Razón del nombre del blog

Razón del nombre del blog
El por qué del título de este blog . Según Gregorio Magno, San Benito se encontraba cada año con su hermana Escolástica. Al caer la noche, volvía a su monasterio. Esta vez, su hermana insistió en que se quedara con ella,y él se negó. Ella oró con lágrimas, y Dios la escuchó. Se desató un aguacero tan violento que nadie pudo salir afuera. A regañadientes, Benito se quedó. Asi la mujer fue más poderosa que el varón, ya que, "Dios es amor" (1Juan 4,16),y pudo más porque amó más” (Lucas 7,47).San Benito y Santa Escolástica cenando en el momento que se da el milagro que narra el Papa Gregorio Magno. Fresco en el Monasterio "Santo Speco" en Subiaco" (Italia)

domingo, 3 de abril de 2011

Perdone general Ochoa Antich, pero tan chismosos que son en los cuarteles no creo que no sabía lo de Chávez y participara en esa mentalidad



Caballitos y hermosos paisajes...
Juguemos a ser niños de los pendejos
de antes que fuimos, no de los de ahora.


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10:03 pm 02-04 |
Rostros del reverso

Los culpables ¿Caldera o Pérez?


Hugo Chávez no brotó de la nada sino de la propia historia de Venezuela, representó la culminación de una secuencia de errores y culpas de la elite venezolana. Con razón, Luis Enrique Alcalá afirma que éste es el peor gobierno de la IV República, el más anclado en el pasado, el que resume los vicios de los partidos, el caudillismo, y por fin de los propios venezolanos. Por eso ha costado derrotarlo. Como gobernante Chávez nos enseña, en cambio es un maestro como maniobrero, politiquero, estratega.

La democracia le había prometido al país el ascenso social, no mintió durante un tiempo. Sin embargo, después del Viernes Negro esta promesa se frustró, el país no cesó de empobrecerse. En las primeras décadas creció la clase media, la propiedad horizontal cumplió la promesa de un techo propio que ahora hace Hugo Chávez, una población más educada, con una mayor expectativa de vida, aspiró a otros pasos de avance sin comprender que la economía, un cuerpo enfermo, requería de una profunda cirugía. Es labor de transformación, la emprendió en su segundo período Carlos Andrés Pérez, el hombre de la Gran Venezuela, famoso por sus medidas populistas como el pago obligatorio de las prestaciones dobles, los ascensoristas, el perdón de la deuda agraria. Pérez escribió en una carta abierta al presidente de los Estados Unidos, publicada en el New York Times "Venezuela se proponía enfrentar la opresión económica de los países industrializados que pagan precios miserables por las materias primas": Quiso ser la voz del Sur contra el Norte, el pilar de los no alineados. Llamó al Fondo Monetario Internacional la Bomba sólo mata gente... Congeló el precio de las arepas, insistió que en cada ascensor colocaran un operador, impuso el pago doble de prestaciones y las volvió impagables, las condenó a desaparecer. Algo los separa a los dos, la diferencia entre un demócrata y un autoritario. El primero perdió su popularidad el 27 de febrero de 1989.

Los electores eligieron a Pérez II por segunda vez con la ilusión de retornar a los tiempos de la Gran Venezuela, cayeron en una verdadera emboscada, un engaño. Los venezolanos votaron por los tiempos de prosperidad y recibieron inmediatamente la liberación de precios, el aumento de la gasolina. Todo lo contrario de lo que aguardaban, la consecuencia fue el 27 de febrero. El plan económico de Pérez quizá era inevitable ante la crisis económica pero se aplicó mal, con un equipo que vivía alejado del país, la oposición de su propio país, en medio de los escándalos de Cecilia Matos.

Todo esto lo sacamos del libro de Enrique Ochoa Antich, Causas y Culpas, un texto imprescindible para discutir el pasado y sobre todo superar el presente.

