Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

viernes, 20 de julio de 2012

Lo que leí para formar la estructura sobre la que sostengo mi pensamiento: el filósofo Jacques Maritain (I)



      «¿Qué soy yo? me pregunto. ¿Un maestro? No lo creo; enseño por necesidad. ¿Un escritor? Tal vez. ¿Un filósofo? Espero que sí. Pero también una especie de romántico de la justicia, pronto a imaginar, en cada combate en que participo, que la justicia y la verdad tendrán su día entre los hombres. Y, tal vez, también algo así como un buscador de vertientes, que pega su oído a la tierra para escuchar el sonido escondido de las aguas y de sus germinaciones invisibles.» (J. Maritain) 



 "El humanismo nuevo  — el humanismo integral — implica transformaciones profundas que requieren, por una parte, que sean respetadas las exigencias esenciales de la naturaleza humana — aquellaimagen de Dios —, y aquella primacía de los valores trascendentales que justamente permiten y preparan una renovación; y por otra parte, que se comprenda que un cambio semejante no es obra del hombre solo, sino de Dios, primero, y del hombre con Él; y que no es efecto de medios extrínsecos y mecánicos, sino de principios vitales e internos: tal es la enseñanza del cristianismo de siempre." (J. Maritain)


"En cuanto al pensamiento de Maritain, ¿qué podemos decir? No es su menor mérito el haber vuelto a crear en el siglo XX un clima espiritual comparable al siglo XIII, en el que cada uno decía la verdad de una manera tal que en el acto cesaba de pertenecerle.
      "Somos, en verdad, deudores de Maritain, de idéntica manera que él mismo lo es respecto de Santo Tomás, nuestro común maestro, … por haber roto los muros de nuestra soledad, por habernos inspirado el coraje de pensar que en ninguna época la verdad debe dejar de ser dicha, y habernos probado, por el ejemplo, que juzgar lo que pasa a la luz de lo que no pasa, lejos de levantarnos contra nuestro tiempo, es la sola vía que nos conduce a lo que en éste merece ser amado.

