Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 22 de junio de 2015

Visita pastoral del Santo Padre en Turín con motivo de la ostensión de la Sábana Santa y el bicentenario del nacimiento de don Bosco

Texto completo del discurso del Papa al mundo del trabajo
Durante el encuentro en la Placita Real de Turín, el Santo Padre invitó a todos los presentes a ser artesanos del futuro y recordó que los hijos y los abuelos son la riqueza de un pueblo
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 21 de junio de 2015 (ZENIT.org)
El primer encuentro del papa Francisco en Turín fue con el mundo del trabajo. En la Placita Real, una trabajadora, un agricultor y un empresario contaron este domingo por la mañana sus experiencias al Santo Padre. Durante su intervención, el Pontífice instó a decir 'no' a fenómenos como la idolatría del dinero, la mafia o la corrupción. Además, recordó que el trabajo no solo es necesario para la economía, sino para la persona humana, para su dignidad, su ciudadanía y su inclusión social.
A continuación publicamos el discurso íntegro del Papa:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Saludo a todos ustedes, trabajadores, empresarios, autoridades, jóvenes y familias presentes en este encuentro, y les doy las gracias por sus intervenciones, que muestran un sentido de responsabilidad para hacer frente a los problemas causados por la crisis económica, y por haber dado testimonio de que la fe en el Señor y la unidad de la familia son de gran ayuda y apoyo.
Mi visita a Turín comienza con ustedes. Y en primer lugar quiero expresar mi cercanía a los jóvenes desempleados, a las personas que reciben una prestación social o están en situación de precariedad; pero también a los empresarios, a los artesanos y a todos los trabajadores de los diferentes sectores, sobre todo a los que tienen más dificultades para seguir adelante.
El trabajo no sólo es necesario para la economía, sino para la persona humana, para su dignidad, para su ciudadanía, y también para su inclusión social. Turín es históricamente un centro de atracción de trabajo, pero hoy está fuertemente afectado por la crisis: el trabajo que falta, han aumentado las desigualdades económicas y sociales, muchas personas se han empobrecido y tienen problemas con la vivienda, la salud, la educación y otros bienes básicos. La inmigración aumenta la competencia, pero los migrantes no deben ser culpados, porque son víctimas de la iniquidad, de esta economía que descarta y de las guerras. ¡Es lamentable ver el espectáculo de estos días, en los que los seres humanos son tratados como mercancía!
En esta situación estamos llamados a reafirmar el ‘no’ a una economía del descarte, que pide resignarse a la exclusión a quienes viven en la pobreza absoluta, en Turín casi una décima parte de la población. Se excluyen a los niños (¡natalidad cero!), se excluyen a los ancianos, y ahora se excluyen a los jóvenes (¡más del 40 por ciento de los jóvenes desempleados!). Lo que no produce se excluye a la manera de "usar y tirar".
Estamos llamados a reafirmar el ‘no’ a la idolatría del dinero, que nos impulsa a entrar a cualquier precio en el número de los pocos que, a pesar de la crisis, se enriquecen, sin tener en cuenta a muchos que se empobrecen, a veces hasta el hambre.
Estamos llamados a decir ‘no’ a la corrupción, tan difundida que parece una actitud, un comportamiento normal. Pero no con palabras, sino con hechos. ‘No’ a los acuerdos mafiosos, a las estafas, a los sobornos, y a este tipo de cosas.
Y solo así, uniendo las fuerzas, podemos decir ‘no’ a la inequidad que genera la violencia. Don Bosco nos enseña que el mejor método es el preventivo: también el conflicto social debe ser prevenido, y esto se hace con la justicia.
En esta situación, que no es solo turinesa, italiana, es global y compleja, no se puede simplemente esperar la “recuperación” --“esperamos la recuperación...”--. El trabajo es fundamental --se afirma desde el principio en la Constitución italiana-- y es necesario que el conjunto de la sociedad, con todos sus componentes, colaboren para que haya para todos y sea un trabajo digno para el hombre y la mujer. Esto requiere de un modelo económico que no esté organizado en función del capital y de la producción, sino más bien en función del bien común. Y hablando de las mujeres --de eso habló ella [la mujer que dio su testimonio]--, sus derechos deben ser protegidos con fuerza, porque las mujeres, quienes también llevan el mayor peso en el cuidado de la casa, los niños y los ancianos, siguen siendo discriminadas, también en el trabajo.
