Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 20 de julio de 2012

JACQUES MARITAIN: VIDA Y OBRA DEL APÓSTOL LAICO MÁS GRANDE DEL SIGLO XX (II)


JACQUES MARITAIN: VIDA Y OBRA
DEL APÓSTOL LAICO MÁS GRANDE DEL SIGLO XX
Ambrosio Romero Carranza
Profesor de Derecho Político de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.
(Esta biografía fue publicada por la revista argentina 'RUMBO SOCIAL', en su número 25, de Octubre - Diciembre de 1982, conmemorativo del centenario del nacimiento de Jacques Maritain. Su autor era en esa época el Director de la revista).

1.- JUVENTUD. ENCUENTRO CON RAÏSSA OUMANÇOFF Y HENRI BERGSON
Jacques Maritain, nacido en París el 18 de noviembre de 1882 y fallecido en Tolosa

(Francia) el 28 de abril de 1973 a los noventa y un años de edad, puede ser

llamado el apóstol laico más grande de nuestra centuria, por cuanto desde los albores del siglo XX vivió, habló, actuó e influyó cristianamente en al mundo de una manera constante y talentosa como ningún otros seglar contemporáneo lo ha hecho. Y supo ejercer el apostolado laico del modo recomendado por el Concilio Vaticano II: con el ejemplo de su vida, el testimonio de su fe y la irradiación de la palabra oral y escrita.
Perteneciente a una familia protestante, y habiendo estudiado durante su juventud filosofía en la Sorbona cuando allí se enseñaba el más crudo positivismo, nada parecía destinarlo a ese apostolado.
Tampoco parecía que influiría en su conversión al catolicismo el encuentro en la Sorbona con la joven Raissa Oumançoff que estudiaba en la Facultad de Ciencias. Ella, nacida en Rostof (Rusia) el 12 de septiembre de 1883, era hija de hebreos refugiados en Francia para librarse de la discriminación racial existente entre los rusos. "Los estudiantes y doctores que frecuentaban la casa de mis padres en París - narra Raissa - consideraban que todo en la vida dependía de los descubrimientos efectuados por las ciencias naturales y físicas. Todos eran deterministas, positivistas, materialistas, y yo lo era con ellos"
Sin embargo, sentía la inquietud de buscar la Verdad, y esa inquietud la llevó a trabar una gran amistad con Maritain, quien, después de licenciarse en Filosofía, estudiaba licenciatura de Ciencias. Allí frecuentaron, él y Raissa, convertida en su novia, los mismos cursos sin sentirse satisfechos con la enseñanza materialista del positivismo reinante en la Sorbona. Los dos sentían por igual hambre de la sabiduría metafísica que no le brindaban sus maestros, y consideraban que "si debían renunciar a encontrar un sentido cualquiera a la palabra Verdad, a la distinción del bien del mal y de lo injusto y de lo justo, no era posible vivir humanamente".
En ese libro de Raissa (Raissa Maritain, 'Las Grandes Amistades', página 112) que tomamos en cuenta para narrar la vida de Maritain, se encuentra detallado el camino que los llevó a transformarse en un gran filósofo católico. El primer paso por ese camino fue su amistad con un eximio escritor diez años mayor que él, Charles Peguy, quien, aun cuando bautizado en la Iglesia Católica, se había apartado de ella militando junto con su esposa en las filas del socialismo, y, fundando una librería, dirigía la famosa revista titulada 'Les Cahiers de la Quinzalne'. Peguy trabó profunda amistad con la madre de Jacques Maritain, y a éste lo consideraba como un hermano menor. Peguy despreciaba a los maestros positivistas de la Sorbona, a la cual acusaba de ser la ciudadela de los errores del mundo moderno. Por eso, indicó a Jacques y a Raissa que fuesen a escuchar a un filósofo que, sin ser cristiano, era espiritualista, y que dictaba sus clases en el College de France: Henri Bergson (francés de raza hebrea).
"Físicamente - escribe Raissa - parecía fácil ir de la Sorbona al College de France: bastaba cruzar la calle Saint-Jacques y dar unos pasos por la calle des Ecoles; pero el hacerlo no era tan fácil como se podía creer. Entre esas dos instituciones existía una montaña de prejuicios y de desconfianza, sobre todo por parte de los profesores de la Sorbona, respecto de la filosofía de Bergson. De manera que era muy difícil a los jóvenes estudiantes de la Sorbona ir al College de France. Pero Peguy nos hizo atravesar a Jacques y a mí la calle Saint-Jacques para escuchar a Bergson" ('Las Grandes Amistades', p. 116).
