Razón del nombre del blog

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El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

lunes, 4 de abril de 2011

In memoriam de Doña Carmen Teresa Figueredo de Araujo...

A los 65 años de la muerte de un mártir “Monseñor Montes de Oca” Guillermo Mujica Sevilla

Muchos, muchísimos valencianos, circulamos hoy por una avenida larga, que se conoce con el nombre de la avenida Montes de Oca. Muchos también van por diversos motivos, a una gran plaza Montes de Oca, y en el año 1930 se inaugura una estatua en su nombre. La mayoría usamos ese nombre, digamos “mecánicamente” sin detenernos a pensar en el origen del mismo. Los viejos valencianos que aún puedan quedar, recuerdan a monseñor Salvador Montes de Oca, segundo obispo de nuestra Diócesis, en tiempos del Papa Pío XI, en el año de 1927. Tomó posesión de su obispado en mayo de ese mismo año. Entró por el norte de la ciudad, por Camoruco, y el pueblo valenciano lo recibió con una manifestación cariñosa y multitudinaria. También lo acompañó todo el amor de Valencia, en su toma de posesión y en su obispado. Este obispo fue heroico y tormentoso. Vivíamos en plena dictadura del general Gómez, a pesar de que el Presidente de la República (nominal porque seguía mandando el general Gómez), era el doctor Juan Bautista Pérez, 1929, particularmente fue un año tormentoso. Alzamiento en el Cuartel San Carlos de Caracas, invasión de Cumaná, prisión de políticos y estudiantes. Fuerte represión, contra la cual tuvo el valor de protestar nuestro Obispo, al pedir rezar por los presos políticos en la Semana Santa de 1929.

Esto era grave, para el gobierno de la época. Otras manifestaciones de protestas del Obispo siguieron molestando al gobierno. Una de ellas, muy ligada a Valencia, cuando se hizo ver que la muerte de un ciudadano apreciado llamado Joaquín Mariño, en prisión en la Casa Páez, era un suicidio y no debían administrársele los servicios religiosos correspondientes a los fallecidos por esta causa. Monseñor Montes de Oca se los prestó, en un gesto, por una parte, de humanidad. Por la otra, de protesta, como haciendo ver que el gobierno mentía cuando había dicho que era un suicidio y no un asesinato.

Estas cosas y otras, como su insistencia sobre el punto de vista de la Iglesia con respecto al divorcio (ya estábamos en 1929), hizo que el gobierno tomara la decisión de expulsarlo del país. Fue enviado a Trinidad, violentamente. De allí se fue a Europa. Estuvo grave en Florencia y allí lo acompañó quien sería más adelante el quinto Obispo y primer Arzobispo de Valencia, el seminarista (en aquellos días), Luis Eduardo Henríquez.

En 1931 se levantó la orden de expulsión, y regresó a Valencia. El pueblo valenciano lo recibió nuevamente con manifestaciones multitudinarias de aprecio. Volvió a Europa, en visita oficial a Roma. Allí por intrigas, fue despojado de su diócesis. Con humildad, como el simple padre Bernardo, ingresó a la Cartuja de Farneta.

Corrían en Italia los tiempos difíciles de la última época de la Segunda Guerra Mundial. Muchos italianos se oponían a las fuerzas nazis (nacional-socialistas-alemanas). Un grupo de estos opositores llegados un día, buscando refugio, a la Cartuja de Farneta. Los monjes que allí estaban (monseñor Montes de Oca entre ellos), les dieron asilo. Llegaron las tropas de asalto alemanas (las famosas SS), entraron al convento, sacaron a los fugitivos y a los monjes y los fusilaron a todos, estando entre ellos, Monseñor Montes de Oca. Se piensa que esto ocurrió el 6 de septiembre de 1944, y el tiempo ha transcurrido cumpliéndose ya 65 años de tan horrible suceso.

Al conocer esa tenebrosa noticia la mañana del 6 de septiembre de 1944, Valencia tiñó su recuerdo de un luto impresionante y un silencio casi sepulcral. Al Sol de esa mañana le faltaba fuerza para salir con su hermoso esplendor de siempre, convirtiéndose en tenues y delicados rayos casi llorosos que plasmaban su tristeza. A la media mañana, comienzan a aparecer en el Cielo rayos y truenos en son de protesta por lo acaecido, y empieza a caer una ligera y tenue lluvia casi transparente, que permitió que el Arco Iris saliese con su brillo multicolor, a acompañar en su tristeza a todo el pueblo valenciano.

Hoy los valencianos le recordamos en silencio su martirio, su amor al hombre, su amor a Valencia y su digna rebeldía frente a las humanas injusticias.

¡Valencia siempre recordará a su mártir! Monseñor Montes de Oca (El Carabobeño, 30/11/2009).-


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