Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 25 de abril de 2011

La portada de mi libro Hoy es mañana: La casa de José Rafael Pocaterra y su por qué



Yo también escribí mi libro por sugerencias del
Prof. José Manuel Briceño Guerrero y publico el
prólogo para que se entienda la razón. Ya el Mobbing
laboral entre la Secretaria de Cultura de los Salas y los
funcionarios que vinieron de Caracas para suprimir a
FUNDAPATRIA me habían echado mi
vaina somatomorfa, tuyía de bola en las piernas
asi que la foto que es la portada
y que hizo mi nieto Alejandro Mata, instruido por su
tio Roberto Mata sobre la Casa de Pocaterra, intenta
demostrar la gracia maravillosa que para mi es Valencia
y el cuidado de su patrimonio.

La casa natal de José Rafael Pocaterra en Valencia cuyas ruinas son la portada del libro “Hoy es mañana” de Josefina Weidner…

http://www.elmurotelamenta.com/wp-content/themes/wall/images/timeicon.gifAbril 21, 2008 por http://www.elmurotelamenta.com/wp-content/themes/wall/images/author.gifJosefina


José Rafael Pocaterra Mac Pherson

Cuando decidí escribir mi autobiografía que transcurre 33 años en Valencia, lo planteado exigía una foto de portada simbólicamente importante, por eso escogí la casa de José Rafael Pocaterra, a través de un fotografía realizada por mi nieto Alejandro Mata como tarea del taller de fotografía de su tío Roberto Mata.
Dado que muy jovencita conocí a Martha su esposa canadiense en la Biblioteca Nacional y que el tema de la historia de los años gomecistas que me ha apasionado más ha sido la del Falke, llevada a historia fabulada MAGISTRALMENTE por Federico Vegas en la novela del mismo nombre, decidí manejar desde el comienzo la clave que permitiera al lector desde un comienzo ir tejiendo la trama de mi vida, con meditación incluída sobre la foto de las ruinas de la casa del considerado por los valencianos su más grande escritor, del que paradójicamente se enarbola el Canto a Valencia, discurso dictado ya enfermo grave, en el Concejo Municipal de la ciudad en el Cuatricentenario de 1955: El desarrollo de la casa de Pocaterra permite observar la gran paradoja valenciana: ama a su personaje, incluso en los 450 años de valencia en el 2005, se habló de un concurso para celebrar el famoso discurso dado muriéndose, y no faltó un escribidor que no dijera algo sobre él, pero abandonaron su casa todas las entidades públicas y privadas encargadas del mantenimiento del centro histórico de la ciudad, la dejaron arruinarse lentamente, aunque está ubicada en una zona super céntrica y transitada, la Av. Anzoátegui c/c la famosa CALLE COLOMBIA antiguo CAMINO REAL, LA TRAICION DE JUDAS del Obispo de Venezuela Diez Madroñero,diagonal al Colegio Don Bosco y a escasos metros de la Prefectura de la parroquia El Socorro, cerca también de la Catedral, la plaza Sucre, el Teatro Municipal y la antigua sede de la Universidad de Carabobo.
Para quienes no conocen a José Rafael Pocaterra copio una breve biografía para luego transcribir el artículo titulado “La casa donde nació Pocaterra” escrito por José Rodríguez U. en el Suplemento especial Plus Ultra que con motivo del Cuatricentenario de Valencia publicó El Diario “El Carabobeño” 1555-1955. De esa forma honro en momentos en que sale a la venta mi libro en la red librerías Tecni Ciencia a quien cuya casa en ruinas sirve de portada al mismo y desde que leí la “Casa de los Abila” siendo yo adolescente me produce un gran respeto…sin imaginar que en el 2007 nuestras vidas se iban a cruzar de esa forma.
In memoriam de José Rafael Pocaterra. (Valencia, 1888 - Montreal, 1955) Novelista, ensayista y poeta venezolano, considerado uno de los maestros del cuento venezolano del siglo XX. En 1907 fue encarcelado por su colaboración en el periódico opositor Caín. A su salida de la cárcel aceptó varios cargos públicos y comenzó a publicar sus primeras obras: las novelas El doctor Bebé (1910), en la que satirizó la figura de Samuel Eugenio Niño, un personaje: Gobernador del Estado Carabobo muy vinculado al gobierno de Castro, y Vidas oscuras (1912). Participa en la invasión del FALKE de cuya actuación se han tejido miles de leyendas y dudas sobre su constancia a la causa, ya que zarpó y echó las armas al mar en el momento no indicado.