Es un gran reto que hay que afrontar con la solidaridad y la visión amplia; y Turín está llamada a ser una vez más la protagonista de una nueva era de desarrollo económico y social, con su tradición manufacturera y artesanal --pensemos, en el relato bíblico, que Dios ha hecho precisamente el artesano...--. Están llamados a esto: manufactura y artesanía, y al mismo tiempo con la investigación y la innovación.
Por eso es necesario invertir con valentía en la formación, tratando de cambiar la tendencia que ha visto caer en los últimos tiempos el nivel medio de educación, y a muchos jóvenes abandonar la escuela. Ella [dirigiéndose de nuevo a la trabajadora] iba a la escuela por la tarde, para poder ir adelante...
Hoy me gustaría unir mi voz a la de muchos trabajadores y empresarios para pedir que puede ser implementado también un “pacto social y generacional”, como ha indicado la experiencia del “Agora”, que están llevando a cabo en el territorio de la diócesis. Poner a disposición la información y los recursos, desde la perspectiva de “hacer juntos”, es un requisito previo para superar la difícil situación actual y construir una nueva identidad y adecuada a los tiempos y necesidades del territorio. Es el momento de reactivar la solidaridad entre las generaciones, para recuperar la confianza entre los jóvenes y los adultos. Esto también implica abrir posibilidades concretas de crédito para nuevas iniciativas, activar una constante orientación y apoyo en el trabajo, sostener el aprendizaje y la relación entre las empresas, la Escuela profesional y la Universidad.
Me gustó mucho que los tres hayan hablado de la familia, de los niños y de los abuelos. ¡No se olviden de esta riqueza! Los hijos son la promesa para llevar adelante este trabajo que señalaron, que recibieron de sus antepasados. Y los ancianos son la riqueza de la memoria. Una crisis no puede superarse, no podemos salir de la crisis sin los jóvenes, los chicos, los hijos y abuelos. Fuerza para el futuro, y memoria del pasado que nos muestra dónde se debe ir. No se olviden de esto, por favor. Los hijos y los abuelos son la riqueza y la promesa de un pueblo.
En Turín y en su territorio todavía hay un importante potencial de inversión para la creación de empleo: la ayuda es necesaria, pero no es suficiente. Se necesita promoción, para regenerar la confianza en el futuro.
Estas son algunas de las principales cosas que quería decirles. Añado una palabra que no quisiera que fuese retórica, por favor: ¡ánimo! No significa paciencia, resígnense. No, no, no significa esto. Sino al contrario, significa: osen, sean valientes, ¡vayan  adelante! ¡Sean creativos! ¡Sean artesanos todos los días, artesanos del futuro! Con la fuerza de aquella esperanza que nos da el Señor que jamás defrauda, pero que también necesita de nuestro trabajo. Por esto rezo y los acompaño con todo mi corazón. El Señor los bendiga a todos y que la Virgen los proteja. Y, por favor, les pido que recen por mí. ¡Gracias!


Francisco venera la Sábana Santa de Turín
El Santo Padre visitó este domingo la Catedral de San Juan Bautista y rezó durante unos minutos ante la tela de lino que muestra la imagen de un hombre con marcas físicas propias de la crucifixión
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 21 de junio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco veneró este domingo por la mañana la Sábana Santa de Turín, y esta tarde rendirá homenaje a san Juan Bosco con motivo de la conmemoración del bicentenario de su nacimiento.
Terminado el encuentro con el mundo del trabajo, en la Placita Real, el Santo Padre se trasladó andando a la Catedral de San Juan Bautista, donde está custodiado el Santo Sudario. Una vez allí, el Pontífice se dirigió con gran recogimiento al altar mayor del templo, donde rezó durante unos minutos en silencio, y con la luz apagada, ante la tela de lino que muestra la imagen de un hombre con marcas físicas propias de la crucifixión. Poco después, se detuvo a orar también ante el altar del beato Pier Giorgio Frassati.