Maritain y su novia cruzaron, pues, esa especie de Rubicón constituido por la calle Saint Jacques, incurriendo así en el anatema de la Ciencia Oficial dictada en la Sorbona, para convertirse en asiduos asistentes a las clases de quien demostraba que, por la intuición, los seres humanos eran capaces de llegar a lo absoluto.
Sin embargo, la filosofía de Bergson no satisfacía a Maritain, quien en su libro titulado 'De Bergson a Santo Tomás de Aquino', escribe: "En el tiempo en que seguíamos con el pequeño grupo de Peguy y Georges Sorel las clases de Bergson en el Colegio de Francia, esperábamos de él la revelación de una nuevo metafísica, y era esto lo que perecía prometernos. En realidad no fue así: Bergson no nos proporcionó tal metafísica ni en momento alguno tuvo la intención de dárnosla. Por eso, para muchos de nosotros la decepción resultó muy viva. Nos parecía que una promesa sobre la cual contábamos no había sido cumplida. A la distancia, cuando hoy pensamos de nuevo en todo aquello, las cosas nos aparecen bajo una luz diferente: cuando Bergson realzaba el valor y la dignidad de la metafísica en los espíritus que lo escuchaban; cuando con un acento inolvidable les declaraba: Estamos, nos movemos y vivimos en lo absoluto, despertaba en ellos el deseo metafísico. Era esa ya una obra muy grande. Y quizás nada emocionaba más que el desprendimiento con que él dejaba que ese deseo, una vez despertado en sus alumnos, condujera a algunos hacia una metafísica que no era la suya". (página 10 de la traducción al español publicada par la Editorial Club de Lectores, Bs. As., 1967).
Así ocurrió con Maritain; su hambre metafísico, despertado y consolidado en aquellas clases, lo determinó a emprender un camino intelectual que no era el de Bergson.
En aquellos primeros años de nuestro siglo (1902-1905), decepcionado el joven Maritain de la filosofía bergsoniana y buscando descubrir ese Absoluto que es Dios, del cual hablaba su maestro sin proporcionarle la posibilidad de encontrarlo, leyó a Pascal, a Ruysbroeck y a León Bloy, y fue especialmente la lectura de los libros de este último (quien se llamaba a sí mismo "el peregrino de lo Absoluto") lo que determinaría su conversión al catolicismo.
2.- CONVERSIÓN BAJO LA INFLUENCIA DE LEÓN BLOY
"En mi infancia - escribe Maritain en su 'Confesión de Fe' - fui instruido en el protestantismo liberal. Más tarde conocí los diversos aspectos del pensamiento laicista. La filosofía cientista y fenomenista de mis maestros de la Sorbona me llevó en definitiva a desesperar de la razón. En algún momento llegué a creer que podría encontrar la certeza integral en las ciencias. Felix Le Dantec pensaba que yo sería discípulo de su materialismo biológico. Mi mayor deuda a los estudios de esa época en la Facultad de Ciencias fue el encuentro, no con Le Dontec, sino con Raissa, a la que desde entonces tuve la dicha de contar para todos mis trabajos en una perfecta y saludable comunión. Bergson fue el primero que respondió a nuestro deseo profundo de verdad metafísica, y el que despertó en nosotros el sentimiento de lo Absoluto". ('Confesión de Fe', traducción del original francés publicado por Editions de la Maison Francaise).
Raissa Maritain recuerda que "una brillante renovación religiosa se habla efectuado en Francia en los tiempo de Lacordaire, de Ozanam, de Montalembert y de Dom Guéranger. Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, es sobre todo por la humilde fe de un gran número de santos que la religión católica y la sabiduría mística habían seguido su más fecunda vida. No debemos olvidar que esa centuria dio a Francia el santo Cura de d'Ars, a Santa Bernardita de Lourdes y a Santa Teresita del Niño Jesús. Pero fue solamente bajo la acción del Papa León XIII que a fin del siglo pasado el catolicismo francés empezó a volver a encontrar el brillo de su enseñanza doctrinal". ('Las Grandes Amistades', p. 80).
A pesar de la renovación religiosa producida en Francia, Jacques y Raissa habían despreciado el catolicismo por considerarlo una religión de los ricos, los poderosos y los felices de este mundo que pretendían conservar, para su propio beneficio, las tinieblas medievales, y que en el mundo parisiense olvidaban los sufrimientos del pueblo trabajador. Par otra parte, tanto la madre de Jacques como los padres de Raissa tenían la peor idea de la religión católica. Pero el encuentro y la amistad can León Bloy sería causa decisiva para que ambos jóvenes se desligaran de esos prejuicios y vieran al catolicismo como realmente es: la religión del Amor, la Paz, la Verdad, la Libertad y la Justicia.
Maritain, en una conferencia pronunciada en los Cursos de Cultura Católica de Buenos Aires el 9 de octubre de 1936, recordó: "la primera vez que vi a León Bloy fue en su casa de Montmartre, cuando vivía en Rue du Chevalier de la Barre. Después de leer algunos de sus libros, Raissa y yo le habíamos escrito con mucho temor y temblor una carta de admiración. En respuesta a esa carta, junto al envío generoso de algunos ejemplares de sus libros, nos había invitado bondadosamente a visitarle. Nos sedujo en cuanto entramos la sencillez y la paz de aquella casa pobre, por encima de la cual parecían moverse sin ruido las alas del milagro. La esposa de Bloy, de alta estatura, de rostro blanco y noble, con grandes ojos tranquilos y llenos de bondad, salió a recibirnos. Sus dos hijitas, Verónica y Magdalena, estaban con ella. Bloy nos habló casi tímidamente; siempre hablaba así en voz baja, pues detestaba las vociferaciones orales. Se veía que sólo las almas le interesaban, y que era con ellas que buscaba entenderse desde el primer momento. Empero, no había en él ninguna especie de celo proselitista; sólo había mucho amor y el sentido del misterio oculto en el menor suceso y en la menor coincidencia". (páginas 9 y lO de esa conferencia publicada por Adsum, Bs. As., 1937, bajo el titulo de 'León Bloy').
Maritain y Raissa admiraron en Bloy la inmensidad de su alma, su celo ardiente por la Justicia y su amor por la belleza de la religión católica que practicaba con fervor. Bloy les reveló la existencia de una fe vivida a fondo por un hombre pobre, cuya vida y la de su mujer y sus hijas transcurría casi en la miseria. No era, pues, el catolicismo únicamente la religión de los ricos. Maurice Maeterlinck había publicado un gran elogio del libro de León Bloy titulado 'La mujer pobre', y fue leyendo ese elogio que Maritain se decidió a escribirle aquella carta pidiéndole una entrevista. La amistad perduró trece años consecutivos hasta el día de su muerte, ocurrida en 1917. A su vez, Bloy amó a la joven e inteligente pareja que a él llegó en busca de la Verdad, y los incitó que, para ello, leyeran vidas de santos y las revelaciones de Catalina Emmerich, a fin de que allí encontraran a Quien dijo: Yo soy la Verdad, la Vida, el Camino, la Luz, y el que me sigue no andará en tinieblas (Juan: 8, 12). la sed metafísica que atormentaba a Jacques y a Raissa, quedando saciada con lo que descubrieron en aquellos lecturas, comprendieron el significado de una frase repetida por Bloy: "La mayor tristeza de la vida es la de no ser santo".
El apostolado laico de León Bloy abrió los ojos de Maritain, hasta entonces cerrados para las verdades del cristianismo. Por eso, en la conferencia que acabamos de citar, Maritain reconoció: "Mi vida se divide en dos partes: la que precede y la que sigue al encuentro con León Bloy" (p. 47).
La vida de los santos, los escritos de los místicos, las revelaciones de Catalina Emmerich, la lectura de la Biblia y la operación de la Gracia hicieron que Jacques y Raissa desearan vivir la auténtica existencia cristiana en la que todo es amor, orden, calma y verdad. El 11 de junio de 1906, ellos, que habían contraído matrimonio civil el 26 de noviembre de 1904, pidieron y recibieron en Notre Dame de París el bautismo católico junto con Vera (hermana de Raissa también convertida), siendo los Bloy sus padrinos. Luego, Jacques y Raissa procedieron acontraer matrimonio religioso. Y en su hogar Vera estuvo siempre con ellos compartiendo su ardiente fe cristiana.
Tanto para los padres de Raissa como para la madre de Jacques aquella conversión al catolicismo de sus hijos causó un gran desagrado. Para aquéllos constituía una traición a la raza hebrea, y para ésta una traición al progreso. En la mente de la madre de Maritain el progreso iba unido al triunfo de la Tercera República Francesa perseguidora del catolicismo, república de la cual su padre, Julio Favre, había sido un ardiente y destacado adalid político. Sin desalentarse ante la oposición de su familia y de muchos amigos, Jacques y Raissa se mantuvieron firmes y cada vez más decididos en la fe cristiana recién adquirida.
La madre de Maritain pidió a Peguy que tratara de contrarrestar en su hijo la influencia católica de León Bloy. Ella no sabía que, si bien Peguy no simpatizaba con el autor de 'La mujer pobre', empero estaba siguiendo el mismo camino religioso que Jacques, y por eso envió a éste al monasterio benedictino de Solesmes, situado en Inglaterra, para hacerle saber a su amigo de juventud, Dom Baillet, quien rezaba por su conversión, la buena nueva de que había abandonado sus ideas socialistas para regresar a la fe católica de su infancia. Sin embargo, Peguy todavía ocultaba su conversión a fin de no irritar a su esposa e impedir que planteara una separación conyugal, porque ella, fuertemente imbuida de ideas anticatólicas, se negaba a contraer matrimonio religioso y a bautizar a sus hijos. Sólo se convirtió aquella mujer después de que su marido murió luchando valientemente por Francia en la guerra de 1914.
Durante la estada de Maritain en el monasterio de Solesmes, el abad benedictino le recomendó la dirección espiritual del dominico Humberto Clerissac (autor del famoso libro 'Misterio de la Iglesia'), quien trabó con él una gran amistad y lo indujo a leer a Santo Tomás de Aquino. Esa lectura, deslumbrando a Maritain, lo convirtió en un inteligente intérprete del Doctor Angélico.
Acerca del tomismo y para explicar el deslumbramiento que le produjo la filosofía del Aquinatense, Maritain escribió: "Yo, que había peregrinado apasionadamente por todas las doctrinos de los filósofos modernos sin haber encontrado otra cosa que decepción y enorme incertidumbre, al leer la Suma Teológica de Santo Tomás recibí una especie de iluminación de la razón. Entonces encontré en forma plena mi vocación filosófica. 'Desdichado de mí si no tomistizara' - escribí en uno de mis primeros libros -; y después de treinta años de trabajos y combate he caminado siempre por la misma ruta filosófica". ('Confesión de Fe', escrita en 1941).
En otra ocasión también escribió a este respecto: "Me permito señalar que la filosofía tomista no es una filosofía de escuela y de museo, sino una filosofía de aire libre, en la que la experiencia concreta y constantemente renovada desempeña un papel principal. Es una filosofía que se alimenta de la herencia de una tradición muy larga, pero es capaz de penetrar en los problemas del tiempo y, avanzando hacia las cosas nuevas con una tranquila osadía, ambiciona poder dar a todos la Verdad". (página 13 de su prólogo al libro de Henri Bars: 'La política según Maritain', Editorial Nova Terra, Barcelona, 1963).
3.- COMIENZOS DE UN APOSTOLADO LAICO
Dueño ya de una fe inconmovible y después de haber pasado dos años en Heidelberg estudiando ciencias biológicas en una beca que le había sido concedida, Maritain vuelve a Francia. Comienza entonces a realizar su apostolado cristiano por medio de la palabra hablada y escrita, apostolado que perdurará más de sesenta años hasta el día de su muerte ocurrida en abril de 1973, dejando cincuenta y cinco libros salidos de su pluma.
Ante todo, ese su apostolado fue filosófico y basado, muy especialmente, en la filosofía tomista. Tomistizar fue para él no solamente penetrar, esclarecer y exponer la doctrina de Tomás de Aquino, sino enfrentarlo a la actualidad histórica para asumir sus ansias, descifrar su sentido y orientar su marcha.
Desde el año 1912, Maritain busca el modo de hacer penetrar el pensamiento tomista dentro de la cultura profana y del campo cerrado de las filosofías contemporáneas, como así nos señala Raissa en el tomo segundo de 'Las Grandes Amistades', que ella tituló 'Las aventuras de la Gracia' (p. 254).

Los primeros artículos publicados por Maritain: 'La Ciencia Moderna y la razón' y 'El evolucionismo bergsoniano', y sus primeros clases dadas en el Colegio Stanislas de París, versaron acerca de la Filosofía en general y del tomismo en especial.
Cuando Maritain publicó sus primeros artículos y pronunció sus primeras conferencias, la idea de realizar un ardiente apostolado tomista recubrió todo lo restante. Estaba persuadido que la filosofía del Aquinatense, con su poderosa estructura, había quedado oculta durante siglos en las formas de la Teología, sin desarrollarse por sí misma según su esencia, y que al fin le había llegado el tiempo de tomar su forma propia, su organización interna y su desarrollo autónomo como una filosofía (ver p. 269 de 'Las aventuras de la Gracia').
