momentos de terror extremo bajo Maximiliano Robespierre, poco después de la Revolución Francesa. Varios historiadores atribuyen la apropiación del término “terrorista” a los años de terror que vivió en ese entonces el país europeo.

Las características del acto de terror son espantosas. Éste puede golpear donde quiera y cuando quiera, en contra de “objetivos fáciles” (soft targets[1]) y sin consideración alguna por las víctimas civiles. Asuntos como la inculpación y la retaliación por parte de los afectados son complicados en extremo y en algunas ocasiones son simplemente insolubles.

El que se defina a un Estado o a un grupo específico como terrorista, insurgente, revolucionario o beligerante depende naturalmente de su grado de legitimidad política. Aun así, cualquier tipo de justificación del acto de terror y de las decenas de miles de víctimas inocentes que éste provoca es rechazada por la gran mayoría de seres humanos. Para esta enorme mayoría se trata simple y llanamente de un acto de barbarie y brutalidad.

El fenómeno terrorista se ha intensificado de forma notable en las últimas décadas a través del mundo entero. Son contados los países que no han sufrido actos terroristas de alguna naturaleza. Estos se han manifestado en todos los continentes, inspirados en credos diversos y en motivaciones criminales. Países como España, el Reino Unido, la India, Pakistán, Arabia Saudita, Tanzania, Kenia, Irlanda, Sri Lanka, Nigeria, Méjico y nuestra propia Colombia han sido las principales víctimas de esta tragedia. Hoy por hoy los principales protagonistas del terrorismo global son sin lugar a duda grupos extremistas islámicos como Al Qaeda y Hezbollah, asociados con organizaciones mafiosas como los temibles carteles mejicanos, la mafia rusa y las FARC.[2]

El acto terrorista más famoso de la historia contemporánea es el de los atentados al Pentágono de los EEUU y a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Como es de amplio conocimiento, en la perpetración de los atentados se hizo uso de individuos suicidas para atacar las instalaciones estratégicas de los EEUU mediante la utilización de aviones civiles. Poco después de los trágicos atentados en los que murieron miles de personas de diferentes credos y nacionalidades, el entonces presidente de los EEUU George W. Bush declaró la Guerra contra el Terror (War on Terror). Ésta incluía las invasiones de Afganistán e Irak y ayuda militar adicional para varios países como Pakistán, Israel, Filipinas, Méjico, Egipto y Colombia, entre otros.


2.1.2 EL TERRORISMO NUCLEAR


Existe un amplio consenso en torno al hecho de que el arma nuclear en manos de organizaciones terroristas constituye una de las peores pesadillas del mundo moderno. Este temor comenzó a principios de la década de los noventa con la disolución de la URSS y la pérdida de control de la antigua unión sobre su enorme arsenal nuclear.

El terrorismo nuclear fue el tema central de la Cumbre de Seguridad Nuclear que se llevó a cabo en Washington D.C. en 2010. Entre los principales objetivos de la reunión estaba el de controlar el acceso a materiales nucleares por parte de grupos terroristas con base en información que confirmaba la búsqueda incesante de un dispositivo nuclear por parte de Al Qaeda y de otras organizaciones extremistas. En esa ocasión el presidente de los EEUU Barack Obama mencionó que el prospecto del terrorismo nuclear era la mayor amenaza a la seguridad de los EEUU, en el corto, mediano y largo plazo. Éste añadió que esa temible amenaza tenía la capacidad de “cambiar el panorama político de los EEUU y del mundo por años a venir”. En efecto, la posibilidad de que un grupo terrorista adquiera capacidades nucleares y que a través de sus vínculos con los carteles mejicanos de la droga logre penetrar el territorio de los EEUU tendría un impacto sencillamente catastrófico.

Nadie ha podido describir mejor el verdadero potencial de una amenaza de este tipo que el académico Graham Allison de la Universidad de Harvard. En su libro Una Catástrofe Final Prevenible (The Ultimate Preventable Catastrophe), el autor suena la campana en relación con el inminente y grave peligro que constituye el terrorismo nuclear. Allison dice que existen dos razones principales por las cuales el terrorismo nuclear constituye una amenaza de dimensiones catastróficas: La evidencia de que grupos terroristas como Al Qaeda y otras organizaciones criminales están ya intentando hacerse a material nuclear, y la existencia de enormes cantidades de material apto para la producción del arma nuclear que carece de protección adecuada y se presta para fácil contrabando.

Al Qaeda está a la búsqueda del arma nuclear desde 1992, poco después del fin de la Guerra Fría. La organización terrorista ha hecho el intento de comprar armas robadas y material nuclear en Rusia y en varias de las antiguas repúblicas soviéticas. Las fuerzas operativas de la organización han sido entrenadas e instruidas en la confección de bombas susceptibles de portar cargas nucleares por elementos corruptos del Programa Nuclear de Pakistán.

La exploración y el tráfico de uranio, elemento químico metálico utilizado en la fabricación del arma nuclear, por parte de Irán y de organizaciones terroristas aliadas al régimen islámico nunca había sido tan intensa. Irán procura uranio en Venezuela, Ecuador y Bolivia y tecnología nuclear en Argentina. En nuestro propio país, en 2008 les fueron incautados a las FARC más de 30 kg de uranio mencionados en comunicaciones encontradas en los computadores del ex-jefe guerrillero Raúl Reyes.

Graham Allison denuncia lo que éste llama “la pérdida de enfoque sobre un peligro de consecuencias inimaginables” y en cuanto esto hace referencia a los EEUU, sobra imaginar el nivel de miopía de países como el nuestro ante la gran amenaza. No obstante, como lo insinúa el título de su obra, el autor juzga también que aún se está a tiempo para “prevenir una catástrofe”.

Acerca del autor:

Omar Bula Escobar nació en Bogotá, Colombia en 1963. Es profesional en Administración y experto en temas internacionales y de desarrollo sostenible. Políglota, Bula Escobar se graduó de Administrador de Empresas de la European University y de la Universidad de Lovaina la Nueva en Bélgica. El autor también cursó estudios de Negociación Estratégica y una especialización en Management Corporativo en la Universidad de Harvard. Fue Director y Representante de la ONU en Senegal y trabajó con esta organización internacional durante más de 20 años en Europa, Oriente Medio, África y América Latina. Bula Escobar se desempeña actualmente como Consultor Independiente y Conferencista en Management y Asuntos Internacionales. Amateur Jazz Piano Player and Composer (Studio Recordings on YouTube)

Fuente: http://el-planmaestro.blogspot.com/2013/12/globalizacion-e-inframun...

En este enlace, podrán leerse (de manera incompleta) otros capítulos del libro: