Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

sábado, 1 de octubre de 2016

El grave problema para todos ellos (los marxistas) es que Venezuela no es una isla, la dictadura no logró afianzar un régimen totalitario, por más esfuerzos que ha hecho por lograrlo, ni pudo exterminar, encarcelar o desterrar al pueblo democrático. El padre de la criatura (Hugo Rafael Chavez Frias (Sabaneta, 28 de julio de 1954 - La Habana (Cuba) 30 de diciembre del 2012 para el regimen Caracas, 5 de marzo de 2013)sucumbió a los presagios – “morirás antes de los sesenta años luego de una espantosa enfermedad”, le pronosticó con treinta años de anticipación una vidente, hermana de su amante la historiadora Herma Marksman


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MARXISMO, INCERTIDUMBRES Y CERTEZAS



MARXISMO, CERTEZAS E INCERTIDUMBRES “El marxismo no duerme. No ha sido exterminado. Vegeta desde la caída del Muro y la debacle de la Unión Soviética pronto a su viral reactivación, incluso con el respaldo del Departamento de Estado y el Vaticano. Sólo tú, estupidez, eres eterna”.

Antonio Sánchez García @sangarccs
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“Lo político es la relación amigo-enemigo”
Carl Schmitt, El concepto de lo Político, 1922

Se equivoca quien crea que Raúl Castro, Nicolás Maduro, Cilia Flores y la docena de los más apegados beneficiarios de esta satrapía, jefes de las pandillas que controlan los despojos del Estado venezolano que sobrevive – Diosdado Cabello, Tarek El Aissami, Jorge y Delcy Rodríguez, Freddy Bernal, Aristóbulo Istúriz, los familiares y esbirros de Hugo Chávez, los diplomáticos, funcionarios y generales del Estado Mayor que les acompañan y los secuaces que les siguen – están dispuestos a dejar el Poder y cree sinceramente que les llegó su hora y bien harían en apartarse y buscar otras perspectivas para su sobrevivencia, si sobreviven. Siguen no sólo las órdenes perentorias dictadas desde La Habana de resistir todos los embates en el más puro estilo castrista, sino que, entre la espada y la pared, no tienen otra salida que inmolarse o apostar al cambio milagroso y providencial que podría salvarlos en los minutos del descuento. Una guerra que ponga en peligro el frágil equilibrio mundial, eleve súbitamente los precios del petróleo o un terremoto que devaste Venezuela poniéndole punto final a la obra de demolición que comenzaran hace diecisiete años. Son como hambrientos y desesperados mastines asediados por el hambre: no soltarán el hueso. Son, en el más estricto sentido del término: numantinos. Morirán aferrados al Poder. Con las botas puestas. Al firmar en 1995 el pacto con el diablo castrocomunista, se entregaron espiritual, existencialmente a esa religión que aspira a hacer tabula rasa de lo que es y crear el reino de la utopía de lo que es imposible. Cayeron en la gran celada que ha desquiciado a los pueblos desde que naciera Karl Marx, el Moisés alemán del mesiánico Apocalipsis. Son los ujieres de la Gran Mascarada. No tienen otra alternativa que el Poder o la Nada.

El grave problema para todos ellos es que Venezuela no es una isla, la dictadura no logró afianzar un régimen totalitario, por más esfuerzos que ha hecho por lograrlo, ni pudo exterminar, encarcelar o desterrar al pueblo democrático. El padre de la criatura sucumbió a los presagios – “morirás antes de los sesenta años luego de una espantosa enfermedad”, le pronosticó con treinta años de anticipación una vidente, hermana de su amante la historiadora Herma Marksman, que solía leerle las cartas mucho antes de que alcanzara el Poder, que ella también presagiara lo obtendría sin mayores dificultades – lo que derrumbó todo el frágil edificio que intentara construir. Junto con su muerte se derrumbaron los precios del petróleo y comenzó la decadencia y caída del socialismo del Siglo XXI, que había echado pie en Brasil y en Argentina, adelantando el proceso de reconquista en Ecuador, en Bolivia, en Chile, en donde aún se resiste a dejar el escenario. Iniciándose así la debacle del Foro de Sao Paulo y su influencia de dos décadas en la región.
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Pero aún así: ni los Castro han renunciado ni renunciarán a su proyecto de implantar el comunismo en América Latina, ni los castrocomunistas venezolanos renunciarán al Poder de buen grado, adecuándose a las circunstancias impuestas por los cambios históricos y las reglas del juego democrático. No son demócratas, nunca lo fueron y jamás lo serán. Es la primera de nuestras certidumbres, así no falten en las filas opositoras quienes, parientes políticos e ideológicos lejanos o cercanos, crean sinceramente que sí lo son. La razón es elemental, así sea absolutamente incomprensible para quien no haya comulgado con la iglesia marxista leninista, en cualquiera de sus vertientes: – estalinista, maoísta, trotskista, guevarista, castrista – que creyera que lo que es debía dejar de ser para implantar la utopía comunista sobre la tierra.

La incomunicación entre los verdaderos demócratas y los “revolucionarios” en el Poder es absoluta y total. De allí la inutilidad del diálogo, así lo incentive Su Santidad el papa Francisco y todas las almas puras y castas de todas las religiones humanas. La palabra Poder significa una cosa para un comunista, y otra absolutamente contrapuesta para un liberal. Para el comunista el Poder es Total, o no lo es. Para el liberal es provisorio, temporal y alternativo. Como también lo son todas las palabras de nuestros contrapuestos lenguajes: libertad, democracia, derechos humanos, propiedad privada, libertad de prensa y de opinión, individuo, Estado. Lo digo desde el fondo de mi larga vivencia como militante marxista, una religión más total, absoluta y absorbente que cualquier otra creencia, religión o filosofía. Y que al abandonarla me sumió en el más absoluto desconcierto y en la más dolorosa orfandad. ¿En qué creer cuando se dejó de creer en el ilusorio reino de la utopía? Dejar el marxismo supone un desgarramiento tan existencial como colgar una sotana. Sólo la creencia en la libertad puede hacerle contrapeso al ilusionismo marxista. Pero puesto que ella es como el aire, la disfrutamos sin tener conciencia de ella, para valorarla en toda su grandeza sólo cuando la perdemos. Entonces ya es demasiado tarde.

No comprender esa diferencia ontológica, metafísica, existencial nos ha conducido a cometer y reafirmar nuestros peores errores. Nos ha impedido enfrentar el mal de raíz, frontal, consecuentemente y desde sus mismos comienzos. Arrastrándonos a la complicidad, el compadrazgo y la alcahuetería. Otra de mis experiencias vitales vividas desde los tiempos de la Coordinadora Democrática. Inolvidable la foto de portada de un periódico opositor, transcurridos ya siete años del gobierno chavista, en que Teodoro Petkoff, Julio Borges y Manuel Rosales declaraban en Chile, antes de reunirse con la socialista Michel Bachelet – criada en la Alemania comunista – : “Chávez es un demócrata”. Ya entonces no lo era. Murió sin serlo.

Fue el más importante pensador alemán, durante unos años coronado como el príncipe de los juristas nazis, Carl Schmitt, quien lo asentó de una vez y para siempre en una breve obra de filosofía política llamada EL CONCEPTO DE LO POLÍTICO, que debiera ser libro de cabecera de nuestro liderazgo: “lo político es la relación amigo-enemigo”. En efecto, para los comunistas, los demócratas somos sus mortales enemigos. Como ellos debieran serlo para nosotros. Como diría Hegel: no es una ocurrencia. Es asunto de la cosa misma.