Trasladado a Maracaibo en 1914, llegó a ejercer la Presidencia de la Cámara de Diputados de la Asamblea Legislativa del Estado Zulia, fundó la revista Caracteres y publicó su tercera novela, Tierra del sol amada (1917). De regreso a Caracas e involucrado en una conspiración contra Juan Vicente Gómez, fue encarcelado en la temible cárcel La Rotunda de 1919 a 1922.

Allí escribió una de sus dos obras fundamentales: Memorias de un venezolano de la decadencia (1927), la mejor crónica escrita en su país sobre los sucesos trágicos del caudillismo de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. También en la cárcel escribió la novela La casa de los Ábila (1946), y varios de los relatos que integran su otra obra maestra: los Cuentos grotescos. Algunos de éstos han logrado la condición de emblemáticos de aspectos y circunstancias de la vida de los venezolanos. Así, “Panchito Mandefuá” resume los rasgos del niño de la calle.

“Al Oeste de Valencia en un sitio donde limitan los barrios de “Flor de mayo” y “La Pastora”, exactamente en el cruce de las calles Colombia y Anzoátegui, está sembrada una casa como tantas otras. Una fachada medianamente extensa con tres grandes ventanales que dan a la calle Colombia. Al dar la vuelta por la Avenida Anzoátegui -acera derecha yendo hacia el Norte- nos encontramos con 4 ventanas iguales a las del frente y, al fondo de la casa, un pequeño alto con una ventanilla propia para mirar hacia El Calvario y dar entrada al aire de los caminos. Si se penetra en su interior se encuentra un patio amplio, abierto entre pilares, habitaciones grandes, buenas para aulas (funcionó hasta no hace mucho un Liceo Carlos Piar) y a la derecha una escalerilla que conduce hacia un reducido segundo piso que ocupa casi el fondo de la casa. Sin embargo, al otro lado hay más espacio en el que se enclavan un corredor y habitaciones más pequeñas. Como decíamos, es una casa como tantas otras que ofrece la ciudad cuatricentenaria a la mirada de viajeros y propios.
En esa casa, en ese altillo antes descrito, en un espacio casi mínimo en comparación con las demás partes que la integran, nació un hombre, que más tarde, habría de llenarla con su sola presencia y su solo recuerdo.
Alli nació José Rafael Pocaterra, el valenciano de siempre, el escritor de hablar claro y tajante, el hombre discutido que supo pintar en sus obras la corrupción de un tiempo y la pobreza moral de los hombres que la poblaron.
En ese piso mínimo, el 18 de diciembre de 1889 (finales de la época de Oro de Valencia para algunos historiadores) nació Pocaterra para bien de la literatura venezolana y de su Valencia que. al cumplir 400 años, habría de escuchar su voz regándole los surcos, lavando sus heridas, dando esperanza a todos y enseñando que es cierta la lección de mañana.