A Caldera lo culpan por haber liberado a Chávez, sin fijarse que todos los candidatos a presidente, con la excepción de Claudio Fermín prometieron también sacar de prisión a los culpables del 4F. Probablemente de seguir preso Chávez se hubiera convertido en un mártir, la experiencia del pasado también decía que los militares en libertad perdían su popularidad, no sabían hacer política. Ocurrió lo que todos ya sabemos, Chávez fue un maestro en el arte de la demagogia. El verdadero error de Caldera, su responsabilidad, residió en no haber continuado el programa económico dejado a medias de Pérez. Esto hubiera requerido un inmenso poder, porque precisamente Caldera llega al poder como un político antineoliberal, y el neoliberalismo se había vuelto una mala palabra. Caldera no emprendió la reforma política y económica de Venezuela, la reforma constitucional recibió la oposición feroz de los empresarios y de los medios.

Según Ochoa Antich también el MAS y la Causa R contribuyeron al triunfo de Chávez. El MAS lo postularía, y la Causa R no supo formar un frente con el MAS para ganar las elecciones de 1993 y reformar el sistema político

¿A quién no le irritará este libro?, porque también señala la responsabilidad de empresarios, periodistas y militares.

E-mail: maso1950@cantv.net



Introducción para lo que escribe Ochoa Antich


ETICA mi General con fresas y AMOOOR

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Notitarde 02-04-2011 |

Libia, Moisés, Aníbal y la ética


Tal vez quepa alguna mediación entre dos artículos publicados esta semana en El Nacional: Moisés Naím, Auschwitz y Bengasi, el martes; y, arremetiendo contra él con dureza, Aníbal Romero, Tucídides y Libia, el miércoles… Con un primer párrafo debilucho. Porque no tiene nada de incongruente la expresión "guerra humanitaria" y, muchos menos ¡por favor! "amor amargo". Porque, a veces, nada es más amargo que estar enamorado. Y, en lo esencial, porque si Inglaterra y USA le hubiesen declarado la guerra –y hubiesen aplastado– a Hitler en 1935, cuando aún podían, le habrían ahorrado a la Humanidad la II Guerra Mundial (y el Holocausto); con lo cual, aquella agresión preventiva habría sido sin la menor duda humanitaria.

Y tampoco es un compendio de solidez el segundo párrafo de Aníbal. No porque "en política internacional todas las cuestiones éticas se vinculen al poder", se deduce que la noción de Guerra Humanitaria sea un engaño. Y, mucho menos: no porque "el mundo sea imperfecto", se infiere que las "guerras humanitarias no tengan límites". Sería tanto como creer que porque en política internacional, "la ética se conecte con el poder" o porque el mundo sea un desastre, la moral pierde su sentido. Que es exactamente lo que hace Aníbal en su último párrafo, con esa insensata loa a Maquiavelo y al Realismo político frío y calculador.

Frente a todo ello, me quedo con esta sólida idea de Naím: "Finalmente está el peso que se le da a la decencia en la definición del interés nacional. Exigir que la moral sea la guía única en la conducta internacional de los Estados es ingenuo. Los intereses económicos, militares y geopolíticos siempre van a primar. Pero tenerlos como único factor y olvidar lo que nos define como humanos es inaceptable".

Tal vez –ante estos dos artículos– quepa recomendar de nuevo a mis lectores un libro: Cristianismo y Modernidad, en francés; ¿Verdad o Fe débil? en español. En él, René Girard, antropólogo y Gianni Vattimo, filósofo, debaten acerca de cómo recuperar la moral, aplastada por el Nihilismo, el Relativismo y el Existencialismo. Lamentablemente, Girard, más cercano al Cristianismo, se aferra a la posibilidad de rescatar la moral a partir de la concepción tradicional de la existencia de La Verdad. Vattimo, por el contrario, apunta en la dirección correcta: La única posibilidad de rescatar la moral es a partir de las infinitas posibilidades éticas que subyacen en el Espíritu Humano; es decir, a partir de Dios.