En el interior de la Catedral, acompañaron al Papa un grupo de monjas de clausura, sacerdotes huéspedes de las casas del Clero de la diócesis de Turín, los canónigos del Cabildo catedralicio, la Comisión para la Síndone, algunos parientes del joven beato italiano, el cardenal Poletto, los obispos de la Conferencia Episcopal del Piamonte-Valle de Aosta y el séquito papal.
En 2013, el Santo Padre afirmó que el rostro desfigurado de la Síndone se asemeja al de tantos hombres y mujeres “heridos por una vida que no respeta su dignidad, por guerras y violencias que afligen a los más vulnerables”, pero que invita a la esperanza. El Pontífice realizó estas declaraciones en un vídeo mensaje, difundido por el Vaticano, con motivo de la anterior ostensión de la Sábana Santa.
En aquella ocasión, Francisco dijo que el rostro de la Síndone tiene los ojos cerrados, que es el rostro de un difunto. “Pero sin embargo, misteriosamente nos mira y en el silencio nos habla”, añadió.
“¿Cómo es posible que el pueblo fiel quiera detenerse ante este icono de un hombre flagelado y crucificado?”, se preguntó el Papa. “Porque el hombre de la Sábana Santa --explicó-- nos invita a contemplar a Jesús de Nazaret”.
El Obispo de Roma aseguró también que la imagen grabada en el lienzo habla al corazón de los hombres “y nos lleva a subir al monte del Calvario, a mirar el madero de la cruz, a sumergirnos en el silencio elocuente del amor”.
La Iglesia no se ha pronunciado oficialmente sobre la autenticidad del sudario al que, desde hace años, se ha sometido a pruebas científicas. Algunos estudios históricos y científicos ubican la Sábana Santa en la época de Cristo, otros como la prueba del carbono-14 llegaron a la conclusión de que era medieval (1260-1390), aunque los resultados recibieron objeciones. Todavía hoy la ciencia no logra explicar la impresión en el tejido del rostro y el cuerpo maltratados de un hombre que tiene los traumas físicos de la crucifixión. La imagen se ve más claramente en negativo, efecto que fue descubierto por el fotógrafo amateur Secondo Pia.


Texto completo de la homilía del Santo Padre en la Plaza Vittorio de Turín
El Pontífice invitó este domingo a difundir el amor de Dios en el mundo, como los santos libres y testarudos
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 21 de junio de 2015 (ZENIT.org)
Después de su encuentro con el mundo del trabajo y de venerar la Sábana Santa, el papa Francisco se trasladó este domingo por la mañana a la Plaza Vittorio de Turín, una de las más grandes de Europa, que estaba abarrotada de fieles, para celebrar la Santa Misa.
En su homilía, el Pontífice destacó tres características del amor de Dios: es un amor fiel, un amor que recrea todo, un amor estable y seguro. A continuación publicamos las palabras que pronunció el Santo Padre:
En la Oración Colecta hemos rezado: "Dona a tu pueblo, oh Padre, vivir siempre en la veneración y en el amor a tu santo nombre, porque tú nunca privas de tu gracia a los que has establecido en la roca de tu amor". Y las lecturas que hemos escuchado nos muestran cómo es este amor de Dios hacia nosotros: es un amor fiel, un amor que recrea todo, un amor estable y seguro.
El salmo nos ha invitado a agradecer al Señor "porque su amor es eterno". He aquí el amor fiel, la fidelidad: es un amor que no defrauda, que nunca falla. Jesús encarna este amor, es su testigo. Él nunca se cansa de amarnos, de soportarnos, de perdonarnos, y así nos acompaña en el camino de la vida, según la promesa que hizo a sus discípulos: "Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo". Por amor se hizo hombre, por amor ha muerto y resucitado, y por amor está siempre a nuestro lado, en los momentos bonitos y en los difíciles. Jesús nos ama siempre, hasta el final, sin límites y sin medida. Y nos ama a todos, hasta el punto que cada uno de nosotros puede decir: 'Ha dado la vida por mí. ¡Por mí!' La fidelidad de Jesús no se rinde ni siquiera ante nuestra infidelidad. Nos lo recuerda san Pablo: "Si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede renegar de sí mismo". Jesús permanece fiel, aun cuando nos hemos equivocado, y nos espera para perdonarnos: Él es el rostro del Padre misericordioso. He aquí el amor fiel.