Se habla frecuentemente de que para nada interesan la fecha de nacimiento ni la infancia de un hombre ilustre. Por lo menos para encuadre deben deben servir los datos, replicamos. Sobre todo cuando, como en la hora actual, muchas cosas quedan por investigarse y es recién cuando uno empieza a detenerse sobre la vida de un hombre. La infancia es importante para atajar las proyecciones. En muchos hechos que ella contiene puede encontrarse la definición de una conducta. Y ésto no es sicoanálisis SINO VERDAD APRENDIDA Y ENSEÑADA POR GRANDES HOMBRES A QUIENES EL TIEMPO NO HA PODIDO LIMAR LAS PALABRAS.
PERO UNA COSA SON LOS HECHOS Y OTRA LOS LUGARES. Describir un lugar sin ligarlo a la vida que en él se ha desenvuelto si que es cosa inútil. Algo asi como quemar ceniza.
Por eso la descripción de esta casa en la que nació y vivió Pocaterra nada puede decirnos si no la ligamos al personaje y a su infancia; al personaje y a los hechos y circunstancias en los que fue formándose su manera de ser
A los 3 meses de nacido murió su padre y la carga de mantener a los 3 hermanos: Jaime, María de Lourdes y José Rafael, quedó sobre la madre. Con negocios caseros sostuvo a la familia, la señora Mac Pherson de Pocaterra. Con la leche que vendía al colegio Don Bosco pagó la educación de José Rafael hasta que éste tuvo 11 años. Desde entonces Pocaterra no tuvo más aulas. Es un lugar común, pero su única enseñanza la obtuvo directamente de su hermandad con la vida. A los 11 años coemzó a trabajar y ganó sueldos que no pasaron de de las dos decenas de bolívares, con los que ayudaba en la casa.
Muy pronto aparecerán las inclinaciones de Pocaterra hacia las mejores formas de la vida. Su afición a la lectura es algo tan evidente que, cuando su escacez de recursos le impide adquirir libros, propone a su hermana que le preste los que ella lee a cambio de medio real que él le pagará. De otra parte, el teatro le atrae de modo especialy como carece de medios para transponer las puertas del Municipal, las ventanas y las escaleras laterales le sirven de asidero subrepticio para lograr sus fines. Una vez rompió el vidrio de una ventana para ver un estreno. Los empresarios lo conocían por su afición a “colearse” y hasta un mote le colocaron debido a ello. El escándalo de la madre le hizo desistir de sus propósitos cuando uno de sus amigos ocasionales ligados al teatro le propuso agregarse a su compañía y salir a recorrer los caminos del mundo.

Más tarde la familia se fue a Maracaibo y alli sucedió todo lo que él nos ha contado. Lo que si no dijo nunca fue que los 120 bolívares que comenzara ganando constituían el único ingreso para su familia. de vuelta a valencia y en su ciudad había de iniciar su historia de periodista combatiente que desembocaría en la del escritor sin hipocresías y sin tapujos que haría arder la piel de los que la tenían llagada por la ignominia incubada hasta en los huesos.
En este punto nuestro relato debe detenerse. Nos estamos alejando de la casa y puede sucedernos lo que a Hans y Gretel. No obstante ya dijimos que el lugar sin el hombre, sin sus actos, sin su huella, poca o ninguna utilidad puede proporcionarnos.
El hombre más tarde fue la amargura, el dolor desgarrado que hurgaba en el mal para sacarlo a flote. Cuando la vida ha dañado al hombre como dañó a Pocaterra apenas adolescente, dos caminos quedan: el de la amargura combatiente o el de la fe redoblada. Pocaterra escogió el primero y de alli sus obras descarnadas, rudas, crueles con quienes se merecían todo el mal.
Jamás podríamos recomendar a la juventud el camino escogido por Pocaterra. Quizás sea el tiempo. Quizás las mismas ideas influyan en quienes hoy tratamos de escribir para la gente de la calle. La vida nos ha enseñado cosas nuevas en las cuales se afirma su hermosura. Por eso junto al daño la vida surge de nuevo y frente al labio roto la alegría universal es una misma.No diremos que debe ocultarse el lado duro del mundo, su porción de sombras, de luto espiritual, pero si decimos que la sola descripción de ello a nada conduce. La literatura debe servir a la esperanza, porque ésta, gracias a unos cuantos hombres, no es ya un símbolo ni un matiz verde, sino una verdad científicamente comprobada a cuyo encuentro nuestros pasos deben dirigirse.
Algo de ésto comenzó a comprender nuestro gran Pocaterra. No a comprender en el sentido de que él lo supiera, porque en nuestras conversaciones del 48 hablamos de ello y él lo sabía y lo entendía. Sino en el sentido de que se dispusiera a decirlo a las gentes, a botar a la calle lo que era una verdad interiormente reconocida.. Su Canto final del año 400, su hermoso poema de rudos giros y lenguaje clarísimo, ya hablaba en forma distinta: pintaba las cosas, las estereotipaba, pero a su lado dejaba entrever la imagen de la esperanza tendida a lo largo del camino del hombre. Por eso es algo tan terriblemente significativo este poema, en él se delinea el escritor definitivo, ligado a su tierra, - en grande y en pequeño - y a su tiempo en el que ya no cuesta tanto trabajo cantar.
He aquí como todo se entiende y se conecta. Observando una casa hemos podido recordar al hombre que en ella nació (¿Que queda entonces ahora de él, que piensa su ciudad cuando ella está en ruinas y asi queda sin que nadie haga nada?) y que más tarde, desprendiéndose de ella tuvo una vida propia, más perdurable que la simple piedra indistrializada con que a la primera se le edificó.
La casa de Pocaterra, - es agradable llamarla asi -, tiene vocación de buen rumbo. Ella fue la escuela que él no tuvo y después ha sido escuela verdadera para muchos niños. Antes la ocupaba la Escuela Federal “Arturo Michelena” en la que vivimos nuestra infancia. Hoy se encuentra en ella un Colegio particular “Nuestra Señora de Fátima”. Creo que Howard fast quien ha hablado más certeramente de cómo las cosas se reducen a medida que vamos creciendo. La imaginación del niño las ve inmensas, prodigiosamente extendidos por el mundo. El hombre las recoge y las vuelve a su medida.
Cuando estudiábamos en la Escuela Michelena veíamos esa casa inmensamente grande, casi como un castillo de cuentos. Más tarde la volvimos a su medida cierta pero sin que por ella perdiera su grandeza. Es claro. Mi nieto la vió comno un “no lugar” en su tarea, pero alli nació un hombre a quien admiramos, en la doble vigencia temporal del verbo. Y en el tiempo que la destruye pero que no sucumbe a pesar de la desidia de una ciudad que dice amarlo, por la presencia del alma del hombre, ese que hablaba claro con palabras secas, como para que se le entendiera de una vez. Quizás pudo parecernos duro en mucho de su vida…y ese precio lo paga el olvido de su casa…en lo profundo no se perdona a un hombre que habla con palabras secas para ser entendido. Nos habló demasiado de lo roto y de lo sucio. Pero en él vivía un inmenso amor por el mundo. Y cuando volvió los pasos - a recogerlos dirían los viejos y Gallegos en “Doña Bárbara” - hasta su ciudad anciana , nos enseñó lo cierto: que el mundo es duro, fuerte, que rompe las manos y las quema, pero que por sobre las llamas y el olvido que convierte lo vital y el recuerdo en ruinas e ingratitud y el dolor, se eleva la esperanza. y que ésta no es halago de siempre sino labor de combatientes. Que la esperanza es verdad afilada y no mentira piadosa y alegre para dormir a los hombres como si fueran niños…Porque un adolescente 50 años después fotografía esa casa como un “no lugar” y coloca de título: Las ruinas de la casa del gran escritor valenciano José rafael Pocaterra Mac Pherson…