Leamos dos fragmentos que resumen ambas posiciones. Vattimo: "No nos ponemos de acuerdo cuando encontramos la Verdad, sino que la encontramos cuando nos ponemos de acuerdo… aún es posible hablar de Verdad, pero sólo porque en el acuerdo hemos realizado la Caridad. En el terreno de las opiniones, de las elecciones de valor, la Caridad se convierte en Verdad en la medida en que se comparte". Girard: "Nunca he dejado de creer que detrás del relativismo existe una unidad del conocimiento… La antropología ha fracasado porque no ha logrado explicar las diversas culturas como un fenómeno unitario, y por esto hoy estamos empantanados en el relativismo". No mesié, la Antropología y la Filosofía han fracasado porque no sólo las diversas culturas no son un fenómeno unitario, sino que cada individuo en particular ¡¡no lo es!! Porque la única forma de pensar al Ser Humano como un ser Unitario es la noción de Dios. "Razón" por la cual, contra lo que cree Aníbal, nada absolutamente nada, en el Espíritu es contradictorio o incongruente: ni un Amor Amargo, ni una Guerra Humanitaria.

E-mail: gomezemeterio@gmail.com

http://emteriogomez.wordpress.com

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Causas y culpas es el título de un ensayo que la editorial Libros Marcados, publicó y del que es autor quien esto escribe. Me propusieron la idea, a partir justamente del contenido de una de mis columnas. Causas y culpas procura analizar la génesis histórica del fenómeno chavista de 1958 a 1998, con énfasis en la responsabilidad de las segundas presidencias de Pérez y Caldera. Podría enunciar su contenido diciendo que el libro parte de la convicción con arreglo a la cual un proceso político, económico y social de la envergadura del que hemos padecido los venezolanos durante ya más de una década (profundo y radical en su acción, y más, mucho más perdurable en el tiempo de lo que habríamos imaginado) no puede ser explicado sólo a partir de la conjura y/o las habilidades de su líder -el tiranuelo- y de sus acólitos, sino de causas históricas profundas que hunden sus raíces en las atrofias de "antiguo régimen" y de culpas precisables de su liderazgo (en particular durante sus postrimerías).

Causas y culpas quiere decir causantes y culpables. De manera muy destacada Pérez y Caldera, como hemos dicho, pero así mismo AD y Copei tomados en conjunto, y el MAS y la Causa R, y los mal llamados "Notables", y la candidatura de Alfaro, y la entente Irene/Herrera, y fenómenos como el cepa lista plan de sustitución de importaciones de los años 60 y el estatismo de los 70 propios de la promesa populista de progreso que signó al Pacto de Punto Fijo, la hipertrofia partidocrática, la corrupción inveterada, la masiva violación a los derechos humanos (de modo destacado, los sucesos del 27F), la gigantesca crisis económica que desembocó en el Viernes Negro del 83, y la antipolítica de nuestras clases medias durante los 80 y los 90. Todos desfilan por las páginas del libro que más que ensayo pretende ser testimonio existencial descarnado de quien formó parte de aquella monumental "comedia de las equivocaciones" que, al menos de los 70 en adelante y muy particularmente durante 1997 y 1998, nos trajo hasta aquí.

Hay muchas razones útiles para haber escrito y para publicar este libro en los revueltos tiempos que corren: una, que las nuevas promociones del liderazgo político democrático nacional conozcan la crónica de una historia que no vivieron y cuya memoria muchas veces alcanza sólo a los límites de éste régimen; otra, que sirva como contribución a la reflexión histórica de una alternativa democrática que, si aspira ser gobierno a partir de 2013, debe reconocer a cabalidad los errores que en el pasado hicieron posible este ominoso presente de modo de no reproducirlos en el futuro. Ojalá satisfaga ambas pretensiones.



Sua palabras me suenan a lo que dicen Luis Izquiel y

Víctor maldonado versión militar.

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10:15 pm 02-04 |

El especulador perdido

/
  • Caso de las toallas sanititarias

Cada cierto tiempo uno puede conseguirse de frente con la perplejidad de los funcionarios oficiales. Muchos de esos burócratas no tienen cómo explicarse los resultados. No entienden de malos diagnósticos ni de convicciones erradas. Ellos tienen fe en que la fusión entre la situación y la voluntad manifiesta del líder provoca consecuencias incluso milagrosas. Sin embargo, como lo hemos dicho miles de veces, la realidad se muestra tal y como es, con una terquedad para la cual no están preparados estos titanes de la revolución. Ellos se quedaron en la consigna de que "si la naturaleza se opone… peor para ella porque la someteremos y haremos que nos obedezca". ¿Y si no obedece?