      A no dudarlo, la concepción humanista de Maritain constituye uno de sus mayores aportes a la cultura contemporánea, no solamente por su valor intelectual, sino, especialmente, porque, en contraste con otras visiones humanistas derivadas de concepciones filosóficas e ideológicas presentes en nuestro tiempo, representa una clara opción para dirigir la acción de los cristianos hacia un ideal histórico de unanueva cristiandad.
      Obviamente, como no puede existir un humanismo sin referencia al ser humano, cada una de esas visiones filosóficas o ideológicas concibe al ser humano conforme a principios filosóficos propios, generalmente opuestos a los de las otras visiones.
      El humanismo maritainiano no hace excepción a esta regla: declara con absoluta claridad que su concepción de la persona humana está fundada en la confluencia de la visión cristiana con los principios filosóficos del realismo tomista; en otros términos, se trata de una concepción personalista fundada en la armonía de la fe y la razón. De modo que, cuando se habla del humanismo de Maritain se implica, necesaria e ineludiblemente, su filosofía tomista y su personalismo cristiano.
* * *
      La raíz tomista del humanismo de Maritain está referida a dos puntos principales: uno metafísico y otro epistemológico.
      a) Desde el punto de vista metafísico, esto es, del grado de abstracción filosófica más elevado, el Tomismo completa el entendimiento de la esencia o naturaleza humana, descendiendo directamente a la existencia misma de cada ser humano, esto es, sin detenerse, como ocurre con la generalidad de las filosofías modernas, en “los inteligibles contemplados en el cielo de la abstracción y desprendidos de la existencia efectiva”.
      “En efecto, lo humano está escondido en la existencia… El hombre está en el corazón de la existencia, es allí donde vienen a herirlo todas las flechas del bien y del mal, y donde la acción, la incomprensible acción del primer Ser y de los seres, lo toca y lo sostiene, o lo hiere, y donde él mismo prosigue en el tiempo su tenaz esfuerzo de criatura extraída de la nada y hecha para la felicidad.” [1]
      De esta visión tomista existencial del hombre, Maritain deriva su visión personalista, que constituye el corazón de su humanismo.
      “El personalismo que aquí nos interesa es el que se funda en la doctrina de Santo Tomás. Y precisamente para distinguir y separar desde el principio una filosofía social que se edifica sobre la dignidad de la persona humana, de cualquier otra filosofía social fundada en la primacía del individuo o del bien privado, es la razón por la que ese personalismo insiste tanto en la distinción metafísica entre individualidad y personalidad.” [2]
      b) Desde el punto de vista epistemológico, es decir, de la filosofía del conocimiento, el personalismo de Maritain no se encierra en la mera abstracción filosófica, sino que debe ser entendido en el contexto amplio de todos los niveles del conocimiento humano, tema que Maritain aborda en el libro que considera el más importante de todos los suyos: ‘Distinguir para unir o los grados del saber’ (1932).
      Conforme a esta visión, todos los grados del saber humano – desde el más modesto al más elevado, desde el más concreto al más abstracto, desde el más activo al más contemplativo – no pueden mirarse como una serie de compartimentos separados e independientes unos de otros, ni menos como unidades susceptibles de ser subyugadas por otro saber dominante, sino como una estructura orgánicamente jerarquizada, en la que cada saber tiene su razón de ser, su legitimidad y su presencia necesaria en la inteligencia humana.
      Esto, que es propio del universalismo tomista, implica, por una parte, que el conocimiento del ser humano se extiende a toda su complejidad, sea ontológica, fisiológica, sicológica, antropológica, sociológica, etc., en consideración a los aportes de las diversas ciencias que lo estudian, lo que, por cierto, requiere su integración en una visión unitaria, función que, según Maritain, corresponde a la filosofía.
      "Toda ciencia es de por sí autónoma, en el sentido que posee los medios necesarios y suficientes para asegurar la verdad en su terreno, sin que nadie pueda negarle las verdades así establecidas.      "Es verdad que la filosofía, si bien es distinta de las ciencias particulares, no está separada ni aislada de ellas. Tiene, por el contrario, el deber de ejercer su oficio de ciencia superior, proyectando constantemente su luz sobre los descubrimientos, las teorías, la actividad incesante y el movimiento de las ciencias. Una de las primeras condiciones de su vida y de su progreso en el mundo, es su contacto íntimo con las disciplinas inferiores interpretando y fecundando sus datos." [3]
      Por otra parte, este universalismo tomista también importa una concepción 'abierta' del personalismo, esto es, entendido como una de las características esenciales de toda sociedad de hombres libres – según definición de Maritain: personalistacomunitariapluralista y cristiana –, es decir, como parte integral de una auténtica democracia.
      “No olvido que quienes sean extraños a la filosofía cristiana, pueden tener un sentido profundo y auténtico de la persona humana y de su dignidad e, incluso a veces, mostrar con su conducta un sentido práctico de esa dignidad, que muy pocos podrían igualar. Pero la descripción de la persona que he esquematizado aquí es, pienso, la única que, aunque no tengan conciencia ellos mismos, da a su comportamiento práctico una justificación racional completa.       "Por otra parte, esta descripción no es monopolio de la filosofía cristiana, aunque la filosofía cristiana la lleve a un punto de realización superior, sino que es común a todas las filosofías que, de una manera u otra, reconocen la existencia de un Absoluto superior al orden entero del universo y el valor supra-temporal del alma humana.” [4]
      Se trata, pues, de un personalismo de esencia democrática, respetuoso de las diferencias intelectuales de todos los demócratas de verdad y, por ello, ajeno a todo afán de dominio o apropiación del ideal personalista.
• • •
      En cuanto a su desarrollo histórico, el humanismo de Maritain no es una creación surgida en un momento de inspiración, presionado por la contingencia, sino el fruto de un largo proceso, cuyo punto de partida se encuentra – al inicio de su carrera filosófica, cuando el centro de su atención estaba en la metafísica – en su artículo ‘Lutero o el advenimiento del yo’, publicado en enero de 1923 en la Revue Universelle. Allí presentó por primera vez las bases de su concepción personalista, en contraposición directa al individualismo moderno [5], fundada en la distinción metafísica entre 'individualidad' y'personalidad', visión que mantendría sin altraciones hasta la última presentación del tema en su libro 'La Persona y el Bien Común' de 1947. Dicho artículo fue incorporado en 1925, junto a otros dos relativos a Descartes y Rousseau, al libro ‘Tres Reformadores’, que constituye su primera crítica de sentido histórico a la concepción humanista antropocéntrica contemporánea.
      De allí en adelante, Maritain continuó el desarrollo de su visión histórica del humanismo, la que ciertamente alcanzó su cumbre en 1936 con ‘Humanismo Integral’, pero que, además, complementó con varios escritos posteriores.
      Las lecturas aquí incluidas procuran ofrecer una muestra de dicho itinerario intelectual como contribución al conocimiento directo del pensamiento de Maritain, tan necesario en el presente, tanto para compensar la escasez de sus libros en las librerías, como para apreciar la fidelidad y objetividad de las interpretaciones de que es objeto. Ellas son:
1. El Individuo y la Persona. (‘Lutero o el advenimiento del yo’. 1923)
2. La religión católica y la cultura. (‘Religión y cultura’. 1930)

3. Sobre el humanismo. (‘Del régimen temporal y de la libertad’. 1933)
4. La tragedia del humanismo. (Problemas espirituales y temporales de una nueva cristiandad’. 1934)
5. Heroísmo y Humanismo. (Introducción a ‘Humanismo Integral’. 1936)
6. La crisis del humanismo moderno. (‘El crepúsculo de la civilización’. 1939)
7. Humanismo cristiano. (Fortune Magazine, EE.UU., 1942)
8. El humanismo de Santo Tomás. (Conferencia dictada ante la Medieval Academy of America. 1941)
9. La sociedad de las personas humanas. (‘Los derechos del hombre y la Ley Natural’. 1942)
NOTAS
1. J. Maritain. 'El humanismo de Santo Tomás de Aquino'.
2. J. Maritain. 'La Persona y el Bien Común'. 1947.
3. J. Maritain. 'Introducción a la Filosofía'. 1920.
4. J. Maritain. 'Los derechos del hombre y la Ley Natural'.
5. Algunos discípulos de Emmanuel Mounier afirman que él sería el originador, a comienzo de la década de los 30s, del personalismo cristiano, omitiendo a menudo mencionar que hay constancia de que – luego de graduarse en la Universidad de Grenoble, donde inició sus estudios de filosofía entre 1924 y 1927 – Mounier comenzó a frecuentar, en 1928, los Centros de Estudios Tomistas que funcionaban en la casa de los Maritain en Meudon, donde estuvo expuesto al conocimiento e influencia de su pensamiento. En todo caso, y sin restar nada a su propia originalidad y creatividad en el tema, lo único que interesa dejar en claro aquí es que, cuando Maritain introdujo públicamente la primera presentación de su concepción personalista cristiana en 1923, Mounier tenía 17 años y se aprontaba a estudiar medicina.