Hoy es Mañana


Fueron dos días muy especiales y justamente en Catedral, Roberto Lovera De Sola me esperaba con los dos primeros ejemplares de mi libro “HOY ES MAÑANA” que esta semana entregará la Imprenta de Manuel García y que bautizaremos en la Fundación Francisco Herrera Luque por insistencia de mis amigos con mi familia, bajo el cielo caraqueño y la protección de Dios, y el querido cerro El Avila.
El libro es una autobiografía hecha por insinuación del maestro José Manuel Briceño Guerrero quien consideró que debía ordenar mi historia más que por ego literario, por trabajo espiritual de encuentro conmigo misma. Gracias a Dios lo hice pues trámite ese largo y doloroso hurgar en mis entrañas y vísceras SIN INTENCION DE ESCRITORA PARA HACERME FAMOSA he podido enfrentar lo que más adelante me sobrevino: la Fibromialgia con 100% de posibilidades de sanación gracias a ese tronco del cual he podido aferrarme dentro de mi, cuya semilla fue este libro.
La fotografía de portada es la casa donde nació José Rafael Pocaterra en Valencia hecha por mi nieto Alejandro Mata Fierro mientras realizaba una tarea como estudiante del taller de su tío Roberto Mata.
El título nace de una frase que dijo otro de mis nietos: José Roberto Guédes Fierro cuando al fin se presentó una obra de teatro infantil como actividad de EGREAMIGOS de la UC, a la que su mamá lo había invitado hacia tiempo, y siempre que el niño preguntaba le decían que era para “mañana”…Al fin el domingo esperado llegó, por lo que al repetirle a su mamá la pregunta diaria,y ésta contestarle que la obra era “hoy”…El niño de 5 años entre brincos gritó de emoción: “¡ O sea mami, HOY ES MAÑANA!”.
Mis otros dos nietos: Carlos Alberto Grimaldi Fierro de 2 años si está pero la sorpresiva niña que será la primera nieta de ambas familias todavía se forma plácida en el útero materno, por eso lamento no aparece mencionada en la presentación del libro…Ni soñábamos con ella en ese entonces…
El libro fue corregido por Roberto Lovera De Sola quien escribió además el hermoso PROLOGO que tanto le agradezco:
ANOTADO AL MARGEN DE “HOY ES MAÑANA”
por:R.J.LOVERA DE-SOLA
Comienzo, Fina querida, por dejar constancia de una serie de puntos generales que fui apuntando a medida que leía tu libro, varias de esas cosas ya las hemos conversado a través de nuestros nutridos e-mails(ese nuevo género literario) y sobra repetir que leer tus páginas fue para mi como mirarme en un espejo porque en tu libro está la historia de nuestra generación, de los que cumplimos veinte años en 1966, y nuestro mundo de humanistas cristianos para quienes las búsquedas espirituales e interiores, a través de diversos caminos, han sido parte central en nuestras vidas lo mismo que la huida continua de toda frivolidad para lo cual siempre hemos tenido valor, cosa que decía haber vivido casi toda su vida nuestro gran Ramón Díaz Sánchez(1903-1968):“¡gran universidad esta de la vida¡ El aprendiz de escritor se forjó al fin un programa. El mío fue sencillo y sincero seguir amando lo creado en su doble valoración espiritual y biológica: detestar la demagogia sin disimulos ni ocultaciones: preferir la soledad a la compañía de los falsos apóstoles, de los payasos de circo y de los bellacos que fingen rendir culto al espíritu para dar satisfacción a sus vientres. En una palabra: conservar el valor de ser antipático”(Presentación de sus Obras selectas. Caracas: Edime, 1967,p.10). Nosotros hemos huido de las máscaras, de los disfraces, de los carnavales de todos los días.
Lo que fui escribiendo mientras leía, sobrecogido, tu escrito, a veces llorando, al contemplar el hondo testimonio de tu vida en Hoy es mañana es lo que está aquí.