Dentro de las márgenes de la economía política, algunas cosas son inexplicables, sobre todo para aquellos que no las quieren comprender. Nos referimos al viejo problema de la inevitable mediación entre medios y fines. Este gobierno, encorsetado con sus anacronismos ideológicos, decidió convertir en dogma irrefutable un complicado sistema de controles. Asumieron con una candidez que roza con la locura, que sólo ellos podían ser los verdaderos y genuinos intérpretes de los deseos del pueblo, y por supuesto los mejores veladores de sus intereses. Y que contra ellos y sus buenas intenciones conspiraba el resto de la sociedad, sobre todo los empresarios vistos como los adversarios irreductibles del bienestar. Por eso los controles, para atajar las malas intenciones y lograr los resultados planificados y anunciados públicamente. Tres fueron las excusas para el régimen económico socialista: Proteger las reservas internacionales, evitar la inflación y garantizar el abastecimiento soberano. ¿Lo lograron? Eso no importa porque "si la naturaleza se opone… ya sabemos que hay un enemigo que encuentra las mil y una maneras de sabotear…".

Sin embargo, pasan los años y lo único que han logrado es su propio asombro y una carestía que recorre abastos, bodegas y supermercados de todo el país. ¿Quién puede ser el culpable de esta conjura nefasta contra el pueblo? La respuesta no puede ser otra que la misma que han repetido una y otra vez todos los que en algún momento han transitado por las etapas del fracaso y del descalabro socialista. El culpable es el especulador. El candor con el que se convencen de la certeza de esta afirmación a veces me hace sentir una inmensa lástima por ellos. El afirmar la existencia de "la mano pelua" del especulador tiene para mí el mismo valor que creer en los ovnis, el chupacabras o el yeti. Todos ellos forman parte de la misma cofradía de ilusos que pierden miserablemente el tiempo buscando aquí y allá evidencias que nunca encuentran y que cuando hallan algún indicio por más insignificante que este sea, reverberan de emoción e insisten en transformarlo en conocimiento científico.

Lo mismo pasa con el caso que nos atañe. Provocan compasión y conmiseración los esfuerzos del Presidente y sus burócratas, leyendo y subrayando libros, tratando de explicar y haciendo cursos de aprendizaje veloz sobre "economía política" mientras la casa se les cae encima, y las mujeres venezolanas arden de arrechera al imaginar que deben buscar por toda Caracas el último paquete de toallas sanitarias con alas y esencia de manzanilla que hasta hace muy poco inundaban los estantes de cualquier comercio. ¡Tiene que ser el especulador! ruge el burócrata de turno, y salen los batallones de funcionarios rojitos a cometer el ridículo de cerrar un negocio porque en la parte trasera encontraron cuatro cajas del producto.

Pero funciona. El especulador les permite evadir una verdad que ellos guardan con celo: Su política económica es un desastre de confusión y desconfianza. Los controles han provocado el colapso de su propio régimen de administración y la gente común y corriente percibe que lo más razonable es vivir al día. Que no tiene sentido confiar en la integridad de este gobierno y que por lo tanto, en aras de la seguridad familiar hay que salir y abastecerse mucho más allá de lo razonable. El gobierno nunca va a reconocer que su política ha convertido a los venezolanos en especuladores cotidianos para defenderse de la inflación y las consecuencias de la devaluación del antiguo bolívar fuerte. La gente sale a la calle con poca fe. No espera nada ni del gobierno, ni de su ideología. Tampoco cree que este gabinete y su política económica puedan sacar al país adelante. No tienen confianza y entonces adoptan la única conducta racional posible: Comprar toallas sanitarias por lo que queda del año, para no caer en un infame estado de necesidad, porque no se puede tocar la puerta del vecino pidiendo por caridad un modes como si hablaran de un cigarrillo. No todavía.