El Curso dado por Maritain, señalando los aciertos y las fallas de la filosofía de Bergson, alcanzó en el año 1912 un gran éxito. Entre los numerosos concurrentes a esas clases figuraban León Bloy y Ernesto Psichari. Este último, nieto de Ernesto Renán, era gran amigo de Jacques, y en gran parte bajo su influencia poco a poco se fue convirtiendo al catolicismo. "La aventura de la fe vivida por Maritain había de repercutir en sus mejores amigos. Ernesto Psichari y Carlos Péguy cosecharon el mismo fruto que su amigo Jacques en su ascensión permanente hacia Dios" - escribe Jesús Ginés Ortega en su artículo titulado 'Maritain, el hombre, el filósofo, el cristiano', publicado en la página 77 de la revista Política y Espíritu. Ginés Ortega agrega en ese artículo: "Así como en su trayectoria filosófica supo ir Maritain a contrapelo de la dictadura impuesta por los positivistas de la Sorbona, en su vida interior tuvo que enfrentarse a un ambiente poco propicio para la fe. Pero, en su condición de buscador de la Verdad y por encima de todas las cosas, llegó a encontrarla y abrazarla firmemente". Y no hay duda que en esa búsqueda contó, para su felicidad, con el aporte espiritual e intelectual de su esposa, quien primeramente consiguió convertir al catolicismo a su hermana y a su padre, y, más tarde, a su madre.
Durante todo el transcurso de su apostolado, Maritain demostrará ser un hombre que no se encerraba en su biblioteca: sabía abrir sus ojos y su espíritu al mundo objetivo de su tiempo y en Francia, en Roma o en América jamás perderá el contacto con los hombres inmersos en las más diversas manifestaciones de la realidad, sin abandonar por ello su papel de filósofo. El mismo escribirá: "La misión del filósofo no consiste en lanzar una consigna y pasar después a la acción; ésta es tarea propia del militante o del político. Que cada uno ocupe, pues, su lugar." Y Maritain supo ocupar el suyo: el de pensador cristiano.
Durante la guerra de 1914, no intervino en la lucha armada como lo hicieron sus amigos Psichari y Péguy (quienes encontraron allí la muerte), porque fue declarado inapto paro el servido militar debido a los rastros que en su organismo había dejado una pleuresía sufrida en su infancia. Mas, no desentendiéndose de cuanto entonces le ocurría a Francia, pone su inteligencia al servicio de su patriotismo, pronuncia una serie de conferencias acerca de Alemania, y acusa al prusianismo de la guerra declarada en esa época.
4.- DESARROLLO DE LA OBRA MARITAlNIANA
Terminada la guerra en 1918 con el triunfo francés, Maritain, intensificando su obra escrita, se dedica a la enseñanza universitaria. Su tarea de dar conferencias en Francia y en el extranjero, alcanza su mayor desarrollo intelectual durante las décadas del 20 y del 30.
En la década del 20 escribe: 'Arte y Escolástica' (1920), 'Introducción a la Filosofía' (1921), 'Teonás' (1921), 'Antimoderno' (1922), 'Elementos de Filosofía' (1923), 'Santo Tomás, apóstol de la Edad Moderna' (1923), 'Tres reformadores' (1924), 'Una opinión sobre Maurras' (1926), 'Primacía de lo espiritual' (1929).
A su vez, en la década del 30 publica 'El Doctor Angélico' (1930), 'Religión y Cultura' (1930), 'Los grados del Saber' (1932), 'El sueño de Descartes' (1932). 'Del régimen temporal y de la libertad' (1933), 'De la Filosofa Cristiana' (1933), 'Siete lecciones acerca del Ser' (1934), 'Fronteras de la poesía' (1935), 'La filosofía de la Naturaleza' (1935), 'Carta sobre la Independencia' (1935), 'Ciencia y Sabiduría' (1935), 'Problemas espirituales y temporales de una nueva Cristiandad' (1935), 'Humanismo Integral' (1936), 'Para una filosofía de la persona humana' (1937), 'Cuestiones de conciencia' (1938).
Tres planos principales tuvo en aquellas dos décadas su caudalosa producción bibliográfica; la fecunda docencia desempeñada en su cátedra de la Facultad de Filosofía del Instituto Católico de París y en las conferencias pronunciadas en diversos países entre los cuales se contó la Argentina: el plano estrictamente filosófico, el de su meditación estética, y el socio-político.
En el plano socio-político, Maritain manifestaba la imposibilidad de que el cristianismo utilizara los mismos medios de evangelización empleados en la Edad Media. Sostenía que en los nuevos tiempos en que vivimos, rota la unidad religiosa del catolicismo por causa de la rebelión luterana, ya no era posible que la Iglesia actuara coactivamente y no admitiese la libertad de cultos. Por eso, la Nueva Cristiandad, por él propiciada, debía reconocer la existencia de un pluralismo religioso e ideológico, y la necesidad de nuevos métodos de apostolado cristiano. En la República Argentina - coma lo narra Fernando Martínez Paz - un grupo de católicos nacionalistas que admiraba a Maritain como filósofo tomista, y como tal lo habían llamado a dar conferencias en Buenos Aires, atacó, empero, con saña sus ideas socio-pollticas. En otros países de América y Europa, los grupos maurrassianos e integristas pidieron a la Santa Sede que excomulgara al autor de 'Humanismo Integral' por las ideas que allí expresaba. Pero Maritain, haciendo caso omiso de esos ataques, siguió sin vacilar la senda emprendida por su apostolado laico.