Lo que concluí fue primero que tu libro es la historia de tu vida, contada como se hace una autobiografía viajando hacia lo más doloroso de ti misma. Por cierto escribir memorias a pocos escritores venezolanos ha tentado, aunque hay obras singulares entre nosotros: el Diario de Francisco de Miranda, varios tomos del Diario de Rufino Blanco Fombona, las Memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra, Regreso de tres mundos de Mariano Picón Salas y dos que siempre añadiríamos Escrito de memoria de Laureano Vallenilla Planchart y La cola del huracán de Víctor Manuel Rivas, está última ha sido estudiada como una novela pero es un memorial de lo vivido, recuerdos que nos permiten ver nuestra historia contemporánea con ojos distintos a la de los historiadores cercanos al poder, a los dos grandes partidos democráticos. En cambio Rivas nos da el sesgo de la mirada que sobre nuestra contemporaneidad registraron aquellos que como Rivas acompañaron a López Contreras y Medina Angarita en su modo constructivo de gobernar, quienes desde el 18 de octubre de 1945 abandonaron el servicio público y volvieron a él, como el autor de La cola del huracán, llamados por Carlos Delgado Chalbaud. Aquí anotaríamos también, para cerrar el párrafo, páginas autobiográficas de Argenis Rodríguez, los testimonios personales de Angela Zago sobre la guerrilla de los sesenta al menos en Aquí no ha pasado nada y Sobreviví a mi madre y los tres tomos, muy recientes, de las memorias de Guillermo Morón: A la intemperie(1998), Patiquines, pavorreales y notables(2002) y Memorial de agravios(2005).
Siempre queda la pregunta del por qué los escritores venezolanos no utilizan el género confesional: en verdad lo que se puede concluir es que siempre prefieren disfrazar, esconder, poner tras bambalinas, la verdad de lo vivido, colocar todo tras las huellas de la ficción, por medio de lo novelesco, en novelas, cuentos u obras dramáticas, poner así y allí sus recuerdos, vivencias y memorias, crear lo que nuestro Mario Briceño Iragorry(1897-1958) llamó “títeres de mi invención”,”fantoches libremente imaginados” o, como más adelante anota: ”Lejos de pintar intencionalmente figuras personales he labrado espejos de fino alinde, donde algunos individuos, al contemplar su estructura interior, podrán ver reproducidos rasgos personales, sin que terceros adviertan, de su propio juicio, detalles que los individualice en el campo social”(Los Riberas,ed. 1957,p.7). Ahora, claro está, los contemporáneos de esos creadores, escritores que parecen encerar en sus libros sus vivencias, son claramente advertidos por sus coetáneos porque muchas de esas vividuras son colectivamente conocidas, hasta ellas llega el oficio del lector. Y más tarde son también vistas, en toda su significación, por los estudiosos del pasado, por los historiadores literarios, y por aquellos que hacen el inventario de lo confiado en la página en blanco a través de la palabra escrita.
En cambio en Hoy es mañana vas directo a lo sentido en cada momento, el libro es un “testimonio de vida”, una historia de un existir como los anteriores citados, las autobiografías verdaderas, los libros que proceden del contar lo que ha dejado huellas en ti. Y a través de Hoy es mañana, pese a los pesares y angustias a que te llevó el vivir, lograste, gracias a angustiosas búsquedas, encontrar la luz al final de la inmolación, al menos desde que te acercaste a la Abadía de Güigüe que significó tu resurrección después del padecer.
A medida que leía me di cuenta que en Hoy es mañana te expresa como una mujer intensa y veraz, quien dice en sus renglones lo más hondo de sí misma.
Es un libro valiente en el cual no temes decir la verdad, tu verdad, ser fiel a tus principios e ideales, dejar claro tu deseo de perfeccionarte cada día a través de diversos interrogantes y de las respuestas que pudiste hallar. Claro está que tuviste tu guía en el laberinto y que este te vino del amor. Pero sobre todo la obra es la historia de una buscadora, de alguien quien no se detuvo en su camino, andando de un lado para el otro hasta encontrar, después de mucho peregrinar, las verdades que te llenan.
Ese ser: tu, gran indagadora, una mujer que no tiene miedo, se impuso tareas apasionadas y laboriosas como las que se propone aquel que lee cotidianamente no sólo para saber más, para aprender otras cosas, para repasar buenos libros, para gozar con el bello estilo de algunos escritores o con los planteamientos de otros. Aquí también esa labor, emprendida cada jornada, es para llegar al corazón de uno mismo, para crecer, para seguirse educando, para que los libros nos muestren otras vías hacia nuestro interior y para bien de aquellos que amamos y están cerca de nosotros.