El segundo aspecto: el amor de Dios recrea todo, es decir, hace nuevas todas las cosas, como nos ha recordado la segunda lectura. Reconocer los propios límites, las propias debilidades, es la puerta que abre al perdón de Jesús, a su amor que puede renovarnos en lo profundo, que puede recrearnos. La salvación puede entrar en el corazón cuando nosotros nos abrimos a la verdad y reconocemos nuestras equivocaciones, nuestros pecados; entonces hacemos experiencia, esa bella experiencia de Aquel que ha venido, no para los sanos, sino para los enfermos, no para los justos, sino para los pecadores. Experimentamos su paciencia --¡tiene mucha!--, su ternura, su voluntad de salvar a todos. Y ¿cuál es la señal? La señal es que nos hemos vuelto ‘nuevos’ y hemos sido transformados por el amor de Dios. Es el saberse despojar de las vestiduras desgastadas y viejas de los rencores y de las enemistades, para vestir la túnica limpia de la mansedumbre, de la benevolencia, del servicio a los demás, de la paz del corazón, propia de los hijos de Dios. El espíritu del mundo está siempre buscando novedades, pero solo la fidelidad de Jesús es capaz de la verdadera novedad, de hacernos hombres nuevos, de recrearnos.
Finalmente, el amor de Dios es estable y seguro, como los peñascos rocosos que reparan de la violencia de las olas. Jesús lo manifiesta en el milagro narrado por el Evangelio, cuando aplaca la tempestad, mandando al viento y al mar. Los discípulos tienen miedo porque se dan cuenta de que no pueden con todo ello, pero Él les abre el corazón a la valentía de la fe. Ante el hombre que grita: '¡ya no puedo más!', el Señor sale a su encuentro, le ofrece la roca de su amor, a la que cada uno puede agarrarse, seguro de que no se caerá. ¡Cuántas veces sentimos que ya no podemos más! Pero Él está a nuestro lado, con la mano tendida y el corazón abierto.
Queridos hermanos y hermanas turineses y piamonteses, nuestros antepasados sabían bien qué quiere decir ser ‘roca’, qué quiere decir ‘solidez’. De ello da un bonito testimonio un famoso poeta nuestro: "Rectos y sinceros --dice--, aparentan lo que son: cabeza cuadrada, pulso firme e hígado sano, hablan poco, pero saben lo que dicen,
aunque caminan despacio, van lejos. Gente que no ahorra tiempo, ni sudor --raza nuestra libre y testaruda--. Todo el mundo conoce quiénes son y, cuando pasan… todo el mundo los mira".
Podemos preguntarnos, si hoy estamos firmes en esta roca que es el amor de Dios. Cómo vivimos el amor fiel de Dios hacia nosotros. Siempre existe el riesgo de olvidar ese amor grande que el Señor nos ha mostrado. También nosotros, los cristianos, corremos el riesgo de dejarnos paralizar por los miedos del futuro y de buscar seguridades en cosas que pasan, o en un modelo de sociedad cerrada que tiende a excluir, más que a incluir. En esta tierra han crecido tantos santos y beatos que han acogido el amor de Dios y lo han difundido en el mundo, santos libres y testarudos. Sobre las huellas de estos testigos, también nosotros podemos vivir la alegría del Evangelio, practicando la misericordia, podemos compartir las dificultades de mucha gente, de las familias, en especial de las más frágiles y marcadas por la crisis económica. Las familias tienen necesidad de sentir la caricia maternal de la Iglesia para ir adelante en la vida conyugal, en la educación de los hijos, en el cuidado de los ancianos y también en la transmisión de la fe a las jóvenes generaciones.