El catolicismo de Maritain quedó demostrado, no solamente en sus clases y en su obra escrita, sino también en su vida privada. Su piedad era grande; como su maestro León Bloy, fue, también, un hombre de oración. Por eso, cuando vivió con Raissa en Meudon (barrio de París) la Jerarquía Eclesiástica le concedió la autorización especial de guardar el Santísimo en su hogar y que allí se pudiera celebrar misa, como así lo hizo varias veces el padre Humberto Clerlssac.
"En los años que se sucedieron entre las dos guerras mundiales (1918-1939) el hogar de los Maritain en Meudon (al borde del bosque de Fontainebleau) fue centro de admirables reuniones donde podía encontrarse a muchos de las figuras mas importantes del pensamiento francés, mezclados con jóvenes estudiosos congregados en un simposio espontáneo en el que, entre taza y taza de té, se transitaba sin afectación por los más altos caminos del espíritu. Allí, el filósofo, con su grave prestancia de gentilhombre borgoñón y su voz cálida, enseñaba mientras dialogaba; y a su alrededor se congregaban, entre otros, Cocteau, Matisse, Cloudel, Rouault, Michaud, discípulos admirables para un admirable maestro. Su conversación era grata y su saber vasto. La Filosofía y el arte eran sus campos predilectos (pero también la ciencia - no puede olvidarse la influencia que sobre él ejerció, en las años jóvenes, Félix Le Dantec -, y, luego, su graduación en ciencias biológicas, conseguida en Heildeberg bajo la dirección de Hans Driesch). En sus conversaciones sabía decir Maritain la palabra justa, escuchar con atención el pensamiento ajeno y juzgar con precisión". (Articulo de La Nación de fecha 29 de abril de 1973).
La segunda guerra mundial encontró a Maritain dando clases en Canadá, y la crueldad desatada por Hitler en toda Europa, le obligó a vivir en Estados Unidos de América para preservar a su esposa de la persecución sangrienta de que eran víctimas los hebreos.
5.- DESTIERRO EN AMÉRICA
Durante aquel obligado destierro, Raissa Maritain escribió, con dolor y amargura, la página de su libro 'Las Grandes Amistades' que a continuación transcribimos:
"París, yo no puedo escribir tu nombre, ciudad bien amada, sin una nostalgia profunda, sin un inmenso dolor; tú, que yo seguramente no volveré a ver más; tú, que tal vez he dejado para siempre; tú, que has alimentado mi alma de Verdad y de Belleza; tú, que me diste a Jacques, a mi padrino León Bloy y a tantos amigos que embellecieron los días vividos junto al Sena. ¡Ciudad de grandes sufrimientos y de grandes amores!
"¿Quién podrá hablar dignamente de la ofensa que te ha sido hecha? Sería para ello necesario un David o un Jeremías. Ciudad sin defensa cuando era indispensable defenderla con las armas de este mundo que no habían sabido prepararle, pero ciudad imperecedera y poderosa por las obras con que ha enriquecido la Tierra y por los santos con que ha poblado el cielo.
"Ciudad símbolo de belleza y memorial de la cristiandad. Ciudad de grandes pecados; pero ¿quién está libre de pecado? Ciudad donde el Bien sobrepasa al mal, y la Verdad al error. Ciudad capital de la libertad. Tú, donde el aire es tan ligero y el cielo tan dulce. Tú, en la que monumentos armoniosos y delicados cuentan con discreción una larga, trágica y maravillosa historia. Ciudad de Santa Genoveva y San Denys, ciudad de Psichori y de Péguy, ciudad de Racine, de Pascal, de San Vicente de Paul y de las Hermanos de la Caridad. Ciudad de poetas y de pintores gloriosos, de Víctor Hugo y de Baudelaire, de la Plaza de la Concordia y de los Campos Elíseos. Ciudad donde Santo Tomás de Aquino enseñó y en donde San Luis reinó. ¡Ciudad de Notre Dame!"(ps. 33 y 34).
En Norteamérica, Maritain dictó clases en las Universidades de Princeton y Columbia, y escribió varios libros en los cuales, atacando al nazismo y al fascismo, señaló su filosofía anticristiana. 'A través del desastre', 'Cristianismo y democracia', 'El crepúsculo de la civilización', 'Los derechos del hombre y la ley natural', 'Principios de una política humanista', fueron las principales obras escritas suyas durante aquella época de exilio.