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El marxismo es el modelo teórico explicativo de la realidad compuesto principalmente por el pensamiento desarrollado en la obra de Karl Marxeconomistafilósofo y periodistarevolucionario alemán de origen judío, quien contribuyó en campos como la sociología, laeconomía, el derecho, y la historia; y así como también la serie de pensadores que complementan o re-interpretan este modelo, tradición que va desde el co-editor de Marx,Friedrich Engels, hasta otros pensadores como LeninTrotskyRosa LuxemburgoGramsci oLukács. Por lo tanto es correcto hablar de marxismo como una corriente del pensamiento humano.
Erradamente se asocia la palabra "marxismo" al conjunto de movimientos políticos y sociales que surgieron durante el siglo XX, entre los que destacaron la Revolución Rusa, la Revolución China y la Revolución Cubana. Para estos movimientos sociales el nombre correcto es "comunismo" o "socialismo". Es incorrecto plantear estos movimientos como sinónimo de "marxismo" porque ni todo su componente humano ni toda su doctrina política se basó en el marxismo como tal.
Los componentes centrales del modelo teórico explicativo marxista son esencialmente cuatro elementos: En primer lugar el concepto de «lucha de clases», que es formulado por primera vez en el Manifiesto comunista y que progresivamente se va transformando en el método de análisis de la historia humana en torno al concepto de «clase social», «contradicción» y «división social del trabajo», este método está a la vez basado en la mecánica hegeliana comúnmente llamada como «dialéctica» (aunque en términos estrictamente hegelianos se trata de una «lógica ontológica», modelo que a la vez sobrepasa al concepto hegeliano de dialéctica). Curiosamente, Marx nunca especificó en una obra en particular cuáles eran los límites globales de este método, ni cual era el concepto que él tenía de dialéctica, sin embargo se cita Prólogo de la Crítica de la Economía Política de 1859 como su formulación más precisa.
El segundo punto central del modelo teórico marxista es la crítica a la economía capitalista, el cual es desarrollado extensamente en su obra El capital, compuesto por tres tomos oficiales y un cuarto tomo editado de manera póstuma bajo el nombre de Historia crítica de la teoría de plusvalía; en esta obra Marx desarrolla un modelo alternativo para calcular el concepto de «valor» de la economía capitalista, basado en el «tiempo de trabajo socialmente necesario» para la producción de «mercancías». Esta investigación tiene directas consecuencias políticas, pues la hipótesis marxista probaría que en realidad la sociedad capitalista se funda en torno al robo del trabajo humano a través del concepto de «plusvalor», legitimado en el estado de derecho a través de la propiedad privada sobre los medios de producción y el libre usufructo de esas ganancias.
El tercer punto central es el concepto de «ideología» que es desarrollado por Marx en sus primeros libros como La ideología alemana y que intenta explicar las formas de dominación mental de la sociedad capitalista y su relación con la composición económica de esta. Este concepto es abandonado por Marx para centrarse por años en el análisis político, sin embargo vuelve a aparecer con fuerza en su libro El capital bajo el concepto de «fetichismo de la mercancía», que sería una forma de explicar la incapacidad psicológica de una persona de percibir el «valor de uso» de una mercancía. Este concepto es extremadamente importante porque describe todas las consecuencias de las formas de producción de la vida dentro del capitalismo.
El cuarto punto central del modelo teórico marxista es el concepto de «comunismo», el cual es una teórica y utópica sociedad humana que puede sobrepasar los límites de la sociedad capitalista formada en la explotación humana. Marx utilizó muchas veces la palabra, pero jamás explicó cuales eran sus alcances y características. Un análisis crítico de la obra de Marx demostraría que él no hubiera estado dispuesto a describir algo que todavía no existe, por lo tanto el significado de comunismo se encuentra en una síntesis, tanto como de los problemas económicos fundamentales encontrados de manera explícita en El capital, como un análisis de la crítica política-jurídica hecha por Marx a las instituciones capitalistas.
Engels acuñó el término socialismo científico para diferenciar el marxismo de las corrientes socialistas anteriores englobadas por él bajo el término socialismo utópico. También se emplea el término socialismo marxista para referirse a las ideas y propuestas específicas del marxismo dentro del marco del socialismo.
El objetivo que se propone es que los trabajadores tengan un acceso a los medios de producción en forma institucionalizada; es decir, utilizando las instituciones públicas del Estado para que los trabajadores obtengan medios de producción y evitar que: «La burguesía vaya concentrando cada vez más los medios de producción, la propiedad y la población del país. Reúne a la población, centraliza los medios de producción (principalmente, las fábricas) y concentra en pocas manos la propiedad».2
Marx no propone la abolición de la propiedad privada, lo cual es un mito largamente extendido; lo que propone es la abolición del sistema de propiedad burguesa; claramente mencionado en su Manifiesto comunista: «Lo que caracteriza al comunismo, no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del sistema de propiedad burgués»3 ya que la burguesía viola la ley, corrompe las instituciones u otros mecanismos legales para apropiarse de la propiedad de los trabajadores; por ejemplo, el robo de tierras a indígenas.
Con el acceso a los medios de producción a los trabajadores, el marxismo concluye que se lograra una sociedad sin clases sociales donde todos vivan con dignidad, sin que exista la acumulación de propiedad privada sobre los medios de producción por unas cuantas personas, porque supone que ésta es el origen y la raíz de la división de la sociedad en clases sociales. Esto implicaría una enorme competencia y eficiencia en la economía; además, el trabajador no se puede explotar a si mismo ni tampoco puede explotar a otro trabajador, porque tiene también su medio de producción; lo que ocasionaría es que los trabajadores se organizarían para crear empresas más grandes a través de asociaciones justas; por tal motivo Marx expresa que «El precio medio del trabajo asalariado, es el mínimo posible. Es decir, el mínimo necesario para que el obrero permanezca vivo. Todo lo que el obrero asalariado obtiene con su trabajo, es pues, lo que estrictamente necesita para seguir viviendo y reproduciéndose. Nosotros no aspiramos en modo alguno, a impedir los ingresos generados mediante el trabajo personal, destinados a adquirir los bienes necesarios para la vida». Y recalca en su Manifiesto «Sólo aspiramos, a destruir el carácter ignominioso de la explotación burguesa, en la que el obrero sólo vive para multiplicar el capital». Así entonces, el trabajador o trabajadores serán dueños de sus propios negocios, iniciando un elevado comercio; por esa razón en el Manifiesto especifica que «El comunismo no priva a nadie del poder adquirir bienes y servicios».
Marx considera que cada país tiene sus particularidades y por tanto las medidas para proveer a los trabajadores de medios de producción pueden ser diferentes y que al principio parecerán que no son suficientes. Marx tiene en claro la ley de la escasez, y por ende, la distribución de medios de producción en forma institucionalizada y legal se dará poco a poco en una transición lenta pero efectiva; por tal motivo concluye en su Manifiesto "(...) por medio de medidas, que aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor, y de las que no puede prescindirse, como medio para transformar todo el régimen de producción vigente".
En conclusión, Marx propone el uso de las instituciones del estado, como por ejemplo, el uso de los impuestos para financiar la compra y distribución de los medios de producción a los trabajadores, que al paso del tiempo formará un mercado de competencia perfecta.