¿Creemos que el Señor es fiel? ¿Cómo vivimos la novedad de Dios que todos los días nos transforma? ¿Cómo vivimos el amor firme del Señor, que se pone como barrera segura contra las olas del orgullo y de las falsas novedades? El Espíritu Santo nos ayude a ser siempre conscientes de este amor ‘rocoso’, que nos vuelve estables y fuertes en los pequeños y grandes sufrimientos, nos hace capaces de no cerrarnos ante las dificultades, de afrontar la vida con valentía y mirar al futuro con esperanza. Como entonces en el lago de Galilea, también hoy en el mar de nuestra existencia, Jesús es aquel que vence las fuerzas del mal y las amenazas de la desesperación. La paz que Él nos dona es para todos; también para tantos hermanos y hermanas que huyen de guerras y persecuciones en busca de paz y libertad.
Queridísimos, ayer han festejado a la Bienaventurada Virgen de la Consolación --La Consola--, que está allí, pequeña y sólida, sin fastuosidades, como una buena madre. Encomendémosle a nuestra Madre el camino eclesial y civil de esta tierra. Ella nos ayude a seguir al Señor, para ser fieles, para dejarnos renovar todos los días y permanecer sólidos en su amor. Así sea.
(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)
El Papa en el Ángelus: 'La Síndone es un icono del amor más grande'
Texto completo. El Pontífice encomendó este domingo a la Virgen de la Consolación la ciudad de Turín, su territorio y todos los que viven allí, para que puedan vivir en la justicia, en la paz y en la fraternidad
Por Redacción
Ciudad del Vaticano, 21 de junio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco introdujo este domingo el rezo del Ángelus desde la Plaza Vittorio de Turín, donde hoy presidió la Eucaristía.
Dirigiéndose a la multitud de fieles congregada, el Pontífice les dijo:
“Al final de esta celebración, nuestro pensamiento se dirige a la Virgen María, Madre amorosa y premurosa con todos sus hijos, que Jesús le ha confiado desde la cruz, mientras ofrecía a sí mismo en el gesto de amor más grande.
Icono de este amor es la Síndone, que también esta vez ha atraído a mucha gente aquí en Turín. La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, impulsa hacia el rostro de toda persona sufriente e injustamente perseguida. Nos impulsa en la misma dirección del don de amor de Jesús. “El amor de Cristo nos apremia”: estas palabras de san Pablo eran el lema de san José Benito Cottolengo.
Recordando el ardor apostólico de tantos sacerdotes santos de esta tierra, desde Don Bosco, de quien recordamos el bicentenario de su nacimiento, los saludo con gratitud a ustedes, sacerdotes y religiosos. Ustedes se dedican con empeño al trabajo pastoral y son cercanos a la gente y a sus problemas. Los animo a llevar adelante con alegría su ministerio, apuntando siempre a lo que es esencial en el anuncio del Evangelio. Y mientras les agradezco a ustedes, hermanos obispos del Piamonte y del Valle de Aosta, por su presencia, los exhorto a estar junto a sus sacerdotes con afecto paterno y calurosa cercanía.
A la Virgen Santa le confío esta ciudad y su territorio, y aquellos que lo habitan, para que puedan vivir en la justicia, en la paz y en la fraternidad. De manera particular encomiendo a las familias, a los jóvenes, a los ancianos, a los presos y a todos los que sufren; hoy un recuerdo especial para los enfermos de leucemia en el Día Nacional contra la leucemia, el linfoma y el mieloma. María de la Consolación, reina de Turín y del Piamonte, fortalezca vuestra fe, asegure vuestra esperanza y fecunde vuestra caridad, para ser “sal y luz” de esta tierra bendita, de la que yo soy nieto”.
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la tradicional oración mariana:
Angelus Domini nuntiavit Mariae...
Al concluir la plegaria, el Papa impartió la bendición apostólica y pidió que, por favor, “no se olviden de rezar por mí”.
Antes de abandonar la plaza en el papamóvil, Francisco dijo también: “¡Buen almuerzo!”
(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)

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