Al final, después de cinco largos años, contra lo que había creído Raissa, ella y Jacques pudieron volver a su amado París una vez que el nazismo sufrió una aplastante derrota.
6.- REGRESO A EUROPA
Mientras se desarrolló la Segundo Guerra Mundial, Maritain se había declarado partidario de la resistencia francesa encabezado por el general De Gaulle. No es extraño, pues, que debido a esa circunstancia y a su prestigio personal adquirido con sus clases, sus libros y sus ideas, Maritain fuese nombrado Embajador de Francia ante la Santa Sede. Cuando presentó sus credenciales al Papa S.S. Pío XII, éste le dijo:
"Señor Embajador: Con viva satisfacción hemos acogido el deseo expresado por el señor General De Gaulle, Presidente del Gobierno provisional de la República Francesa, de no interrumpir las óptimas relaciones que vinculan a Francia y la Santa Sede".
"La misión confiada a Ud. para continuarlas se abre en un tiempo tormentoso, durante una de las crisis que anteceden a horas decisivas de lo Historia. . ."
"Apreciamos y saludamos en Vuestro Excelencia a un hombre que, haciendo abiertamente profesión de su fe católica y de su culto por la filosofía del Doctor Común, pone a disposición sus ricos cualidades al servicio de los grandes principios doctrinales y morales que, sobre todo en estos tiempos de universal desorden, la Iglesia no cesa de inculcar en el mundo. Y nos complace ver en la elección de vuestra persona para la misión que hoy iniciáis, la pruebo de que quienes os la han confiado, entienden perfectamente que en la obra de restauración de Francia y de Europa promueven los beneficios que derivan de las buenos relaciones entre la Iglesia y el Estado".
En el lapso que Maritain estuvo en Roma como Embajador de Francia (1944-1948) oía Misa todas las mañanas en la capilla privada del Papa, recibiendo la comunión de sus propias manos.
El pensamiento de aquel grande e inteligente pontífice, que fue Pío XII, se identificaba en líneas generales con el del autor de Humanismo Integral, a quien aplaudía, especialmente, por la difusión y renovación del tomismo que llevaba a cabo con tanto empeño desde hacia ya más de treinta años.
En 1948 Maritain renunció a la Embajada, no queriendo aceptar ningún cargo oficial para tener más independencia y tiempo en el desarrollo de su obra intelectual y apostólica. Durante las décadas del cuarenta y del cincuenta, publica: 'De Bergson a Santo Tomás de Aquino' (1944), 'Principios de una política humanista' (1944), 'A través de la victoria' (1945), 'Por la Justicia' (1945), 'La persona y el bien común' (1947), 'Razón y razones' (1947). 'El hombre y el Estado' (1951), 'Nueve lecciones sobre las nociones primeras de la filosofía moral' (1951), 'La Intuición creadora en el arte y la poesía' (1953), 'Por una Filosofía de la Historia' (1957), 'Reflexiones acerca de América' (1958), 'Para una filosofía de la Educación' (1959)
En 1960 Maritain sufre una gran desgracia: el 4 de noviembre de ese año muere su esposa Raissa. Había vivido en estrecha unión conyugal durante cincuenta y cinco años, y junto con ella había escrito diversos libros: 'De la vida de oración', en 1922, 'Situación de la poesía', en 1938 y 'Liturgia y Contemplación', en 1959.
Después de la muerte de Raissa, Maritain preparó y publicó dos libros con textos de su esposa: 'La contemplación sobre los caminos' (París, 1962) y 'Diario de Raissa' (París, 1963), cuya séptima edición se publicó en 1970.
7.- ÚLTIMOS AÑOS
Una vez perdida a su constante y talentosa compañera, la vida de Maritain tomó un nuevo y último curso: entró a vivir en la Comunidad de los Pequeños Hermanos de Jesús existente en Tolosa (Francia). Esa Congregación había sido fundada siguiendo la inspiración del gran francés Carlos de Foucauld, quien, de valiente militar, pasó a convertirse en un eximio sacerdote de Cristo, muriendo mártir en el Sahara.