E-mail: victormaldonadoc@gmail.com

Twitter: @vjmc


¿Cómo un Ministro de Defensa no va a saber lo que pasa desde


hacía 12 años en los cuarteles y más que son tan acusetas y jalabolas

además de chismosos y competitivos mala gente los militares?

Además Ud. es Ochoa Antich, un tipo serio e institucionalista,

POR FAVOR...Además Ud. dejó a la libre a Chávez hasta salió


por TV...Hablemos en serio General, Dios me perdone pero yo

NUNCA le he creido.

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Notitarde02-04-2011 |

El informe de gestión presentado por la Fiscal General el pasado 22 de marzo ante la Asamblea Nacional, demuestra que en Venezuela los índices de impunidad continúan situados en niveles alarmantes. Los delincuentes siguen cometiendo sus fechorías a sabiendas de la poca probabilidad de ser castigados por el Estado.

De conformidad con el mencionado informe, en el año 2010 el Ministerio Público tramitó 359.366 casos correspondientes a los llamados delitos comunes, dentro de los cuales se encuentran, entre otros, los homicidios, robos, extorsiones, lesiones, estafas y hurtos. La Fiscalía sólo acusó en 33.088 de estas causas, lo que se tradujo en un 9.24% del total. Las restantes fueron sobreseídas o archivadas, con lo que la impunidad se elevó a más del 90%. Ésta ha sido la constante de los últimos años. En promedio, 9 de cada 10 delincuentes quedan sin castigo en Venezuela. Índices similares se presentan en relación a los delitos de violencia contra la mujer y los vinculados a violaciones de los DD.HH. Visto lo anterior, muchas son las personas que se abstienen de presentar denuncias ante los organismos competentes, por lo tanto, si también tomamos en cuenta esta cifra negra del delito, los porcentajes de impunidad son aún mayores.

Del informe se desprenden otras graves cifras, como las que señalan que en materia de corrupción la impunidad se situó en más de 81%. Este aspecto resulta emblemático, sobre todo si tomamos en cuenta que hasta el propio Hugo Chávez ha reconocido en los últimos días que su partido ha sido penetrado ampliamente por este flagelo. Hoy está más vigente que nunca aquella frase que establecía que "en Venezuela se roba del erario público, sencillamente porque no hay razones para no hacerlo". Un ejemplo de este aserto lo constituye el caso "Pudreval", donde por las miles de toneladas de alimentos descompuestos que todavía siguen apareciendo por todo el territorio nacional, hoy sólo se encuentran detenidas tres personas, todavía sin ser impuestas de condena. Las circunstancias que rodean a este expediente, inevitablemente hacen recordar a aquel famoso "chino de Recadi".

Los venezolanos estamos pagando las consecuencias de la politización de las instituciones. Los organismos encargados de luchar contra la delincuencia fueron secuestrados por un partido político. La Fiscalía General se ocupa principalmente de perseguir a la disidencia y deja de sancionar a los malhechores que tienen azotada a la ciudadanía. De conformidad con lo establecido en el artículo 285 de la Constitución, el Ministerio Público es el órgano encargado de dirigir la investigación de los delitos y de acusar a los responsables. Posee el denominado monopolio de la acción penal. El aparato judicial venezolano no se mueve sin la participación de esta institución. Por eso son tan preocupantes los índices de impunidad que mantiene.

Que en los últimos doce años la inseguridad se haya convertido de lejos en el principal problema ciudadano, no es una casualidad. El informe presentado por la Fiscal General, ratifica que en Venezuela la mayoría de los crímenes quedan sin castigo. Aquí los delincuentes actúan bajo el imperio de la impunidad.

Twitter: @luisizquiel

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Notitarde02-04-2011 |
Victor Maldonado

El especulador perdido


O extraño caso de las toallas sanititarias

Cada cierto tiempo uno puede conseguirse de frente con la perplejidad de los funcionarios oficiales. Muchos de esos burócratas no tienen cómo explicarse los resultados. No entienden de malos diagnósticos ni de convicciones erradas. Ellos tienen fe en que la fusión entre la situación y la voluntad manifiesta del líder provoca consecuencias incluso milagrosas. Sin embargo, como lo hemos dicho miles de veces, la realidad se muestra tal y como es, con una terquedad para la cual no están preparados estos titanes de la revolución. Ellos se quedaron en la consigna de que "si la naturaleza se opone… peor para ella porque la someteremos y haremos que nos obedezca". ¿Y si no obedece?