Todo en Hoy es mañana es muy vivaz, muy sutil, muy perpicaz. Y, claro, muy pensado, muy reflexionado, muy macerado interiormente.
Este es el testimonio de una escritora que siente, que palpita, tanto que toca y roza las entrañas, siempre llenas de sangre. Marca también el corazón, nos muestra como debe ser la verdadera literatura: que nos hace gozar con su lectura, que nos muestre ciertos universos, pero que nos lleve a hacernos preguntas y a llegar hasta la verdad.
Pero es también “sombrío”, no porque no se puede ver nada sino porque la “nocturnidad” es condición femenina: como el útero. Es “el continente oscuro” que dice Ana Teresa Torres. Pero esa noche es también psicológica y lunar. Y hay quien piensa, porque todos somos masculino y femenino, que es allí en lo nocturno donde reside también la sexualidad y el erotismo del ser humano, su modo de expresión del amor de forma más íntima porque hacer el amor es mirarse en el espejo de otro ser, en la cara y en los gestos, de aquel que estás amando, tu pareja, porque tu confesión es siempre heterosexual. Al acercarse al amado se vuelve, se hace viva, de nuevo la anotación de Sigmund Freud(1856-1939), está en una línea de La interpretación de los sueños(1900), según la cual siempre está presente “el mágico poder del sexo”(ed.2000,t.II,p.105).
Es bienvenida la pasión, es una bienaventuranza que hayas recibido todo el amor que te ha llegado a través de tu compañero y a través de esa maternidad tan fecunda de la cual gozas: hijos y nietos. Y además también tienes cerca el gran don que es la amistad de ciertas personas que has elegido para estar cerca de ti, para hacerle tus confidencias. Los amigos y las amigas nunca usan máscaras, siempre nos escuchan, cada día nos quieren, por eso son pocos: ¡pero que regalo es tenerlos o tenerlas¡.
Pero mientras escribías no sólo has tenido cerca la presencia constante de tu eterno amador sino la guía de un maestro en estas artes de buscarse así mismo como José Manuel Briceño Guerrero, en buena hora fue tu encuentro con él, por allá por las montañas andinas, en esa Mérida entrañable por muchas razones para mi.
Por cierto, hay que decirlo, el título tiene una honda significación en tus palabras y en el mensaje del libro. Para mi quiere decir que todo lo escrito se proyecta hacia el futuro desde el hoy en que fue redactado. Pero a la vez es tu lúcida petición que aquello que deseas que mañana sea un hecho pides también, con urgencia, que sea implantarlo ya, hoy, inmediatamente. Incluso están en tus páginas muy vivas unas líneas del Premio Nóbel(2006), el turco Orhan Pamuk, cuando dice en su novela La casa del silencio,”Lo que más me intriga no es si me leerán o no, sino en qué se convertirán después de haberlo leído” (ed.2006,p.244). Esto pasará con tu libro entre esas personas insospechadas, a veces nunca conocidas, que son los lectores quienes desde algún rincón ignorado lean las hojas de tu libro.
Y considero que en tu caso muchas de las lecciones de nuestros místicos cristianos, seres centrales en nuestra experiencia religiosa, como Santa Teresa de Jesús(1515-1582), la de Ávila, nacida tras las murallas de aquella ciudad inolvidable para quien la haya pisado, y San Juan de la Cruz(1542-1591), también castellano han sido esenciales para ti. Creo que ambos han sido decisivos en tu meditación, creo que para muchas cosas que cuentas en Hoy es mañana. A San Juan de la Cruz lo nombró Juan Pablo II(1920-2005) “patrón de los poetas de habla castellana”, por ello está más cerca aun de los creyentes pero sentido desde el don de la poesía que escribió. Sobre él este Papa había hecho su tesis doctoral y para leerlo en su propia lengua aprendió castellano. Lo que también hizo Sigmund Freíd para leer a don Quijote, él mismo lo recordó así en una carta(mayo 7,1923).

San Bernardino:
Abril 24,2007