En Tolosa, sin llegar a efectuar votos religiosos, vivió Maritain durante diez años hasta el fin de su vida. Y allí escribió sus dos últimos libros: 'El campesino del Garona' (1967), y 'De la Iglesia de Cristo' (1970}. Allí también pronunció, pocos días antes de morir, su última conferencia en la cual concluyó manifestando:
"No se ha visto jamás un mundo como el nuestro, tan incapaz, a pesar de sus bellas y mendaces promesas, de hacer al hombre menos desgraciado sobre lo Tierra. Sin embargo, mientras el tiempo pasa, el mundo moderno deja de ser moderno. Un día vendrá - y aquí pongo mi esperanza en las generaciones jóvenes - en que esta gran patria, que es el mundo, volverá a encontrar en buena medida el verdadero fin para el cual ha sido creada, y en que una nueva civilización dará a los hombres, no desde luego la felicidad perfecta, pero si un estatuto más digno de ellos y que los hará más felices sobre la Tierra. Pues no pienso que se haya agotado la sorprendente paciencia de Dios, ni que el juicio final vaya a llegar mañana".
En sus últimos años recibió dos grandes distinciones: en 1963 le fue otorgado el Gran Premio de Letras de Francia, y en diciembre de 1965 el Papa S.S. Paulo VI lo llamó a Roma para que, en representación de los intelectuales del mundo cristiano, recibiera públicamente en la Plaza de San Pedro las actas del Concilio Vaticano II.
No obstante su humildad, de la cual siempre dio pruebas, pudo sentir cierto orgullo al advertir que los Padres de ese Concilio aprobaban muchas de las ideas expresadas en sus libros. El Decreto Conciliar acerca de lo libertad religioso constituye, especialmente, un triunfo de aquellas ideas maritainianas que habían sido acusadas de ser heréticas.
"El tiempo valorizará, seguramente, la influencia que el pensamiento de Maritain ha tenido en el cambio (el aggiornamento de la evangelización efectuado por el Concilio Vaticano II) llamado a tener proyecciones de incalculable magnitud en una Nueva Cristiandad". (Artículo citado de La Nación).
Acerca de su vida contemplativa, intensificada durante sus últimos años de soledad y retiro en Talosa, Maritain nos da algunas noticias en su libro 'El campesino del Garona'. En ese libro, no obstante que él poco hablaba de sí mismo en sus obras y conferencias, escribió:
"Quiero mencionar, entre los inmerecidos dones que he recibido de Dios, al más grande: haber compartido durante cerca de cincuenta y cinco años, desde nuestro bautismo, la vida de dos seres benditos, Raissa y su hermano Vera, quienes, en el seno mismo de las tribulaciones de una existencia muy agitada, fueron, sin desfallecer un instante, fieles a la oración contemplativa, y estuvieron entregadas totalmente a la unión de amor con Jesucristo, el amor de su Cruz y a la obra que invisiblemente Él prosigue en medio de los hombres. Ellas me enseñaron lo que es la contemplación en el mundo. Yo era un rezagado, un obrero del intelecto, expuesto por eso mismo a creer que vivía realmente ciertas cosas porque mi cabeza las comprendía un poco y porque mi filosofía disertaba sobre ellas. Pero fui enseñado, y bien enseñado, por la experiencia, los dolores y las luces de esas dos almas fieles. Es lo que me anima a tratar de rendirles homenaje al hablar aquí de cosas que me sobrepasan, aunque sabiendo que el haber sido enseñado por su ejemplo no hace más fácil el traducir en ideas y palabras lo que así he aprendido". (p. 258).
Pero si durante sus últimos años, Maritain, siguiendo esos y otros ejemplos, buscó y encontró la unión de amor a Dios que es la contemplación - como él escribió (ibídem) -, no por eso se desentendió de los problemas y dificultades de su tiempo. Él había propiciado un cambio en la forma de actuar de los cristianos. Sin embargo, no vaciló en condenar las exageraciones renovadas de ese llamado progresismo que desvirtuaba por completo el aggiornamento establecido por el Concilio Vaticano II en sus constituciones y decretos, y en sus dos últimos libros rechazó expresamente tanto el falso reformismo postconciliar como el cristianismo desacralizado de los progresistas llamados en la Argentina "tercermundistas", sin dejar, por ello, de vituperar el modo erróneo con que era considerada la tradición por los "integristas" que se oponían a todo cambio (ver especialmente las paginas 205, 215 y 216 de 'El campesino del Garona'). A pesar de lo resuelto por el Concilio, el ideal de una Nueva Cristiandad quedaba relegado por nuestro mundo paro un lejano futuro, como Maritain lo habla previsto; y él murió el 28 de abril de 1973 sin verlo concretado en su época, pero sin renegar de ese ideal y sin perder lo esperanza de que un día fuese realidad.
Todo cuanto acabamos de narrar acerca de la vida y la obra de este gran filósofo cristiano, sumando los comentarios que a su respecto se hicieron cuando el murió, demuestran palpablemente que debe ser considerado como el apóstol laico más grande del siglo XX.
Buenos Aires, Noviembre de 1982