Dentro de las márgenes de la economía política, algunas cosas son inexplicables, sobre todo para aquellos que no las quieren comprender. Nos referimos al viejo problema de la inevitable mediación entre medios y fines. Este gobierno, encorsetado con sus anacronismos ideológicos, decidió convertir en dogma irrefutable un complicado sistema de controles. Asumieron con una candidez que roza con la locura, que sólo ellos podían ser los verdaderos y genuinos intérpretes de los deseos del pueblo, y por supuesto los mejores veladores de sus intereses. Y que contra ellos y sus buenas intenciones conspiraba el resto de la sociedad, sobre todo los empresarios vistos como los adversarios irreductibles del bienestar. Por eso los controles, para atajar las malas intenciones y lograr los resultados planificados y anunciados públicamente. Tres fueron las excusas para el régimen económico socialista: Proteger las reservas internacionales, evitar la inflación y garantizar el abastecimiento soberano. ¿Lo lograron? Eso no importa porque "si la naturaleza se opone… ya sabemos que hay un enemigo que encuentra las mil y una maneras de sabotear…".

Sin embargo, pasan los años y lo único que han logrado es su propio asombro y una carestía que recorre abastos, bodegas y supermercados de todo el país. ¿Quién puede ser el culpable de esta conjura nefasta contra el pueblo? La respuesta no puede ser otra que la misma que han repetido una y otra vez todos los que en algún momento han transitado por las etapas del fracaso y del descalabro socialista. El culpable es el especulador. El candor con el que se convencen de la certeza de esta afirmación a veces me hace sentir una inmensa lástima por ellos. El afirmar la existencia de "la mano pelua" del especulador tiene para mí el mismo valor que creer en los ovnis, el chupacabras o el yeti. Todos ellos forman parte de la misma cofradía de ilusos que pierden miserablemente el tiempo buscando aquí y allá evidencias que nunca encuentran y que cuando hallan algún indicio por más insignificante que este sea, reverberan de emoción e insisten en transformarlo en conocimiento científico.

Lo mismo pasa con el caso que nos atañe. Provocan compasión y conmiseración los esfuerzos del Presidente y sus burócratas, leyendo y subrayando libros, tratando de explicar y haciendo cursos de aprendizaje veloz sobre "economía política" mientras la casa se les cae encima, y las mujeres venezolanas arden de arrechera al imaginar que deben buscar por toda Caracas el último paquete de toallas sanitarias con alas y esencia de manzanilla que hasta hace muy poco inundaban los estantes de cualquier comercio. ¡Tiene que ser el especulador! ruge el burócrata de turno, y salen los batallones de funcionarios rojitos a cometer el ridículo de cerrar un negocio porque en la parte trasera encontraron cuatro cajas del producto.

Pero funciona. El especulador les permite evadir una verdad que ellos guardan con celo: Su política económica es un desastre de confusión y desconfianza. Los controles han provocado el colapso de su propio régimen de administración y la gente común y corriente percibe que lo más razonable es vivir al día. Que no tiene sentido confiar en la integridad de este gobierno y que por lo tanto, en aras de la seguridad familiar hay que salir y abastecerse mucho más allá de lo razonable. El gobierno nunca va a reconocer que su política ha convertido a los venezolanos en especuladores cotidianos para defenderse de la inflación y las consecuencias de la devaluación del antiguo bolívar fuerte. La gente sale a la calle con poca fe. No espera nada ni del gobierno, ni de su ideología. Tampoco cree que este gabinete y su política económica puedan sacar al país adelante. No tienen confianza y entonces adoptan la única conducta racional posible: Comprar toallas sanitarias por lo que queda del año, para no caer en un infame estado de necesidad, porque no se puede tocar la puerta del vecino pidiendo por caridad un modes como si hablaran de un cigarrillo. No todavía.

E-mail: victormaldonadoc@gmail.com

Twitter: @vjmc


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